18.4.21

Pandemia (25) ¿Quienes son los torpes e incapaces tras 15 meses de pandemia?


Estamos en Segundo Año de Pandemia COVID19 que es ya como una Carrera Social o una FP de Soportar las Restricciones, en la que vamos aprobando los ciudadanos de la calle, pero con un 5 rapado. Los alumnos llegamos al 5, pues los gestores de la Universidad del Gobierno de la Pandemia van suspendiendo de largo. Y sin haber superado el examen de junio ahora vuelven con más prohibiciones, más de un año después de comenzar a perder libertades y sin que se entienda nada desde ningún espacio de observación. 

La nueva prohibición es implantar en toda España lo que ya funciona en Aragón: Prohibir fumar en las terrazas de los bares. 

A mi me la sopla pues no fumo, pero puñetas, ¿toca ahora con la que cae, seguir prohibiendo? No dudo de que los abusos de unos pocos influyen, ni de que fumar sin mascarilla hace que se repartan las respiraciones libres, pero igual hay que empezar a pensar que al aire libre todo es mucho más relativo, y de que nos hemos equivocado en algunas de las normas que nos hemos obligado. Sobre todo porque los resultados son pocos y por Olas. 

Con la verdad de los muertos y la nueva enfermedad, la pérdida de libertades ha sido tremenda, y lo curioso es que parte de ellas ya no volverán en el corto e incluso medio plazo. Y eso no lo decimos ni lo queremos saber. Todo sea por el miedo. 

¿Dónde existe la seguridad total? 

¿De verdad somos tan tontos de pensar que vivir es estar seguros y de que la muerte no forma parte de nuestro caminar? 

Lo mas curioso es que la mayoría de la sociedad acepta con gusto y agrado imparable todos los confinamientos y pérdidas. Lo entienden sin que nadie les haya explicado que existen otras opciones. Sin que nadie se atreva a relatar los grandes errores, lo mucho que no hemos sido capaces de resolver en este año largo. 

Seguimos sin tener antivirales, sistemas rápidos de una detección de la enfermedad que sea aceptado por todos, y hablar de las vacunas es relatar una historia de miedo, mientras seguimos sin saber cuándo nació la enfermedad, dónde y por qué

Y encima creemos que esto no es lo importante, sin darnos cuenta de que sin saberlo no seremos capaces de comprender que puede volver otro virus distinto. 

No hemos sido capaces en 15 meses de hacer crecer el sistema de Salud, de crear nuevos profesionales de enfermería o medicina, de ampliar las famosas UCIS saturadas. 

Seguimos dependiendo de países lejísimos para fabricar las vacunas que parecen ser el punto de inflexión. Y estamos convencidos que la única solución válida es quedarnos en casa como sigue repitiendo en sus mensajes de SMS el propio Ministerio de Sanidad de España en Abril del 2021. O al menos los que recibo yo todos los días. ¿Somos torpes o lo siguiente?

Volvemos entre todo el mundo a los 800.000 contagios día (estuvimos en 300.000 hace pocas semanas), y aquí en España seguimos hablando de las interacciones, de la Semana Santa o de las reuniones familiares. ¿Esto es común en todo el mundo?

La OMS no tiene capacidad de resolver, las vacunas no se quieren liberar a un mercado libre, es una herramienta más de poder y contrapoder, del Mercado Libre de una economía que nadie sabe medir su sufrimiento para el futuro. 

Y siguen insistiendo que la culpa la tienen las fiestas de jóvenes, los bares y el mundo de la cultura y el deporte que está apagado y fuera de cobertura. 

Es curioso porque este crecimiento de los contagios se está produciendo en casi todo el mundo, y no en todo el mundo la sociedad es igual. Tal vez analizando la pandemia con datos de sociología, psicología social y estadística podríamos saber algo más que con los datos de la OMS. Igual las culpas no son de las personas de la calle, sino de la incapacidad de los que tienen que resolver el grave problema desde los despachos y los laboratorios.

Julio M. Puente Mateo

17.4.21

15 consejos para querernos más a nosotros mismos

La muy activa @patripsicologa nos ha dejado este gráfico con 15 consejos para quererse más uno mismo. Sin duda un ejercicio muy necesario, pues si nosotros no somos capaces de querernos, quienes somos para pedir eso mismo a los demás?

Algunos son consejos muy elementales y que se nos olvidan o no les hacemos caso o nos da miedo practicarlos. Quererse uno, tener autoestima, es gran parte de la felicidad. Y un buen camino para querer a los que te rodean en la vida.

Ten paciencia. Atrévete. Cambia. Acéptate. Sé agradecido. No te compares. Sé amable. Eres tú. Disfruta más. Aprende. ¡Ámate!

16.4.21

¿Por qué es el silencio social lo que más se está utilizando?


Escribo poco de política, cada vez interesa menos a los lectores, y opino menos de la izquierda posiblemente porque me duele lo que veo. En estos momentos la sociedad en general tiene miedos: una pandemia, una crisis profunda del Sistema, una falta de Servicios Sociales tremenda, unos ERTEs que no han funcionado pues se inventaron para 3 meses y llevamos más de un año, unas vacunas que no van a la velocidad necesaria, un desempleo que crece, unos derechos civiles o laborales que no están como antes, una economía rota, unas PYMES de todo tipo que están hundidas y esperando a que esto se aclare para decidir si cierran o mal viven, una enfermedad psicosocial en claro aumento y ya detectado en enfermedades psicológicas, unas Residencias de Personas Mayores que han sido un DRAMA, etc.

¿Qué le entregamos a la sociedad desde la izquierda política, sindical y social? 

No hemos logrado hacer funcionar ninguna de las Ayudas que se anuncian como Salarios sociales con el nombre que queramos, tampoco estamos controlando o quejándonos de las Ayudas a la Dependencia, no funciona bien las de Alquiles, etc. 

Ayer en una reunión que tuve con 16 personas del ámbito sanitario surgió la problemática de familias sin recursos que necesitan dinero para medicación que no entra en la Seguridad Social. Es un ejemplo tonto, pero hay muchos así. 

Hemos detectado desde el trabajo de barrios que por encima de la sociedad que se queja sin lograr que nada funcione bien (las demoras en algunos servicios públicos son inmensas) existe una sociedad escondida que está en aumento y que NO SE QUEJA pues no sabe quejarse, y que no recibe ninguna ayuda aunque sean ya las personas que más la necesitan. Personas muy mayores, familias con hambre y sin futuro, problemas graves de salud que se conlleva entre la familia derrotada, etc.

Toda la sociedad sigue criticando la política en general como si fuera un Mantra, cuando a la sociedad le importa muchos temas que no tienen quien les escriba. Da igual si los políticos se cambian de partido mucho más este año que el pasado, si una calle tiene un puente de más o de menos, si una Ley sobre lo Divino es intersante hoy o mañana, si lo que nos cuentan es mentira o simplemente es una torpeza. La izquierda debe entender de defender a sus partes sociales más afines y con menos recursos, a sus gentes, y hacerlo según lo que toca en cada momento. 

Ahora no toca hablar en España de los Postres legales sino de la alimentación más básica de la sociedad. Pero perdemos derechos, opciones de tener trabajo digno, de tener una sanidad básica, de tener unas libertades como las de 1985.

Estamos asistiendo al empeoramiento del enfermo, que eso sí, está funcionando en la UVI dentro de un Sistema que también está enfermo. 

A mi me la sopla aunque suene mal, me gustaría lo contrario pero con mis años ya me la sopla y no sabéis lo que me jode que no pueda ver el final pues resultará muy entretenido. Lo digo por edad pues esto va para largo, el enfermo social no se cura en 5 años, no nos equivoquemos. 

Así que os emplazo a vosotrxs, los menores de 65 años a que por favor, hagáis algo más por España, por Aragón. Un abrazo, chatxs.

Julio M. Puente Mateo

15.4.21

Pandemia (24) La ciudad ante el reto de la pandemia


La ciudad ante el reto de la pandemia de COVID y pensando en un futuro incierto
que no traiga futuras recaídas con el mismo o similar problema, necesita recuperar espacios y restárselo al coche urbano. Pero no tanto con grandes parques urbanos, que también, sino con pequeñas islas públicas bien diseñadas y repartidas por todos los barrios de las ciudades grandes.
  


Cada zona de unos 20.000 a 30.000 habitantes debe disponer de un mediano parque o zona verde, pero también y cada vez más, al menos de otros 2 a 3 espacios de uso urbano de unos 2.000 a 4.000 metros cuadrados a modo de plaza incluso cerradas para dotarlas de más seguridad, que no sean de cemento sino con mezcla de espacio “para estar” con zonas verdes y tierra a ser posible no lisas y planas, y que configuren zonas pequeñas para sentirse en un ambiente menos urbano. 

Esa mezcla de parques de barrio y de zonas naturales creadas artificialmente ya existen an algunas ciudad europeas. Y funcionan muy bien, sobre todo las que tienen una seguridad, limpieza y cuidados, altos y realizados por personas de la propia zona.  

La gran duda sería saber el comportamiento de algunas zonas rurales, pequeñas y a veces muy encerradas en si mismas, que pueden empezar a ver nuevos habitantes no siempre bien recibidos, que llegan buscando —una vez que el tele trabajo les permiten vivir fuera de sus núcleos laborales la mayor parte de la semana— una tranquilidad más natural. 

No sabemos hoy qué tipo de actividad llevarán a sus nuevos núcleos de residencia, y no me refiero solo a la actividad económica o laboral, sino también política, social o de implicación con su nuevo entorno. No sabemos todavía en qué medida su hueco en las grandes ciudades se cubrirá o no con otro tipo de actividades y personas.  

Pero serán movimientos que irán en aumento en Europa, acostumbrados a ciudades de más de un millón de habitantes que crecen sin parar y a núcleos de menos 5.000 habitantes que van perdiendo vida social y urbana. Es muy posible que las ciudades grandes dejen de crecer y que se revierta el éxodo de las zonas rurales y empiecen a recibir nuevos pobladores que buscan algunos servicio básicos imprescindibles para poderse mudar. 

Pero en estas nuevas zonas de potencial crecimiento hay que edificar una serie de servicio que no siempre estamos entendiendo. No es necesario crear granjas de pollos, ni incluso fábricas de tablas de madera para asentar población. Ahora es fundamental unos buenos servicios públicos básicos en Sanidad y Educación, una buenas comunicaciones, unas excelentes redes de Fibra Óptica y telefonía, y un inmejorable servicio de reparto a domicilio con el mismo coste que en la gran ciudad.  

Algunos de estos servicios no son baratos, pero la discriminación positiva ya hace décadas que se inventó. 

Es imposible entender hoy el poder revertir la despoblación si no se atienden con calidad los servicios de comunicación de todo tipo, con un servicio comparable a la gran ciudad. Cada vez menos será necesario un comercio local comparable, unos grandes Centros Comerciales en localidades o ciudades pequeñas. Pero será imprescindible un servicio de Correos o similares que estén a la altura de las nuevas necesidades. En precio y en urgencia en la entrega.  

El ocio en las grandes ciudades ha cambiado y lo notaremos en los próximos años. Y ese ocio es ya capaz de impregnar a cualquier ciudadano con independencia del tamaño de la urbe en la que vive. Pero siempre que estas localidades tenga los servicios de fibra óptica a la misma velocidad que sus vecinas ciudades grandes. Se tiene que acabar el estar buscando cobertura y velocidad con el brazo extendido y decirnos a nosotros mismos que así es mucho mejor, más tranquilos, menos estrés. Es mentirnos, y sobre todo es no presionar para encontrar soluciones. Es cuestión de tiempo y lo sabemos.  

Yo conocí los tiempos de las localidades pequeñas sin agua corriente ni electricidad en todas las casas. Sin servicios de water o ducha. Esto hoy es impensable, pero así será muy pronto en todas las localidades con los servicios de telefonía y de Redes. 

El trabajo semi presencial, unido a los muchos trabajos que irán girando hacia labores online sin nada de presencialidad semanal, incluso los nuevos servicios que se irán realizando en las localidades que vayan aumentado de tamaño, harán que el trabajo no industrial se mueva de los espacios urbanos a los de menos población, aunque poco a poco.  

Y que estas nuevas personas vayan tomando conciencia de que deben implicarse en sus nuevas sociedades de recogida para transformarlas a sus propias necesidades. 

Tendrán que liderar los cambios en las zonas rurales, como ya en parte lo están haciendo, para precisamente lograr con urgencia servicios hoy poco demandados en estas zonas rurales. Cambiará el marco de las necesidades y sobre todo el marco de las peticiones. 

Si nos fijamos en el actual momento de confinamiento, vivir en una gran ciudad no tiene casi ninguna ventaja. Los servicios públicos son atendidos por teléfono y no son presenciales, los bares, restaurante e incluso comercios están cerrados o a medio gas, no podemos salir de nuestra ciudad o de nuestra provincia según modelos de confinamiento. 

Y tenemos que permanecer en casas pequeñas y a veces incómodas para estar encerrados cuando lo ordenan. La relación personal con los vecinos es mucho menor que en una zona pequeña, y a veces se salvan algunos barrios con personalidad propia, que no han crecido desmesuradamente y tienen opciones de ser pequeñas localidades dentro de una gran ciudad.  

Es decir, el único modelo que sirve para la comunicación personal son las zonas de Gran Ciudad que se asemejan a pueblos. Zonas que incluso viven cercanas a los confines de la ciudad y eso les permite salir a respirar a las orillas de los ríos o a zonas verdes naturales (o casi) sin tener que depender de grandes transportes urbanos.  

Pero en cambio las personas que viven en localidades pequeñas, además de odiar a las Grandes Urbes, quieren huir hacia ellas. Es una curiosidad complicada de explicar. Desean lo que odian, y no quieren valorar lo que tienen tal vez para no verse sujetados a su pasado que deseaban cambiar. Es imposible pensar en pequeños pueblos sin servicio, eso no es vertebrar un territorio.  

Hay que diseñar un tamaño óptimo de localidad (y apostar por ellas) que puede variar entre los 5.000 y los 25.000 habitantes y trabajar en su viabilidad y diseño de futuro. Y un tamaño óptimo de ciudades entre los 50.000 y los 200.000 habitantes como núcleos óptimos donde debe entrar todo y de todo.  

A partir de los 500.000 habitantes la vida en ciudad se complica, a partir del millón se complica algo más y es difícil revertir los problemas de su diseño histórico. A partir de dos millones la ciudad vive ya con las enfermedades del pasado y se le van añadiendo algunas nuevas. 

¿En qué tamaño de localidad, de ciudad…, las familias con menos recursos tienen más posibilidades para ser excluidos y no poder encontrar soluciones a sus problemas? 

Una persona o familia con grandes posibilidades económicas puede vivir encerrado en un castillo y creer que vive feliz. Eso no marca la calidad del entorno ni de la ciudad que lo cobija. hay muchas urbanizaciones cerradas en las grandes ciudades que no garantiza nada. 

Las Prestige Communities no indican calidad de vida ni son algo sobre los que tenemos que edificar nuestros deseos de futuro. En cambio las comunidades de pobreza sí indican la salud de una ciudad. Y aunque no estemos inmersos en esas comunidades de pobreza, aunque vivamos en viviendas y barrios de calidad y con servicios, al futuro de nuestra ciudad —sea del tamaño que sea— le marcan mucho más las Comunidades o Barrios de Exclusión y Pobreza, que las Comunidades de Prestigio y Cerradas.  

Ante cualquier crisis, si no se curan las heridas sociales antes de que se contagien y se multipliquen, se pierde calidad como sociedad. Aunque en su seno haya grandes Prestige Communities. 

Ejemplos como algunas grandes ciudades Iberoamericanas nos enseñan estos dramas sociales por no saben diseñar las soluciones a la hora de las crisis económicas. Crecen los barrios marginales, muy pobres y crecen con ellos los problemas que siempre van a su vera. Y aunque sea una ciudad reconocida por su calidad o sus grandes zonas de Alto Nivel, la realidad es que será una sociedad insegura, complicada, poco libre y en donde será y muy difícil poder enderezar urbanamente hablando. 

Se convertirá no en una ciudad sino en la suma de varias ciudades en donde unas siempre estarán en pelea con las otras. Es decir, las personas de unas zonas odiarán a las de las otras zonas con lo que eso supone para la seguridad, uno de los pilares de la calidad de vida. 

La pandemia actual trae consigo, sin ninguna duda, un duro revés para multitud de economías familiares, pequeños negocios, empresas sin gran capital, actividades que irán desapareciendo. Si no somos capaces de diseñar la salida de la Crisis de la Pandemia, se nos convertirá en una crisis social. Y lo sabemos, y al saberlo nos obliga a remediarlo. O a admitir que no queremos buscar soluciones antes de que sea tarde. 

Una de las derivas de estos cambios será el mercado inmobiliario, que parece siempre estable pero que sin duda con cada Crisis se mueve y mucho, aunque luego lentamente quiera volver a su posición inicial. Al no haber rentabilidad en los ahorros que se guardan en los bancos, muchas personas han optado por adquirir bienes inmuebles.  

Que durante los primeros años de esa inflación a casi Cero dedicaban al mercado del alquiler. Hasta que los oKupas han empezado a destrozar ese mercado, hasta que las crisis hayan logrado que los impagos de alquileres crezcan excesivamente y a que se tengan que crear Leyes Anti Desahucios para evitar que familias se queden en la calle por culpa de las crisis laborales sin solución fácil.  

Hoy muchas familias con sus ahorros metidos en ladrillos se lo piensan mucho antes de sacarlos al alquiler. Pero además son tiempos malos para la compraventa pues no hay seguridad en los trabajos y los bancos no dan créditos de forma sencilla a los que más lo necesitarían. 

Y si a eso le unimos que las nuevas familias que sí pueden comprar desean viviendas de un tipo muy determinado y que huyen de los interiores, de los pisos pequeños, de las primeras plantas, de barrios conflictivos o de zonas donde no esté asegurado una zona verde cercana, la cosas se complica para los propietarios que compraron sin analizar bien la inversión, por precio barato lo que parecía que servía para ganar en la venta, antes de pensar si tendría buena venta si las cosas venían malas. 

Toda esa mezcla y movilidad entre lo que se busca, lo que se puede tener y lo que sale al mercado del alquiler o de la venta, hace que otra vez más, algunos barrios sufran mucho más que otros los problemas de habitabilidad en el futuro. El crecimiento de algunas zonas de las grandes ciudades que tuvieron una construcción casi a la vez de toda su superficie en los años 60 y 70 han envejecido también a la vez. ya no es unos edificios de un barrios los que necesitan reconversión o nuevas edificaciones.  

Es que a veces hay barrios casi enteros los que necesitan replantearse su futuro. Esponjarse, ensanchar viales, remodelar calles enteras con decenas de edificios que deben (casi) ponerse de acuerdo para ser derruidos y reconstruidos. Y en esos cambios hay que perder espacios privados para convertirlos en públicos, por la necesidad de dotar a esos barrios ahora reconstruidos en zonas más modernas, con los servicios que se necesitan hoy.

Julio M. Puente Mateo

Pandemia (23) ¿Cómo cambiarán nuestras ciudades?


Una de las actuales situaciones que veremos cambiar poco a poco tras la pandemia por el COVID es el concepto urbano de calidad, el diseño en arquitectura de viviendas, el uso de los espacios verdes urbanos y la distribución de la población entre zonas rurales o urbanas, más en esas ciudades de tamaño intermedio que no llegan a ser ciudades monstruo y que son las que más sencillo tienen para transformarse y adaptarse.

La pandemia nos ha enseñado que una vivienda de 50 metros cuadrados, de menos de 20 metros por personas que la habite, que sea interior y sin suficiente ventilación externa es una cueva inadmisible en estos tiempos. 

Y nos ha enseñado la pandemia del COVID que el uso de las ciudades, de sus espacios urbanos públicos, de sus zonas verdes o de paseo, deben complementarse y rediseñarse para adaptarlas a posibles problemas similares a los vividos en estos 2020 y 2021.

Hemos estado meses encerrados en nuestras viviendas y sabemos que en aquellas en donde las personas han convivido en menos espacio se han contagiado mucho más. Viviendas pequeñas pero también viviendas medianas usadas como simples y necesarios dormitorios por muchas personas. Tardamos muchos meses en detectar el peligro del aire, de los aerosoles de los enfermos que se mantienen en el ambiente contagioso excesivo tiempo, acumulándose poco a poco.

El contagio en esos espacios ha sido tremendo, más si eran personas con defensas bajas como los ancianos en sus Residencias internas de Personas Mayores, con zonas comunes no bien ventiladas. 

Hemos estado durante seis meses al menos sin valorar la enorme diferencia de seguridad pasiva que ofrece la calle, las zonas verdes, el aire libre frente al aire del hogar, y cuando nos hemos dado cuenta ya era finales de otoño del 2020 que es cuando con el frío menos posibilidades de defensa tenemos.

Aun así y admitido a regañadientes que los aerosoles que expiramos por la boca y nariz tienen mucho fundamento en los contagios —para los que no sirven de forma eficaz las mascarillas— y no solo las gotículas más gruesas y expulsadas con mas fuerza y que se defienden bien con mascarilla; cuanto más aire libre respiremos, más aire que no haya sido antes respirado por otras personas, menos posibilidades de contagio tenemos.

Con una mascarilla evitamos que nos entren gotículas de otra personas y evitamos también que las nuestras salgan de forma violenta al aire en esa distancia de seguridad que hemos declaramos en 2 metros. A partir de esa distancia las gotículas se caen al suelo por su peso. 

Pero con mascarilla seguimos respirando parte del aire que hay en el ambiente. Todos sabemos que con mascarilla somos capaces de oler la colonia de una persona que pasa a nuestro lado. O el tabaco. Es decir, nos están entrando a nuestra nariz aerosoles con partículas de la colonia y del tabaco. Y con ellas y de la misma manera nos puede entrar el virus.

Cuando más limpio esté el aire, menos opciones de contagio. Y eso solo se logra al aire libre, ventilando muy bien y de forma casi constante, en habitaciones o espacios amplios, con techos muy altos, etc. La capacidad de contagio no es la misma en un teatro con altísimo techos y donde la gente está pasiva, que en una discoteca con techos bajos y donde la gente grita y canta expulsando más respiraciones de forma violenta.

Esta misma natural aseveración nos lleva a tener que saber utilizar mucho mejor los espacios públicos para defendernos y para dotarlos de una vida activa y de uso que no sea el fácil y simple “cerrar sus actividades”. 

No tiene lógica de defensa contra el virus que se mantengan abiertos los grandes Centros Comerciales con miles de visitantes compradores durante cada día, y los deportes de masas como el fútbol se tengan que celebrar sin público aunque se practican en espacios amplios y abiertos al ambiente y normalmente con enorme ventilación.

En estos meses hemos sido capaces de cerrar todos los bares y restaurantes de grandes ciudades, pero solo tímidamente y por algunas horas de días festivos hemos decidido cerrar avenidas al tráfico para convertirlas en peatonales lo que facilita las distancias de paseo entre personas. Se quería tener a la sociedad en sus casas y no se quiso dotarles de elementos de paseo añadido y cercano a sus viviendas para que disfrutaran de aire limpio. 

Es una decisión como otras que resultan curiosas, pues se olvidan de algo fundamental: las personas necesitan salir, cambiar sus paredes por otros puntos de vista, respirar aire nuevo sobre todo si viven en espacios pequeños.

Las actividades complementarios en los espacios verdes durante la primavera y verano de ese 2020 fueron nulas en casi todos los casos. Todas las ciudades tienen zonas verdes poco visitadas y sobre las que se debería haber incidido provocando paseos que dividiera a las personas entre más opciones. 

Paseos de pocos kilómetros repartidos por los diversos barrios de las ciudades y que además contaran con añadidos culturales o de arte en la calle que provocaran el uso alternativo al bar, a estar en casa encerrados respirando el mismo aire y sobre todo el ir a Centros Comerciales como único entretenimiento social barato.

El hecho de que todo el trabajo de defensa contra la pandemia haya recaído casi en su totalidad —en España al menos— sobre la Sanidad y sus técnicos, ha evitado que se crearan mesas de trabajo urbano, sociológico, incluso estadístico o económico que fueran capaz de encontrar nuevas opciones de defensa y de reforma de nuestras vidas censuradas, confinadas, coartadas por la pandemia. En todos los barrios existen anchas calles que se deberían haber rediseñado como zonas de paseo para añadir a las que ya tenemos.

Crear actividades de calle pensando en que nunca deben juntarse personas por cercanía y manteniendo una distancia de seguridad era un nuevo reto para quien sabe de eso, hay muchas maneras de recrear en tiempos de crisis usos alternativos a los espacios urbanos. No se trataría de crear una gran escultura en cada plaza, sino de desperdigar por las avenidas distintos conceptos artísticos, poesía, frases de ánimo, globos de colores, luces, etc.

Pero lo que sí ha quedado claro, ante la falta de iniciativa pública para dotar de más aire fresco a las personas, a los habitantes, es que cada uno de nosotros hemos puesto en valor esa necesidad de espacio añadido en nuestros hogares.

Tener en tu propio piso una terraza a la calle, al aire, tener un pequeño espacio verde, tener un terreno alrededor de tu vivienda, que esta sea exterior y nunca interior, que tenga al menos 25 metros por habitante del hogar o que disponga de una habitación multiusos que se puede convertir en oficina de teletrabajo o gimnasio o espacio de juegos o de cine en casa, es ya parte de las necesidades de futuro. 

Esto encarecerá la vivienda, o no, pero sin duda se valorará de otra manera las opciones de compra venta futura, y el mercado dirá el resto.

Y por eso es posible que a corto y medio plazo una parte de los ciudadanos que en los últimos años estaban volviendo a la ciudad desde sus adosados en zonas rurales cercanas, se lo estén volviendo a pensar. Y por eso quien se quiera volver a la gran ciudad buscará alternativas lo más similares a esos espacios amplios del adosado como pueden ser los áticos o las viviendas con nuevos diseños. Incluso las urbes con más opciones horizontales o con más zonas verdes en su interior.

En ciudades enormes como New York se ha optado por permitir que los bares, restaurante o incluso tiendas, puedan invadir las aceras y parte de las calzadas para ofrecer lo que ya no es aconsejable tomar dentro de un local. Es un primer paso. Pero desde antes de la pandemia ya era normal ver en Manhattan grandes calles recuperadas para los peatones donde a modo de Islas Urbanas se les había añadido mobiliario urbano en medio de las calzadas por donde habían circulado miles de coches antes, para dejar muy claro cuál era el uso a partir de ese momento.

Julio M. Puente Mateo


14.4.21

Pandemia (22) ¿El futuro dependerá de las máquinas o del contacto táctil?

La tecnología todavía está siendo dominada por los seres humanos
, pero cada vez menos y en peores condiciones. Diríamos que muy pocos humanos dominan la mucha tecnología que domina a todos los humanos. Y que lo único que nos falta como humanos para perder todo el control, es que las máquinas o la tecnología sepa dominar a esos pocos humanos que diseñan y toman las decisiones de seguir diseñando y creando opciones cada vez más tecnológicas. 

La inteligencia artificial es una palabra muy ambigua y que de momento nos sirve para entender todos estos cambios de forma fácil. Esa inteligencia artificial nos puede dominar, toma decisiones ella sola porque la hemos creado para eso. ¿Cuándo podrá tomar decisiones contra los que la diseñan?

De momento no tiene sentimientos y eso es un fallo corregible, y tampoco tiene toda la libertad del mundo para controlarse así misma. No puede (casi) conectarse ella misma si los humanos la desconectamos. Son pequeños pasos que nops hemos ido poniendo nosotros mismos para que no se nos apodere del todo, pues casi todo lo demás ya es capaz de hacerlo.

Tenemos todos en nuestro bolsillo las cadenas de la esclavitud y no lo queremos ver así. Lo sabemos, eso sí, pero nos hacemos los locos. 

Si alguien quiere y sin preguntarnos a nosotros, pueden saber dónde estamos, con quien nos hemos reunido y cuanto tiempo hemos hablado, qué hemos comprado, con quien hacemos sexo o solo cervezas, a qué dedicamos el tiempo libre y cuando tiempo permanecemos agachados o de pie. Saben cuántas horas dormimos y si es sueño de calidad o no, y además a qué horas dormimos más profundamente. 

Si todo eso lo convertimos en estadísticas y lo repartimos gratuitamente a cualquier que quiera leer esos datos, saben cuantas personas hay despiertas en una calle, cuanta carne de cerdo se ha vendido el lunes en relación a otro lunes y qué tipo de coche circula más o menos por una hora determinada en una ciudad elegida o en todas.

Saben de nuestros ahorros y a qué los dedicamos, pueden detectar cuánto dinero negro manejamos y para qué lo empleamos aunque sea negro, y de qué amigo nos debemos fiar más o menos aunque nosotros no lo sepamos pero las máquinas si quieren sí lo saben. 

E incluso sabemos ya que nos pueden reconocer de forma artificial con su propia inteligencia de máquinas, para saber cuando paseamos y que en media docena de años si no es antes la base de datos con nuestras caras será accesible a toda las policías que sean “amigas” entre ellas, para detectar si nos comportamos bien o mal.

Y la inteligencia artificial sabrá decir en cada momento quién es el que sale en el vídeo y junto a qué otras personas se encuentra. Y si lo quieren hacer, nos podrán marcar en sus fichar de cada uno de nosotros a qué manifestaciones vamos, qué tipo de relaciones personales tenemos y añadirnos ceros o unos sin que podamos controlar qué quiere decir eso que ponen de nosotros. 

¿Cuántas casillas de nuestras fichas personales son tan personales que no las conocemos ni nosotros mismos?

Todos estos procesos están ya entre nosotros. En las ciudades importantes del Reino Unido ya hace muchos años que hay decenas de cámaras de vídeo grabando todo, incluido en los interiores de los autobuses urbanos. A veces en algunas esquinas te puedes encontrar con media docena de cámaras de vídeo diferentes de distintos organismos o particulares. ¿Qué se hace con esas imágenes? 

Pues nos imaginamos que procesarlas, y luego borrarlas, pero en ese procesamiento se obtienen datos, y es eso lo que se busca. Los datos se puede interrelacionar con otros muchos más datos. Las imágenes de vídeo en realidad no pues requieren tiempo para revisarlas y cuando hay millones de horas ya no sirve tenerlas guardadas.

Lo importante no es tener muchos datos, sino saber buscarlos, ordenarlos e interpretarlos. 

Si tenemos 200 sellos en nuestra colección la podemos disfrutar contemplándola. Pero si tenemos dos millones de sellos ya no nos sirve de nada pues la inmensa mayoría no nos trasmiten nada, no tienen valor para nosotros al estar dentro de tantos sellos. La información es exactamente igual. 

Pero el “sistema” quiere tener mucha información de todos pues que tan importante es reunirla como procesarla y convertirla en información legible y manipulable por las máquinas.

¿Nos dominarán las máquinas? Digamos que las máquinas tendrán una función cada vez más amplia y potente. Es lógico si pensamos en que hay poco trabajo, debe ser repartido, y los trabajos más penosos no tiene sentido que lo hagan personas. Pero en esa división hay mucho de lo que hablar. 

¿Limpiarle el culo a un enfermo es un trabajo penoso? Si admitimos que sí… estamos admitiendo que deberíamos programar a una máquina para que limpiara el culo de los ancianos. Y entonces admitimos también que esos trabajos relacionales y de contacto no siempre deseado entre personas… también habría que ir pensando en programarlos para que los hicieran máquinas.

¿La prostitución la podrían ejercer máquinas? ¿Tendríamos que saber programar máquinas para que nos dijeran que tenemos una enfermedad grave y así evitar el sufrimiento del médico? ¿Los fontaneros que limpian nuestros desagües son trabajos a recomendar de forma personal en el futuro? ¿Y los camareros a los que les gritamos con chasquidos de dedos para que vengan a servirnos con urgencia?

Todo esto es posible acelerarlo o no, depende de muchos factores y una pandemia mundial que dure más de un año al menos, es un momento crucial para que algunas decisiones se tomen. Hoy ya no podemos acudir al médico público, sino llamar por teléfono y esperar a que él te llame. Pero eso mismo lo hemos copiado en las peluquerías, en la óptica, en las tiendas de calzado, en los restaurantes, en el mecánico de coches.

Ya no existe la presencialidad como hace menos de un año. ¿Volveremos a recuperarla? ¿En qué grado se perderá y sobre todo en qué medida será sustituida por una atención de máquinas? 

Hoy (antes de la pandemia también) acudes a una empresa de comida rápida, digamos de hamburguesas, y ya no pides comida a una persona, lo haces a una máquina que con una pantalla te va ofreciendo opciones. Y te cobra y te pide propina y te sugiere que hagas un donativo a una ONG. Y te da un papelito que guardas hasta que aparece en otra pantalla como comida servida y te la entregan, de momento eso sí, una persona. 

Pero es cuestión de muy poco tiempo que con el código QR te  entreguen la comida en un cajetín que abres con dicho código.

Las máquinas no son capaces de programarse y sobre todo no son capaces de pensar, de reflexionar sobre su propio futuro. Saben hacer muy bien lo que se les programa que hagan, incluso parecen que piensan ellas solas como en el ajedrez, pero todavía no son capaces de reaccionar si el otro jugador da un manotazo a la mesa y se caen las piezas al suelo.

Las auténticas máquinas con poder relativo son seres humanos que son capaces de ordenar a las máquinas que se comporten como seres humanos. 

Ese es el peligro. Donald Trump decidió nada más entrar al poder de los EEUU que él era el Poder, que él era los EEUU y que lo básico era estar todos los días en los sueños de los americanos. Le importó tres pelotas si era para amarlo o para odiarlo. Es caso era que todos soñaran con él. Creo que lo logró muy bien, casi como si él fuera una máquina del poder. 

Con ejemplos como Trump no se necesitan máquinas que nos manipulen, él y sus colegas que los va despidiendo con furor incluso cuando no obedecen, son suficientes para dominar las máquinas. Luego estas dominan a las personas. La guerra de los datos, de la información es la capaz de dominar al mundo. O de hundirlo.

En algunas ocasiones se cae Google en medio mundo, deja de funcionar como programa buscador, pero también dejaron de hacerlo todos los programas de su compañía. El mundo pareció pararse. Dejó de funcionar el correo electrónico con más clientes, los blog, alguna red social, YouTube y sobre todo parte de esa “nube” en donde guardamos los datos y que nos permite trabajar conjuntamente sobre un documento desde distancias diversas. 

Un trabajador no podía continuar con su documento alojado en la nube y lo peor de todo. NO SABÍA EL MOTIVO. La incertidumbre se apoderaba de su trabajo presente y pasado. ¿Dónde ha quedado lo que he ido haciendo hasta ahora? Debemos replantearnos que es peligroso depender de la tecnología de “otros”. Pero enseguida se nos olvida todo.

¿Quién controla estos servicios ya imprescindibles? ¿Quién tiene el botón de apagarlos? ¿Qué contienen sus tripas que no vemos, dispuestas a defenderse si ellas mismas quieren? ¿Qué nos han podido meter en nuestras tripas del bolsillo sin preguntar, para podernos atacar si en un momento dado ellas necesitan defenderse? Estamos todo el día conectados con los EEUU, este mismo documento se crea a la vez en mi ordenador y en esa nube curiosa que controla Apple. Es comodísimo.

Puedo estar escribiendo en mi ordenador de casa, continuar en el iPad en el tren, y terminar de rehacer los cambios en el ordenador de mi hijo. Maravilloso. El documento parece que lo tengo yo, pero lo tiene Apple. 

Yo solo accedo a él y si acaso me hago copias para tenerlas guardadas. ¿Pero si un día Apple decide que ya no me deja entrar en “SU nube”? ¿Y si las copias de esos documentos, guardadas en mi ordenador llevan un código que si no puedo entrar a Apple no se dejan abrir? 

De hecho estos documentos se escriben con un programa gratuito de Apple: el Pages. Fabuloso y gratis. ¿Y si un día deja de existir o de funcionar? ¿Quién podría abrir esos documentos míos? Mientras seamos amigos de Apple o de los EEUU esto nunca sucederá. Lo sé. ¿Y si me vuelvo como país, un enemigo de quien domina esto?

El poder no es simplemente aparentar que se tiene poder, sino prepararse por si fuera necesario demostrar que se tiene poder y se quiere defender ese poder. Y en la medida en que no somos capaces de controlar o simplemente conocer el poder de los otros, no somos capaces de entender las defensas que podemos hacer.

En realidad la tecnología somos nosotros pero convertidos en cachibaches dispuestos a trabajar por nosotros. 
Son nuestros deseos convertidos en máquinas, para poder controlar más con menos trabajo y nulo sueldo. 

Tener esclavos gratuitos es el lujo de estos tiempos. Máquinas que cocinas por nosotros en nuestras casas, máquinas que nos barren los suelos y que controlamos desde el teléfono, cámaras que nos dicen quien ha entrada en nuestro portal, aparatos para hacernos un café espumoso a las 11 de la mañana sin hacer nada que no sea ir a buscar la taza pues todo lo demás ya lo hemos programado antes, consultar telefónicas para que nos digan si nuestra forma de mear es la correcta, plátanos comprados en Bali sin movernos de casa y que nos llegan perfectamente envueltos 48 horas después de pagar con unos números. 

Tenemos lo que nos proponemos. ¿Sexo? Pues tenemos chupadores, o sopladores, absorbentes y desorbentes, sexo virtual con sonido o con imagen. pero en cambio está prohibido darnos la mano y un abrazo ya es pecado mortal.

Eso parece ser el futuro, pero es mentira. El futuro será volverse a tocar, abrazarnos o abrazarse casi con gula, tocarle y sentir el calor de una mano amiga. Y si eso no es el futuro, seremos tan imbéciles que no nos lo merecemos y lo mejor sería apagar el tinglado y dejar que sean las cucarachas las que dominen todo esto.

Julio M. Puente Mateo

10.4.21

Pandemia (21) ¿Hasta cuándo durará la pandemia? ¿A quién afectará más?


Esta pandemia del COVID19 será mucho mas larga de lo que nos imaginamos y durará años escondida por el mundo. No sabemos bien cuándo comenzó, se dijo en un principio que en diciembre del 2019, se sabe ahora que en aquel otoño ya estaba circulando por China, Italia y España al menos. No será fácil ir más atrás en el tiempo, pero sería necesario saber en dónde se produjo el contagiado 0 y en qué lugar sucedió esto para intentar adivinar los motivos de esta desviación de un virus desde posiblemente animales salvajes (o no) hacia los humanos. 

Estas incógnitas, muchas y muy importantes, nos serviría para intentar prevenir futuras secuelas de contagios similares, de los que hoy desconocemos todo. Esta no será la última pandemia de la humanidad y por eso hay que estar prevenidos y conocedores de los motivos. 

Sin saber cuándo, dónde y porqué comenzó todo, es más complicado saber en qué punto lograremos hacer desaparecer esta enfermedad. Algo que hoy se nos antoja todavía casi imposible. O incluso en qué momento seremos capaces de convertirla en crónica y en no tremendamente peligrosa, ni para las personas ni para todas las economías de funcionamiento social.

Las vacunas son el principio del fin si funcionan bien, pero las dudas de estos primeros meses del 2021 nos complican las verdades. ¿De verdad se puede ser tan torpe informando tanto y tan mal de los efectos secundarios de las vacunas? ¿Alguien se lee los prospectos de las medicaciones que toma y con ellos en la mano decide si sigue el tratamiento no lo suspende?

No sabemos si la inmunidad de las actuales vacunas será similar en todas las edades, cuánto tiempo durará esa defensa adquirida, si mientras estés vacunado puedes seguir cogiendo la enfermedad aunque no te produzca problemas —pues estés preparado para defenderte y vencerla— y si en esos periodos de lucha interna pudieras ser o no contagioso hacia otras personas que no estén vacunados. 

Excesivas dudas importantes que nos irán descifrando según vaya pasando el tiempo. Es imposible saber —sin ese tiempo ya consumido desde la vacunación— durante cuántos meses resultas inmune a desarrollar internamente y de forma grave la enfermedad.

Todavía no existe un tratamiento para la enfermedad, tampoco un sistema profiláctico que evite los contagios —excepto el confinamiento— o incluso que estos se pudieran retrasar hasta que el enfermo contagioso tuviera síntomas y no como ahora que empieza a contagiar unos 4 días antes de que él mismo sepa que está enfermo. 

Queda tanto trabajo por delante para doblegar la enfermedad, para dominar sus efectos sociales sobre todo, que nos espera un 2021 complejo, nada fácil, y donde todavía veremos sustos repartidos por diversas zonas del Planeta. Mientras la inmunidad de rebaño no se logre en casi todo el mundo, no será posible hablar de una dominación clara de la pandemia del COVID19. Y eso tardará años en globalizarse, cuando en cambio el contagio globalizado se produjo en semanas.

Algo hemos tenido que hacer de forma equivocada para que haya países con datos tan dispares de contagios y fallecimientos. Uruguay con tres millones de habitantes tiene 1.300 muertos por COVID pero la inmensa mayoría en los últimos meses y no puede ser considera un país sin libertad de control e información. ¿Su sistema? Pues parece simple según cuentan ellos mismos, y dicen que ha consistido en hacer test masivos a sus habitantes con su propio sistema de PCR que no dependía de ningún otro país. Su frontera con Brasil fue un punto crítico donde pusieron laboratorios en el lugar para evitar la llegada de contagios de fuera, hasta que en Brasil se desbordaron los contagios.

El número de personas en Uruguay que han pasado por los test es alto pero tampoco parece ser solo ese motivo. Mucho test y sobre todo muy rápidos, antes de que los contagios se convirtieran en imposibles de controlar. Aun así en este Otoño español ellos en su primavera han subido los datos de contagios. ¿Cómo se moverán en el futuro? Las cifras no están todas escritas.


Cambios muy altos en el número de contagios están teniendo en esta inicio de 2021 en países que se habían comportado aceptablemente antes. La India, Turquía, Argentina, Irán, Filipinas, Paraguay, el propio Uruguay o Cuba están sufriendo unos contagios muy superiores en porcentaje a los sufridos en el año 2020.

Dudamos de en qué punto de la pandemia estamos, pero ayer mismo 9 de abril 2021 tuvimos en todo el mundo 786.000 contagios, dentro de las cifras más altas de los peores día de 2020. Y tenemos ya a muchos millones de ciudadanos vacunados aunque mal repartidos entre países. Anteayer tuvimos 746.000 contagios. Comparados con los menos de 400.000 contagios a principios de febrero de 2021 vemos que las cifras han subido mucho incluso en los mismos tiempos en que subían las vacunaciones. Incluso el 22 de febrero de 2021 se contabilizaron 287.920 contagios en todo el mundo, muy alejados de los actuales. 

Pero hay que insistir que los contagios en sí mismos no son la mayor gravedad de la pandemia. El terremoto de este proceso se esconde debajo de todos estos datos. El Mundo Nuevo será eso, nuevo y en donde unos países saldrán fortalecidos y otros muy debilitados. Debajo de toda pandemia histórica hay un trabajo soterrado de estrategia histórica. 

7.4.21

Pandemia (20) ¿Cómo quedarán los supermercados y el comercio tras la pandemia?

Si algo va a cambiar tras la pandemia será las formas del comercio urbano por efecto de la globalización, empujado por el tipo de consumo al que nos hemos tenido que ir acostumbrado en estos muchos meses de confinamiento en mayor o menos grado. Durante marzo y abril de 2020 no podíamos salir más que a una distancia máxima de 1 kilometro de tu hogar y solo una persona. En el inicio del otoño 2020 con la Segunda Ola se frenaron totalmente los viajes y se tuvo que consumir huyendo de aglomeraciones en la medida de lo posible.

Esto hizo que nuestras formas de consumir se transformaran en otros procesos qua ya estaban entre nosotros pero que iban penetrando poco a poco y la pandemia aceleró. La venta online por internet, tuvo el empuje que todavía no sabemos bien medir. Algunos fabricantes supieron defenderse a costa de saltarse las redes comerciales.

Millones de españoles aprendieron/aprendimos a comprar por internet, a notar la comodidad de que te traigan a tu casa lo comprado, sea lo que sea, aunque fueran productos que nunca habías visto en tu ciudad. Y a unos precios similares cuando no más bajos, con una rapidez alta y con la posibilidad de poder cambiar o devolver si aquello no te gustaba. Además de anotar que eran pocas las veces que los comerciantes fallaban con sus productos. 



Pero además descubrimos que se podía comprar un producto cárnico de Extremadura, unos zapatos de Elche o un producto electrónico de gran tamaño fabricado en Japón o en Corea. Y que además lo comprabas a los mismos productores, fueran marcas muy conocidas o no, o lo comprabas a grandes marcas de distribución de productos que te permitían elegir sin moverte de tu silla y leyendo las opiniones más o menos libres de otros consumidores.

Si en 2018 yo ya había comprobado en New York el futuro de las ventas por internet a base de utilizar centro de recogida de paquetes en cada barrio, aquí en España además de las agencias de reparto ya conocidos el propio Correos ha realizado un cambio tremendo que facilita incluso no tener que estar en casa esperando la llegada del repartidor.

Sin duda el futuro es la compra online aunque esto suponga a medio o largo plazo el cambio total del tejido comercial del pequeño comercio de barrio, que se tendrá que transformar. 

Hay que advertir que ese mismo pequeño comercio de barrio también ha salido beneficiado de la pandemia de una manera distinta, pues hemos tenido que entrar a comprar cerca de casa ante los confinamientos, hemos descubierto su servicio y su calidad, su amabilidad y lo hemos puesto en valor. 

Un barrio sin comercios es un barrio en vías de morir y sin duda de ser más inseguro. ¿Quién pues va a fallar en cuanto salgamos de la pandemia?

Sufrirán las tiendas de barrio que no estén preparadas para los cambios que se avecinan. Calidad, servicio, horarios extensos, precios competitivos. Pero también las tiendas medianas que no sepan especializarse. 

El mundo del pequeño comercio que sobreviva lo será si sabe encontrar su nicho de mercado especial, distinto, adaptado a sus clientes de zona, sin una excesiva competencia y un buen servicio. Un Supermercado mediano excepto en alimentación lo tiene muy complicado excepto que sepa mover su nicho de productos de forma que se ofrezca diferenciación.

El caso del Supermercado LIDL es tremendamente ejemplar. Productos cada vez de más calidad, muy diferentes a los que te ofrecen en otros espacios comerciales, uniendo productos más baratos que nadie con precios normales cuando su producto no tiene competencia clara. 

Todo el mundo tiene claro a qué precio está el kilo de pollo, pero no tanto el precio del queso holandés con trufa. Debes vender el pollo al precio más competitivo y ofrecer un servicio de productos únicos que sean la firma comercial de tu local. 

Si quieres comprar un bloque de foie de pato debes ir a donde sabes que está reconocido como bueno y a un precio competitivo, aunque no sea tan bajo de precio como para ser comprado todos los días. Unos productos son el gancho por el precio, y otros productos son el gancho de la especialización y calidad.

Los nuevos grandes supermercados saben que deben convertir sus espacios en lugares para asombrar además de para ir a comprar en competencia con internet. 

Hay que ofrecer productos nuevos y exclusivos que vayan rotando cada poco tiempo, ocio junto a los servicios clásicos de venta, servicios múltiples que ofrezcan al cliente algo más que la simple compra semanal. 

Quien lo sepa realizar tendrá más clientes y los tendrá retenidos durante más tiempo en sus instalaciones. Como siempre, se trata de lograr que el cliente entre por la puerta, se comporte de forma organizada según un diseño comercial, y que esté un tiempo suficiente para ver “todo” lo que se le ofrece.

El consumidor en la medida en que se encuentre en barrios que no sean los clásicos dormitorios, acudirá en mayor medida a comprar los productos de primera necesidad a su zona de influencia. Pero no así en el resto que dudará si comprarlos en grandes tiendas donde pueda “tocar” y asesorarse, o en internet donde podrá observar todos y decidir junto a las opiniones de otros consumidores. 

Amazón en sus librerías de los EEUU pone desde hace muchos años y junto a los libros que vende, notas con textos de lectores sacadas de las opiniones colgadas en la Red. Opiniones anónimas que ayudan a entender qué libro queremos comprar. Pero opiniones filtradas por el propio vendedor para impulsar la venta de unos u otros libros según al nicho de mercado que deseen potenciar.

Vamos a observar en los próximos años (puede que meses) a sectores comerciales que lo van a pasar realmente muy mal. La incógnita es la restauración pero sabemos que algunos comercios relacionados con la cultura como las librerías pueden tener que replantearse sus servicios. También algunos de alimentación básica, de servicios que se verán saturados como peluquerías, incluso el crecimiento de los Seguros Médicos familiares y privados hará que los odontólogos que vayan por libre lo tengan realmente complicado.

Los cines tras la avalancha de venta en televisores grandes y de calidad verán complicado poder continuar con las mismas funciones que antes. Los periódicos en papel y las revistas lo tendrán muy complicado para sobrevivir diariamente, incluso la publicidad en televisión ya en claro decrecimiento se estará planteando cambios hacia donde está el telespectador que sabe y puede gastar sus ahorros. 

Las Agencias de Viaje tendrán que inventarse servicios añadidos y viajes muy personales, pues no será fácil (simplemente mandar) a destinos habituales sino a lugares con valores de turismo que sean añadidos a los clásicos. Aunque a veces seamos capaces de descubrir lugares cercanos realmente interesantes, distintos y preparados para ofrecer algo novedoso.

El coche eléctrico se irá imponiendo poco a poco y es el momento del cambio de los fabricantes, pero los transportes públicos lo tendrán peor que antes, tras el declive que están teniendo en este 2020. El usuario vuelve a su coche o cambia hacia bicicletas o métodos personales de transporte que realmente funcionen y sean cómodos. 

La pobreza aumentará y eso supone un movimiento en el consumo que se notará en el tejido comercial más débil, mientras que el de mayor poder adquisitivo sabe encontrar métodos de compra que son muy plurales y globalizados.

Julio M. Puente Mateo

6.4.21

Pandemia (19) ¿Estamos ya dentro de una sociedad líquida?


Una de las ya constantes aseveraciones que nos vamos haciendo a la hora de reflexionar en estos tiempos históricos de pandemia es si no estaremos ya dentro de una sociedad liquida, donde todo se adapta a su contenedor, donde todo cambia de forma según los movimientos, donde incluso puede cambiar de estado (hielo, agua, gas) según la presión a la que sometamos a la sociedad. 

Los detalles que vemos nos indican que sí, que es posible que ya se haya logrado doblegar la sociedad por burbujas geográficas, para poderlas trabajar, cambiar de aspecto, reconvertir según como vayan necesitando los que realmente mandan y que no conocemos.

Durante siglos cuando algo se convertía en una explosión de cambio, simplemente explotaba y se producía ese cambio, fuera a mejor o a peor. 

Pero ahora da la sensación de que las fuerzas dominantes han logrado crear unos sistemas mucho mejor preparados, para poder dominar el punto de explosión y dominarlo, retrasarlo, hacerlo girar hacia otro punto mucho más suave. 


Y esos sistemas muy hábiles de conocimiento de la sociedad, de sus propias inteligencias emocionales de defensa, hace que sea mucho más sutil dominar los procesos de cambio, de ruptura sobre todo, de explosión.

Y por ello además de convertir en líquida la sociedad, convertimos en líquido cualquier otro elemento, sean mercados, empresas, ciudades, familias, relaciones, amistades, etc.

No hace tantas décadas se tenían los amigos para siempre, y los enemigos también para siempre. Incluso se heredaban los amigos y los enemigos. Todo parecía mantenerse en el tiempo durante décadas. Ahora ya todo es distinto y por ello más peligroso, pues tendemos a no fiarnos de los amigos o familiares o parejas, pues sabemos que pueden pasar en cuestión de momentos a convertirse en tus enemigos más feroces. 

En tu empresa sucede lo mismo, y con tus clientes o tus proveedores. Antes un Banco era un lugar donde te conocían y te trataban con arreglo a lo que habías sido y lo que creían que podían lograr ser. Ahora un Banco es un lugar donde siempre hay personas distintas atendiendo al cliente para que no haya relaciones duraderas y donde tú, como empresa, eres unos números escritos en una pantalla a la que no tienes acceso. ¿Cuantas casillas de tu ficha no conoces?

Junto a tus números activos, tienen unas claves que le indican al que lee si eres de fiar, si hay que tratarte con dureza, si eras positivo o peligroso. No necesitan conocerte, ya te han puesto la etiqueta y eres eso, simplemente eso: Lo que pone la etiqueta. 

Eres líquido pues dependes de esa etiqueta que desconoces, pero en cualquier momento te pueden cambiar los datos y sin saberlo convertirte en Reserva o en Granel. 

¿Quién tiene el poder de chequear tu etiqueta y cambiarla?

Durante décadas (o siglos), al menos teníamos claro qué eran las ideologías, las religiones, los modos de las ciudades Estado, las formas de relacionarnos, nuestra vida laboral. 

Quien era carpintero lo era para toda la vida. Quien estudiaba para escribiente lo era hasta morir de no se sabía qué. Ahora puedes estudiar química, estar dos años de camarero temporal, para estar luego otros tres de repartidos de pizzas y terminar de contable en la oficina de un cuñado que se dedica a los viajes de novios. Esto tampoco durará mucho, hay que prepararse para otro oficio en el mismo momento en que entras en el siguiente.

Los católicos se dividen en decenas de distintas familias diferentes, los de izquierdas ya no son tan sociales como antes y los de derechas a veces son pobres y trabajadores que madrugan más que las calles. Un periódico es de una forma de pensar hasta que lo compra otro dueño distinto y empieza a comentar las noticias desde otra óptica. Y lo curioso es que los clientes no cambian de periódico, sino que cambian de opinión a la vez que el periódico.

No han comprado esos empresarios una empresa de comunicación, han comprado a una parte de la sociedad que como es líquida se ha convertido en “otra” cosa. 

Es una de las ventajas de la sociedad líquida, y es que en su capacidad de adaptación, lo hacemos tan rápido que a veces no pensamos lo suficiente. 

¿Ya no venden churros con chocolate? pues los compramos sin chocolate, pero no vamos a buscar otra tienda en donde los sigan vendiendo con chocolate. Nos adaptamos con suma rapidez.

Una sociedad líquida es la que está formada por personas líquidas, por gente que pueden cambiar de color por la moda, que no tienen unos cimientos fuertes o no los tienen de cemento sino de goma de mascar. 

Para los terremotos es bueno tener cimientos flexibles, pero fuera de esos extremos puntuales es mejor tener unas ideas más o menos estables, para que el mundo esté estable.

Pero lo curioso es que los que ya somos líquidos —casi todos— lo somos porque nos van programando poco a poco para serlo. 

Hay que estar adaptado a la realidad y hoy se necesitan modos y modelos de liquidez en casi todas las funciones vitales. Compramos lo que nos dicen y eso es ser líquidos pues nos adaptamos al envoltorio que nos han montado “otros”. No compramos lo que necesitamos, sino lo que nos hacen creer que necesitamos.

Un ejercicio complejo pero maravillosamente eficaz para los que lo practican. Ya no se trata de dominar a las personas como si fueran esclavos sin opinión, sino de darnos la libertad de tener opinión aunque no la escuchan, pero a cambio sentirnos libres para consumir lo que ellos programan que consumamos. 

Todo el sistema se afianza ya, no en trabajar mucho y gratis sino en consumir mucho lo que produces. El beneficio está en la diferencia de precio entre lo que cuesta y a lo que se vende. Entre lo que te pagan por producir y lo que puedes comprar y consumir con esos dineros. Es un juego de sumas y restas.

Y es una pelea contra otros productores, contra otros iguales que también producen e inciden en el mercado del consumo. El beneficio se obtiene en la pelea con la competencia.

Y para esa pelea necesitan tener unos mecanismos moldeables que faciliten las interacciones de los que realmente dominan todo. Tenemos que ser líquidos todos los demás. Los que consumimos, los que producimos, los que opinamos, incluso los que criticamos para moldearnos a las necesidades de los que realmente mandan y gobiernan, que ninguno de ellos está en el Gobierno de ningún país.

Tras la pandemia de la COVID nos necesitarán más líquidos que nunca. 

Ahora ya nos necesitan muy adaptables a las órdenes del confinamiento, de quedarnos en casa sin consumir, simplemente porque saben que cuando abran las vallas saldremos raudos a comprar con todo lo ahorrado en estos meses encerrados.

Dicen que en España se ha aumentado el ahorro familiar en 47.000 millones de euros. Eso para los que dominan los procesos es fabuloso. Nos conocen y saben que empezaremos a consumir como posesos, que ese dinero nos escuece, y recuperarán los ritmos de facturación de forma rápida. 

Pero… pero no todos por igual. Quien domine sus sectores de influencia, lo conseguirán hacer mucho mejor, más barato y más beneficioso para sus intereses. Y para ello no quieren encontrarse rocas enfrente, sino líquidos que quieran amoldarse a sus botellas de referencia.

Lo curioso es que no hay ninguna garantía de que sepan utilizar bien nuestra capacidad de modulación. No siempre están los que gestionan con la inteligencia social para saber gestionar bien todas las facilidades que tienen para hacerlo. Ni con pandemia ni sin ella, menos ahora con ella pues hemos dejado en manos de los técnicos en Sanidad la capacidad de gestionar, cuando el problema sanitario requiere soluciones científicas en el plano sanitario y soluciones sociales en el resto de planos que son muchos más. 

Pero hemos entregado la gestión de la pandemia a Sanidad y sus técnicos. ¿Te imaginas si la producción de leche o pan se la dejáramos gestionar sin controles externos a los ganaderos de vacas y a los panaderos? ¿A qué precio nos saldría el litro de leche y la barra de pan?

Julio M. Puente Mateo

4.4.21

Mi sociedad no pide imposibles sino gestores vivos que no sean unos "vivos"


Dice El Roto que el firmamento político está repleto de estrellas muertas. Y nos dibuja un cielo negro en donde alguien pretende escapar hacia la luna, hacia la luz. Es como si ya nadie soportara más estar aquí. En la negra muerte en vida. 

Vuelve acertar El Roto, estamos contemplando los muertes vivientes y nos los restriegan por la cara en la televisión, en todos los medios de comunicación o si son trileros menores, en las Redes Sociales propias gestionados desde La Oficina vestida de siglas.

Necesitamos vida, nueva vida, nueva sabia, nuevos sabios. Necesitamos luz, ilusión, ganas de tener ideas nuevas tras la reflexión lógica de no querer engañar a nadie ni con lo imposible, ni con lo que ya saben de antemano que no lo van a realizar nunca.

Las personas necesitamos calma, libertad para hablar, tranquilidad, paz, trabajo, justicia, posibilidades. Y sobre todo necesitamos que no nos engañen, que no nos traten como a niños de teta. 

Mi sociedad no pide imposibles sino gestores vivos que no sean unos "vivos". Entiendo que esto va por ciclos vitales, y que tras los sesenteros y setenteros, no han salido sabios sinceros y sensatos. Así que os toca a los jóvenes. Lo tenéis que hacer vosotros, o será mierda muerta lo que os dejen.

3.4.21

¿Es inevitable que nos manipulen desde el Poder? Cómo manipular sociedades


Nos manipulan, y sé que lo sabéis, y sé que os jode, pero no hay otra, nos manipulan desde hace miles de años. Si no supieran manipularnos los que ostentan el poder de verdad no podrían tener el poder de verdad muchos años. Pero han aprendido a defenderse para ganar a costa de todos los demás. No, no es una queja, no es un negativismo, es simplemente una aceptación histórica y ahora no es diferente, si acaso más sofisticado según todos vamos aprendiendo.

El Poder de Verdad tiene trabajadores que gestionan el Control y con ello la Manipulación si es necesario desde lo que llamaríamos el Poder de Gestión, y que según los siglos es distinto para disimular. 

Hoy el Poder de Gestión es democrático, lo elegimos nosotros mismos que es la forma más sutil y bonita de que se nos manipule pero de forma lenta y poco a poco, casi sin darnos cuenta. por no darse cuenta, no se dan ni los que elegimos y que son los que gestionan esa manipulación. 

No pueden hacer mucho más de lo que hacen, no lo hacen para jodernos, sino porque no se pueden rebelar. Tampoco ellos. Veamos a continuación las 10 Acciones de libro para manipular sociedades.

1/ Demos distracción y entretenimiento a las personas, Ocio y tiempo que llamamos libre para que lo usen entretenidos. Un poco de libertad no controlada funciona perfectamente.

2/ La Sociedad siempre tiene que crearse problemas, tener un problema encima de las cabezas para que luego el Sistema les ofrezca las soluciones. Eso demuestra que son buenas gentes y nos cuidan.

3/ A los problemas hay que darles gradualidad, todo tiene que ser poco a poco. Si nos aprieten mucho con la corbata no desearemos llevar corbata, pero poco a pocos nos acostumbraremos a ella.

4/ Las órdenes, los cambios, las manipulaciones si son necesarias para que todo siga igual hay que diferirlas en el tiempo, poco a poco para que se asuma sin dolor. La norma · hablaba de intensidad, esta habla de tiempo.

5/ A la sociedad hay que darle mensajes sencillos, fáciles, sin complicación, masticados, medio digeridos, como si se fuera hablar a niños de 12 años

6/ Cuando el manipulador quiere hablar a la sociedad debe afectar y poner mucho énfasis en las emociones, mucho más que en las razones y reflexiones. Hay que tocar el corazón, nunca el cerebro.

7/ Si queremos tener una sociedad manipulada y fácil debemos tener una educación deficiente. Hacerlos mediocres es un éxito, gentes sin espíritu crítico, que se fíen y obedezcan.

8/ Ser una sociedad mediocre es un éxito pues así a poco que destaques sobre esa mediocridad te sentirás mejor. Cuanta menos cultura tengamos, cuantos más personajes famosos nos hablen mucho tiempos sin añadir valores a lo que dicen, mucho mejor. Mal de muchos tontos, consuelos de los menos tontos.

9/ La culpa de lo que sucede es mía y si no es mía es de la gente como yo que no quiere obedecer, pero nunca del gobierno que hace lo que puede. Cuando la culpa es de nosotros, no de ellos dejas de pensar que rebelarte es una buena opción. Asumes que ya nos estamos rebelando, desde la desobediencia idiota.

10/ Todo esto se sustenta hoy con una realidad tremendamente real. El Sistema nos conoce mucho mejor a nosotros que nosotros mismos y sabe defenderse atacándonos o como poco controlándonos. Saben cuánto gastamos y en qué. Cuanto ganamos y qué formación tenemos. Por donde nos movemos y con quien nos reunimos a tomar cervezas. Pero no de forma individual (que también si quieren) sino de forma global que sirve para lo mismo.


Julio M. Puente Mateo

2.4.21

Pandemia (18) Necesitamos mas conocimiento en el mundo occidental


Nunca antes el saber había sido tan necesario, el saber y la capacidad de demostrar que somos capaces de convertir el saber en soluciones. Pero siendo sinceros, no hemos estado a la altura en la defensa de esta pandemia del COVID19. Tras más de un año del inicio declarado de la pandemia empiezan a surgir distintas vacunas pero no hemos sido capaces de encontrar un remedio farmacológico para evitar muertes o enfermos graves, no hemos encontrado otro remedio que el confinamiento y no tocarnos, no sabemos frenar los contagios ni evitar que puedan abrir numerosas actividades económicas con garantías. 

Estamos entrando en una Cuarta Ola en este abril de 2021 con cerca de 700.000 contagios diarios de media, y nadie sabe el motivo de este nuevo crecimiento del virus.

El conocimiento acumulado no ha sido suficiente para remediar los problemas graves de la pandemia, y hemos tenido un año para ello, es decir ya no solo estamos hablando de lo que sabíamos antes de la pandemia sino de nuestra capacidad para tener que saber más de forma urgente.

Pero no solo de la pandemia y del COVID viven las personas, y mucho menos tendrán que vivir en el futuro. 

El conocimiento será uno de los valores más necesarios en los próximos años, donde no podrá existir el descanso para paliar los problemas que nos va a dejar como herencia  la pandemia. 

Necesitamos conocer mucho más de todo, y sobre todo necesitamos repartir ese conocimiento para que se multiplique. El conocimiento no sirve de nada si lo metemos en un cajón, hay que repartirlo, hay que ponerlo a funcionar y la única manera es entregarlo a todos los demás para que eso sí, contagie de forma positiva la vida de todos. 

Todos tenemos que ser “más listos” en la medida en que cada uno pueda aportar más, ser algo más, y para ello además de acumular conocimiento entre todos, hay que saberlo repartir con un sistema educativo distinto también.

Diferente simplemente porque los conocimientos a repartir son distintos a los que había en el siglo pasado, dirigidos a todas las edades, y porque partimos de un punto de muy baja implicación de las personas occidentales, con muy poca motivación para querer seguir aprendiendo. Desde los jóvenes a los adultos. Hemos restado valor a la educación, al conocimiento, y no es fácil retomar lo perdido.

No podemos entregar el conocimiento a unas pocas personas, no es posible de cara a este siglo pensar que unos pocos tienen la obligación de saber y el resto de ir creciendo con nuestra mano de obra sobre lo que otros saben e investigan, sea de forma científica, de mercados, de recursos, de sanidad. 

Hemos entrado en una dinámica del saber, y debemos poner en valor el conocimiento como una parte esencial de nuestra forma de ser, de comportarnos. Ya no sirve para nada tener conocimiento de una parcela de tu oficio, no sirve de nada ser buen oficial de una materia, hay que ser polivalente, y sobre todo y ante los cambios tan rápidos en las tecnologías y en los oficio, hay que estar siempre preparado para cambiar de oficio, para adaptarse a todos los cambios.

Ningún oficio durará ya como antes, observaremos cambios tan importantes que si los comparamos con el punto de inicio, veremos que son totalmente distintos aunque los sigamos llamando igual, y sobrevivir ante todos estos cambios solo se logra con formación continua, con el conocimiento básico que te garantice estar a la altura de tus contrincantes en el mismo puesto de trabajo. 

Pero si a nivel individual el conocimiento será cada vez más importante, a nivel global es imprescindible, pues hemos demostrado que sin investigación suficiente los problemas se convierten en mortales para la sociedad. 

Y el conocimiento global solo se logra a base de creer en él, de ponerle financiación suficiente, de situarlo en el lugar del respeto de toda la sociedad que se merece.

Parece absurdo con lo que nos está cayendo encima reconocer que cualquier jugador de fútbol de los países más ricos de Europa que meta goles en equipos de Primera División gane mucho más que cualquier investigar sanitario. 

¿Cuántos millones de euros ha perdido Europa por no tener un remedio contra el COVID en cuatro meses en vez de en 12/24 meses? 

El conocimiento es capacidad de encontrar soluciones y de reaccionar cuando se debe, es también capacidad de ser más libres. En estos 13 meses hemos comprobado que las únicas soluciones que somos capaces de tener pasan por restar libertades personales, si el conocimiento nos hubiera permitido tener otro tipo de actuaciones contra el COVID no se hubieran restado tantas formas comunes de relacionarnos.

Durante siglos el valor de los países se medía por el número de personas, por la capacidad de sus tierras en producir valor o por sus gestiones militares. Pero ya en el siglo XV cuando España descubrió América se demostró que el conocimiento era un valor de suma importancia. De Colón por intuir que había mejores caminos para ir a las Indias, y de los Reyes de entonces por apoyar con sus dineros aquella expedición y posteriores.
Esa mezcla es la que se sigue necesitando constantemente y algunos países ya la están practicando. 

Si nos fijamos en el poder de los países del Sureste Asiático vemos que hace pocas décadas eran países muy diferentes a los actuales, mucho más empobrecidos entendiendo además que sus riquezas actuales no están todavía bien repartidas entre sus territorios. Su crecimiento ha sido en algunos casos espectacular.

Ellos lo han hecho muy bien y algunos otros, los de la competencia como en todo tipo de empresas, lo han hecho mal o al menos peor que ellos. Apostaron por el conocimiento para lograr que todo se pudiera transformar. 

Y lo curioso es que ellos lo han sentado sobre las bases de un conocimiento que muchas veces ha venido desde personas formadas en sus países competidores, o desde sus propios compatriotas que han ido a formarse a países occidentales que no han sabido rentabilizar a sus propios ciudadanos.

Desde esta zona del planeta no han logrado otra cosa que no haya sido comprender mejor que nadie dónde estaba el futuro, qué había que hacer para estar mejor preparados modificando los mercados internacionales de todo tipo, incluido el del conocimiento. Es cierto que hay otros componentes de más complicado acceso en el mundo occidental y nada recomendables además, como son sus propios sistemas dictatoriales que imponen sin cortapisas los caminos que debe emprender la sociedad. 

Pero siendo cierto, no es fundamental para que los países occidentales no hayan sabido encontrar las soluciones a sus faltas graves de apoyo a la investigación y el conocimiento, al control de los mercados estratégicos y a la auto defensa de sus sistemas de producción industrial.

Dejemos a un lado lo que otras zonas del planeta ya han logrado y centrémonos en lo que se necesita alcanzar para defendernos en el futuro. Hay trabajo remanente suficiente para plantearse cambios necesarios y en eso es donde debe estar España. 

¿De verdad el Sistema quiere a ciudadanos bien formados, críticos, con capacidad de análisis y reflexión? 

¿No será mucho más cómodo gobernar a millones de niños altos y con barba, adultos in espíritu de mejora y así poderos dominar con mucha más facilidad, sin que dejen de ser esclavos aunque nunca se lo puedan imaginar ellos/nosotros mismos?