2.2.26

¿Qué Modelo de Estados occidentales tendremos en 2050?


Es posible que en la segunda mitad del siglo XXI, nos encontremos con Estados occidentales que haya evolucionado hacia modelos de Estado (no de país) más ágiles, tecnológicos y colaborativos, pasando del Estado Nación tradicional, centralizado en su propio territorio, a entidades "estratégicas" o "unidos en red”, que prioricen la eficiencia digital, la personalización de servicios y la gobernanza multi nivel. 

Es decir, de alguna manera creando gobernanza tipo la Unión Europea, en una globalización repartida y dividida por bloques.

Estados menos potentes en cuanto a capacidad de País, pero más ágiles a la hora de su defensa de todo tipo. Bélica, comercial, económica, cultual, tecnológica. etc. El tamaño del Estado dictaminará su capacidad para defenderse ante los mercados mundiales, y las crisis globales que seguirán existiendo como guerras constantes en los aspectos comerciales y económicos. 

Y aumentarán su capacidad de vigilancia ante las leyes incumplidas, controlando mejor las fronteras digitales de datos y sobre todo de movimientos de capitales digitales.

La mayor descentralización y colaboración entre países supondrá la integración con el sector privado en redes de gobiernos locales, empresas, ONG y mayor participación ciudadana directa, mediante plataformas digitales eficaces. 

La participación no será una excusa para disimular, sino una necesidad impuesta desde los Estados que superen a los países. La participación como modelo de control es una herramienta que sirve entre países para saber que todos e hace con arreglo a unas normas generales similares entre los países en un Estado de multi niveles.

Un modelo de Estado híbrido democrático, con una combinación de representación tradicional con parlamentos deliberativos, votación digital y participación mayor a niveles locales o de país para legitimar decisiones complejas. Estados "abiertos" con prosperidad compartida; pero con mayor autoritarismo "suave" por los desafíos demográficos y geopolíticos que se plantearán. 

Las decisiones del Estado ya no serán tan fácilmente admitidos por los ciudadanos de los países, por lo que se necesitará una formación democrática muy superior a la actual, para explicar y comprender medidas que pueden parecer desde absurdas a inútiles o directamente negativas.

Las presiones demográficas y climáticas junto al envejecimiento creciente, obligará a buscar modelos de pensiones sostenibles, y sistemas de cuidado en dependencia más asumibles. Las migraciones y el cambio climático demandarán políticas transfronterizas. 

Y eso será junto a lo comentado anteriormente sobre pensiones y dependencia, uno de los puntos sociales que mejor hay que trabajar, para ser asumidos y a su vez que se puedan asimilar a modelos productivos posiblemente con menos valor añadido en impuestos, si no somos capaces de entender que los impuestos en muchos casos son inversiones.

Es previsible el declive relativo del poder occidental ante el ya creciente e imparable poder de Asia y no solo de China, impulsando bloques regionales con soberanía compartida en defensa y economía. 

Ya está rotando el poder mundial de las grandes superpotencias hacia Asia, eso parece inamovible aunque no lo deseen los EEUU que incluso podría verse dentro de un empeoramiento económico grave. 

Estamos hablando de nuevos modelos productivos, pero a su vez de gobernanza, de economías de mercado comercial, y sin duda de movimientos del dinero nuevo, como forma de poseer la riqueza.

En el año 2050 lo más probable es que el dinero sea mayoritariamente digital, con monedas fiat (La moneda fiat o fiduciaria es dinero emitido y regulado por bancos centrales y gobiernos, cuyo valor no está respaldado por materias primas físicas (como el oro o la plata), sino por la confianza, decreto legal y la estabilidad de la economía emisora. 

Ejemplos incluyen el dólar o el euro, que ya no utilizan el Patron Oro para marcar sus valores exteriores), monedas emitidas por los bancos centrales de cada Estado en formato electrónico (CBDC) conviviendo con criptomonedas y monedas estables digitales y privadas, en un sistema casi sin efectivo físico.

No se trata de creer o de no creer en las criptomonedas o en la moneda digital. Es que simplemente ya no existirá la moneda como valor diferente al de los números. 

Pensemos que por poner un ejemplo fácil de comprender, las pensiones ya no se pagan —desde organismos públicos— en dinero sino en números. La inmensa mayoría de los movimientos económicos ya funcionan así, pero es previsible que a corto plazo casi todo sea así.

Medios de pago universal, seguro y muy barato, accesible vía móvil o dispositivos biométricos. Dinero digital sin que nadie se de cuenta del cambio. En la misma medida en que nadie se ha dado cuenta de la nueva o no tan nueva capacidad de todos los bancos de crear dinero sin tener que imprimir billetes.

Los Estados tendrán capacidad de emitir una moneda digital ampliamente aceptada tanto para uso interior como exterior), con confianza en su estabilidad, seguridad y respeto a la privacidad. 

Podemos imaginarnos que en un futuro España por poner un ejemplo, podría emitir nuevamente Pesetas a un valor fijo idéntico al euro, pero siempre de forma digital, para pagos del Estado. 

Dinero digital aceptado en tu Estado Supranacionales, no tanto en otros Estados, ante los que deberíamos entrar con cambios de esas nuevas monedas digitales.

Pero no solo para pagos en pensiones, o desempleo, sino en ayudas estatales para sectores básicos e importantes como Agricultura o Industria, para cobros o devoluciones en Impuestos, o para pagos en empresas públicas. 

Podría darse la convivencias natural de dos modelos de moneda digital, en el caso de España entre el Euro y la Peseta, sin perder la Unión Europea su capacidad de controlar las economías.

En síntesis, el poder económico en la mitad del siglo XXI dependerá menos de imprimir billetes y más de controlar infraestructuras y modelos de pagos digitales, aumentando la confianza en la moneda digital y en la capacidad de conectar ese nuevo sistema financiero con una economía innovadora y sostenible. 

Debemos tener en cuenta que el enorme crecimiento del dinero en circulación a partir de 2020 por los efectos de la Pandemia y las ayudas públicas que hubo que crear casi desde la nada, junto al envejecimiento de la población europea, y la creciente competencia comercial de Asia y América, obligará a Europa a buscar nuevos modelos de economía monetaria.

No hay comentarios: