Rufián no se rinde y ahora hablará en abril con Irene Montero, tras observar todos en Castilla León que el asunto es muy serio. Y que se requiere mucha concordia y benevolencia entre todas las partes de la quieres a la izquierda, algo que debe estar escondido tras estar muchos años con enemistades y malas caras.
No es sencillo encontrar salidas a los hundimientos electorales, pues el tiempo asienta y empodera lo que sube; y va rompiendo a trozos lo que baja de sentido electoral, aunque todos entendamos que su necesidad es alta.
No por presentarse unidos serán o seremos capaces de enderezar la actual deriva, se necesita mucho más chicha y llevamos excesivo tiempo perdido entre todos. Pero si no se empieza, no serán un año, o cinco años, sino como poco una década.
No solo hay que replantearse los liderazgos, que posiblemente es lo de menos, sino el contenido, los ingredientes, los cómo y sobre todo la meta a la que se quiere llegar. De entrada yo me olvidaría de tocar despachos, como primera decisión. Y sí, es arriesgada. Y adivinar qué España tendremos en 2030, para construir el nuevo edificio con los ladrillos que fabriquemos ahora.
Un Plan Quinquenal, como hacen los chinos en China. Uff
Tenemos que pensar en modelos sociales y políticos muy diversos y saber adaptarlos al año 2050, para preparar el camino intermedio. Tenemos que analizar qué provoca los hundimientos, y en Europa tenemos ejemplos claros en varios países. Por eso tal vez, pensar a largo plazo es una buena idea, sin olvidarnos del corto plazo como parte de las estrategias.

