Europa tiene principalmente dos problemas que se pueden convertir en media docena a poco que no entendamos bien su camino de futuro.
Por una parte es impensable una Europa de futuro sin el Reino Unido. Y por otra parte es impensable una Europa con Alemania mirando a Rusia a través de su extrema derecha.
Curiosamente la extrema derecha europea mira a Rusia, a los que llaman comunistas. Eso explicado a un joven de los años 70 le resulta cuando menos sonrojante. En poco tiempo la extrema derecha se volverá maoísta, una vez que ya es casi de Bakunin.
Todo son ciclos teóricos pero muy poco prácticos, excepto las medidas que cada ideología toma. Lo que importa en realidad no son tantos los apellidos, como las decisiones.
Que Trump ceda ante Putin es un detalle del caos de los actuales EEUU, que es el Jefe. China observa y trabaja. De momento solo eso.
Que nos olvidemos de Gaza en su globalidad incluidos a los terroristas que hicieron lo de octubre es otro detalle complejo. Que hoy entendamos menos la guerra de Ucrania que cuando empezó en los inicios de 2022 y estamos casi a cinco años vista, es de premio.
En España nos sucede lo mismo. Pasamos de un marco mental al siguiente sin cambiar ni de madera ni de tamaño del marco.
Simplemente nos movemos como nos dicen los que realmente mandan, que son los que nunca elegimos para que nos gobiernen. Y nos lo dicen sin darnos cuenta de que nos lo dicen, nos lo ordenan sin mandar.
Por cierto, gobierne el flojo Feijóo o el seco Sánchez, el listo (muy listo) de Abascal o alguien escondido entre siglas inciertas, la verdad es que las políticas las seguirá marcando Europa, excepto que nos salgamos de ella.
Manda quien puede fabricar dineros de los gordos. Y siendo así de sencillo, no siempre lo detectamos. Para bien o para mal.
