26.2.26

Yolanda Díaz también se va


Yolanda Díaz ha decidido no continuar en política de primer nivel de cara al futuro, algo que en los últimos años estoy viendo con excesiva frecuencia entre políticos de todos los niveles de la izquierda a la izquierda. Es entendible, pero a diferencia de lo que se piensa, estar en política es a veces brutal.

Las personas que hemos tenido una larga vida sin la política, sabemos que estar en política es un trabajo ímprobo, una trabajo realizado con enorme dedicación, que no es capaz en muchos casos de compensarse. Era más sencillo estar dentro del mundo empresarial.

Y claro, siempre queda la solución de abandonar. Y aquí es donde muchos dirán que más políticos deberían abandonar o dimitir. Y yo… es también aquí cuando debería callarme.

No es posible funcionar en las sociedades sin la política, sin alguna o ninguna de ellas, se llamen como se llamen. Nunca en la historia de la humanidad se ha podido funcionar en ningún país, sin la política. Cuando un militar tras un Golpe de Estado intenta gobernar, también hace política.

Pero admito la existencia lógica de los que critican a los políticos y por eso entiendo a los que van o vamos dimitiendo por los caminos. Casi todos los políticos de izquierdas a la izquierda con los que yo he ido tratando de cerca en este siglo XXI, ya están dimitidos, lo cuales un buen ejemplo de por dónde voy yo, sobre un camino equivocado. O no.

Como yo he dimitido en dos ocasiones, sé que casi siempre es por culpa de los compañeros cercanos de organización. Al político nunca le vence un político lejano, ni el mucho trabajo, ni lo poco que se recibe a cambio. Yo NUNCA he recibido ni un solo euro. Y nunca he dimitido por eso. Nunca dimites por ser minoritario en tu resultado electoral, excepto si eres el responsable de la debacle.

Se dimite casi siempre por los políticos cercanos, por la falta de respeto a tu labor, por las críticas internas, por los cazadores de puestos para nada, por la incomprensión, por el cansancio de tener que pelear por y con los cercanos.

La izquierda a la izquierda ha ido perdiendo desde el 15M a un excesivo montón de nuevos líderes por muchos motivos distintos. En 15 años nos hemos cargado a toda una generación de nuevas propuestas, y no parece de momento que seamos capaces de descubrir nuevos caminos. Habrá que esperar.

Pero como yo soy de los que siempre piden reflexión, ahora me toca decir que tal vez ya no sea necesario eso, sino dejar que todo vaya por su camino aunque parezca desastroso, e ir esperando que venga lo que tenga que venir. Noto excesivos desiertos en los caminos que hay que recorrer, pero estoy seguro que es solo un punto de vista mío.

Lo bueno de dimitir es que te conviertes en más libre, lo bueno de no ser de nada es que puedes ser de nuevo… de todo. Y elegir incluso no eligiendo. Tras no ser de nada, todo lo ves desde otra ventana, no digo que distinta o más libre, pero si con más calma, con más libertad propia incluso para equivocarte sin temor a perjudicar a nadie.


Julio Puente

25.2.26

Y si al Senado acudiera toda la izquierda unida?


Parece contundente el análisis que hacemos muchos de nosotros, sobre la oportunidad de que la unión de la izquierda a la izquierda no es nada, si no logra movilizar a sus votantes de otras ocasiones ya pasadas. La suma tiene que venir por volver a ilusionar y convencer de la utilidad del voto.

No se trata tanto de pelear por “algo imposible ” en la media España pequeña, sino la de lograr que los votantes que ya votaron izquierda en alguna ocasión, no se queden en casa, cansando y hastiados. Y a partir de eso, ver de qué manera optimizar resultados.

Es cierto que la juventud masculina parece más dada a votar a la derecha de la derecha de la derecha, como grito o repulsa al modelo actual. Con esos ya nada de nada se puede hacer en casi todos los casos, es imposible convencerlos de que no somos unos carcas con casta vieja.

Movilizar a los mayores de 40 años está muy bien, y no solo a las mujeres, pero desde la izquierda a la izquierda, eso suena muy mal. Hemos decidido no intentarlo, para no molestar.

Cuando hablamos de unir listas a la izquierda de la izquierda, partimos de un asunto parcial en la estrategia. En muchas provincias solo dos o a lo sumo tres partidos lograrán representación. Ser el cuarto, aunque sea unido a todos los compañeros de ideas, no sirve de nada. Y en otras muchas provincias pequeñas o medianas, ser el tercero tampoco.

Estar ente los tres primeros solo se consigue si se acude TODA la izquierda unida, incluido el PSOE, que es tanto como apoyar a la abstención de la izquierda. O explicando muy bien que ir a votar con la nariz tapada, también sirve.

Todo el mundo tiene claro que la tercera fuerza política en las elecciones de 2027 será VOX, si no median terremotos entre ellos mismos. Así que por mucha capacidad de unión que se tenga, la Cuarta Fuerza solo logrará que sirva de algo esa unión, en una docena de provincias. Que no serán suficientes para que tanto trabajo sirva para que no gobierne la derecha a la derecha.

Pero salgamos de estos análisis de números y opciones. ¿De verdad a nadie se le ocurre plantear un clásico como el de: “Programa, programa, programa”?

Es cierto que esa propuesta se da de bruces con la cantidad de veces que hemos mentido ofreciendo cosas imposibles, maravillosas pero que ya se sabía que era imposible de lograr; y que volver a presentar Programa como un aliciente, ya no encaja en la credibilidad.

Lo cierto es que ahora, con un PSOE obligado en su gestión de Gobierno por una parte de esa izquierda a la izquierda, está logrando cosas que la derecha intentará suprimir en cuento llegue.

Ayer me decía un político zaragozano que no será nada sencillo suprimir lo conseguido, pues Europa tiene frenos para que no revierta lo ya aprobado. La ingenuidad también se cotiza al alza.

¿Tan complejo es entender que igual en el Senado, ir toda la izquierda al completo en una sola lista, podría servir para que no se pierda todo el poder progresista, y haya un modelo de control teórico?