31.3.21

Pandemia (17) ¿Qué es el tiempo en una Pandemia como el COVID?


¿Qué es el tiempo?
O dicho de otra manera… ¿qué es largo, extenso, duradero en una pandemia como la del COVID… y qué es soportable sin producir heridas? La relatividad en muchas escenas de la vida es muy amplia. Tenemos un recorrido que hacer en la vida, sabemos que nuestros tiempos siempre se agotan o que tienen una fecha de caducidad sin saber cuál es, no viene explicada en nuestra etiqueta personal, pero sabemos que existe.
  


Y por eso el tiempo es algo muy relativo. Un año es “nada” para un niño y media vida para una persona de 75 años. Por eso la capacidad de aprovechar todos los tiempos, cada segundo, depende de la particular manera de ver en cada persona. Esta pandemia puede durar mucho o poco, y curiosamente estaría durando lo mismo entre ambos conceptos pues depende del punto de vista. Y sobre todo de a qué dedicamos cada segundo de estos tiempos que ahora nos toca vivir.  

Vivir todo este tiempo de COVID para no hacer nada, para esperar… es perder la vida. 

En estos meses no se puede hacer lo mismo que antes, no se puede hacer TODO y lo sabemos, pero se pueden hacer muchas cosas, incluso muchas OTRAS cosas. En eso se trata a la hora de saber seguir viviendo sin querer mirar mucho a la pandemia, excepto para defendernos de sus contagios. 

Esto durará lo que cada uno de nosotros queramos que dure. Para todos durará un par de años y llevamos consumido en este algo más de un año lo que posiblemente es lo complejo, lo duro. 

Pero para muchos de nosotros esto está durando un par de horas al día de noticias, reparos y conversaciones y cuatro o seis viajes fuera de nuestra ciudad que no podemos hacer. 

Es lo mismo pero contado de otra forma para que sea diferente. Solo tenemos el tiempo, lo demás son restos y pajas, apariencias y poco más. Pues entonces…, empleemos el tiempo para seguir siendo felices, para hacer lo que nos apetece hacer. Muchos otros, la mayoría de las personas, no pueden elegir tanto como nosotros. 

Todo es transitorio en la vida, estamos para construir, para disfrutar, para entregar y recibir. Todo esto lo podemos seguir haciendo con y sin pandemia. NO hay que mirar muy atrás para ver tiempos perdidos, cosas sin hacer, fracasos simplemente por NO hacer. 

No nos podemos amparar en estos tiempos que parecen vacíos, pues no lo son, simplemente son distintos. Y además son temporalmente transitorios. No solo cambiarán a una normalidad casi similar, sino que además en ese “casi” está la salsa nueva que nos moverá en el futuro.  

En ese futuro que incluso los más mayores vamos a pasar el resto de nuestras vidas. Lo que salga tras la pandemia durará todo el resto de mi vida, con 64 años actuales. 

Dá igual cuanto tiempo será, lo que sí es cierto es que será TODO el resto de mi vida. Así que debemos aprender a esa adaptación simple y sencilla, a entender los nuevos tiempos, a observarlos y saber modularlos, a sacarles el mejor sabor.  

Nadie nunca dijo que vivir sea fácil, que las patadas no duelen, simplemente hay que admitir que doblarse por el dolor debe durar lo menos posible para no estar perdiendo mucho tiempo, pues no sirve de nada y menos para ser feliz y útil para ti y para los demás. Esta pandemia nos está doblando, mucho más a las personas que sufren la enfermedad, a los que deja heridos graves, a las familias que con dolor observan el dolor.  

Para ellos solo cabe de consuelo saber que se hace lo posible y a veces casi lo imposible. Pero para el resto debemos entender que lo necesario es evitar contagiar, pues es peor contagiar que ser contagiado. 

¿Alguien se imagina el pensamiento de quien sabe que ha contagiado a otras personas y por su transmisión ha producido un fallecimiento d alguien cercano? 

Repensemos el futuro, aprendamos del pasado, no dejemos de estar atentos y vivos para poder tomar las decisiones antes de que sea demasiado tarde, seamos solidarios y en la medida en que sea posible seamos felices a costa de saber adaptarnos a los tiempos que vayan viniendo.  

Serán siempre un reto, nuestro reto generacional, y si somos capaces de vencerlo saldremos victoriosos y más aprendidos. Y conseguiremos que aunque dure lo que dure este frenazo en el tiempo habitual, se nos pase lo más corto que podamos y nos deje las menos heridas posibles, pues las tendremos que soportar, conllevar y además vencer.

Julio M. Puente Mateo


Pandemia (16) ¿Hasta cuándo en esta anormalidad que ya no consideramos Nueva?


Nadie es capaz de poder predecir en qué momento volveremos a una situación asimilable a la anterior a 2020, anterior a la pandemia mundial. Incluso nadie quiere predecir fechas o incluso conceptos ni de cuándo ni de qué manera. Se advierten tiempos de Nueva Normalidad con la vacunación que en algunos países permite empezar a soñar con la libre circulación y la retirada de mascarillas en la calle si no ha gente cerca, pero son imágenes que hoy en España representan cantos al aire para dar ánimos sociales, para meter esperanza a la sociedad para no rendirse, para seguir obedeciendo las normas impuestas. Poco más.

Es cierto que la llegada de las vacunas —muchas y variadas— a partir del inicio de 2021 aparentaba un nuevo espacio de análisis de la situación, pero el virus seguirá existiendo y de momento nadie sabe si las vacunas tendrán una duración larga o corta de inmunidad. Algo lógico pues solo se sabe con el paso del tiempo. Y además hay que añadir dos factores simples.

El primero es que posiblemente una parte de la población no quiera ponerse la vacuna, sobre todo si surgen al menos dudas sobre qué tipo de vacuna hay que preferenciar por edades o incluso según sexo del paciente. 

Y por otra parte hay que conseguir que las vacunas sean universales, y eso es mucho más complicado, no tanto por el coste que sin duda lo pueden soportar los países occidentales, como por las condiciones sanitarias de una gran parte del Planeta que complica mucho la acción sanitaria global y posiblemente repetitiva cada año.

Mientras el virus no esté erradicado en todo el mundo estaremos en una situación crónica que puede ser similar a la de otras enfermedades o no, y eso depende del propio “bicho” y sus comportamientos a la hora de replicarse y cambiar. La gripe estacional no es siempre igual, las propias vacunas deben adaptarse cada año a las nuevas cepas. 

Esto supone admitir que las mascarillas han venido para quedarse durante muchos tiempos, que existirán controles de aforo mucho más exigentes, que es casi seguro que haya que crear cartillas de vacunación para poder con ella acceder a según que tipo de servicios, como por ejemplo viajar.

En la imagen vemos a la primera persona europea que he recibido la primera vacuna el 08 de diciembre de 2020, con 90 años Margaret Keenan y desde el Reino Unido, demostrando que la Unión Europea no ha estado a la altura de lo necesario. Hace dos días era Rusia quien se adelantaba y ahora ha sido Reino Unido.  

Pero también al no tener un horizonte claro y despejado, algunos tipos de inversiones quedarán relegadas, se medirá mucho más que antes los movimientos gloalizadores de todo tipo, se tendrá que tener preparado un mundo paralelo para defenderse ante un posible rebrote de esta pandemia o de otra similar. 

Hay que recordar que mientras no sepamos con seguridad los motivos de este contagios posiblemente entre especies animales diferentes, no sabremos medir bien el impacto de la enfermedad ni su posible replique en posteriores ocasiones. ¿Dónde y en qué condiciones se produjo el paso de una especie a otra especie animal del contagio por modificación del virus?

De momento incluso tenemos muchas dudas de los motivos que llevan al virus a desplegarse de forma tan rápida entre extensos territorios, de crear Olas sucesivas sin detectar nosotros los motivos con exactitud ni del crecimiento ni de las bajadas, aunque hay elementos más o menos claro de ello, y mientras no sepamos mucho más, será complicado tomar medidas. 

Hoy ya aceptamos todos que los aerosoles son gran parte de la carga virulenta esperando ser respirada para contagiar, pero hay que recordar que durante los seis primeros meses a quien decía eso le tachaban de inexperto cuando no de provocador de miedos.

En la medida en que vayamos descubriendo nuevas opciones de la enfermedad, iremos actuando de la misma forma. Descalificando si no nos gusta lo que se dice, aplaudiendo si al final queda demostrado. 

Y en esto el papel de la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha sido entre flojo a incapaz. Se ha juntado su poco poder y su escaso respeto entre los países, a su escasa capacidad para investigar de forma efectiva e ir por delante de los problemas. El mundo sin un referente claro, es mucho más débil para gestionar crisis mundiales.

De momento es verdad que la sociedad ha quedado como congelada ante la pandemia y un dato que se observa es en el número de divorcios gestionados en estos meses, muy inferiores en España a fechas anteriores y que se aceleran en cuanto la pandemia da síntomas de estar controlada, para frenarse en cuanto otra Ola la reactiva. 

La sociedad es capaz de soportar las tensiones durante un tiempo, pero al final necesita comportarse con su lógica habitual. Y ese es un ejemplo. 

Lo será en breve el número de nuevos nacimientos donde se juntará el confinamiento y las más horas en el hogar junto al miedo al futuro. ¿Cuál será el resultado? Pues igual es neutro en número por la suma de ambos factores. Otra cosa es el tipo y la forma de las decisiones.

Todo afecta, no solo en la economía, sino también en las decisiones personales. Y al no saber los tiempos futuros cómo se comportarán, se van dejando paradas algunas decisiones que caerán por su propio peso en cuanto salgamos de la pandemia. No será tanto un movimiento actual, como en los próximos años.

Un ejemplo en positivo es que la actividad cultural no ha decrecido a la hora de crear. Se han realizado más obras artísticas, sean musicales, teatrales, literarios o visuales. Incluso sabiendo que la demostración de todo ello está paralizada, totalmente congelada por los contagios. 

Se crea porque no hay otra y lo que sobra es tiempo, ganas, necesidad de construir las ideas que nos llenan. Y admitimos que ya volverá el tiempo de mostrar, el viento que nos permitirá enseñar lo realizado. 

La sociedad no para, se afianza en lo que es suyo, otra cosa es que no tenga rentabilidad en el momento, pero es un buen tiempo para sacar desde dentro todo lo que nos va llenando el cuerpo de las ideas. ¿Cuánto somos capaces de crear para no mostrar?

Puede que incluso cambien los modos demostrativos de las creaciones, se modifiquen vehículos de transmisión de ideas, de trabajos, de sensaciones. Es posible que haya que adaptar todo mucho más hacia el confinamiento, donde el gran reto todavía sin resolver es cómo hacer rentable lo que se crea, si se va a disfrutar desde casa.


29.3.21

Pandemia (15) ¿Cómo se crearán las empresas tras la pandemia?


Hay un tema que me preocupa de cara al futuro más inmediato y es la aceptación de la situación por parte de la casi la totalidad de la ciudadanía de los cambios que nos está produciendo la pandemia del COVID. Unos —la mayoría—aceptan como inevitables las medias sin plantearse críticas o la posibilidad de exigir otro tipo de actuaciones o unos resultados más contundentes en las soluciones—, y otra parte menor pero que tiene mucha importancia simplemente intentan saltarse las normas con “trampitas” o dando la vuelta a lo que se indica. Pasividad en ambos casos, pues uno acatan sin rechistar y otros no acatan y se buscan sus soluciones. Esto supone aceptar que nos podemos acostumbrar casi eternamente a estos planteamientos sociales que son ambos negativos.

Por una parte los que gobiernan se dan cuenta de que se aceptan sus planteamientos excepto por las criticas desaforadas en Redes Sociales o en el Congreso desde los que ya se esperaba que se quejaran con inquina, pero sin aportar exigencias y soluciones distintas, y por otra parte los que se rebelan lo hacen de forma egoísta para buscar sus propias soluciones a sus propias situaciones. Nadie parece valorar la importancia del cansancio social a la hora de aceptar y obedecer las normas.

Esto nos lleva a una cierta insolidaridad creciente, pues gran parte de la sociedad deja otra vez de implicarse para caer: o en la aceptación en silencio o en la crítica desaforada, que más tiene que ver con la ideología de cada uno con respecto a quien gobierna, que con la enfermedad, su gravedad o las soluciones aportadas. 

No escucho voces reclamando otro tipo de medidas para doblegar la pandemia, como si nos hubiéramos puesto todos de acuerdo en que eso es imposible. 

¿De verdad no se podría exigir otro tipo de avance en medicamentos para tratamientos iniciales, para prevenir, para conocer mucho más de una enfermedad de la que damos sensación de conocer mucho menos de lo que pensamos?

Todo lo fiamos a quedarnos sin interacción social entre personas, mientras se investiga una vacuna válida que hemos acelerado brutalmente, pero no hemos logrado ningún avance en medicaciones nuevas o viejas que sirvieran para paliar la enfermedad, para prevenirla, para conllevarla, para no contagiarla, para evitar esos cuatro días previos en los que no hay síntomas pero sí hay contagios.

Cuando hablamos de un cierto asentamiento del egoísmo también debemos señalar un agotamiento social que no se quiere declarar ni especificar y un aumento de los conflictos psicológicos tanto en número de personas nuevas con síntomas de angustia o de problemas de autoestima o de sueño, como en tamaño de los problemas de las personas que ya antes estaban en ligeros o medios tratamientos ante problemas de ansiedad o de estrés o de depresiones de distinto tamaño. La situación no es buena para sentirse satisfecho contigo mismo, ni mucho menos con lo que te rodea.

Los problemas si te han afectado de forma directa te han ido dejando huella, sean despidos, ERTEs, bajos ingresos, fallecimientos cercanos, confinamientos o controles en tu capacidad de movilidad, etc. 

Si te han encontrado los problema de la pandemia de cerca los habrás podido superar tú solo dejándote huella, pero a la más mínima debilidad nueva te estarán complicando las salidas. 

Estos añadidos a la vida en común, si duran unos pocos meses, si vemos enseguida la salida o tenemos esperanza de un tiempo mejor en breve, no dejan huella permanente. 

Si no hay luz, si no sabemos en qué momento podremos tan siquiera volver a la situación anterior, lo normal es que nos vaya dejando pequeñas heridas. Pero que hay que tratar.

Cuando todo esto pase, cuando ya en realidad durante el 2021 o el 2022 tengamos ya la seguridad mental de que todo lo malo ha pasado, nos miraremos a nosotros mismos y observaremos en qué punto nos ha dejado la riada, qué hemos perdido, dónde estamos cuando ya todos creen haber salido del problema. Si no nos vemos bien tenderemos a hundirnos, pues ya no nos mantendrá en tensión la propia situación. ¿Por qué a mi peor que a otros?

Y será entonces cuando vendrá una nueva Ola de la Pandemia, dura y de complicada salida, donde aflorarán nuestras debilidades psicológicas aumentadas por los tiempos ya pasados que nos han dado en el rostro de la vida con extrema dureza. Eso y el resurgir con fuerza de enfermedades crónicas leves o moderadas que hemos desatendido durante todo el 2020 serán los retos sanitarios apra los próximos años.

La gran pregunta para el año 2021 es muy básica: ¿Cuándo volverán las situaciones sociales a una normalidad aceptable? 

Y tenemos muchos la seguridad de que el mundo no va a poder (querer) volver a su estado prepandémico, al año 2019 que ya vemos muy lejano. Muchos comercios, empresas pequeñas, tiendas de toda la vida, servicios muy justos en su beneficio han cerrado. Hemos descubierto las compras online y el valor del hogar de calidad.

Los trabajadores que ahora no se desplazan a sus oficinas no tienen ninguna prisa por volver a sus viajes diarios al trabajo, mucho menos a la jornada partida, a las grandes distancias, a tener que aguantar al jefe y su cara de mala leche, e intentarán alargar el trabajo en casa, mientras que muchas empresas verán que este sistema es más económico en gastos fijos y que permite recomponer el tamaño de la empresa. 

Si el ambiente del taller o de la oficina era bueno, todos desean volver a esos espacios, pero si eran espacios duros, apagados, grises… se lo pensarán muy y mucho.

Esto afectará a la arquitectura, al transporte, a la vida en algunos barrios y polígonos que verán disminuir el número de personas en sus locales de servicios. Pero en el caso del menor cambio, lo que es seguro es que nos replantearemos los horarios laborales, los días efectivos de trabajo en taller o en casa, las reuniones de trabajo presenciales, las órdenes verbales y las pautas de la productividad presencial.

No será un volver a lo anterior, aunque tampoco sea un quedarse como en el 2021. Cada oficio, cada empresa y cada país admitirá de una forma u otra estos cambios, en los que los sindicatos también hablarán y en donde sobre todo tendrán mucho que decir las empresas para las nuevas contrataciones. En una nueva contratación se valorará qué tipo de empleo se desea crear, si presencial, online o mixto. Y eso afectará a las condiciones laborales en horario, sueldo, etc.

Todo esto supondrá unos cambios profundos que no se van a producir en pocos años, pero que se irán notando poco a poco y con ellos unos cambios notables que impregnarán todo. 

¿Serán trabajadores por cuenta ajena los que lo hagan online? 

 ¿O preferirán las empresas optar por más trabajadores autónomos? 

¿Cómo será la formación y la integración de estas secciones de empresas formadas fuera del núcleo central con el resto de las compañías? 

¿Cómo funcionará el servicio comercial, la tienda pequeña y exclusiva o la tienda de grandes productos?

Tal vez tras la pandemia venga un tiempo intermedio de adaptación, pero a la vez de abandono de ideas y actividades para volver todo mucho más simple, más barato incluso, y sobre todo mucho más fácil de moldear si se repiten situaciones como la de estos 2020 y 2021. 

Es posible que las empresas quieran ser de “plastilina” que se puede estirar y modelar con suma facilidad. También es posible que antes de montar nuevos proyectos se tengan encima de la mesa nuevos miedos y temores antes posibles repeticiones de situaciones descontroladas como esta, y falte la seguridad básica, que ya no será si el Banco es capaz o no de concederte un crédito, sino de saber si es posible con tu proyecto soportar situaciones que no controlas y no vienen impuestas por tus errores.

Hasta ahora una empresa triunfaba o fracasaba por tus propias decisiones, por tus debilidades e ideas no maduradas de forma correcta. Ahora ha dejado claro la pandemia que tus ideas puede estar muy bien asentadas, pueden estar muy bien construidas y ser un éxito… hasta que llega algo que no tiene nada que ver contigo, que no controlas ni puedes actuar sobre él, y que te hunde tus inversiones y te deja lleno de deudas y sin futuro.

Quien piense que esto no influirá a la hora de tomar decisiones se equivoca. Las personas mucho más que antes, medirán sus riesgos más, pero sobre todo de otra forma, y gran parte de lo claramente asentado antes de preparar un Plan de Empresa, se verá afectado de alguna forma. 

¿Qué sectores serían los más afectados ante situaciones similares a una pandemia o a un conflicto grave? 

¿Dónde están las debilidades nuevas si el tamaño de la inversión, de la empresa, del proyecto no está bien diseñado? 

Siempre han existido estas preguntas, pero es posible que las respuestas a estas dudas ahora sean otras. 

Julio M. Puente Mateo  

28.3.21

Pandemia (14) ¿Estamos entrando en la Cuarta Ola?


Es muy posible y sin saber de momento bien los motivos, que estemos ya dentro de una cuarta ola de la pandemia que es la quinta en algunas comunidades de España. Hay indicadores que nos dicen que estas subidas leves de estas dos semanas de finales de marzo 2021 de momento se van manteniendo pero no controlando, lo que hace que tengamos que estar muy atentos a no relajarnos y a no bajar la presión con las medidas que hasta ahora teníamos. 

La duda sería: ¿sirven del todo las medidas que estamos tomando durante meses para bajar la pandemia a cifras que podamos controlar? A veces da la sensación de que las medidas que tomamos no es que sean ineficaces por cortas o por desobediencia social, sino porque no van acompañadas de otras que deberían ser más eficaces y que realmente si podrían afectar a que podamos controlar mejor la pandemia. 

Hay que controlar mucho mejor a los contagiados y sus contactos sociales, hay que vacunar mas y mejor a la hora de seleccionar qué grupo de riesgo deben vacunarse, hay que incidir sobre todo en los contagios por aerosoles.

Ya hemos superado los 75.000 fallecidos declarados y debemos estar en las puertas de los 100.000 según las estadísticas de aumento de fallecidos en este periodo en relación a otros años. Sabemos ya que los aerosoles son los responsables de gran número de contagios por no decir el máximo método que emplea el virus para crecer. En este final de marzo 2021 estamos en una incidencia de unos 140 casos por 100.000 habitantes de media, pero estas cifras dicen mucho menos de lo que realmente importa. Que volvemos a subir sin haber bajado a las cifras que se estiman correctas.

Con unos 6.000 casos nuevos de media al día en la España de finales de marzo, volvemos a cifras similares a diciembre de 2020. Hemos vacunado a personas muy mayores, y ahora se trata de ver las incidencias en personas mayores de 60 años que son los nuevos indicadores peligrosos de afección. Se trata ya de ver la incidencia de la enfermedad en personas mayores de 60 a 65 años para observar cómo se está comportando el virus entre este grupo social.

Pero hay más datos que nos hacen ver un crecimiento de los contagios. Uno de ellos es el número de positivos de las pruebas PCR  o pruebas de antígenosque se hacen. El número de positividad ha subido en los últimos días. En Aragón por ejemplo que en algunos momentos de hace un par de semanas estuvimos por debajo del 5 % ya ahora a finales de marzo nos estamos acercando otra vez al 7 %. Hay pues más positivos entre las personas que se analizan. Es verdad que incluso ese 5 % que nos habíamos puesto como límite por debajo posiblemente sea muy alto y entonces el subir supone un peligro mayor.

Todo tiene que ver con la variable o variante inglesa del virus que parece ser contagiosa durante más días y por ello contagia más personas, y además parece más virulenta, más potente y por ello las defensas de los enfermos son menores y se contagia más. De momento no parece más letal ni parece que las vacunas dejen de hacer su efecto por esta variable del virus.






26.3.21

Pandemia (13) Los gráficos son duros de observar, hay que reflexionar más


No es bueno quedar atrapado por los miedos a la pandemia, pero sí dejar respetuosamente claro que esta pandemia es muy grave y que no sabemos hacia dónde se nos irá moviendo. Desde la seriedad y la sinceridad con cada uno de nosotros, debemos asumir que esto no estaba previsto y que las decisiones globales no están funcionando, pero sin alarmismos, sino con la calma de todos nosotros para no caer en las trampas de los miedos. Nada quedará igual a como era en enero del año 2020 aunque ahora pensemos que somos capaces de volver a situaciones anteriores, o que esto no es para tanto.

En el gráfico de arriba se ve la evolución mundial de los contagios desde ese febrero de 2020 a este finales de marzo de 2021. 

Quiero resaltar un punto que considero muy importante del gráfico y es esa bajada que se ha producido entre finales de enero y febrero de 2021 a nivel mundial. Y la posterior subida en la que ahora mismo estamos inmersos.

En algún momento de principios de enero 2021 superamos los 800.000 contagios al día. Y un mes después, ya con las vacunas en pleno funcionamiento lento e irregular empezamos a bajar hasta llegar algún día a poco más de 300.000 que sigue siendo una cifra muy alta pero claramente inferior.

Ayer 25 de marzo se publicaron 628.953 contagios. El día anterior habíamos tenido en todo el mundo 591.162 contagios. Cifras como vemos muy alejadas de aquellos 400.000 de media que tuvimos durante dos semanas en febrero. El virus a través de sus diferentes variables y mutaciones se nos ha vuelto más persistente, incluso con un número de personas vacunadas que no deja de crecer, sobre todo entre la población más vulnerable.

Cuando en España parecía hace dos semanas que nos podíamos relajar ligeramente con unos datos ya doblegados, empezamos a observar unas subidas tan suaves como fueron las bajas, pero que nos hacen retroceder. En Aragón por ejemplo estamos hoy igual que hace 17 días. En este periodo hemos tenido 9 días de bajadas suaves y ahora llevamos 8 de subidas suaves. 

Las medidas que tomamos no son eficaces para salir de este embrollo. Insistir en darles más potencia al tipo de medidas ya tomadas es de momento lo único que parecemos ser capaces de realizar. No sabemos encontrar nuevas formas de tomar decisiones que sirvan para alcanzar cifras de contagios similares como las propuestas como objetivo.

Pero lo que está claro es que no podemos seguir eternamente así, cerrando, abriendo, presionando, con procesos de vacunación muy lentos, etc. Incluso cabe la posibilidad desde la calma y no desde el alarmismo, que si no aceleramos los procesos de vacunación se tengan que repetir procesos en personas ya vacunadas sin que se haya completado una primera vuelta. 

El destrozo social está ya asegurado. Los problemas psicológicos serán importantes. El derrumbe de la economía está por valorar cuando salgamos que será entonces y solo entonces cuando de verdad veamos hasta dónde han llegado los derribos y los escombros.

Julio M. Puente Mateo


Pandemia (12) Comercio, trabajo, servicios, educación ¿qué hemos perdido?


Los datos recientes sobre los comportamientos sociales en pandemia nos muestran que hemos avanzado (avanzar no es mejorar, sino cambiar de sitio) cinco años en la adopción digital por parte de consumidores y empresas, y de forma brusca, en cuestión de unas ocho semanas que fueron entre marzo y abril del año 2020. Las compras online ha supuestos en ese mismo periodo un aumento todavía más rápido, considerando que en estos meses se han logrado objetivos que se estimaba alcanzar en diez años. 

En el sector bancario avisan los expertos que la proporción de transacciones sin dinero físico ha aumentado en todo el mundo hasta niveles que esperaban alcanzar en un plazo de dos a cinco años. Y que el dinero físico puede tener los años contados.

En medicina se calcula haber cambiado en un par de semanas de aquella primavera de 2020 lo que se esperaba realizar en una década al pasar los médicos de Atención Primaria a las consultas telefónicas con todos los riesgos que este sistema tiene, como los pacientes que se quedan en el camino por falta de experiencia o formación para explicarse, la pérdida de numerosísimos enfermos crónicos que ahora ya no acuden a sus médicos o el problema sin resolver de la Salud Mental mal gestionada al estar saturados todos los espacios sanitarios.

En estos casos y en muchos otros, el COVID19 ha acelerado unas tendencias tecnológicas ya existentes. Pero al hacerlo sin programar ni diseñar los procesos del cambio, al hacerlo de forma tan urgente, no es posible hacerlo como se debería, no es factible valorar los cambios que se necesitan para optimizar esos cambios en los procesos, pues no es posible los cambios sobe los cambios. 

La producción del trabajo en el hogar en vez de en la fábrica podrá funcionar, pero… ¿cómo medimos su productividad real o su control de calidad cuando hemos tenido que aplicar medidas de trabajo no presencial sin poner medios de mejora, de medición, de control?

Si a esto le añadimos que muchos de los trabajo que se está realizando de forma NO presencial es trabajo de atención al público, al usuario o cliente, vemos que este (que somos todos) hemos perdido calidad de servicio; sea privado pero sobre todo si son servicios públicos, donde los sindicatos han sabido defender muy bien a sus propios trabajadores ante los riesgos de contagios. Pero la sociedad como conjunto no ha sabido defender los servicios que ya tenía. 

El comercio será uno de los pivotes sobre los que se moverán gran parte de las transformaciones en el futuro. Esa actividad junto a la del ocio son hoy —a principios de 2021— el gran reto a resolver, incluso a aprender de ellos y sus transformaciones. Muchos establecimientos tradicionales, que ya se encontraban en dificultades económicas, se han visto obligados a declararse en quiebra. Algunos servicios ya no podrán volver al ser reemplazados por otros. 

Si los clientes se mueven, no hay duda, se tendrán que mover las ofertas.

Pero todos ellos suponen mucho más que una puerta abierta al comercio o al servicio. Tienen proveedores, clientes, trabajadores, competencia, inversiones hechas, deudas, alquileres. Todo eso se moverá. 

Como la capacidad de seguridad pasiva que ejercen en sus barrios de referencia los comercios de proximidad al verse obligados a cerrar. 

Es mucho más sencillo que miles de pequeños comercios, talleres o servicios pequeños repartidos por los barrios tengan que cerrar, que lo haga una gran multinacional de cualquier sector. Que cerrará solo cuando haya agotado antes todo tipo de ayudas públicas. Pero el daño social a su zona de influencia es muy distinto y por ello no debemos minusvalorar el de los centenares de pequeños negocios repartidos por todas las calles.

Ese cambio repentino ha sido en algunos casos doloroso. Con el cierre de la atención personal en sucursales bancarias, las personas mayores que no estaban familiarizadas con la banca online han sido presa de miedos y dudas. 

El cambio a la enseñanza virtual ha puesto de relieve la desigualdad en el acceso a la banda ancha y la propiedad de ordenadores entre los estudiantes y familias o incluso entre zonas rurales y la gran ciudad. Grupos de jóvenes se han unido y no precisamente para estudiar, creando incipientes bandas que ya han sido detectadas por las policías de las ciudades en un crecimiento importante. 

Si a jóvenes adolescentes sin escuela les entregas la calle, el aburrimiento y un futuro muy incierto… ¿qué pensamos que pueden hacer?

Aprender a comprar por internet no se olvida, ver lo sencillo y cómodo que es recibir la cena en tu casa, caliente y con comida de Japón a un precio inferior a tomarla en un restaurante traerá sus consecuencias.

Aprender a comprar cualquier marca de productos y recibirla en tu casa a las 48 horas, aunque venga de Holanda es un cambio en el sentido de compra que afectará a las economías más débiles. Saber que cuesta lo mismo en dinero, esfuerzo o dificultad tener en casa un vino de calidad de la Comarca de Calatayud que un Gewürztraminer traído de Alemania tendrá un precio y no en la botella del vino. 

Tener acceso a libros que antes no podías comprar con facilidad, y no pagar nunca con dinero sino con números de una tarjeta, es una nueva manera de hacer separaciones sociales por Clase que tendrán consecuencias todavía no entendidas hoy en día.

Con la educación hemos emprendido un proceso del que no sabemos su resultado. Trasladar a casa desde marzo a septiembre la educación escolar, cerrando los colegios fue un gran error inasumible. Y aunque ahora ya se sabe el error no se puede revertir y ha creado un caldo de cultivo complicado con separación más pronunciada entre clases sociales.

Al abrir en septiembre de 2020 todavía algunos niveles volvieron a quedarse en parte sin ir a los colegios presenciales durante todo su horario. Y el problema no es tanto qué está sucediendo hoy en los chavales, sino qué sucederá dentro de unos años, cuando sumen estos conceptos de que la escuela no es tan imprescindible como las peluquerías. Ir menos horas a la semana a clase para evitar horas de presencia supone elegir materias, y ello supone orillar otras.

Ya la educación en España era irregular, no era universal aunque se diga y se intente, y estos procesos además de bajar la calidad de enseñanza en algunos sectores sociales, diferencia por clase económica de la familia, por incluso territorios, y no sabemos bien de qué manera lo aceptará el alumno cuando todo se asiente. 

Es verdad que tanto el teletrabajo como la educación virtual (la enseñanza más bien) es posible hacerla funcionar sin el espacio vital y clásico que supone el taller, la oficina o la escuela. ¿Pero siempre es beneficiosa o es la mejor decisión?

La duda es saber qué perdemos con el cambio, y no tanto qué logramos salvar con el cambio. 

Sobre todo porque nos da la sensación de que logrado un objetivo mínimo ya queremos entender que es suficiente y una demostración de que funciona bien las nuevas formas. 

Creo que nos conformamos con poco y admitimos enseguida que no hay otras maneras, que no somos capaces de defendernos de la pandemia excepto restando de nuestra forma de vida anterior. No añadiendo trabajos serios en investigación.

25.3.21

Pandemia (11) ¿Por qué somos tan torpes con la pandemia del COVID?


Parecería absurdo intentar comprender en marzo de 2021 que una vez que ya supiéramos la forma más potente de que el virus del covid se multiplicara para contagiar, no fuéramos capaces de buscar soluciones, de tomar medidas, de crear protocolos eficaces. No tendría sentido que hubiera que comprende algo que suena a lógico, de sentido común, de simple decisión de preescolar de Política.

Pero estamos casi en abril del 2021, y seguimos en Europa igual que cuando la pandemia comenzó en todo el mundo, sin hacer caso a lo que incluso indican los países que ya casi tienen dominado el problema. Hay dos elementos básicos que son muy sencillos de gestionar. Uno es el de las vacunas que parece una tontería de una Europa incapaz. Y el otro es el de gestionar la ventilación eficaz y potente, y los contactos físicos.

Sobre la vacuna no voy a decir nada, iremos viendo de qué manera salimos de este claro error de lentitud. pero sobre la ventilación sí quiero hablar.

En todas las escuelas tenemos espacios abiertos al aire libre y sin usar. Aunque sabemos que ni los niños son grandes contagiadores y que la altura de muchas clases funciona bien junto a la desinfección y ventilación constante. Ventanas abiertas y si es necesario ventilación forzada.

En los comercios grandes estamos en la misma situación, pero en los pequeños tampoco hemos sido capaces de articular que las puertas estén siempre abiertas. En New York ya hace meses que se alentó que los comercios que desearan pudieran sacar sus servicios a la calle, a la acera. 

Hoy sabemos con seguridad que los aerosoles son el proceso más contaminante de todos los posibles. Espacios cerrados con poca ventilación donde se permanece más de 10/15 minutos. Pero no hemos sabido transmitir esto a la población, a la que seguimos insistiendo con la limpieza de manos para evitar el contagio por contacto, cuando es el medio menos peligroso de los estudiados.

No sabemos si tener ventiladores encendidos en las casas es positivo o negativo, no sabemos el papel del aire acondicionado, tampoco el tipo de filtros mejores para controlar el virus en estos aparatos, ni si el ozono no sirve para nada, o si los medidores de CO2 deberían ser obligatorios en los comercios, colegios o bares.

No hemos dictado normas para que las comunidades de vecinos tengan las ventanas comunales siempre abiertas, ni hemos explicado con claridad para todo el mundo los tiempos mínimos y máximo de ventilación de las viviendas según su ubicación, altura, horas del día, etc. Tampoco se nos dice qué papel pueden jugar en los contagios los sistemas de ventilación interna de los baños sin ventana.

En algunos medios de transporte urbano la orden es tajante. Las ventanillas siempre abiertas, pero han tardado mucho, no siempre se cumple y no en todas las ciudades o sistemas de transporte es la orden tan clara. ¿Que hace frío? ¿Que es molesto el aire? ¿Y no somos capaces de mitigar esa molestia? ¿Y hace más frío en el interior de un bus que en la propia calle?

Los bares y restaurantes se tuvieron que cerrar en sus interiores sin dar la opción de que quien pudiera demostrar excelente ventilación pudiera abrir. Cambiar las cristaleras de la entrada por ventanales abiertos es una opción posiblemente más barata que estar meses cerrados.

Nos prohibimos viajar, movernos, cuando en realidad lo grave es el contacto cercano y por mucho tiempo con personas que puedan contagiar. No entiendo bien qué relación tiene el viajar o moverse entre pueblos con estar cerca de muchas personas en un espacio cerrado. En Renfe te dan los billetes todos juntos dejando enormes espacios de los vagones sin ocupar, que enseguida son cubiertos por personas que se van cambiando de lugar. ¿No es posible tener algunas ventanas abiertas en los trenes convencionales, como hace unas décadas? 

Los espacios al aire libre rodean nuestras localidades pero no somos capaces de potenciarlos. Una discriminación positiva en estos meses hubiera supuesto convertir grandes avenidas en peatonales, acercar a las personas a los grandes parques urbanos o periurbanos, movilizar con nuevos sistemas urbanos a las personas para que no se juntaran el las escaleras mecánicas de los Centros Comerciales y se movieran por zonas verdes naturales al aire libre, sin techo y con más distancia.

Otro error de libro ha sido concentrar horarios. El comercio esencial debería abrir a las 7 de la mañana como en Europa y cerrar a las 10 de la noche para alargando los tiempos lograr menos persona por hora en sus espacios. Es cierto que eso supone cambiar horarios a trabajadores de estos espacios, en los que por cierto el número de ERTEs han sido muy altos

En un país con 4 millones de desempleados, tener una actividad a bajo nivel es mucho peor que provocar su subida para que alargue tiempos y servicios. El dinero de los ERTE podría haber ido en parte para compensar esos horarios.

Dentro de unas décadas será imposible entender que en España no haya funcionado un sistema de control telefónico de los contagios, de la pandemia, de las personas. Es un absurdo de tamaño increíble. 

Ayer mismo con una aplicación en mi teléfono móvil (habrá varias, seguro) estuve jugando a localizar aviones que pasaban por encima de mi cabeza. Los detecta la aplicación y puedes saber de donde viene, a donde se dirigen, qué tipo de avión es y si cumple sus horarios o va con retraso. Sabes además la altura a la que va y su velocidad. E incluso puede acercarte y en mi caso pude observar en directo como aterrizaba en Zaragoza. E incluso observé en el teléfono una avioneta particular que circulaba a unos 12 km de mi casa y que venía desde Francia hacia Valencia.

Pero en cambio y ante una pandemia que es casi una guerra con más de tres millones de contagiados en España y casi 100.000 fallecidos entre oficiales y estimados, no hemos sido capaces de hacer funcionar en el mismo teléfono móvil una aplicación útil para que todos sepamos si nos movemos entre contagiados, entre personas de riesgo. En otros países ha funcionado perfectamente, pero entre nosotros nos hemos asegurado que es coartar la libertad. Parece ser que no poder ir a otra localidad a ver a los padres o a tus hijos, o tener que dejar que se mueran tus padres solos… ¿no es coartar la libertad?

Julio M. Puente Mateo

Pandemia (10) ¿Seremos otra vez una sociedad similar a la del pasado?


Bienvenidos al futuro del pasado, pero no a un futuro para el año 2021, como cabría esperar, sino a un futuro como poco para el año 2030, aunque ya vayamos viendo ahora y en los próximos meses cambios pequeños, y aparecer nuevos modos mientras otras formas de vida que considerábamos asentadas van a ir quedando relegados. Nunca el Futuro llega de repente, tampoco en casos de Guerras Brutales. Nos moveremos a costa de abrazar nuevas técnicas de relación social, nuevas formas de trabajar, de comunicarnos, de viajar, de estar en la calle, de entender qué sucedió en el año 2020 y porqué no fuimos capaces ni de detectarlo ni de resolverlo en pocos meses.

Y eso nos llevará a tener que poner métodos de control para evitar su repetición vírica, o de producirse que nos encuentre mejor preparados para defendernos. Y para ello tendremos que entender todos que la Globalización es inevitable, pero tiene sus formas y sus tamaños, su forma inteligente de ser gestionada, para bien o para mal.

Si nos fijamos en algo tan simple como la adopción de nuevos comportamientos tecnológicos para responder a la pandemia, desde las videoconferencias para comunicar abuelos y nietos hasta las compras online, el teletrabajo y el control de la movilidad fuera del hogar, vemos que el uso de ciertos hábitos ya han alcanzado niveles que no se esperaba hace unos meses. Todos los cambios previstos se han acelerado como primer paso del cambio.

Hemos adaptado nuestras viviendas en oficinas o en talleres, hemos asignado una habitación a espacio de trabajo, hemos aprendido a utilizar programas de vídeo, a poner mejor luz alrededor de la cámara del ordenador y a utilizar las bibliotecas como fondos para los vídeos. Cambios menores pero que significan que ya hemos abrazado el inicio de nuevas formas.

Hemos entendido también que podemos dejar de trabajar y quedar en el desempleo sin motivo y además sin despedirnos ni cobrar indemnización; que nuestros derechos civiles básicos como salir de casa a la hora que nos de la gana son relativos y pueden cambiar durante meses sin preguntarnos, o verse suspendidas las actividades culturales, comerciales o de servicios básicos no imprescindibles.

Y hemos aprendido a crearnos un ocio alternativo en casa mientras veíamos como a nuestros hijos les atendía la escuela de forma digital desde el ordenador, sin poder acudir los niños a la escuela durante meses en uno de los errores  más idiotas que algún día señalaremos en su tamaño

Incluso hemos entendido y no muy bien, que no es lo mismo ser madrileño que de Burgos, de Zaragoza o de Granada, de Ainzón que de Vigo. Y que aunque la Constitución sea la misma, a la hora de perder libertades civiles hay matices. 

Y que perder la Sanidad Universal que funcionaba (creíamos) como las mejores del mundo, es algo que ha sucedido en días para convertirse la Atención Primaria como un ejercicio de explicación telefónica en busca de un diagnóstico que no siempre sabes explicar, en una nueva modalidad de Servicios Básicos a la sociedad donde los días de espera son altísimos, meses si es para una especialidad.  

Han sido 10 meses duros, cambiantes casi siempre a peor con semanas o meses de valle, con miles de datos y de apariciones por los medios de comunicación para liar las normas, para no lograr bajar los miedos, para constatar que como sociedad somos muy desobedientes, para ver peleas y malas caras, pero muy pocos soluciones, y todas ellas pasando por que la población no se moviera de sus casas más que para lo más básico. 

E incluso creíamos que si a principio de 2021 llegaban las ansiadas vacunas y estas funcionaban, serían los primeros síntomas de que algo distinto a quedar confinados habíamos sido capaces de edificar durante 10 ó 12 meses de nada. Pero la vacunas han llegado llenas de polémicas en una Guerra muy mal gestionada por Europa. Lentas, con problemas de ladronzuelos, demostrando que el Sistema de Libre Comercio es una mierda para procesos graves, y dejando claro que quien más poder tiene también posea más vacunas para sus defensas.


24.3.21

Pandemia (09) ¿Qué conocemos de la enfermedad COVID19?


El síntoma mas común en los pacientes de Covid19 en el momento del ingreso hospitalario en España es la fiebre
(la tienen un 83,9% de los ingresados), seguido de la tos seca (73,1%), dificultad respiratoria (57,5%), fatiga (43,2%), diarrea (24%), anorexia (19,7%) y pérdida del olfato (7,4%). El perfil de las personas hospitalizadas por COVID19 se compone en más de la mitad de los casos de hombres (57,2%) y con una edad media de 69 años que ha ido bajando en las sucesivas Olas de la pandemia. Son datos del Registro Clínico SEMI-COVID-19, en el que analizaron más de 19.000 pacientes por 686 profesionales médicos de 150 hospitales. 

El día 9 de enero de 2020, el centro de control de enfermedades de China ya había identificado a un nuevo coronavirus como responsable de esta enfermedad. Y pocos días después varios grupos de investigación lograron secuenciar el primer genoma del patógeno y la publicaron en abierto para que todo el mundo pudieran acceder a esa información. Ha pasado más de un año pero no es suficiente lo que ya sabemos, y además el conocimiento de la enfermedad ha sido lento por mucho que se diga que se ha trabajado a velocidades de vértigo, que no lo dudo pues no es incompatible lo uno con lo otro.

Toda la comunidad científica del mundo se puso a trabajar con presupuestos extraordinarios para saber de qué tipo de problema estábamos hablando y qué soluciones se podían lograr o tener ya para controlarlo. 

Más de un año después son casi más las dudas y lo que no se conoce de la enfermedad que lo que de momento podemos dar por seguro, admitiendo que incluso una parte de esto tampoco lo será según se vaya demostrando con estudios posteriores. 

Pasado un año se ha avanzado mucho en la detección de la enfermedad, en la fabricación de EPI para todo el mundo, pues en el momento del inicio de la pandemia no había suficiente material de defensa ni para los sanitarios, incluso se han cambiado mucho los protocolos hospitalarios para evitar que se llegue a las UVI o para salvar a los pacientes que están dentro de ellas. 

No hay todavía a principios de 2021 un tratamiento preventivo, tampoco hay un tratamiento claramente eficaz para los casos graves aunque se han realizado intentos con diversos fármacos que a veces funciona bien pero otras no. 

No hay un antiviral aunque los tratamientos que se utilizaban en marzo y abril ya no se usan, cambiados por otros mejores que dan más porcentaje de recuperaciones. Corticoides, Remdesivir, fármacos contra las inflamaciones internas, sistemas de prueba y error que no siempre funcionan, en espera de otros tratamientos nuevos que se siguen investigando sin descanso.

Pero si bien la enfermedad se conoce poco, ya está demostrando que además de sus efectos graves en el corto plazo deja una secuelas que todavía es pronto para evaluar aunque ya preocupan a los profesionales de la sanidad. La fatiga, el cansancio crónico o el dolor de cabeza inespecífico parecen síntomas que duran semanas o meses en un número importante de personas que han superado el COVID.

Pero hay también otros síntomas de mayor gravedad que producen una cierta incapacidad por falta de capacidad pulmonar para respirar como antes. Unido en algunos pacientes casi recuperados, a unos ciertos problemas psicológicos de miedo y temor a no volver a la situación anterior y a enormes dudas de su capacidad de tener anticuerpos para salvarse de recaídas por la misma enfermedad. 

Es pronto para saber cuanto duran los anticuerpos en los que ya han pasado la enfermedad, como lo es saber la duración de las vacunas cuando todavía no se han ni aprobado todas, quedando las mejores todavía en un periodo largo de espera.

Y aunque hemos admitido hace pocos meses que el contagio por aerosoles en ambientes poco ventilados es superior a ningún otro tipo de contagio, incluso mucho más que el contagio por contacto aunque sigamos priorizando el uso de guantes e hidrogel cuando por contacto tenemos que tocar primero una superficie que contenga virus y después tocarnos con esa mano los ojos, la nariz o la boca de forma casi interna, son muchas las cosas que no sabemos todavía del COVID.

Vamos por ciclos y a finales de año 2021 todavía todo el mundo estaba analizando los procesos de los aerosoles, dónde se producen, donde se acumula CO2 del aire ya respirado por personas y por mala ventilación puede estar ese aire lleno —y flotando en el aire— de virus que esperan ser respirados. 

Esto nos lleva a la conclusión de que en estos lugares mal ventilados el efecto de la mascarilla es relativo, pues respirar tenemos que respirar aunque estemos con mascarilla. ¿Nos filtran el aire las mascarillas? Pues no del todo, si acaso impiden que nos entren o salgan de forma directa las gotículas de otras personas que están cerca de nosotros y que con su respiración pueden lanzarnos virus antes de caer por la gravedad. 

Pero curiosamente las mascarillas con filtros no se aconsejan, pues dicen que ofrecen una falsa seguridad. ¿Sirven las recomendaciones de abril 2020 para marzo 2021? Claramente no aunque no se intenten actualizar.

La ventilación (cambio) del aire, sea de forma natural o forzada por máquinas o los filtros de aire en espacios cerrados parecen imprescindibles en diciembre cuando no lo eran en marzo. 

Lo cierto es que con casi todas las personas utilizando mascarillas excepto en sus domicilios particulares, los contagios se mueven en cifras similares a la primavera de 2020 y en cifras a veces descontroladas excepto que el miedo o el respeto a la enfermedad que actúa sobre los modos de comportarse de las personas. 

Somos cada uno de nosotros los que tenemos que tomar las decisiones correctas de relación con otras personas, con los espacios, con nuestras decisiones.

Sabemos ya que tan importante es con quién nos relacionamos, como el lugar en donde se produce esa relación y el tiempo en minutos que estamos en una situación de riesgo. 

Claramente es un proceso acumulativo, donde las matemáticas y la estadística tiene mucho que hablar. Se habla ya de 2 metros de distancia, de valores de CO2 inferiores a 700 partes por millón y estando menos de 15 minutos en espacios de riesgo. Y sin dejar de usar mascarilla, de lavarnos las manos con hidrogel primero y con agua y jabón una vez llegamos a casa. 

Y yo añadiría algo lógico y de sentido común.

Si el contagio se produce por inhalación y se queda en las zonas de entrada de nuestro cuerpo esperándose a multiplicarse poco a poco, sería lógico recomendar un lavado interno de las fosas nasales al llegar a casa (el clásico “sonarse con fuerza”) y un lavado de boca con enjuague bucal al llegar al hogar, tan importante como lavarse las manos.

Sabemos que los confinamientos hacen bajar los contagios, por lógica al no relacionarnos se frenan aunque no desaparecen pues los contagios son entre personas, pero ese proceso lleva a una paralización total de algunos sectores y el frenazo muy alto en algunas actividades de ocio, cultura, turismo, relaciones entre familiares, etc. 

No sirve el confinamiento eterno, no sirve tampoco observar olas que suben y bajan, no sirve seguir en el tiempo eterno sin disponer de un tratamiento paliativo o preventivo al menos para evitar algunas gravedades que surgen sin saber tampoco por qué motivos. 

Se sabe del COVID19 menos de lo que ya se ha demostrado y aunque eso se intenta paliar con mucho más trabajo del personal sanitario, no es posible mantenerlo de forma eterna. Sobre todo porque la Sanidad en España no está a la altura de lo que creíamos todos antes de la pandemia.

Un ejemplo de que los problemas sanitarios en España nos han mostrado brutalmente la realidad de nuestra Sanidad la han dado los profesionales sanitarios de Huesca a través de sus organizaciones colegiales y sindicatos, denunciando los "muchos errores" cometidos durante la pandemia y solicitando una auditoría sobre la gestión de la crisis desde marzo del 2020. El Colegio Oficial de Médicos y el de Enfermería de Huesca se lamentan de que nadie escuchara las voces dadas años antes, alertando de la falta de profesionales, para reforzar el sistema sanitario a nivel estructural y de recursos humanos que ya era desde hace una década algo fundamental a mejorar.

Recuerdan además el durísimo trabajo en Atención Primaria y en Hospitales durante los primeros meses de pandemia sin suficiente material de protección ni planes de actuación bien elaborados, con centros sanitarios desbordados también en las siguientes oleadas tras el verano. 

Innumerables protocolos e instrucciones cambiantes y a veces contradictorias han llevado a un cansancio sumado al del propio trabajo, cuya suma no es lógica.

En la Atención Primaria se quejan además y de forma constante sobre la dedicación de los profesionales a excesivas tareas administrativas por el COVID hoy —pero por otros motivos ya antes— lo que en estos momentos de estrés laboral imposibilita el adecuado seguimiento del resto de las patologías agudas y crónicas. 

Se necesitan planes de actuación más participativos y desde diversas ópticas, diálogo fluido entre las partes, garantías de seguridad en su trabajo, recuperación de la accesibilidad de los pacientes a los Centros de Salud y aumentar la labor de prevención y la atención al resto de patologías, mejoras en la atención telefónica de los centros de salud y "liberar a los profesionales de la ingente labor burocrática y administrativa que devora su tiempo asistencial".

Además, en los hospitales debe haber planes de contingencia y mantener la atención al resto de patologías. 

Es imprescindible hacer una Auditoría de todo lo acontecido y la forma en que se ha tratado este proceso crítico, para hacer protocolos válidos para otras ocasiones similares en el futuro. 

Hoy sabemos que la Sanidad en España se asentaba en exceso sobre el día a día, con falta de profesionales que en muchos casos se iban a otros países con mejores contratos laborales y sueldos más altos, con alta movilidad profesional, con un uso de la medicina privada en algunos casos irregular y sin controlar, y son una división clara y excesiva de los profesionales entre la Atención Primaria y la Atención Hospitalaria.

No conocemos tanto de la enfermedad COVID como de las debilidades del actual sistema sanitario. 

Incluido el sistema de investigación, la mala relación entre Farmacia y Sanidad, entre Veterinaria y Sanidad o entre Atención Primaria y Atención Hospitalaria. 

Hay detectado un egocentrismo excesivo en algunos sectores sanitarios, que llevan a una compartimentación excesiva entre los distintos grupos de trabajo, que afecta a todo lo que rodea a la Sanidad española. 

Ese corporativismo excesivo —pues no es uno sino varios— hace mucho daño a las posibles soluciones, a optimizar los recursos.

Y si es una enorme debilidad del Sistema de Salud en periodos normales, es un drama en periodos como este. No sabemos tanto de la enfermedad porque no se han puesto a trabajar conjuntamente todos los compartimentos sanitarios, donde se incluyen muchos más que los médicos de personas.


Julio M. Puente Mateo

Pandemia (08) ¿Cambiará nuestro ritmo de vida y consumo tras el COVID?

Sin duda con la llegada de la pandemia del COVID la vida nos ha cambiado a todos
, no tanto por las mascarillas obligatorias, como por la cantidad de “cosas” que —de momento— ya no podemos hacer. Desde abrazar o hablar con amigos a la cara, a poder movernos con libertad o entrar en espirales de pérdida de poder económico personal y sin duda también con modificaciones en los hábitos de consumo, de compra, de ocio y cultura. Eso sin entrar a valorar de momento los cambios aparentemente imperceptibles en nuestra psicología social y personal.

En algunas Comunidades de España o en algunas provincias hemos y han estado meses confinados en ciertas horas durante este otoño, sin poder acceder a todos los comercios que no fueran imprescindibles, y sin salir de su ciudad o de su provincia. Algo similar a un ligero encarcelamiento domiciliario que sin duda deja huellas. Sumado al de la primavera de 2020 han logrado hacernos cambiar aunque de momento no lo notemos pues tampoco tenemos libertad para ese cambio.

En Granada han estado en la ola del otoño durante 20 días sin comercios, bares, locales abiertos, y levantado parcialmente este cierre forzado para equipararse como toda Andalucía y a las 18 horas tenían que cerrar todo. Esas semanas el miedo social ha tenido que crecer, y aunque se supere con la salida del confinamiento, siempre deja huellas sobre todo en tus decisiones posteriores. 

Durante mes y medio en este principio de 2021 no se ha podido salir de las ciudades de Zaragoza, Huesca y Teruel, excepto para ir a trabajar o por motivos considerados muy esenciales. No se podía visitar a familiares que incluso vivían en localidades muy cercanas a Zaragoza. Estos procesos se asumen y admiten, pero suponen un cambio de paradigma en tus decisiones futuras. ¿Hacia dónde? Iremos viendo con el tiempo qué decisiones tomamos cada uno de nosotros, aunque algunas ya se visualizan.

A las 11 de la noche hay Toque de Queda en toda España, que a veces varía entre Comunidades entre desde las 22 y las 24 horas. Hay un pequeño margen para que cada territorio puede demostrar que manda y ordena, que son ellos los que gestionan el caos. 

¿Eso no es una Libertad Vigilada, una situación similar a un Arresto Domiciliario?

Por otra parte han existido en estos meses diversos recursos hacia la Justicia desde partidos políticos o desde personas más o menos anónimas, que en algunos casos han tumbado con sus recursos algunas de las órdenes de confinamiento dictados sin atenerse totalmente al Derecho. Pero la duda persiste ¿No había otro tipo de medidas que restar libertad individual que solo han cumplido las capas sociales con menos recursos para saltárselas?

En la misma medida en que en España no hemos sido capaces de gestionar mínimamente unidos este problema, siendo constantemente utilizado para la pelea política. La sociedad simplemente observábamos atónitos las peleas políticas que no conducen a ninguna solución. 

¿Más libertad y más control para evitar que se salten las normas los listillos? 

¿No existe otro mecanismo de defensa contra la pandemia que el de restar libertad individual o de grupo, pues somos incapaces de entender algo tan simple como que hay que auto defenderse del COVID cambiando parte de nuestras costumbres?

Ante el cierre de la hostelería, sobre todo la que no puede atender en la calle, la pérdida del turismo y de toda la enorme actividad económica que mueve, la sociedad ha respondido comprando más elementos de hogar para convertirlo en una cueva cómoda, pero muchas veces recurriendo a la compra por internet, lo que supone dejar de hacerlo en los comercios tradicionales, lo que supone también una dependencia mayor de economías ajenas al propio país. 

Más debilidad económica, más dependencia de otras zonas de producción.

Y a su vez hay detectado un gran aumento del ahorro de los españoles que se estima cercano a los 60.000 millones en estos 12 meses, dinero no gastado y que está detectado en un aumento en los bancos. 

¿Se mal gastará en su momento, de forma compulsiva? 

¿Sirven esos ahorros para pagar las deudas privadas que también ahogaban la economía del país? 

¿Si se gastan en el momento de la salida de la pandemia no supondrá una aumento del IPC, una inflación alta?

Los nuevos ritmos de vida privada afectarán a los cambios sociales de los que hablaremos en otra entrada y que parecen previsibles. 

Estamos dejando de hacer la vida anterior, y eso supone cambios que pueden haber llegado para quedarse. 

¿Qué sucederá con los bares españoles una vez que hemos descubierto decenas de tipos de cerveza para tomar en casa? 

¿Volveremos al cine tras comprarnos para el hogar una televisión de 65 pulgadas con sonido mejorado? 

¿Qué tipo de turismo desearemos hacer cuando salgamos de la pandemia, el lejano “por si acaso volvemos a quedar confinados” o el “cercano para saborear lo ya conocido”?

Se habla de un turismo que se va a reinventar con ofertas —y no de precio— de más tiempo de viaje si se quiere acceder a ciertos países. ¿Quieres ir a New York? Pues por lo menos tendrás que comprar un paquete de15 días para que dejes beneficio pues habrá menos turistas que antes. ¿Quieres una oferta en Benidorm? pues tendrá que ser de 10 días como mínimo. 

Esto está por ver, sin duda, pero todos se replantean qué hacer ante la salida, mucho antes de que esta se produzca.

23.3.21

Pandemia (07) ¿Sabemos dominar las situaciones de la pandemia?


En todo proceso de gestión habitual y más si es de una crisis
, hay que estar preparado para dominar, controlar todo proceso de cambio en todas las situaciones posibles, tener esa cintura en la gestión que nos permita decir e incluso hacer una cosa y la contraria si las condiciones cambian de forma drástica. Eso supone tener muy controlada la información para ir siempre por delante de ella, y tener un margen de tiempo entre los datos reales e inamovibles y los datos que hemos ido entregando a la población.

Dominar la situación no supone aparentar ese dominio, sino tener cartas sobre la mesa que nos permitan en un momento de transformación poder seguir demostrando que se dominan todas las posibles alternativas. Y efectivamente, esto no es sencillo y sobre todo requiere de un equipo potente y un modelo de comunicación eficaz, para no aparentar mentiras donde solo hay gestión del tiempo para tener espacios para reaccionar.

Entramos de lleno en el aspecto psicológico de masas, en la inteligencia social y emocional de todos los que conforman la situación, entramos sin duda en la necesidad de disponer sin duda de técnicos sanitarios o de investigación de pandemias, pero también de sociólogos, psicólogos sociales, expertos en comunicación, agentes que sepan transmitir confianza y seguridad.

Uno de los errores más absurdos que cometió España en marzo y abril del 2020 fue empezar las comunicaciones a la sociedad con unas formas ajenas al siglo XXI y al problema real, gravísimo y nuevo, pero que requería demostrar una capacidad de seguridad no solo para el momento que se vivía sino para cualquier otro posible y futuro cambio del proceso de la pandemia.

Aparecer en Ruedas de Prensa de cinco miembros donde constantemente al menos tres de ellos eran Capitanes Generales vestidos de militar era la manera más sencilla de explicar la gravedad del momento sin tener que escuchar qué se decía, solo con la imagen, pero también suponía asumir unos riesgos y equivocaciones no previstas pues se enfrentaba a militares a periodistas muy duchos en saber preguntar, y ellos no estaban preparados para esa labor compleja de saber qué se puede y qué no se puede decir, y sobre todo de qué manera hay que decir las medias verdades y las pequeñas mentiras.

A eso hay que sumar que aparecer con las planas mayores de los ejércitos supone poner en sus manos la gestión teórica de cara a la sociedad. ¿Y si va mal el asunto… qué nos queda? ¿A quién podemos recurrir si nos obliga el virus a dar el salto hacia arriba?

Si a eso le añadimos las frases militares utilizadas en algunas de aquellas Ruedas de Prensa como: “sin novedad en el frente”, “todos somos soldados” o “en la guerra todos los días son lunes”, estaba dando la sensación —el Gobierno de izquierdas de PSOE y Podemos— de estar ya en una situación de guerra. De estar en manos de los militares que además se fueron desplegando por la grandes ciudades para labores de apoyo y control junto a la policía y de desinfección en zonas públicas.

El problema eterno de sacar a los militares a la calle, a las Ruedas de Prensa, el mismo desde hace siglos, es que es muy complicado retirarlos y volverlos a los cuarteles. En España en aquellas semanas nos lo pusieron a todos muy fácil, pues ellos mismos se fueron equivocando, cayendo en esos errores lógicos de comunicación al no estar preparados para actuar como políticos siendo militares. El vestido militar en las comparecencias y el no saber plantear una única figura de comunicación hacia la sociedad alentaron una imagen bestialmente antigua, ajena a lo que se necesitaba.

Era pues sin duda, un descontrol y un NO saber dominar la situación, al menos en cuanto a comunicación hacia la sociedad. Aquellas imágenes tristes, duras, excesivamente serias, producían una sensación que en nada servían para que la sociedad percibiera que se estaba dominando la situación.

Es curioso comprobar la enorme diferencia entre países con unas culturas o con otras a la hora de informar y asumir los casos de contagios y fallecimientos. Con independencia de lo transparentes que sean a la hora de informar. Las culturas orientales, más vividas en dictaduras, asumen sin repensar todas aquellas órdenes que vienen desde el poder instituido.

El mundo occidental y su sociedad lo medita, le busca la vuelta sobre todo en culturas del Sur de Europa, o literalmente no las obedece al faltar mecanismos de control y represión. Que no es eso lo que pido, sino constatar las distintas maneras de cada sociedad para asumir lo que está entre todos. 

Para cualquier Gobierno el no poder dominar las situaciones es un grave problema, pues todas las medidas que se tomen están mediatizadas antes con el convencimiento de que no producirán la respuesta adecuada. Eso supone tenerlas que aplicar de más tamaño, para que al final lo que quede sea lo que se necesite.

Si necesitamos que baje un 50% los movimientos de personas para controlar la pandemia, hay que ordenar el confinamiento del 100% de la sociedad y así poder estar seguros de que al menos será un 50% efectivo. Y los perdedores son ese 50% “de más” que se ha tenido que confinar, por culpa de la desobediencias asegurada de una gran parte de la sociedad. 

Si se necesita que confinar una Comarca, hay que confinar una provincia, si necesitamos que a las 10 no se circule, hay que ordenar el cierre a las 9. Y todas estas medidas no son aplicables en otras culturas, donde la seguridad de la obediencia es casi total, y se puede dominar mucho mejor la cantidad y calidad de las medidas.

En España por ejemplo ha sido imposible poner en funcionamiento la App Radar Covid pues nadie se la ha querido poner en sus teléfonos. Las excusas han sido de muy variado calibre y el gobernante no ha tenido los arrestos de ponerla obligatoria. 

¿Se puede? Si, claro, es tan sencillo como exigir que sea mostrada al subir a un autobús urbano, a un tren o para entrar en un Centro Comercial. Si no se tiene activa, no se entra.

En otras culturas ha funcionado muy bien, aquí ya se está pensando en implantar cartillas de vacunación para los mismos fines. Necesitamos desde la gobernanza ir un poco más lejos en el control pasivo de las aptitudes personales, si queremos resultados admisibles en salud y que no afecten brutalmente a la vida común que sin duda suponen un enorme lastre en la economía y funcionamiento de los países.

En otros países lejanos se toma la temperatura por voluntarios en plena calle y (casi) nadie se queja. Eso es impensable en España. Ni si lo hicieran los policías municipales. Se admite en las entradas a los ambulatorios médicos porque acudes tú a buscar ayuda pública. En otros espacios privados sería complicadísimo excepto en algunos lugares muy concretos y en donde la saturación de personas es ya un hecho constante.

Tras el inicio declarado en Europa de la pandemia, en las primeras semanas de marzo 2020, se empezaron a tomar medidas de una forma altamente dudosa y sin tino, pues no fueron capaces de medir la importancia del problema, algo que es entendible aunque hacía un siglo que algo así no sucedía y en el mundo occidental todos pensábamos que éramos mucho más capaces de lo que realmente éramos, para defendernos e incluso para atacar. Enseguida se demostró que nuestro sistema sanitario no era tan robusto ni se había construido con la preparación idónea para estas situaciones.

Se creció muy rápido con medidas de confinamiento totales, con salidas del hogar solo para asuntos imprescindibles y una sola persona, manteniendo esta situación durante varias semanas según países. Se logró vencer la curva con la llegada del verano y sin haber detectado que el contagio por aerosoles era el fundamental una vez que ya todos íbamos con mascarilla, se rebajaron las medidas de confinamiento casi hasta la nada.

Y llegó septiembre con una Segunda Ola tan feroz como la primera (menos fallecidos, muchos más contagios), más preparados para defendernos, para mitigar el número de fallecidos, pero aprendidos ya de que relajarnos era una muy mala situación y rebajar de forma rápida las medidas de confinamiento lo peor que se podía hacer. 

La situación que se pensaba dominada en junio se tornó descontrolada en septiembre, lo que llevó a tener todo congelado hasta la entrada del 2021. Se rebajaron drásticamente los números de media sobre afectados en 14 días hasta los 25 por cada 100.000 habitantes para entender que esa era la cifra para poder salir de la pandemia.

Cuando esto se impuso se estaba en algunas ciudades de España en números superiores a los 1.500 como Burgos, y en muchas comunidades con cifras superiores a los 1.000, alejadísimos de esos 25. 

Al ser tanta la distancia entre lo que había y el objetivo, no toda la sociedad quiso entender el reto, y lo que en la Primera Ola costó bajar los contagios un par de meses, en el otoño se tardó cuatro meses. El reto era mayor, el frío no ayuda a la autodefensa, y el cansancio social (no reconocido o literalmente negado) no ayuda a la obediencia.

¿Existe o no existe cansancio social entre la sociedad que no puede entrar a los bares en España, no puede estar fuera de su casa desde las 11 de la noche, no puede salir fuera de la ciudad de Zaragoza, no puede viajar a su Segunda Residencia o a visitar a sus nietos en otra localidad? 

Se muestran estudios que dicen que NO ¿nos los debemos creer o es una argucia para dominar precisamente ese cansancio social, para negarlo? Tal vez el crecimiento de fiestas privadas descontroladas sea precisamente un síntoma de esa fatiga pandémica.

Para que exista cansancio social por el COVID tienen que entrar dos factores: el de las medidas que nos restan libertad y el temor a contagiarse. 

¿Crees probable contraer la enfermedad tanto tú como tu núcleo familiar más cercano? 

¿Crees que de contagiarte las secuelas y la enfermedad va a ser grave para tí o para tus familiares más cercanos? 

Estas respuestas, o la percepción que hagas a estas cuestiones sí crean fatiga ante la situación pues producen miedo. La falta de libertad se puede reemplazar por otro tipo de libertades, pero si entra el miedo no hay sustituto, simplemente hay que superarlo y no tenerlo… lo que a veces produce más miedo.

Pero además hay algunas realidades que no queremos decir, contundentes y duras pero reales. Menos del 4% de los españoles habían cogido la enfermedad a finales de noviembre de 2020, casi un 7% a finales de marzo de 2021. En la misma fecha de noviembre 2020 un 0,4% del total de españoles han necesitado ingreso hospitalario por la pandemia. Y hasta esa misma fecha un 0,1% de los españoles han fallecido, la inmensa mayoría mayores de 70 años. 

Esos números hace que una gran parte de la población entienda que “no es para tanto” el problema de la pandemia, pues no quieren ver más allá. Pero tal vez haya que analizar otros números históricos de fallecidos.

Casi unos 20 millones de personas enferman de cáncer diagnosticado en el mundo, en España unos 280.000 cada año. Cerca de unos 10 millones mueren al año de cáncer. En España unos 110.000 enfermos fallecen. De tuberculosis fallecen cada año en el mundo sobre 1,4 millones pero casi todos ellos en ocho países (Bangladesh, China, Filipinas, India, Indonesia, Nigeria, Pakistán y Sudáfrica). Pero de diarreas todavía mueren más personas en el mundo superando los 2,5 millones y de SIDA casi 1,8 millones.

Es necesario conocer estos datos y ponerlos encima de la mesa para entender también en qué punto del COVID estamos para valorar sus consecuencias, brutalmente duras… en el mundo occidental, al contrario que la tuberculosis, las diarreas, el hambre, el bajo peso al nacer o el SIDA. 

En ese noviembre 2020 que utilizamos como primera referencia, es verdad que ya tenemos 60 millones de contagiados por el COVID y sobre 1,4 millones de fallecidos en todo el mundo (casi 130 millones de contagios y 2,8 millones de fallecidos declarados a finales de marzo 2021), pero siendo una cifra muy alta, lo es sobre todo porque se da en ciertos países. EEUU con 13,5 millones de contagiados en noviembre encabeza la lista con 270.000 fallecidos. 

Para ver más números: en la Guerra del Vietnam fallecieron unos 56.000 soldados americanos, en la Guerra de Corea unos 36.000 americanos y en la II Guerra Mundial murieron unos 116.000 soldados americanos (unos 170.000 si contamos a civiles o desaparecidos), así que debemos entender con claridad que este problema actual de una pandemia sin dominar, representará para el futuro un punto de inflexión enorme en todo el mundo.

No es lo mismo contemplar las soluciones a finales de 2020 que reflexionar sobre un 2021 que todavía no es capaz de llevarnos hacia la normalidad nueva, hacia un cierto control de la pandemia. Si a la llegada del verano de 2021 no hemos sido capaces como civilización de doblegar la enfermedad y nos sigue dando curvas que suben y bajan, Olas que se van acumulando, sin haber encontrado una vacuna eficaz…, sin duda entonces, sí que habría que ir pensando en un problema mucho más contagiante, y sobre todo en unas desigualdades entre países que complicarían mucho el futuro.

Julio M. Puente Mateo