24.3.26

Economías entre Corea del Norte y Corea del Sur


En esa economía social o sociología histórica que podemos analizar sin profundizar mucho, para intentar respondernos sobre los motivos por los que unas sociedades triunfan y otras se empobrecen, una de las primeras dudas que nos surgen es adivinar por qué algunos países fracasan a lo largo de la historia, otros se hacen con un nivel de vida aceptable, o incluso otros alcanzan el poder más elevado y luego lo pierden, por lo que debemos admitir ya de entrada, que ser una gran potencia es temporal, o que no se sabe bien todos los motivos que nos llevan a ver, ante la historia, porqué unas sociedades fracasan y otras triunfan.

Esto sirve para países, sociedades o empresas. Equipos deportivos, familias o grupos, salvando las enormes distancias que hacen funcionar los diferentes tipos de grupos de personas.

Es verdad que habitualmente nos respondemos con lo que nos parece más obvio visto de forma simple, pero no es sencilla la respuesta, pues siempre la sucesión de errores es más importante que cualquier otro concepto que nos pueda parecer real. Y aquí es donde entran las instituciones, las formas de gobernar, de gestionar o de entrenar.

Si suprimimos las condiciones extremas de habitabilidad en algunos territorios, todo lo demás son consecuencias humanas, decisiones humanas. 

Hoy, por poner un ejemplo, vemos a un Irán empobrecido en su PIB por habitantes, pero fue en esa misma zona la inmensamente importante ante la historia de la humanidad civilización persa, fue Persia. Fue líder mundial y hoy es pobre, aunque posea mucha energía del petróleo y gas para vender.

España o Reino Unido dominaron el mundo. Italia creó el Imperio Romano. Ni sus ascensos tuvieron nada que ver con sus condiciones como territorio, ni tampoco la tuvieron para su fracaso como líderes mundiales.

Son las instituciones de cada momento de la historia, —es decir, lo que nos damos como sociedad para estar funcionando—, los que logran los éxitos o fracasos. Mucho más incluso, que los sistemas políticos o económicos que nos damos para funcionar. China sin dejar de ser comunista y una dictadura, pasó en pocos años de ser un país tremendamente pobre en el siglo XX a un país pionero en tecnología y cabeza de una economía y un crecimiento casi brutal. Hay varios ejemplos más.

¿Cuál es el motivo real de que Norteamérica sea muy rica y potente, y en cambio no lo sea Argentina, Chile o México? Incluso hay ciudades entre los EEUU y México, que están divididas por una frontera, y son totalmente distintas en su grado de confort, de economía, de sociedad. Por ejemplo, Nogales Norte (Arizona) y Nogales Sur (Sonora).

Dos ciudades con diferentes instituciones y con resultados muy diferentes, aunque hayan partido del mismo origen y sus condiciones geográficas, estratégicas, sean iguales.

Otro ejemplo muy sencillo de explicar es Corea. En él, vemos lo que puede suceder por no tener unas instituciones capaces, actualizadas, y cerrarse internamente a base de ir sumando errores de planificación social. 

Si analizamos la situación inicial de Corea, en los años 50 del siglo XX, vemos que el PIB per cápita era muy similar entre las zonas del Note y del Sur o incluso algo mayor en el Norte. En aquellos años Corea del Norteestaba más industrializada (herencia japonesa) y tenía más recursos minerales En cambio Corea del Sur era un territorio más agrario, con más dependiente de ayuda exterior y hasta finales de los años 60, Corea del Norte iba por delante en las cifras económicas.

Tras la división en dos países al finalizar la II Guerra Mundial empezaron las divisiones de las instituciones coreanas. Una mitad, la norte, dependía de la URSS y China. Y la otra mitad, la del Sur dependía de los EEUU. Antes todo el territorio era una colonia de Japón. Por eso se dividió, como sucedió en Alemania.

Tras la finalización de la Guerra entre las dos Coreas con diversos apoyos de otros países, Corea continuo desde 1953, dividida. Hasta la fecha de hoy. Son ya claramente dos países diferente que tras 70 años divididos, han evolucionado de muy diferente manera. Pero parten de la misma civilización, cultura, historia y territorio o condiciones naturales de vida para poder crecer o no. Solo las diferencia las instituciones creadas en estas décadas. 

Y esto lo señalo sobre todo para esos miles y miles de ciudadanos de todo el mundo, que dicen y repiten que la política es una mierda, que sobran los políticos, que estaríamos mejor funcionando sin una clase política. 

Corea del Norte se encerró, se aisló del mundo. Y Corea del Sur se abrió con sistemas educativos abiertos y plurales hacia un capitalismo dirigido a la exportación. Corea del Sur empezó a recibir ayudas masivas desde los EEUU, mientras que Corea del Norte con ayudas puntuales de la URSS o China creyó que era capaz ella sola de asentarse en su libertad. La diferencia no era solo de modelo entre comunismo y capitalismo, sino de decisiones sociales como la educación, la industria, las relaciones con otros países.

La productividad era tremendamente distinta entre modelos industriales motivadores o rígidos, tanto en cantidad como sobre todo en calidad e innovación tecnológica según las décadas. Corea del Norte siguió intentando dominar mercados de industria pesada, armamento o maquinaria, una agricultura colectiva y utilizando el carbón como energía basa. En cambio, Corea del sur sin dejar la agricultura abierta como elemento importante en las primeras décadas, se inició en unas industrias textiles que exportaba. Eran los años 60 y 70. Todavía no había explotado las diferencias.

Ya entrando en los años 80 a 90, Corea del Norte siguió mejorando su industria, pero con un ritmo modernizador lento y una clara dependencia ya, de una URSS todavía más lenta. Empiezan a diferenciarse los datos económicos, con una Corea del Sur que da cambios hacia industrias químicas, astilleros, electrónica y servicios. 

En los años 90 vino una crisis de sequías, el colapso de la URSS, la agricultura planificada en Corea del Norte no supo dar respuesta a los nuevos retos, y la economía se convierte casi en una locura sin reglas. Su industria se volvió obsoleta mientras que Corea del Sur abrazó la tecnología de los semicondutores, la electrónica de consumo para la exportación, la industria naval y una clara apuesta por la I+D.

Hoy Corea del Norte se basa en sistemas industriales militares, la minería y una agricultura muy planificada para su propio consumo. Y a su vez Corea del Sur ha girado hacia una industria de exportación con un alto valor añadido. Entre exportar coches o software y exportar misiles o carbón, los valores añadidos son tremendamente distintos. Las diferencias de PIB entre ciudadanos son brutales. Podríamos hablar de un PIB por habitante en Corea del Norte de unos 1.500 dólares año, mientras que en el caso de Corea del Sur hablamos de unos 45.000 dólares año. 

Julio Puente

23.3.26

Reconfiguración del Poder Global en 20250


Nos lo imaginábamos desde la última década con los cambios ideológicos del mundo actual de este siglo XXI, es decir, lo veíamos venir. Pero tras el estallido de la guerra en Irán, antes en Ucrania y luego en Gaza, sabemos ya sin duda que existe en este siglo XXI una clara reconfiguración del Poder Global.

Han saltado por los aires todos los organismos internacionales que nos habíamos dado a partir de 1945 en el mundo, para intentar evitar una nueva Guerra Mundial. En estos momentos de principios de 2026, ya sabemos que nada está funcionando, que las normas internacionales, las Leyes de Guerra internacional, no sirven de nada pues no se cumplen por parte de ninguno de los que incitan los conflictos y los que lo sufren se ven obligados a utilizar el “Ojo por ojo, diente por diente”.

Sin organizaciones mundiales capaces de hacer cumplir las Leyes, todo es un mundo selvático, en donde el más fuerte militarmente o por sus condiciones estratégicas, es el que impone sus condiciones aunque sean inhumanas, fuera de todo tipo de control humano, aunque sean humanos los que deciden utilizar las máquinas de guerra.

En estas tres semanas de guerra en Irán han sucedido tantos conflictos gravísimos por su importancia y por la zona en donde se producen, que resulta complejo imaginar meses de guerra y las formas en que esto afectará a todo el mundo durante meses y años. Hablamos de energía, de infraestructuras, de invasión de Líbano, destrucción de Gaza, de Irán o de cambio de paradigma de todos los países del Golfo Pérsico o de Oriente Medio.

No es una guerra de religiones, tampoco es solo una guerra energética, ni tan siquiera una guerra de autodefensa o de genocidio para lograr más territorio. Es todo eso, más una clara reordenación del poder mundial, de que de esta guerra salgan grandes países ganadores y grandes países perdedores.

Hay un solo gran país involucrado directamente. Los EEUU, impulsados por un Israel que juega por otros motivos. Y aunque los EEUU están desde el principio intentando que entran tanto Europa como China, Arabia Saudí o Turquía en el conflicto, saben ya todos estos actores, que de momento lo más lógico para ellos y para el mundo, es mantenerse al margen.

Y llegando a este punto tan conflictivo por lo que ya afecta y afectará a todo el mundo la guerra en Irán y Líbano de momento, y ante la imposibilidad real de poder negociar con nadie tras matar a todos los líderes de Irán, solo cabe preguntarse quien podría ganar esta guerra. Y el único que aparece es EEUU como ganador o como perdedor. O lo que puede parecer un contrasentido, ganar esta guerra puede ser perderla.

Ganar y que esa victoria tenga sentido positivo en el medio plazo supone derrocar todo el sistema de gobierno de Irán, entrar en una democracia tipo occidental pero a su vez reconstruir el país para que no caiga esa democracia en pocos meses al tener que vivir sobre las miserias, y eso supone un tremendo esfuerzo económico que si lo soporta solo los EEUU les afectará muy negativamente, mientras otros actores mundiales observan desde la ventanilla y se frotan las manos.

En el caso de una rendición de Irán, de su sistema político, el trabajo de los EEUU y de sus vecinos tendría que ser tremendo, aunque no tuvieran que pagar con la ayuda de Europa y ciertos países de la zona. Volveríamos a asistir a un crecimiento lógico de China que simplemente observaría como invitado estratégico.

Hoy los conflictos bélicos no son solo militares. Son sobre todo económicos y tecnológicos, y es aquí en donde los posicionamientos y los silencios logran hacer ganar a quien simplemente no interviene. Y en este siglo XXI es posible que vayamos a un escenario de posicionamientos con una inestabilidad casi crónica de grandes grupos, pero con un cambio claro de los liderazgos económicos, estratégicos y tecnológicos.

Asia saldrá reforzada, no solo China sino también India e incluso Turquía y algunos países menores de la zona del sur. Los EEUU pagarán muy caro el declive reforzado por un Donald Trump rodeado de incapaces de entender la historia, y que puede ver peligrar el valor del Dólar como moneda de referencia. Y Europa está en esa incertidumbre ya acostumbrada, sin definir si quiere estar o simplemente prefiera no estar, con todas las consecuencias que tienen cualquiera de las dos posturas.

Nos queda Rusia, y sus decisiones hoy estancadas en el frente de Ucrania, otro gran error de este inicio del siglo XXI, del que son responsables Europa y Rusia. Nunca debería haber estallado esta guerra que no es regional, aunque lo parezca.

Todos estos hechos ya reales nos llevan inevitablemente a pensar que en la mitad del siglo XXI el llamado Poder Global será muy diferente al del inicio de este mismo siglo. Y a la vez podemos afirmar que en la mitad de este periodo de 50 años, ahora mismo, no estamos en condiciones de poder adivinar quien saldrá ganando de estos conflictos bélicos y de reconfiguración mundial.

Podemos intuir un sistema global de poder más fragmentado, más regionalizado y más policéntrico, con varios centros de poder que competirán y cooperarán a la vez. Y se temerán entre ellos. Los conflictos bélicos actuales no están creando un solo frente global, sino varios teatros simultáneos. Ucrania y la seguridad europea; Oriente Medio y la guerra regional ampliada en torno a Israel, Palestina, Líbano, Irán y países del Golfo aliados o no; además de guerras persistentes en Sudán, Myanmar, el Sahel o Haití.

Los conflictos de 2026 están acelerando los movimientos estratégicos y económicos sobre los ejes tecnológicos, de materias primas, de cambio energético. Las guerras actuales no solo destruyen; también están redistribuyendo inversión, alianzas, industria militar y cadenas de suministro. Los actores serán los EEUU, China, India, Rusia, Oriente Medio, Europa y “los Sur” de América, África y Asia. No he nombrado a Turquía no por no ser importante sino por no sabe a fecha de hoy si colocarla hacia Europa o hacia Oriente.

Ese Nuevo Mundo de mitad del siglo XXI será más duro y complejo, porque la competencia incluirá menos universalismo y globalización y más coerción entre los diversos bloques. Más sanciones, tecnología, chips, energía, rutas marítimas, minerales, ciberataques, inteligencia artificial y nuevo armamento de precisión. No veo un “Gobierno del Mundo”, sino una mezcla de bloques flexibles, rivalidades persistentes y pactos tácticos. Y una reconfiguración de los modelos de Control Mundial, tipo ONU, Tribunales, OTAN, Comercios internacionales, etc.

Países como India, Turquía, Brasil o Sudáfrica y sus posicionamientos en uno u otro Grupo de Poder, pueden inclinar la balanza de quien gobernará el mundo con más capacidad, a partir del año 2050.


Julio Puente