De niño uno entiende las guerras de una manera muy lejana, muy diferente, por la inocencia que te ofrece la edad y por la falta de información real sobre la capacidad de manipulación del ser humano.
En mi infancia tuve principalmente tres guerras, encima de mi ambiente casi silencioso como es lógico en una familia sin muchos recursos y en los años 60. Nadie o casi nadie me hablaba de guerras y los medios de comunicación de aquellos años eran: Una radio gorda que solo escuchaban los adultos, y muy esporádicamente la televisión de mi abuela en donde siempre ponían tenis, pues yo iba a visitarla a media tarde los sábados.
De la única guerra de la que sí recuerdo algo es como decía antes, de la Guerra de Vietnam (1955-1975) que aumentó su crudeza e información en los años 60 con la intervención directa de los EE. UU., convirtiéndose en un símbolo de la Guerra Fría y un conflicto muy televisado que generó grandes protestas en países de lejos.
En aquel momento, cuando yo tenía unos 10 años, empecé a pensar que aunque muy lejos, igual algo sí me podía tocar. Cuando me enteré de que éramos amigos de los EEUU me entró miedo pues empecé a pensar que igual tenía yo que ir a luchar como soldado a ese lugar tan lejano. Aunque yo no era negro. Esto lo pienso ahora.
Guardo pocas imágenes de aquellos años y de la guerra, pero algunas tienen como referencia aquellas trampas tremendas que les hacían a los soldados “buenos”, aquellos otros los soldados que vestían desarrapados, preparando trampas en agujeros en el suelo, llenos de estacas que los traspasaban al caer. Eso además también lo iba viendo en los tebeos que alquilaba, más que en la televisión.
Y me daba miedo y asco. Yo me preguntaba: —¿Cómo sacas a un soldado herido pero traspasado por eso palos con pinchos? Nunca pensé por entonces, que en la guerra se muere de verdad, y que si caías en esos agujeros ya nadie se dedicaba a sacarte de allí.
Con los años pasados me enteré de la Guerra de los Seis Días (1967), cuando Israel luchando contra Egipto, Siria, Jordania e Irak, logró una victoria israelí con profundas repercusiones regionales que perduran hoy, y que en solo una semana consiguieron conquistar todos los territorios y alcanzar la Paz.
Era un niño, claro, hoy veo ya sesenta años después, que seguimos en donde estábamos entonces. Pero sí recuerdo que me pareció fabuloso poder empezar y terminar una guerra en una semana, pues calculé que en ese tiempo era imposible que me pudieran llamar para ir a la guerra.
De aquellos primeros años de mi infancia no recuerdo nada de la Crisis de los Misiles en Cuba (era 1962, yo tenía poco más de seis años). Un momento crítico de la Guerra Fría donde EE. UU. y la URSS, en donde estuvimos casi al borde de una guerra nuclear.
Mi padre trabajaba, pero aunque era un buen mozo, era inmigrante de Soria y no tenía nada sencillo ascender a Oficial de Segunda que era su meta. Creo que todavía era Peón, aunque luego logró ascender a Oficial de Tercera.
Pues eso, que mis primeras guerras transcurrieron sin mucha pena, hasta que con ya más de siete años conocí el asesinato de John F. Kennedy. Aquello me pareció tremendo incluso para mi edad. ¿Cómo es posible que se asesinara de verdad a un presidente tan joven, que tan bien mandaba en el mundo mundial, y sin que nadie lo hubiera impedido?
Recuerdo que pensaba que los importantes del mundo tenía bula, no se podían morir si no era por ser ya muy viejitos. Poco antes había visto en la televisión de mi abuela el entierro del Papa Juan XXIII, pero ya me dijeron que era muy mayor, y con casi 82 años uno ya estaba para morirse.
Pues eso, que lo del Papa bien, inevitable, pero entender los de Kennedy era imposible. Y por un disparo. No era entendible pues yo era un niño joven. Los hombres jóvenes no se pueden morir por un disparo, y además en la calle y en un coche que iba a mucha velocidad.
Mis padres me lo intentaron explicar —mi abuela Inocencia no, pues hablaba poco—, y no lo entendí. Yo en un principio creí que su mujer había tenido algo que ver, pues en aquellas imágenes se veía que ella se ponía encima del hombre y se agachaba, y aquello no lo veía muy normal.
Cuando luego me contaron que al presunto asesino lo habían a su vez asesinado delante de todos, enseguida supe que en este caso al menos, no había sido la mujer de Kennedy, y que la historia a veces, es mentira.












