La visita a España del Papa León XIV ha dejado detalles de gran importancia para los próximos años, aunque algunos de los más importantes, entre los torpes que gestionan, hayan durado horas.
No voy a comentar nada de sus numerosos mensajes de humanismo cristiano. Con algunos coincido plenamente, con otros en absoluto. Y eso es bueno y lógico.
Pero voy a señalar dos detalles de estética, de Arte Social. Las ceremonias de Madrid y Barcelona han sido muy diferentes y a una gran distancia una de la otra.
No se supo hacer bien el espectáculo del Bernabéu. No se sacó todo el posible partido que tiene La Almudena de Madrid. No hubo una calidad artística que acompañara a los mensajes del Papa, excepto en las Cortes Generales.
En cambio en Barcelona supieron muy bien vender la ciudad, su espíritu artístico y moderno, su capacidad para generar sinergias y abrirse al mundo. La Sagrada Familia es tremendamente un icono modernista y contemporáneo, insuperable, pero lo que la envolvió en esa jornada estuvo muy por delante de lo que se hizo en Madrid.
Debemos estar orgullosos de España, de nuestras capacidades, de cómo se nos ve fuera de nuestro país, de lo que somos capaces de hacer y representar, aunque desde el país de Donald se nos intente minusvalorar. Somos importantes en el mundo or nuestra historia, por nuestro idioma, por nuestra forma de ser y de comportarnos ante los problemas. Somos una civilización muy importante.
He dejado Canarias para el final. El detalle de la Cruz hecha con resto de pateras es ya una constante. Pero es un emblema, un icono del sufrimiento, del dolor, de la injusticia.
Es cierto que la solución no pasa por despoblar decenas de países pobres, sino por lograr que esos países dejen de ser injusticias organizadas. Pero las personas somos eso, personas en igualdad de derechos para estar dignamente en este mundo.

