20.2.26

Tras Galileo… ¿y ahora qué sigue? El sábado lo seguiremos viendo


Ni 24 horas habían transcurrido del acto de Galileo Galilei en Madrid, auspiciada por el portavoz de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, y el diputado de Más Madrid, Emilio Delgado, para que saltaran los agoreros incluso desde la izquierda sobre lo que no fue más que unos brochazos en brutos de la constatación de una enfermedad.

Se planteó en forma de boceto, una enfermedad en la izquierda. Solo eso. Y se hablaron de algunas pinceladas de tratamiento. Sí, duro. Incluso en algunas provincias tremendamente duro. Pero era un bosquejo de todo. El problema es tan complejo que requería muchas sesiones de los terapeutas.

Algunos desde todos los espacios identitarios de la sociedad con posibilidad de hablar, buscaron enseguida en qué provincias eso era imposible. je je je. Imposible no, simplemente MUY complicado.

Se dijo que la generosidad era el mejor tratamiento, y eso no hay que obviarlo. Claro que hay provincias complejas de encajar en este boceto de tratamiento. Pero por poner un ejemplo sencillo de entender. Lo del Senado es de primero de preescolar. Y aquí hablo de TODA la izquierda.

¿Quien dijo que si se presenta una lista con sus logos en una provincia, no puede añadir en sus listas de candidatos a independientes, a miembros de otras formaciones políticas en puestos de sumar y no dividir?

Pero vayamos a lo magro. Las sumas electorales nunca son perfectas, pero a veces junto a los que se niegan a votar a unos, acuden los que no saben a quien votar y prefieren no hacerlo. 

Hay comparaciones históricas que no sirven de casi nada, pues dependen del momento, de los candidatos y del clima social. Pero sirven para aprender.

Yo apuesto por dejar hacer, por la reflexión, por estar todos, por ser generosos, por dejar hablar y escuchar mucho, por leer libros y por analizar el momento. 

Y a partir de todo eso, respetar lo que se decida y asumir que las historias, se construyen también, sobre las equivocaciones.

19.2.26

En el Congreso nunca se debe insultar


La imagen podría mostrarnos a cualquiera de nosotros. Es la cara de imbéciles que se nos queda ante los espectáculos de la política insultadora, practicada en el máximo lugar de la democracia en España. El Congreso de los Diputados.

Es brutal asistir desde la televisión a lo que parece una obra de teatro de humor y guerra, mientras nadie sabe pararlo, y todos se entretienen entrenándola para hacerla más viral.  

Hay millones de ciudadanos que la aplauden, pero el sentido común nos dicta que es un error alimentar a estas bichas de actitudes peligrosas. Que sean muchos los que les gusta, no quiere decir que tengan razón, ni en un democracia cambian los factores.

Lleva muchos meses sin entender por qué el propio PSOE no sabe frenar este atado de cuerdas rotas. 

Creo —y desconozco en fino el Reglamento—, que bastaría con no responder en los mismos tonos, o incluso negarse a responder a las preguntas, si estas vuelan acompañadas de insultos.

No se trata de pedir silencio, no digo que deban permanecer callados los interlocutores que reciben los insultos, sino de responder con otros tonos, con otro tipo de respuestas, de asuntos, de realidades.

Contra el que grita, lo mejor es bajar el tono, cambiar el marco mental, y llevar a tu terreno todo el contenido de lo que se grita vomitando.

¿Eso sería saltarse los Controles al Ejecutivo? No, sería no responder a los insultos, a los tonos absurdos. Y en eso la Presidencia de la Cámara también tienen una labor que hacer, y que debería ser analizada con reflexión. 

¿Qué será lo siguiente? ¿Alguien está seguro de que ya no habrá "siguiente", contra unos o contra otros, gobiernen unos u otros?

¿Alguien duda de que si se hace lo mismo que ahora, pero al revés, cuando ellos gobiernen, los conservadores SÍ SABRÁN resolver estas aptitudes?

Julio Puente