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13.10.19

A la izquierda la falta reflexionar sobre la izquierda

Ser de izquierdas en el año 2019 no es lo mismo que serlo a finales del siglo XIX ni en los años 80 del siglo XX. La actualización personal de pensamientos de izquierda no se ha llevado a cabo, por desatención y sobre todo desafección, y aunque seguimos creyendo que “los de abajo” son los que de forma natural nos tienen que representar, la realidad es que ni ellos ni nosotros sabemos a costa de qué, con qué ideas o pensamientos, incluso ni con qué objetivos. 

Mucho menos sabemos qué caminos hay que ir atravesando en la gran marcha hacia la igualdad. A la izquierda la falta reflexionar sobre la izquierda. No hemos sido capaces de repensar el futuro, y si acaso lo que se hace es reciclar o abandonar el pasado. Pero no actualizarlo, que al llevar tanta demora, hoy ya en el 2019, habría que reedificarlo o volverlo a construir desde los derribos. 

Esto no sucede en España solo, sino en todo el mundo, donde atisbos de una izquierda diferente son tachados de cualquier cosa mala pues se ha perdido la capacidad de tener líderes capaces y críticos pero a la vez con un poso suficiente de ver desde fuera del poder. 

A la izquierda le sienta muy mal el poder pues la vuelve conservadora y le obliga (no sé bien por qué) a desechar todo tipo de ideas progresistas, diferentes, de cambio social, de reordenación de la economía productiva como poco para que nos vayamos acercando a una igualdad sostenible y sobre todo posible. 

En este 10N le puede suceder a la izquierda española que se quede sin suficientes novios que la aúpen y que lo que parecía un paseo de triunfadores se conviertan en una derrota muy dolorosa. Y con sinceridad, pensando en el futuro de la izquierda, no sé qué será mejor, aunque sé que si gana la derecha lo que nos viene encima será muy duro y muy duradero.

2.10.19

El 15M de 2011 se acaba. ¿Y ahora en 2020 qué vendrá?

Al igual que estudiamos con preocupación la Transición española a la que le pedimos imposibles sin haberla visto de cerca, algún día estudiaremos la primavera española que supuso el 15M de 2011 en España, su influencia sobre los movimientos políticos y su hundimiento. Y nos imaginamos que también se analizará qué vino tras ello, con el hundimiento de todas las opciones políticas que fueron surgiendo a raíz de una clara queja colectiva de que Europa y España había fracasado con la crisis económica de principios de siglo.

El nacimiento de Podemos fue el punto importante de ilusión tras el 15M, pero tuvieron que pasar casi tres años hasta que en la primavera de 2014 se fue configurando como una opción política organizada que podía plantear otras formas de hacer política en España. 


¿Dónde estamos hoy, a finales de 2019?

Toda organización política en el mundo se asienta sobre dos puntos cruciales que sin ellos nada tiene valor duradero. Es posible que con los años encontramos otros puntos de apoyo, para hasta ahora no tenemos otros.

1/ Es necesario un líder y un gran equipo que arrope al que hace de Chofer, y que todos ellos se lleven bien y se mantengan los suficientes tiempos como para asentar la idea, el proyecto.

2/ Ese proyecto político y social debe estar organizado por igual (o muy similar) en todos los territorios de acción, para que NUNCA haya dos palabras, dos vertientes, dos líderes (o seis) o dos proyectos.

Desgraciadamente Podemos no logró hacer nada de esto, y en solo cinco años y con muchas zancadillas desde el resto de jugadores políticos, no ha logrado desde el principio asentar ninguna de las dos premisas.

Nunca tuvo un líder sino varios, y además cambiantes, dimisionarios, despedidos, enemistados, peleados. No voy a relatar aquí la larga lista de personas que fundando Podemos hoy no están, o se encuentran en otros lados, o se encuentran en el mismo pero desde fuera.

Tampoco nunca se cumplió la segunda premisa y Podemos nunca fue un solo Podemos. Con distintos nombres y dirigentes se fue multiplicando por todos los territorios creando Reinos de Taifas que tan bien estudiamos en las escuelas viejas en años viejos.

Hoy, en el 2019 del cansancio, vemos ya inevitable que es necesario un reset claro y contundente de Podemos, sin podernos atrever a decir ni para qué, ni a cambio de qué ni provocado por quien. Pero España necesita a Podemos, o al menos necesita la opción de una izquierda del PSOE que algunos ya llaman extrema izquierda y que realmente es una socialdemocracia de libro. Ni puta idea de lo que es una extrema izquierda.

Por que para finalizar… si quiero poner un detalle de lo que realmente es una extrema izquierda, para que no nos equivoquemos con los apellidos. 

Hoy, en el siglo XXI, una extrema izquierda la podríamos ver en los libros de historia. Estaríamos hablando de un comunismo intervencionista, donde la libertad privada ha dejado paso a la libertad pública y donde la propiedad privada sería mínima. Eso es extrema izquierda. Querer derogar la Reforma Laboral de Rajoy es sentido común y socialdemocracia rara o atípica. ¿Alguien quiere saber qué haría el socialismo real? Que por cierto tampoco es extrema izquierda.

No hemos querido en España abrazar a opciones de Podemos tachándolas de extrema izquierda y de quitarle el sueño al Presidente. Pero cuidado, no vaya a ser que al final se nos vaya de la mano todo lo que ahora denigramos y defenestramos, pues tanto hay una extrema derecha muy animada a dejar el disfraz de Caperucita en el cajón, como podría venir una extrema izquierda de verdad y hoy desconocida a poco que apretemos los machos.