Soy de Chunta Aragonesista, que nadie lo dude

La desafección política de esta década pasada que comenzó en España entre la sociedad, se ha ido trasladando poco a poco hacia la militancia de los partidos políticos de izquierda generalmente. Hay descontento que se agrava en cuanto las organizaciones políticas toman decisiones, entran o salen de los gobiernos, cambian de líderes o de posturas.

Y a diferencia de lo que piensa la mayoría de las personas ajenas a los propios partidos políticos, no es tanto por “el sillón” o el puesto de trabajo asentado, que también en alguna medida, como por el trato de los propios partidos políticos hacia su militancia.

Muchos de los partidos políticos de la izquierda han creído que la militancia son los soldados, casi a la misma altura que los votantes, y que con darles información es más que suficiente. Un claro error que también sucede en muchas empresas españolas que no saben trabajar la calidad y la creación de equipos que busquen la excelencia.

Hay dos momentos clave en cualquier partido político. 


Los Congresos y el cambio de líder.

Las Primarias o selección de los militantes que van a rellenar las listas.

Nada hay más complejo de entender por las personas que componen las organizaciones y las dirigen como admitir que votar a personas, además de ser delicado, es sumamente peligroso. Y que en los Congresos sobre todo se trata de formar Equipos y de crear Metas.

Hay que definir hacia dónde se quiere ir, pero no con documentos de 60 páginas, sino con párrafos de tres líneas.

Hay que formar Equipos de trabajo con responsabilidad y nunca Grupos de Trabajo vertical.

Hay que dar entrada a personas nuevas, pero también hay que dar salida a personas viejas. Y no hablo de edad.

Hay que contar con “todos” y eso aunque parezca complicadísmo es mucho más sencillo de lo que parece, si se quiere hacer así. Y si no se sabe, se pregunta, que en todas las organizaciones políticas la suma de muchos es capaz de alumbrar un poco el sótano.

Los partidos políticos son torpes en sus decisiones internas, lo son en sus maneras de comunicación interna, en sus liderazgos nada cambiantes, y sobre todo en sus formas de compensar los planteamientos disidentes que pueden contentar a unos y enrarecer a mucho más. 

Al militante le parece que cuando todo cambia es para que nada cambie. Y eso es imposible de admitir pues el militante como persona implicada suele ser “poco” tonto.

Hacen falta nuevas formas en la política española. Sobre todo entre la izquierda. El ejemplo más fácil de ver está en Andalucía y en Teruel. Que nadie lo dude, es así como se sale o tendremos que esperar otra década más para ver la luz.

Adelante Andalucía o Teruel Existe es la solución que deberán tomar las bases de la izquierda, si quieren seguir vivas. 

No se trata ya de reconstruirse, que también, sino de cambiar los paradigmas de la política progresista actual, con todos los riesgos que eso lleva dentro. No se trata de hacer “sopas” sino de hacer platos nuevos, con nuevos nacionalismos como los europeos, que se entiendan como necesarios.

¿Es que no sabemos que hay muchos nacionalismos en Holanda, Bélgica, Suiza, Italia y además de funcionar bien, sirven y no son tachados de excluyentes o independentistas?

No se trata de trocear más la izquierda ni tampoco de unirse muchos en un paraguas pequeño donde todos se van a chipiar, sino de que seamos capaces de entender que el siglo XX se acabó hace ya mucho y que ni el socialismo ni el comunismo son opciones para el siglo XXI. 

Lo cual simplemente quiere decir que hay que intentar otras formas de evitar las desigualdades con ideas y filosofías de este siglo, con las realidades económicas, sociales y laborales de este siglo. 

No estoy en contra del viejo socialismo, cuidado, sino de empezar a pensar en un socialismo del siglo XXI que podría ser mas contundente o no, se podría llamar vete a saber cómo.

Si la izquierda cree que es posible enganchar a los ciudadanos jóvenes del siglo XXI con ideas políticas basadas en el siglo XIX o XX se equivoca totalmente. 

Incluso el propio feminismo hoy en auge puede (y debe) dar el paso a otras opciones de igualdad filosófica distinta, que sea capaz de superar la actual figura de las desigualdad entre mujeres y hombre.

Hay pues que reflexionar el papel de los partidos políticos en la actual sociedad, pues son los que sujetan la democracia, y sin democracia todos viviremos mucho peor. Sobre todo y eso que no se nos olvide ni nos entre duda, los de abajo y los que creemos en ideas de progreso y de lucha por la desigualdad.


Julio Puente Mateo - 14.02.2020