31.8.26

Islandia no quiere negociar con la Unión Euroepa

Que Islandia haya dado un portazo a la Unión Europea es un mal síntoma, de lo que actualmente es esta Europa para el resto de los países del mundo, incluidos sus vecinos. Cuando no te quieren lo mejor es no estar a su lado, pero tomar buena nota para saber los motivos y evitarlos, curarlos si interesa.

Un NO a entablar nuevas negociaciones, con el 52,8 % de los votos, no es una gran NO, pero es más que suficiente para que nos preguntemos todos qué está sucediendo en la Unión Europea, y sabemos bien las respuestas. Es verdad que Islandia es en algo muy espacial, pero no resulta muy gratificante su respuesta. Era simplemente empezar a negociar.

Islandia, con sus algo menos de 400.000 habitantes, es un 15% más pequeña en habitantes que la provincia de Lérida, un poco más grande que la provincia de Zaragoza sin su capital. Pero más del doble de la superficie de todo Aragón. Hay que poner contexto.

Islandia ha convivido durante años con inflación y tipos de interés elevados, en una economía muy dependiente de los recursos naturales y vulnerable a las fluctuaciones internacionales. La dimensión de una moneda pequeña como la corona islandesa añade una vulnerabilidad que ha llevado a plantearse si la pertenencia a la UE y una eventual adopción del euro podrían proporcionar mayor estabilidad a su país.

Es un país miembro fundador de la OTAN y situado en una posición estratégica del Atlántico Norte. Pero ellos quieren por encima de todo una soberanía clara.

La pesca es el gran símbolo de la independencia islandesa. El sector representa más del 40% de las exportaciones, y no es considerado simplemente una actividad económica. Cualquier futura negociación sobre la pesca tendría que garantizar a Reikiavik el control sobre sus recursos, las cuotas y los totales admisibles de todos los tipos de captura.

El país ya está profundamente integrado en Europa: forma parte del Espacio Económico Europeo desde 1994 y del Espacio Schengen desde 2001. Disfruta, por tanto, del acceso al mercado único y de la libre circulación sin pertenecer a la UE. ¿Deberíamos seguir manteniendo esos acuerdos?

Han ganado los euroescépticos, y eso es una muy mala noticia para el conjunto de los países de Europa, sean o no de la Unión Europea. Aunque la capital, Reikiavik, donde vive la mitad de la población, fue la única zona donde la mayoría se decantó por el 'sí'.

El proceso de negociación se inició entre los años 2009 a 2013 en la única ocasión anterior en la que Islandia llegó realmente a negociar su incorporación a la UE

Y ahora lo que se ha votado no es el ingreso de Islandia en la Unión Europea, sino la reanudación de esas negociaciones. Y es eso a lo que han votado NO. 

Si se hubieran abierto las negociaciones, y se hubiera alcanzado un acuerdo, se hubiera vuelto a votar de nuevo si les parecía bien o mal ese acuerdo.

La duda es clara. ¿Debe la Unión Europea poner freno a este tipo de integraciones y ser más inteligente, para solo dejar entrar o tener acuerdos de libre circulación, con aquellos países que realmente quieran la Unión Europea? 

Yo no creo en una Unión Europea solo para el egoísmo de tener ventajas económicas. Eso es otra pantalla posible. Yo creo que la Unión Europea debe servir para dar estabilidad y crear acuerdos reales y válidos de Unión en todas las escalas. 

Y eso es lo que debería plantearse la Unión Europea si quiere no hundirse. Tal vez menos sea más, tal vez menos países sirva más para la Unión Europea más unida y eficaz en todos los ámbitos, no solo el económico puro.

30.8.26

Emigrar por obligación nos puede suceder a todos

Francisco Candel

Este libro de Francisco Candel titulado "Algo más sobre los otros catalanes" no pasó la censura franquista ni la primera ni la segunda vez. Y eso que la segunda tras conversaciones con ministros, algo más se podría haber salvado, pero tuvo que publicarse con muchas mutilaciones y textos suprimidos.

Nació (el libro) en 1970, y tuvo que esperar hasta 1977 para ver la luz completa, sin textos suprimidos por hablar de Cataluña y de los otros catalanes. Cosas de imbéciles dictadores, que se peleaban por demostrar su idiotez.

Si llegas por nacimiento eres bien recibido. Si llegas por expulsión… eres una lacra.

Hay una frase en sus primeras páginas que me ha llegado al corazón y es muy simple y conocida. De Antoni Calaf.

Junto al derecho de poder marcharse, antes debe estar el de no tener que marcharse.

El autor de la frase plantea que el derecho a emigrar pierde su valor si las personas se ven obligadas a hacerlo por culpa de la pobreza, la violencia política o la falta de oportunidades. 

La auténtica dignidad humana comienza cuando un país garantiza a sus ciudadanos las condiciones necesarias para poder crecer en su propia tierra, haciendo que el viaje vital sea una opción voluntaria y no una necesidad de supervivencia. 

Y eso lo tenemos que entender tanto desde los países que obligan a emigrar a sus ciudadanos, como en los países que somos receptores y no siempre entendemos bien los motivos de esas llegadas. 

Los que llegan se tienen que asentar en malas condiciones pero están contentos en su nuevo destino. Eso nos da un modelo para entender la manera en la que tenían que vivir en su origen.

Esa frase anterior que he dejado sintetiza uno de los debates más profundos de la sociología y la política contemporánea sobre migración, despoblación y derechos humanos.

Establece una jerarquía moral: la verdadera libertad de movimiento (para irse o para quedarse) solo existe cuando quedarse en el lugar de origen es una opción viable y digna. 

Si alguien se ve obligado a marchar por guerra, pobreza o falta de dignidad humana, no está ejerciendo un derecho, sino sufriendo un desplazamiento forzado. Y en ese desplazamiento hay muchos responsables, incluidos los que luego no quieren recibir a los que se tienen que ir.

Y aquí me da igual si hablo de un senegalés, un marroquí, un bolivariano, un soriano o un ciudadano de un pueblo muy pequeño. Todos tenemos que entender que algo de responsabilidad tenemos por no ser capaces de dar calidad de vida en los lugares de nacimiento. Tenemos que asumir que muchas cosas no estamos haciendo bien.

Pero fíjate que incluso en las grandes ciudades, la subida descontrolada de los alquileres y la turistificación de las grandes ciudades obligan a los vecinos a abandonar sus barrios de toda la vida. Eso también es migrar. 

El derecho a la vivienda se convierte en la única garantía para que los ciudadanos no sean expulsados de su entorno social.

Así que sí. Emigrar por obligación nos puede suceder a todos.