Y ahora, mientras se intenta pelear para que Irán no aumente sus opciones de crear un arma atómica, sea táctica o de alta potencia, se abre la posibilidad de convertir a Arabia Saudí en otra potencia atómica. Cuidado con el asunto, pues eso desestabiliza lo que ya está roto.
Una cosa es poseer energía nuclear, incluso tener permiso internacional para utilizarla para fines pacíficos, que es cuando esa energía nuclear o ese uranio se enriquece a porcentajes entendidos como NO peligrosos, y otra entrar en el club de los que pueden enriquecer uranio con pocos controles.
Podemos decir que si el uranio se enriquece hasta un 20% no saltan las alarmas internacionales. Aunque se acepte en la actualidad que es a partir del 90% de enriquecimiento cuando ya ese uranio está destinado al uso militar. Esa enorme distancia es la que es muy controlada.
Asumiendo además que no solo es un crecimiento porcentual de enriquecimiento de uranio, sino sobre todo tener los modelos, máquinas y procesos necesarios para lograr ese enriquecimiento.
Un país podría alegar una utilización civil por encima del 20%, por ejemplo, para un reactor de investigación. Pero necesitaría justificarla y mantener el material bajo custodias rigurosas.
A medida que el enriquecimiento sube —por ejemplo, al 60%— la justificación civil ordinaria resulta mucho menos habitual y crece enormemente la preocupación internacional, aunque técnicamente todavía no sea el nivel convencional del 90% utilizado en armamento.
Para simplificarlo. Para los usos civiles habituales se emplea uranio enriquecido entre el 3% y el 5%, y para determinados reactores civiles puede llegar hasta algo menos del 20%.
Y desde el 20% se considera uranio altamente enriquecido y potencialmente utilizable con fines militares, mientras que alrededor del 90 % se considera propiamente uranio de calidad armamentística. A partir del 20% los ojos internacionales se fijan muy detenidamente en ese país.
Pero hay una tercera pata de estos procesos del crecimiento de los miedos, las amenazas, los usos militares para asustar primero y para matar masivamente en segundo lugar.
Y es que alguien de esos nueve países decida llegar a ciertos acuerdos de defensa mutua, que facilitan el uso multiplicado de esas armas por parte de países que no las tienen ni tendrán capacidad de tenerlas creadas por ellos mismo.
Por eso, ante este tema, incluir permisos a nuevos países es peligroso y complejo de saber de qué manera se moverá todo y todos.
Pero hay una tercera pata de estos procesos del crecimiento de los miedos, las amenazas, los usos militares para asustar primero y para matar masivamente en segundo lugar.
Y es que alguien de esos nueve países decida llegar a ciertos acuerdos de defensa mutua, que facilitan el uso multiplicado de esas armas por parte de países que no las tienen ni tendrán capacidad de tenerlas creadas por ellos mismo.
Por eso, ante este tema, incluir permisos a nuevos países es peligroso y complejo de saber de qué manera se moverá todo y todos.

