23.7.26
Yo sí creo a Zapatero. Lo sé. Soy imbécil
He escuchado (visto) la entrevista al Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, con el ansia casi de poderle encontrar sus debilidades, sus dudas, sus errores. De entrada, me ha parecido muy acertada la forma y el fondo del periodista que ha preguntado, en la misma línea que dejó escrita Iñaki Gsbilondo en su entrevista a Felipe Gónzalez.
Dicho esto, tengo que ir a mi apreciación de su declaración o de sus respuestas. HE CREÍDO a Zapatero. Debo ser uno de los pocos imbéciles que piensan que dentro de este asunto hay errores de Zapatero, pero a su vez hay suficiente limpieza en sus actuaciones hoy acusatorias.
Estamos hablando de un Presidente del Gobierno, no de una persona que se llama Zapatero, ye so lo deberíamos tener muy claro todos, también en el PP, también entre sus detractores.
Y los procedimientos legales para aclarar todo este tema deberían asumir que hay que tener mucho cuidado con no romper los jarrones de los que estamos hablando. El daño que se está ejerciendo en la política española durará décadas. Y de eso no tengo dudas.
No es posible filtran sin filtros toda la actividad de ninguna persona con capacidad de mando y por ello de decisión, durante dos años de su actividad. Yo he sido socio de varias empresas, y si se filtraran las conversaciones entre los socios, entre proveedores, clientes y suministradores de todo tipo, no habría empresario que lo pudiera soportar. En todos sus aspectos, de todo pelaje.
Seamos serios, esto no es Disney, no es un juego de peluches, es la vida real, y el que no lo entienda que se lo haga mirar con calma. Las Leyes están para todos, pero los Derechos también, y la paja no es delito, y muchas veces el grano tampoco.
La torpeza de mezclar a sus propias hijas en sus negocios le estará doliendo eternamente. Y en la misma línea, hoy nadie desea ser (quiere ser si es una persona válida) Presidente de Nada, nadie se puede fiar de nadie, España está llamada al enfrentamiento durante muchos años. No es advertirlo, es constatarlo.
Julio Puente
21.7.26
Lo que decían los falangistas desde Zaragoza en 1936
Las hemerotecas son un elemento histórico de un gran análisis para poder analizar la historia y las historias. Estos días he estado mirando algunos ejemplares del diario falangista de Zaragoza que se llamaba Amanecer, y que estuvo imprimiéndose hasta el año 1979. Ya muerto el dictador.
Os dejo una de sus cabeceras que eran maravillosas como ejemplo de manipulación y de propaganda. En los primeros años al menos, durante los tiempos de Guerra por el Golpe de Estado, siempre encabezaban la portada con una soflama. Un texto de mitin barato.
Esta que os dejo es maravillosa. O me lo ha parecido a mi, aunque hay muchas dignas de figurar en el libro de las manipulaciones. Por cierto, algunas de ellas, algunos de esos textos, coinciden con los modelos de comunicación actuales, casi un siglo después.
Seguimos utilizando el mismo tipo de comunicación externa, enmarcada en los mismos modelos de análisis de las conductas grupales.
Se trata de manipular desde marcos mentales que engañan pero suenan muy bien. Convencen con sus palabras, bien elegidas y construidas, a una parte de la sociedad que se deja llevar por esos conceptos primitivos.
En este caso que os dejo apelan a que la amabilidad es negativa. Y lo dicen bien claro. Los valores morales no residen en la amabilidad. Ser ambiguo o ser amable, mediar o estar en contra de la violencia, ayuda el enemigo.
Insisten en su cabecera que la única dialéctica posible debe ser la dialéctica de los puños y las pistolas. No hay término medio, no había otra forma de defender a lo que ellos llamaban Patria aunque la estuvieran jodiendo, mientras que afirmaban sin dudas, que el campo, el mundo rural, los obreros, los descamisados, los trabajadores deben tener siempre un trozo de pan para comer.
Nunca hablaban de comer carne, pero sí de beber vino. Incluso de repartir tabaco gratis a todos.
Y se quejaban los falangistas en muchos de sus textos, sobre la mediocridad de los habitantes de las ciudades, que desde el bar aunque defendieran a la Falange, se quedaban tomando un café mientras que los obreros y los campesinos empuñaban las armas para defender a Dios y a la Patria. Y advertían de que pagaran caras sus mediocridades de salón. ¡¡Uff!!

