26.4.26
Un poema para vivir la vida, de Roberto Abadíe Soriano
31.3.26
Viajar como obligación impuesta. De viajados a viajeros
Hay un sector que representa el diez por ciento o más de la economía española y en ciertas áreas es un monocultivo: en vez de inventar, recibir.
Los bares y restaurantes como punta de lanza se quejan estos días de que los efectos en precios y psicológicos de la guerra de Irán se están notando, entre eso y la bajada de temperatura están vacíos. Y la primera opción de escapada de Semana Santa en Zaragoza es ir a los pueblos como en los años ochenta, porque la mayor parte de nuestros padres no tenían la necesidad de viajar sino de cargarse de más obligaciones manteniendo el patrimonio de los abuelos que cobraban la perra gorda, muchos ni cotizaron. Cuando la vida les tocó, por trabajo o por su destino, por el contrario fueron personas viajadas.
Qué lejos nos quedan los viajes iniciáticos de los románticos, como el deliciosamente escrito de Goethe por Italia y el de los románticos franceses a España y la actual Marruecos. Cuando cruzaban los Pirineos, como los germanos y anglos los Alpes, pasaban al mundo de opereta de Carmen, a las tartanas por caminos de baches y las fondas o posadas de limpieza cuestionable. A los caprichos de Goya como poco, si no lo de más allá. Hoy al contrario, el norte de África y Península Ibérica dan lecciones de gastronomía popular y estado suficiente por el precio de los alojamientos, ser hospitalario es “su primera industria limpia” (a costa de su territorio).
Nuestros padres y abuelos vivieron en la hermosísima Calabuch de Berlanga y viajaron a la guerra como a un marine le encargan estos días no coger vacaciones y controlar, sin mirar una sola mezquita selyúcida, el Estrecho de Ormuz. Con que no les caigan drones ya cumplen como galeotes.
Mi abuelo materno vivió un tiempo en Tetuán y nunca me transmitió ni que hubiese un zoco especial y perfumado, una comunidad sefardí como nuestro origen descollante ni mezquitas o monumentos, ni siquiera artesanía, relevantes. Fue a lo que fue y yo fui a visitarla, no llevaba una guía de trenes ni de hoteles para atravesar la Península hasta Algeciras, comió y durmió lo que pudo y donde fuese, y me transmitió descripciones de cuarteles, barranqueras y rifeños. Y poco más haría Franco aparte de alguna recepción con vino fino con las autoridades locales que lo dirigió en su destacamento, como tampoco nos imaginamos al asesino serbio Gabrilo Princip dando una vuelta por Sarajevo antes de disparar contra Francisco Fernando.
La sensibilidad artística de Franco la entiendo limitada a salvar el Pazo de Meirás y ordenar la reconstrucción racionalista mudéjar de Toledo, el arco del Deán y la calle San Vicente de Paúl de Zaragoza llevándose por delante veinte palacios, que era lo que se llevaba entonces aunque Dominguín y Ava Gardner vivieran en su paraíso libertario.
Así nuestros antepasados fueron al frente y antes y después se turnaron los pastos sin fronteras de los puertos del Pirineo, bajaban a Pamplona a pasar un día y ver el ambiente para que Hemingway les robara el alma en una novela o se embarcaron a California y Argentina para no volver. Y un vez establecidos no les preguntes por si han ido a Yosemite ni el Perito Moreno, sino que sus pocas vacaciones las pasaban viendo Hollywood o chapoteando, no sabía nadar ninguno, en Mar del Plata con miedo montañés. O sea, yendo a Salou o Peñíscola al 90%.
Los viajes culturales iniciáticos, para recorrer catedrales o parques nacionales, los hacían Byron y cuatro más porque en España los de la Generación del 27 solo subieron a Guadarrama. Los anglos en su año sabático a la salida de Eton y antes de Oxford, muchos con lacayos y preceptores que pasaban los Pirineos y Alpes por sendas de pastor en macho y con las calesas desmontadas. Una vez en Bielsa o Aosta las recomponían para visitar.
Otros no viajeros, militares aparte, se desplazaron porque tenían un concepto del viaje como rogativa, como peregrinos poseídos por una fe o promesa dada. Vestían capas con el emblema del destino (la concha jacobea no se pesca en Jacetania) o, si iban de Aragón a Roma y Jerusalén –del mismo modo que hasta en Bosnia se pone el apellido Hadji, el que ha ido y vuelto a La Meca- recibieron el apelativo de romeros. Entonces el que doblaba a Eastwood, el gran Constantino Romero, es que descendía de uno de su pueblo especialmente inquieto.
En Japón sucedía lo mismo: alcanzar el santuario de Ise desde Nara entre cerezos en flor y cataratas o hacer la ruta de los templos de Shikoku implicaba tomar hábitos blancos. Era para iluminati, no necesariamente para “pijos” de la aristocracia y alta burguesía.
Quien más quien menos de la tribu que fuera conocía los relatos orales pasados de generación en generación de sus respectivos Odiseo, se les transmitía la obligación de la hospitalidad ante el extraño “de buena voluntad”. Tantos noviazgos y relaciones interrumpidos por el golpe de timón de la inconformidad hubo que se hacían rogativas y encargaban misas antes de empezar los viajes para preservar a los aventureros, se ponían efigies pequeñas a San Cristóbal en cada curva.
Hoy los accidentes son especial caldo de cultivo para conocimientos accidentales que dan lugar a relaciones cruzadas como en los viajes se conoce a almas gemelas y se discute con el amigo con quien compartes habitación, que pasa a presunto.
Ni Napoleón cruzo y conquistó el mediterráneo gracias a compañías de cruceros, ni según la mentalidad de Pizarro éste visitó Cuzco como Cortés no lo hizo con Tenochtitlán, y solo inquietos gourmands como Erasmo de Rotterdam al que le iba el buen morapio, dicen, fueron precursores de la actual sociedad de culos de mal asiento por querer recorrer Europa de universidad en universidad como catedrático. Precursor de Montaigne, los pintores y literatos del Barroco aragonés y español no tuvieron esa mentalidad cuando daban el salto de Nápoles a Roma para educarse artísticamente, sino que residían en colegios para estudiar los restos romanos sin pasar por los filtros de Mantegna o se tiraban como Cervantes, varios años de imaginarias.
Hoy cada crío de familia no hace falta que de clase alta es Erasmo haciendo ídem, es difícil distinguir a los romeros y resto de visitantes de Jerusalén, todos haciendo idéntico ruido pero con tres misas diferenciales, y se cuentan por millones los conquistadores anuales de Cuzco.
Pionero en los viajes introspectivos desde Humboldt, el turismo alemán nos redescubre permanentemente Aragón: en los 90 fue el Matarraña, hoy como destino de floración único en Europa.
El resto, viajamos como los antiguos comerciales, sin guías y con el libro de contabilidad de pérdidas y ganancias, vendiendo nuestra mercancía: contarlo luego. Ni peregrinos ni gentleman travellers, con la vista en el libro de cuentas y no en el de oraciones y paradas obligatorias, estaciones, de cada Rocío.
Midiendo el tiempo, con el guía pautando, bajo el cálculo porque todos somos del signo de Mercurio, hemos perdido la relación no productiva con el tiempo, la que trajo el románico lombardo, que tuvieron los romeros. En eso nos hemos convertido, en aprovechateguis del tiempo de ocio.
Todo este texto lo resumió mucho mejor un aragonés, el siciliano Battiato. Por no salir de Franco.
27.3.26
Escribir diarios es una medicación sin efectos secundarios
Leo que cada vez somos más los que intentamos escribir diarios personales, desde diferentes modelos. También los hay artísticos, como esos Libros de Artista que son expresiones en grafismo personal.
Pero algo me martillea los sesos. No tengo claro si el final de un diario es que no se lea nunca o al contrario hay que escribirlo pulido y abrillantado por si alguien te lo lee.
En este segundo caso la censura personal se impone y eso jode. Pero el final de todo escrito es ser leído, al menos por el escritor. Y a la vez, un Diario del tipo que sea, no soporta nada bien la auto censura.
Esta ventana la leéis pocas personas, incluso dudo que todos los que lo leen sean personas de verdad, pero tal vez lo correcto sería seguir escribiendo sin publicitarlo en las redes para que se lea poco.
Yo ganaría en libertad y perdería en lecturas. Que la verdad, creo que es igual tener diez que una. Con perdón si tú eres de los diez. O lo que parece lo mismo. Es mejor una visita de verdad que 1.000 de mentira.
Así también quien caiga de la locura y se ponga a leerme tendrá la garantía de que su lujo enfermo es mayor, pues es menos consumido.
Los diarios en realidad no siempre son diarios, muchas veces son semanales o ratos de ausencia mental que empleamos en interiorizarnos en busca de nuestra basura para limpiarla hacia fuera.
Publicarlo es como la acción de vaciar la papelera del ordenador. Te quedas como muy a gusto. Aunque a veces los Diarios sean bellos.
12.2.26
Tiempo ¿Tiempo? ¡¡¡Tiempo!!! Necesitamos tiempo muerto
Me ha venido a la mente la palabra “tiempo” en su significado tal vez menos utilizado. La de petición, la de súplica incluso por el bien de todos aunque no lo creamos así, la que demuestra la necesidad de parar, de calmar el momento para estudiarlo y analizar las consecuencias.
El clásico “¡tiempo muerto!” del baloncesto es el que mejor nos indica lo que quiero decir.
Todos necesitamos muchas veces parar de andar por la vida, tomar aire para recoger nuevos impulsos, respirar sin sobrealiento, para darnos cuenta de donde estamos y hacia donde queremos ir.
Nos pedimos tiempo, nos lo concedemos muchas menos veces de las necesarias, pero no siempre lo aprovechamos.
Es una nueva oportunidad, es buscar otro lugar, otro espacio, otro momento, otras circunstancias. Es una división para buscar otros motivos. Para recordar lo aprendido.
Muchas veces lo único que necesitamos es tiempo.
22.1.26
Paraísos Cercanos 3. África Occidental y sus combinados
De quién es África: de quien compre esclavos, de quien les haga autopistas que nadie mantiene, de quienes sequen para producir flores los lagos del Valle del Rift, de quien gane la Copa de fútbol africana aun habiéndose retirado unos minutos del campo de fútbol, de quien sea traficante de todo tipo y con una excusa de guerra religiosa, ensaye armas y manipule ideas en el Sahel…
De quién no es África: de sus cantantes como Fatoumata Diawara, ni de sus músicos de guitarra eléctrica, de los pivots de baloncesto y los compositores de afrobeat nigerianos, de las asociaciones de opositores a Obiang repletas de emigrados, de las diseñadoras de las telas africanas impresas de colores vivos por los dos lados para que caigan de forma majestuosa, de las cooperativistas del argán de Essauira y fabricación de botargas de Mauritania, de los pastores del páramo keniata trashumantes, de los bebedores de sangre de aorta de sus animales, de los niños…
África tampoco es de Miquel Barceló con sus pinturas en el Mali dogón, de los arquitectos albañiles de las mezquitas de barro que se repasan cada año y están rematadas por los palos de baobad de sus encofrados, como las torres y catedrales de su imitador colegiado en un colegio de arquitectos europeo: Gaudí. No son ni siquiera arte africano, las quincallas que puedes comprar cualquier día, en cualquier calle de tu ciudad, cuando un senegalés te las ofrece.
África es completamente de Toyota, Kalashnikov, Syngenta Group, las productoras chinas de pescado procesado… como antes fue de Peugeot, del Crédit Agricole o de la industria esclavista cubano catalana, en ida y vuelta como la rumba.
África es fecunda y austera; verde sobre suelo rojo o color camel; romano-árabe aunque Ashanti y dominada por las lenguas congolesas; elegante y desesperada; sutil y gritona… Un crisol de combinados siempre a punto para la siguiente concesión…
África es amarga o bitter, ese ingrediente especial que hace salivar, que te recuerda que tu mundo del sabor, para que sea completo, incluye tu educación en disfrutar del apio y de la alcachofa. La molestia que te hace la mueca viene de las cortezas, las pelarzas, las semillas, la genciana, la quinina, las hierbas bordes. Es jodido acostumbrarse pero, si lo haces, tu veneno occidental alcohólico quedará redimido, será digestivo y equilibrado, exótico y nunca cotidiano. Olvidarás la angostura.
África es negra porque es chocolate, una semilla de cacao en permanente pudrición y maderación. Es la literatura sobre las matanzas de Angola de Lobo Antunes, nunca Nóbel por demasiado molesto, por demasiado real… A quién le interesa la mirada de un blanco sobre África que no sea si es guía de safaris o mercenario afrikáner.
No os mintáis, Paul Simon y Peter Gabriel fueron un altavoz aprovechado de Soweto cuando el mejor escritor africano, y uno de los mejores de todos los tiempos, Coetzee, escribe sobre la imposible superación del racismo desde Adelaida; a Mahfouz le apuñalaron por hereje; la Slimani tiene como protagonistas a las familias mestizas marroquíes creando en París; y Yasmina Khadra es el sobrenombre de un militar argelino.
África es siempre shake, agitada en toda su coctelera. Nunca se vive en la calle simplemente agitado ni stir, mezclado, eso no tiene relación con sobrevivir cada mañana, con soñar con emigrar jugando al fútbol. A toda África convendría oxigenarla, hacer roll y pasarla a otra coctelera: ¿sus regímenes corruptos nunca lo permitirán o lo son porque desde fuera interesa shaking?
África sí que es espumosa sin que se la pueda girar modo Rolling, suavemente. Se encuentra socialmente layer, separada por capas de clasismo que hoy no conocen razas como manifiesta las coimas para que te bendiga contratos Asamblea Nacional Africana; su población rural y pescadores son sistemáticamente machacados, mudled, hechos puré, sometidos a permanentes enfriamientos secuenciales.
África no quiere volver a los tiempos de la francofonía de Leopoldo Sedar Sengor, de Youssou Ndour, de Albert Camus: primero culturalmente franceses, después el lugar de nacimiento o raza qué importa con la cobertura de la Revolución-
Tintas de rojo oscuro tenemos los dos, muftí. Yo de sangre de cepa, tú de tus hermanos
(Omar Jayyam).
20.1.26
Paraísos Cercanos. México
Hoy nos trasladamos hasta mi primer encuentro de mi vida con un mexicano el año 86, el ingeniero Juan Zamudio.
Ambos nos conocimos cuando yo tenía 19 años y fui conduciendo por Burdeos y el Loira hasta la ciudad de la luz, pues compartimos cuarto de literas en el Albergue de la Villette. Yo conseguí llegar metiendo a la almendra de París próxima al cementerio Lachaise y la Cuidad de las Ciencias mi Ford Fiesta de segunda mano, azul celeste camiseta de Uruguay, que perteneció antes a un aviador de la base madrileña de Torrejón. Dando algunas vueltas hasta ver esa salida del Boulevard Périphérique que por dos veces me lanzaba a la autopista de Lille y Bruselas.
En mi viaje iniciático, aparcado el buga en una calle sin zonas verdes ni naranjas, intoxicado de cultura francesa por mi profesor de instituto Antonio Muñoz, pensaba pasar una semana y matarme a ver museos, la escultura de Calder del Pompidou, tomar cafés, absentas y vinos alrededor de la Sorbona y demás planes entonces obligatorios, dos vocablos que siempre salen mal juntos.
Además de subir a Montmartre, a la torre esa de acero y visitar los Inválidos pues… Zaragoza nunca se rinde…
En vez de eso y dado que tanto Juan como yo viajábamos con la sobrevalorada “Rayuela” de Cortázar, mi encuentro fue con la cultura y actualidad mexicanas, con la poesía de Paz, y contra nulo pronóstico, visitamos la judería rica de las calles del Parc Monceau y gritamos contra los ejecutivos de las empresas trasladadas a los rascacielos promovidos por Mitterand, de centro centro con guiños y el último emperador socialista, en el barrio de Suresnes de “La Defense”. Por coadyuvantes en cuanto a la responsabilidad en alícuota parte de la deuda mexicana, el país iniciando su deriva a narco estado con la firma del PRI, siquiera en aquel entonces exportando simple marihuana y música de Santana.
Mi hilatura de ganchillo con México fue desde allí permanente e imperecedera. Reforzado porque mi escritor predilecto en lengua castellana es Juan Rulfo y que parte del cine que más me ha emocionado es de factura mexicana. Además de que me pegaron en Monzón la epidemia de adorar el rockabilly de “Los Lobos”.
En el país he visitado sus restos, gozado de la gastronomía del sur, me he entusiasmado ante su barroco no colonial sino testimonio cultural de sincretismo. Sigo manteniendo amigos en la UNAM, la Universidad sí nacional y también autónoma de México –las siglas del PSOE en revisión-, que están colaborando con el gabinete Sheimbaun en llevar a debido efecto un proyecto hermano de la UNED española que permita el acceso gratuito a la enseñanza universitaria en los Estados Unidos mexicanos y así se supere el insoportable clasismo que hasta en Cuba existe.
“Por mi raza hablará el espíritu” es el lema de este centro universitario que es un crisol de la sociedad mexicana mestiza. Pues al mismo asistieron y asisten rubios güeros, descendientes de criollos, hijos indios de Villa y Zapata, costeños afromexicanos y fue el foco que iluminó la decisión que tomaron los emigrados universitarios republicanos españoles, García Márquez, el Che, o el chileno Roberto Bolaño, de pasar una serie, la mejor, de los años de su vida en México DF. Cuestión compartida por Buñuel, Bunbury e incluso Bosé, algo tendrá la laguna cuando su corrompida agua la bendicen.
Como autor de un recetario aragonés tradicional, mi única obra grande publicada, debo más de la mitad de la receta a los productos que se encontró en el mercado de Tenochtitlán, quedando deslumbrado, Bernal Díaz del Castillo. Militar que fue conquistado y a quien tantos términos debe el castellano. Castellano viejo de Medina del Campo, murió como alcalde de Antigua Guatemala, la incomparable ciudad que fundó en los reinados de los mayas del sur.
Toda su vida mantuvo una permanente curiosidad hija del humanismo de la Universidad de Salamanca, que dio como resultado las aportaciones de un excelente filólogo por interminable gastrónomo.
El maíz combinado en milpa con las alubias fertilizadoras y la calabaza que da sombra y vitaminas; el aguardiente de agave del lugar del Tequila como digestivo; pero fundamentalmente la adaptación del jitomate y los chiles dulces y picantes en la húmeda, por semejante en clima, costa atlántica peninsular; las papas adaptadas en ecosistemas fríos como Burgos o altiplanos de Navarra que reproducen las condiciones climáticas andinas; las sandías y mangos verdes que en América se consumen con lima, sal y polvo de chile picante; las papayas que en México se sirven partidas en zigzag; las apreciadas piñas reproducidas por los bonetes ceremoniales de los mayas; los moles de chiles asados y espesados con chocolate; el cilantro que se adquiere en un puesto de bello nombre, tanto como menúceles, como son las recauderías.
Este castellano detenido en el tiempo del que participan vocablos como guajolote por pavo, pozole por cocido de maíz, el fruto del aguacatero que contiene suficientes aceites como para no añadirle a su pasta guacamole, el chile chipotle contra el poblano; el pulque de las pulquerías, un zumo especial que no quiero descubrir y, especialmente, el cucuruchito de maní con sacramentos y el mamey, que se describe como una frutilla con color de piedras de tenzontli, y su riqueza en beta carotenos.
Todos me suliveyan. Y es que me suliveyan sus perjúmenes.
Os dejo esta gloriosa alineación del Instituto Mexicano del Sonido de los alimentos, a los platos siempre el cacique Camilo Lara. Poeta con el que me despido y al que tenéis que revisar cada domingo por la mañana en Radio 3, introduciendo cumbias y sonidos tan nuestros pero extraños, tan nutritivos y ya tradicionales, como los compartidos. Forma parte de un canción que huele a palo de lima mezclado con aires de buganvilla, llevada a DF por los exiliados amigos de los Kahlo-Rivera para tomarse unos caballitos de reposado en esas traseras con jardín y cochera de Mixcoac o la Colonia Roma, inmortales como parte principal de la cinta “Roma” de Alfonso Cuairón.
Buñuel se levanta y se va a fumar al fondo del patio, pensando en la siguiente escena de Nazarín.
Recomiendo que os hagáis para acompañar al artículo y oírlo con música de Zoe o Camilo, un cuenco cerámico de chocolate ceremonial menos espeso que el que trasegamos, casi puro y con clavo, comino y un poco de picante; que lo paséis con un tequila dorado con sal y limón o, si todo os falla, una Modelo con gajo de lima dentro.
20.01 Luis Iribarren
31.12.25
Punto de vista budista de Plur1bus o Pluribus
Hay un cierto paralelismo entre las ideas establecidas en Plur1bus y la filosofía budista alrededor del concepto de la disolución del ego o el yo individual como eje central desde el que parte casi toda nuestra visión y concepción sobre el mismo.
A primera vista, esta convergencia puede invitar a pensar que Plur1bus representa una visión “budista” extendida al conjunto de la humanidad, y aunque es un ejercicio divertido, dicha identificación es incorrecta aunque quizá extrapolable con un pequeño girito.
La intuición: el universo experimentándose a sí mismo
La idea de que “el ser humano, el individuo, es el universo experimentándose a sí mismo” aparece de manera recurrente en todo tipo de marcos religiosos y filosóficos. Sugiere que la conciencia no pertenece a los individuos, sino que los individuos son expresiones de un proceso universal más profundo.
Desde esta perspectiva, la separación que existe entre cada uno de los seres no es fundamental, sino una apariencia contingente. La cuestión clave, sin embargo, es en qué grado la separación es ilusoria, qué es exactamente lo plural y qué es lo singular: los yoes, las personas o la experiencia misma.
El budismo rechaza de forma explícita la existencia de un yo permanente e independiente (anatta). Aquello que comúnmente llamamos “persona” se analiza como una agregación de procesos físicos y mentales que suceden en un momento del tiempo y en una región del espacio en particular.
Sin embargo, el análisis budista clásico conserva: Corrientes de conciencia (momentos mentales conectados causalmente bajo un torrente de lo que llamamos pasado, presente y futuro inmediatos.), percepción y cognición localizadas e, importante, continuidad kármica individual (aunque este último para mí es menos importante y debatible)
En síntesis, el budismo niega los yoes, pero no así las perspectivas.
La concepción de Plur1bus, la última serie de Vince Gilligan, más conocido seguramente por ser el creador de Breaking Bad y Better Call Saul, formula una afirmación ontológica mucho más fuerte. No se limita a negar la identidad personal sino que basa su premisa en un “virus” que niega la existencia misma del individuo como “centro individual experiencial”.
Lo hace convirtiendo al género humano en una especie de mente colmena en donde todos los individuos parecen actuar sin motu proprio, incluso la serie se permite el lujo de afirmar que esa “única mente” no es capaz todavía de entender del todo cómo se produce el proceso.
Consecuencias para la ética y la agencia
Dado que el budismo preserva la experiencia individualizada, preserva también la práctica ética (necesaria en el mundo real). La compasión, la responsabilidad y la liberación siguen siendo significativas porque todavía hay seres que sufren, actúan y despiertan.
Plur1bus nos pregunta (y se responde a sí mismo) sobre qué pasaría si uniéramos los dos conceptos: No hay un yo individual único, pero sí un único “yo” o un “nosotros” común. La sociedad entera convertida en su conjunto al solipsismo, excepto por 13 inidividuos incorregibles (ya es mala suerte) que no han podido formar parte del mismo agregado colectivo.
Esta doble concepción se refleja fácilmente en la escena en la que parte de esta sociedad colmena está dándole un masaje a la protagonista (separada de la misma) y a una mujer que sí forma parte del conjunto.
El karma, en cambio, parece desaparecer dentro de esta mente colmena al convertirse en una única entidad. Pero no así fuera de la misma. De hecho, la serie hace muchos esfuerzos en mostrarnos la propia destructividad que encarna el no querer hacer daño a ningún ser vivo.
La soledad en la sociedad
Uno de los aspectos clave de la serie es el de la soledad. Es quizá su punto más fuerte y sobre el que dedica más esfuerzos (algo que puede hacer que tenga ciertos detractores al verse como una serie un poco lenta de más, pero se hace necesario para poder explorar esta idea).
La soledad se procesa en cuatro actos. (1) La separación de Carol del resto de la sociedad, atacada por el virus, que se ve sola en el intento de devolver al mundo a su estado original. (2) La separación total cuando la mente colmena decide alejarse (por motivos de espacio emocional) de ella. (3) La separación de Carol del resto de los 12 inidividuos que parecen no compartir sus mismos ideales (quizá aquí la serie podría haber dedicado algo más de tiempo en mostrarnos sus puntos de vista, pero afectaría a nuestra conexión con la soledad de Carol). Y (4) la soledad de Manousos, que decide al contrario de Carol no hablar con la mente colmena, su tremendo viaje en soledad (lo que para muchos será el capítulo más aburrido y lento).
Choca esta soledad con la unión de todo el planeta bajo una misma personificación manifestada entre los diferentes humanos. Y choca tanta soledad hasta el punto de que la propia Carol no lo puede soportar más y parece, durante un pequeño lapso de tiempo, que prefiere el abrazo de su enemigo.
Conclusión
La serie nos habla de muchas cosas: Del individuo, de la consciencia, de la soledad, del karma manifestado en una mente colmena, de la animadversión (¡una bomba atómica!), de la paz, del pasotismo, de la humanidad en su conjunto y su carga para el planeta y de la carga del planeta para la humanidad. Nos habla quizá de mucho más. Del concepto de budismo de la iluminación que se alcanza al entenderse como parte de un todo. De comunismo versus capitalismo (venga, ¿por qué no?). De los límites y la ausencia de ellos. De lo plural y lo individual.
25.12.25
Sobre el oficio de escribir, y la libertad de opinión
30.11.25
Preguntante y preguntado en la España actual
Dijo Umbral hace ya mucho años, Don Francisco Umbral para los amigos y enemigos —que no sabremos nunca qué eran más— que él no era periodista aunque escribiera en periódicos, y que por eso no tenía que decir noticias. Pero que en cambio había difundido muchos rumores, que eso además era más eficaz y complicado.
Ahora nos estamos empeñando en decir solo verdades, y lo que logramos a cambio es que se digan cada vez más rumores, bulos y mentiras. Cuando alguien dice SI y el otro dice NO, uno de los dos… o miente o está diciendo un rumor o un bulo.
El rumor o el bulo funcionan muy bien, decía Umbral, pues requiere una dosis de imaginación. Mentir es también eso, es simplemente una verdad disfrazada.
Mentir por mentir es de idiotas, pero en cambio mentir pareciendo verdad es de inteligentes.
Hay que seguir inventando rumores, bulos, mentiras, para que ya nadie nos creamos nada de nada.
Por eso intentar decir solo la verdad para ser correcto, me parece una forma de censura. Y lo curioso es que además si mientes te pueden decir que es ilegal. Jodo.
No entiendo bien cuando hacen preguntas en el Congreso de los Diputados, en esas sesiones que llaman de Control, y que se parecen más a un Teatro Romano de gladiadores que se pinchan con sus lanzas, no entiendo bien decía, por qué no se emplea el sarcasmo con normalidad.
Me imagino a un preguntante haciendo la diatriba larga y pesada para desarrollar un tema complejo, y que obtuviera como respuesta un sencillo y simple: —No.
Bueno, o un —Si— según el momento.
No entiendo que en las contra preguntas, cuando ya se entra con toda la mala leche a insultar, no se les responda (me daría igual quien a quien) con una respuesta sabrosa sin insultar, diferente, simpática, amorosa incluso, que descolocara al preguntante.
O una simple respuesta fácil: —Mire usted, como me ha insultado, mientras usted me vaya insultando, yo no le pienso responder.
12.11.25
LUX de Rosalía, qué opinamos?
El nuevo disco de Rosalía del que no pensaba comentar nada me ha atrapado como elemento del que dudo tremendamente y casi me obliga a tener que opinar. Lux y sus 15 ó 18 temas son como poco un reto, casi una provocación para tener que opinar, para no quedarte sin decir qué opinas.
Sexo, Violencia y Llantas
Reliquia
Divinize
Porcelana
Mio Cristo Piange Diamanti
Berghain
La Perla
Mundo Nuevo
De Madrugá
Dios Es Un Stalker
La Yugular
Focu ‘ranni [Exclusiva]
Sauvignon Blanc
Jeanne [Exclusiva]
Novia Robot [Exclusiva]
La Rumba Del Perdón
Memória
Magnolias
Va de palomas que no ven los peligros
10.11.25
El Rey Emérito y sus memorias
El libro del Rey Emérito es una de esos errores absurdos que en otros siglos no se hubieran podido producir. En aquellos siglos de los Reyes idiotas, estos no debían saber ni escribir.
El libro del Rey Emérito parece una mentira pues no dice toda la verdad y solo la verdad. El escribir de encargo habrá hecho un trabajo de órdenes, como suelen encargar todo y siempre los Reyes, y no ha podido decir toda la verdad. Un mal libro que más merecería no haberse escrito nunca, para no decir nada.
Cuando alguien importante en la historia de un país, si decide escribir una Memorias, como poco le pedimos que sean de verdad, que no se deje en el tintero nada, pues si es excesivamente obvias pierden el valor histórico.
Podría parecer un libro para mandar recados, pero eso ya no son unas memorias válidas. Lo podría hacer por Facebook. Por la edad que tiene, en realidad se está despidiendo, y las despedidas on importantes hacerlas bien. No hay que lanzar sanguijuelas, ni se debe esconder parte de la historia, ni se puede jugar a decir que no le han reconocidos su valía, sin preguntarse por los motivos.
Como es lógico no lo pienso leer, me parece un ejercicio absurdo para la historia, y eso sí es una pena, y hay otros libro sobre el Re Juan Carlos, no escritos por él, y más interesantes.
Podría haber sido sincero, con todo, y haber ayudado a la Monarquía a mantenerse, por puro sentido común para defender en lo que él ayudó a mantener. Hay que imaginarse que el Rey Emérito sí será monárquico, pero eso tampoco parece dejarlo claro en el libro.
Desde el punto de vista gráfico, la portada no tiene desperdicio. Recurre a una fotografía de hace unos años, vestido de militar y con el título Juan Carlos I, y el subtítulo Reconciliación. La portada ya dice casi todo.
22.9.25
La autocensura es contraria al trabajo
La libertad tiene que ser total, pero…
…pero a veces, inevitablemente, es necesaria esconderla un poquito para cuidarla.
El silencio público no es contrario al silencio privado, no es contrario a la utilización de los mecanismos necesarios para “hacer cosas”.
No todo se debe decir en voz alta, no todo se debe hacer con luz y testigos, porque en todo tipo de partidas de ajedrez, las jugadas sólo se conocen según se van realizando, nunca se le avisa al que tienes sentado enfrente de la mesa, qué es lo que buscan con ese movimiento tonto, qué es lo que exploras con esa pérdida de calidad o de pieza.
El contrario, al que se le supone una inteligencia igual a la tuya, debe detectar los futuros movimientos, esas son las reglas del juego, y debe saber defenderse de tus ataques. Pero en este caso como en muchos otros, el silencio y el trabajo intelectual soterrado tienen que ir acompañados el uno del otro.
La autocensura es una barbaridad mental a veces inevitable.
El trabajo en silencio es el antídoto que evita la autocensura.
Gracián, Gracián, siempre Baltasar Gracián.
Relato pedante de lunes frío
Llevaba varias horas sentado, ensimismado y pendiente de mis vecinos de asiento, observando como bajaban y subían tras la puerta del autobús o desaparecían sin saber bien cual era el motivo por el que después de estar un tiempo esperando en las filas, cambiaban de rumbo. Yo quieto por fuera, vigilaba el mundo que se movía en la parada e intentaba que no se fijaran en mi.
Mujeres maduras, jóvenes escondidos en su música, ¡un niño sólo!, ¡un… ¿qué hace este diminuto chaval caminando de la mano de un libro tan grande?
Se quedó sentado a mi lado, en la bancada de la marquesina que no dejaba lugar para muchos, y en una posición maravillosa para leer el título del libro algo viejo y de tamaño incómodo para él, con el que descansó a mi lado.
“La insoportable levedad del ser” leí dos veces… dos.
Pero mi sorpresa fue a más cuando, ya asentado y tras mover su cuerpo dulce varias veces hasta encontrar la posición cómoda, abrió el libro por su marca páginas y se puso a leer en la página 59…
Me pregunté por su edad, busqué en su cara detalles de adulto, revisé su atavío, miré sus zapatos. No era un adulto encogido, era un travieso chaval de unos 8 años con cara de párvulo iletrado, pero estaba leyendo lo imposible.
Y con mi mano le toqué levemente en el hombre como si de un adulto fornido se tratara para reclamar su atención.
—¿Estás leyendo este libro? —le pregunté casi preocupado. Pero su respuesta me preocupó más todavía.
—He vuelto para demostraros que el mundo sigue siendo tan feo como imaginé —me respondió con voz muy fina— y que los hombres somos incapaces de levantarnos entre los muertos sociales para reclamar dignidad…, te asombra mi aspecto ¿verdad? Simplemente es que me da asco volver de adulto. Soy el autor y he venido a corregir mis escritos, que no mis desesperanzas.
5.9.25
El pasado que no recuerda al futuro
Tan preclara frase advierte sobre que los países con vocación imperial siguen siéndolo por encima de sus formas de gobierno (Rusia), enclaves occidentalizados no lo son más que superficialmente (Israel o Grecia) y la democracia apenas es el menos malo de los sistemas posibles en un reducido espacio del orbe. Como lo demuestra la reunión reciente del grupo de Shanghai, del que forman parte China, India, Rusia, Turquía, Egipto y otros regímenes “fuertes” (türk, en lengua altaica). En que si organizas una primavera, los hermanos musulmanes o la superpoblación te siegan las flores de los cerezos.
El historiador francés Ferdinand Braudel, del que acabo de releer su magna obra “Mediterráneo”, asimismo alerta en la onda de su admiradísimo Jaldún de que los cambios en las sociedades son lentos, reformas para volver a los mismos puntos según su concepto de medir la historia en segmentos de larga duración (“la grande durée”) y que a corto plazo el ruido hace que no se entienda nada de las intenciones últimas.
Así las manifestaciones de los universitarios serbios colapsan Belgrado, demandando la incorporación de este estado de corte autoritario a la Unión Europea. Ello contradice “la vocación histórica” de Serbia, los primos eslavos del Sur de los siempre imperialistas rusos.
Belgrado ha crecido exponencialmente en extensión al modo de la Zaragoza de la década de los 70 y como sucedió con Atenas tras la expulsión de los griegos de Esmirna. Novi Beograd y Zemun, en la otra orilla oeste del río Sava, se están extendiendo para alojar a los serbios étnicos de Bosnia, Kosovo y Eslavonia, la Croacia que linda con el Danubio y fue Hungría. Los problemas de los estados mono étnicos derivados de los imperios escindidos, que implican diásporas sin conocimiento pues lo contrario, de quedarse, sería la aniquilación como la del parque de viviendas y habitantes gazatí (porque Israel ocupa dado que a los egipcios las vidas palestinas don´t matter).
En la volcánica sociedad de Irán, su cine anuncia cierto levantamiento intelectual de su élite cultural farsi. El movimiento reivindica la condición permanente de Irán como imperio por encima de los regímenes que le toquen, y denuncia que el país se halla secuestrado por aquel fundamentalismo islámico que bebió del descontento de los emigrados a Teherán desde el resto del país y su instalación en barrios sin apenas servicios (por eso, el de Farhadi recuerda tanto al primero de Almodóvar, al de Antonioni o a Berlanga, aunque muy poco al de José Luis Garci).
Aprovechándose Jomeini para luego depurarles, el fundamentalismo bebió de las estructuras en los barrios –de los curas obreros- generados desde el comunismo y laicismo nacionalista iranís de la época del imperio de los Palevi. Porque a los ayatolas en París los pudo haber alimentado Rusia.
Serbia e Irán se diferencian de Marruecos o de España. En la segunda, hay una monarquía consolidada y temida. Respetada por la Unión Europea en términos macroeconómicos, de un despotismo ilustrado subvencionado.
En nuestro sistema, habría que preguntarse si nuestra apuesta por la democracia es o no de “longue durée”, o simplemente una piedra en el camino (y los imperialistas de la bandera en muñeca son los dueños del país en términos históricos).
Entiendo que el aserto del Jaldún no se cumple porque la clase media-baja nos hemos beneficiado del trabajo vanguardista de los ayuntamientos socialistas de los años 80, que dignificaron y dotaron de instalaciones –una biblioteca, piscina y pabellón en colegio público por distrito- aquellas barriadas que recibieron en Zaragoza a media provincia de Soria y del Bajo Aragón, vaciándose Daroca. Eso no lo cambia, sino que se introduce una nueva capa de usuarios, la inmigración que venga.
Dado que primero se creó la línea del 39, después se extendió hasta Vadorrey y hoy incluso beneficia a condominios con piscina comunitaria. Lo mismo sucedió en Set Barris de Barcelona, la margen izquierda del Nervión, el barrio del Perpetuo Socorro de Huesca, Ruzafa en Valencia y Madrid Sur. A pequeña escala, idéntico fenómeno colmató a Sabiñánigo y Monzón de instalaciones, que hoy gestiona el PP.
Sin embargo, las reivindicaciones y logros de las asociaciones de vecinos, hoy en decadencia (producto de su época en que la participación fue necesaria) aún las vemos en la ordenación urbanística del jardín del barquito de Vadorrey, el Centro Cívico “La Dalla” de la Calle Pano y Ruata o el espacio único –ni plaza, ni solar- que en el mundo representan el Parque de la Memoria y la Harinera en San José. Del mismo modo que en Monzón se salvó la chimenea de la Azucarera, que es un parque, y en Sabiñánigo se mantiene pujante la Peña Edelweiss.
Han sido los logros españoles, junto con el establecimiento de la monarquía como mal menor y símbolo de la unidad que puede haber impedido nuestra balcanización, que consideramos mi generación y venideras como estables por vividas.
Así como nuestra democracia imperfecta y su corrupción endémica proveniente del “bakhshis” que ya practicaban nuestras abuelas es sistémica.
El español como idioma posee un conjunto más que abundante de palabras para expresar la compra o el fomento de la actitud de los demás: mordida, coima, comisión, propina, unto, bajín… todas para soborno –del latín “sub ornare”, adornar por debajo o en secreto.
Como la sociedad familiar con una importante huella islámica, la rural aragonesa y española a la que pertenezco, siempre practicó la “asabiya” de clan. La ocupación por capas de la vida urbana por descendientes de pastores más duros que los urbanitas, de grupos solidarios de primos que se colocaban entre sí. Puesto que nadie quiere volver al desierto cuando conoce la vida sedentaria, o sería sencillo repoblar Teruel.
Al contrario, las sociedades urbanas concentran el poder político, la alcaldesa de turno deviene diputada autonómica al dejar de pasarse por el pueblo, se quita el pelo de la dehesa indumentario y se acostumbra a la pleitesía y el lujo. De los que solo se la podría desalojar, al olvidar y dejar de temer la cadena de solidaridad que la ha encumbrado, con el advenimiento de otra nueva dinastía política rural que renueve los favores debidos.
No hay mucho de laico en que, separados de sus clanes territoriales (el PSOE de Huesca, el de Cinco Villas, el clan de Biel del PAR de Teruel), los dirigentes se conformen en controlar las ciudades de vida anónima y toleren la anarquía en los lugares de donde provienen: los cazadores furtivos o la tenencia de animales sin registro que dan lugar a crotalar las gallinas para huevos.
Pero el mundo rural está agotado: y Sánchez es un guapo de Madrid, Azcón otro de Zaragoza y solo Feijóo y Yolanda Díaz –a la sazón gallegos- salen de dentro de la fraga.
Jaldún afirmaba que es preferible la tiranía a la anarquía, y el Islam como religión de la austeridad y las costumbres ha dotado de una red solidaridad en las zonas urbanas mega pobladas árabes y entre la emigración a Europa. Enalteciendo sus valores tradicionales, que se pierden en una existencia anónima y no reflejan las series de Netflix.
En una batalla del relato que dan como necesaria, el intento de control político, que ha perdido la iglesia católica como lo ha hecho en el territorio. Con esos curas especializándose en el goteo de funerales y ningún nacimiento de sus veinte parroquias, retranqueados en los salones de su obispado jacetano, perdidos en disquisiciones bizantinas (valga el anatema).
En España y Aragón tendremos que contradecir a Jaldún: el futuro no se va a parecer a ningún pasado imperial ni totalitario por falta de glóbulos rojos. Lo demás es postureo de capea y tardeo. Ni nuestros curas pueden apostolar, ni su cantera de feligreses se espera.
01.09 Luis Iribarren













