31.3.21

Pandemia (16) ¿Hasta cuándo en esta anormalidad que ya no consideramos Nueva?


Nadie es capaz de poder predecir en qué momento volveremos a una situación asimilable a la anterior a 2020, anterior a la pandemia mundial. Incluso nadie quiere predecir fechas o incluso conceptos ni de cuándo ni de qué manera. Se advierten tiempos de Nueva Normalidad con la vacunación que en algunos países permite empezar a soñar con la libre circulación y la retirada de mascarillas en la calle si no ha gente cerca, pero son imágenes que hoy en España representan cantos al aire para dar ánimos sociales, para meter esperanza a la sociedad para no rendirse, para seguir obedeciendo las normas impuestas. Poco más.

Es cierto que la llegada de las vacunas —muchas y variadas— a partir del inicio de 2021 aparentaba un nuevo espacio de análisis de la situación, pero el virus seguirá existiendo y de momento nadie sabe si las vacunas tendrán una duración larga o corta de inmunidad. Algo lógico pues solo se sabe con el paso del tiempo. Y además hay que añadir dos factores simples.

El primero es que posiblemente una parte de la población no quiera ponerse la vacuna, sobre todo si surgen al menos dudas sobre qué tipo de vacuna hay que preferenciar por edades o incluso según sexo del paciente. 

Y por otra parte hay que conseguir que las vacunas sean universales, y eso es mucho más complicado, no tanto por el coste que sin duda lo pueden soportar los países occidentales, como por las condiciones sanitarias de una gran parte del Planeta que complica mucho la acción sanitaria global y posiblemente repetitiva cada año.

Mientras el virus no esté erradicado en todo el mundo estaremos en una situación crónica que puede ser similar a la de otras enfermedades o no, y eso depende del propio “bicho” y sus comportamientos a la hora de replicarse y cambiar. La gripe estacional no es siempre igual, las propias vacunas deben adaptarse cada año a las nuevas cepas. 

Esto supone admitir que las mascarillas han venido para quedarse durante muchos tiempos, que existirán controles de aforo mucho más exigentes, que es casi seguro que haya que crear cartillas de vacunación para poder con ella acceder a según que tipo de servicios, como por ejemplo viajar.

En la imagen vemos a la primera persona europea que he recibido la primera vacuna el 08 de diciembre de 2020, con 90 años Margaret Keenan y desde el Reino Unido, demostrando que la Unión Europea no ha estado a la altura de lo necesario. Hace dos días era Rusia quien se adelantaba y ahora ha sido Reino Unido.  

Pero también al no tener un horizonte claro y despejado, algunos tipos de inversiones quedarán relegadas, se medirá mucho más que antes los movimientos gloalizadores de todo tipo, se tendrá que tener preparado un mundo paralelo para defenderse ante un posible rebrote de esta pandemia o de otra similar. 

Hay que recordar que mientras no sepamos con seguridad los motivos de este contagios posiblemente entre especies animales diferentes, no sabremos medir bien el impacto de la enfermedad ni su posible replique en posteriores ocasiones. ¿Dónde y en qué condiciones se produjo el paso de una especie a otra especie animal del contagio por modificación del virus?

De momento incluso tenemos muchas dudas de los motivos que llevan al virus a desplegarse de forma tan rápida entre extensos territorios, de crear Olas sucesivas sin detectar nosotros los motivos con exactitud ni del crecimiento ni de las bajadas, aunque hay elementos más o menos claro de ello, y mientras no sepamos mucho más, será complicado tomar medidas. 

Hoy ya aceptamos todos que los aerosoles son gran parte de la carga virulenta esperando ser respirada para contagiar, pero hay que recordar que durante los seis primeros meses a quien decía eso le tachaban de inexperto cuando no de provocador de miedos.

En la medida en que vayamos descubriendo nuevas opciones de la enfermedad, iremos actuando de la misma forma. Descalificando si no nos gusta lo que se dice, aplaudiendo si al final queda demostrado. 

Y en esto el papel de la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha sido entre flojo a incapaz. Se ha juntado su poco poder y su escaso respeto entre los países, a su escasa capacidad para investigar de forma efectiva e ir por delante de los problemas. El mundo sin un referente claro, es mucho más débil para gestionar crisis mundiales.

De momento es verdad que la sociedad ha quedado como congelada ante la pandemia y un dato que se observa es en el número de divorcios gestionados en estos meses, muy inferiores en España a fechas anteriores y que se aceleran en cuanto la pandemia da síntomas de estar controlada, para frenarse en cuanto otra Ola la reactiva. 

La sociedad es capaz de soportar las tensiones durante un tiempo, pero al final necesita comportarse con su lógica habitual. Y ese es un ejemplo. 

Lo será en breve el número de nuevos nacimientos donde se juntará el confinamiento y las más horas en el hogar junto al miedo al futuro. ¿Cuál será el resultado? Pues igual es neutro en número por la suma de ambos factores. Otra cosa es el tipo y la forma de las decisiones.

Todo afecta, no solo en la economía, sino también en las decisiones personales. Y al no saber los tiempos futuros cómo se comportarán, se van dejando paradas algunas decisiones que caerán por su propio peso en cuanto salgamos de la pandemia. No será tanto un movimiento actual, como en los próximos años.

Un ejemplo en positivo es que la actividad cultural no ha decrecido a la hora de crear. Se han realizado más obras artísticas, sean musicales, teatrales, literarios o visuales. Incluso sabiendo que la demostración de todo ello está paralizada, totalmente congelada por los contagios. 

Se crea porque no hay otra y lo que sobra es tiempo, ganas, necesidad de construir las ideas que nos llenan. Y admitimos que ya volverá el tiempo de mostrar, el viento que nos permitirá enseñar lo realizado. 

La sociedad no para, se afianza en lo que es suyo, otra cosa es que no tenga rentabilidad en el momento, pero es un buen tiempo para sacar desde dentro todo lo que nos va llenando el cuerpo de las ideas. ¿Cuánto somos capaces de crear para no mostrar?

Puede que incluso cambien los modos demostrativos de las creaciones, se modifiquen vehículos de transmisión de ideas, de trabajos, de sensaciones. Es posible que haya que adaptar todo mucho más hacia el confinamiento, donde el gran reto todavía sin resolver es cómo hacer rentable lo que se crea, si se va a disfrutar desde casa.


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