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22.6.26

España y España. ¿Qué es España?


País ciclotímico y de contrastes, las actuaciones de la selección de fútbol, toreros y musas de la cultura pueden ser desde enaltecidas hasta masacradas con una jornada de diferencia.

Es verano y, si tuviéramos que sugerir que nos visitasen, al modo en que con enorme sentido del humor han planteado Julian Barnes o David Foster Wallace, cuando satirizó una semana en un crucero cómo una obra cumbre de la deshumanización, qué ponderaríamos para que visitaran España, mañana iremos con su “región” para tantos: Aragón.

Hubo una época, los tiempos cambian, que la unidad de España la reflejaban para muchos los suplementos culturales de “El País”, casarse por la iglesia aun no siendo creyente, el culto a los cantautores y la canción popular del multiestado, Radio 3, algunos grandes almacenes, la UNED que posibilita estudiar y examinarse en Sabiñánigo, la movida musical y Almodóvar, los toros de Osborne (a rebufo el vino Jerez y a rebufo las motos y su circuito), la marcha y la pachanga (hoy las orquestas empiezan por sueltas), el quejío y la queja, los interinos, los letreros azules con tipo de letra naif de las autovías y el sistema sanitario por áreas con un hospital de referencia. 

Quizás otras instituciones no, pero el Parlamento tampoco y un presidente de rellano, comunidad, Aragón y España con el modelo de Nixon, Dicky Tricky, sí.

¿Nos planteamos qué lista consensuada saldría hoy para auto definirnos? 

Todos somos los publicistas como todos los entrenadores de la selección y esta lista está abierta, pero vuestras aportaciones interiores y abiertas que se remitan a Aragón Digital con algo de sentido del humor. Veréis que no salen tantos puntos como parece pero la belleza es de quien se la merece. Qué instituciones españolas pensaría un comercial alemán o una argentina de viajes con un programa fuera de lo común que son indiscutibles, cuáles otras no, cómo están en revisión. 

Esta es una aportación sociológica e histórica para los que la unidad y las tradiciones superen la letra muerta negociable de la Constitución, debatan y no impongan lo que a ellos les da la real gana, y fe-no-me-nal, que espetaba Carmina Ordóñez.

Unas reflexiones de calentamiento: ¿qué música haría Beethoven si viviera hoy, a qué partido o iniciativa privada se dedicarían el Cid o Hernán Cortes (lo podemos ver arriba), quién es la presente Sor Juana Inés de la Cruz y en qué campo artístico?

Si Inglaterra, espeta Barnes, es una guapa con las tetas caídas y el hermano pequeño dólar ha sobrepasado al serio y mayor, libra esterlina, quiénes somos nosotros: ¿un bailador de aurresku?, ¿una influencer de Barna o futbolista residentes en Andorra?, ¿la danza del vientre de Graná en Marbella?, ¿el chill out y puestas de sol valen para un pantano?... ¿Somos tan jóvenes como sentíamos que éramos en los 80, europeos sin descascarillar, los de la conexión con América?

Empecemos por cuestionar algunas instituciones que nos recetan:

DE DUDOSA QUINTAESENCIA HISPÁNICA (no en cuanto a determinado platonismo, sino en el 24/7):

1.- Los Borbones, inviolables, impuestos constitucionalmente, saben que viven estrellados en gran parte del pueblo y partidos que lo representan consideran que pueden seguir como mal menor. En realidad son el pasaporte y condición suficiente para que los jefes de gobierno practiquen conflictos de interés o los países o comunidades que sienten España = Castilla, templen formalmente gaitas. Si Juan Carlos lo hacía, qué no puede hacerse más abajo; el mejor alcalde, no el Rey.

2.- El Partido Popular, en la medida en que España sea unidad inviolable, es esperpéntico en su planteamiento territorial, pasa de cubrir. Que Ciudadanos y Vox hayan pugnado y obtenido representación antes en países nostálgicos del carlismo con una derecha propia que ellos... Va a ser que no es el caso de Aragón.

3.- La dieta mediterránea, dónde la veis. Por debajo de 50 años el personal ha dejado de cocinar incluso teniendo hijos (a los que después entrenan para el Master Chef). Los milenials salvo algún hipster, viven modo tupper y salir a todo lo que dé, pulirse las dos nóminas (total, la entrada incluso en la clase media-baja se la dieron) y Mercadona lo ha visto. Luego está el kilómetro 0 que justifica que nos embalen precios de kilómetro 8000, ya no sabemos lo que vale una zanahoria, antes que eso nos la pondrán en el plato amarilla.

4.- Volver al pueblo cada verano. Ya, pero faltan las otras tres estaciones de Vivaldi. Por no decir que sobra todo el pueblo menos su piscina y campo de pádel. Y ay de quien no los tenga¡, el turismo busca autenticidad, sí, pero con unos tips mínimos a satisfacerse (playa solitaria pero si nos hemos dejado el agua o el móvil se descarga, juot, a quejarse como críos de cuna).

5.- La agricultura y ganadería de secano, los rebaños y la trashumancia. Germen de tanto derecho y de la potencia de la red de ciudades intermedias de Castilla y Aragón, España vive en agricultura de los cultivos intensivos, los invernaderos en la costa y los tocinos y vacas residentes en ciudades animales. De los sulfitos, el clembuterol y los fungicidas.

6.- Comer y beber bien y barato comida de madre en casas de comida, aquello ya pasó. El vermú con sifón es más caro por más vintage.

7.- La historia de España sin ningún atisbo de autocrítica ni sentido del humor, tal como nos la contaron en la EGB. Mira que dan doña Urraca, el citado Cid, los conquistadores de Trujillo, los ilustrados y Goya o el gran Lerroux para pasar grandes ratos, pero no. No hay que reírse de uno mismo (puedo meter a Arana, Macià y hasta a Castelao, los Baiuca, el Perro Andaluz Sánchez, Ascaso y Labordeta en la ecuación, serios astringentes unos, dura de pelar la revisión doctrinaria laica de los otros).

8.- La bandera y el himno sin letra (en fin, metamos mejor que se sienten más las otras banderas por prohibidas o no apropiadas o probemos a cantar el Asturias de Víctor Manuel o Somos del Abuelo, con el lololó y tal). No es que la bandera sea desigualmente sentida inside, es que tampoco América la siente como la de los primos católicos de Europa (cuándo habéis oído la bandera patria de la madre patria, los galeones de Manila llevaban la cruz de Borgoña).

9.- La libertad homosexual: los logros jurídicos todavía no se acompañan de que estas políticas hayan venido desde abajo. Sigue siendo difícil salir del armario en Salvacañete.

10.- El cine español: vilipendiado desde dentro, tocado y hundido. Las magníficas obras canónicas como las de Erice, Zulueta, los realistas de los 50 son ignoradas y no se consideran de culto, modelo de país. Puede que solo pase el corte de estar considerada en las dos Españas, el “Crack” de Garci. El mister Marshall o “El Verdugo” si no molestan a los ojos piadosos, será por qué no las quieren entender a propósito (comentario que no dirijo al preclaro maestro Luis Alberto de Cuenca, sino a la caspa de casino de provincias).

11.- El baloncesto, tenis, golf, regatas, esquí de montaña, coches de carreras y boxeo… seguidos solo cuando hay alguna o algún figura hecho a sí mismo.

12.- La moda de España: en comparación con la de Milán, Francia o el swinging London, a ver… Mango y Plaza son retaleros inteligentes, cooperativas de savoir faire comercial venidas a más, pero moda era Pertegaz.

13.- Volvamos a la historia: cuántos críos de los neo republicanos o de familia y tradición pueden hilar, fuera de las píldoras resumen de Jiménez Losantos, Pablo Iglesias y los tertulianos de Horizonte, y del motero de la 2, más de dos frases sobre la campaña de Perú, las leyes de Indias y la Escuela de Salamanca, la peste en Barcelona del siglo XIV o la cocina de Ruperto de Nola en Nápoles para los Aragón. Eso sin meter la vida de Murillo, las vanguardias y pintores españoles, la ciudad ibera de al lado de vuestro pueblo ni el plano fundacional de Zaragoza.

14.- La cerveza: por mucho que la bebamos, el ordio de calidad español se destina a alimentación animal y solo cuatro gatos intentan hacer cervezas diferentes a las que les faltan 800 años de tradición y una abadía en que envejecer.

15.- Comer pan, lo contrario al pilates
(allí no se admite por refinau), meterse en un coro góspel, comprar alpargatas chic en la Madalena, los veladores o ir de festivales.

22.06 Luis Iribarren

13.6.26

La cruz llena de dolor y pobreza


La visita a España del Papa León XIV ha dejado detalles de gran importancia para los próximos años, aunque algunos de los más importantes, entre los torpes que gestionan, hayan durado horas. 

No voy a comentar nada de sus numerosos mensajes de humanismo cristiano. Con algunos coincido plenamente, con otros en absoluto. Y eso es bueno y lógico.

Pero voy a señalar dos detalles de estética, de Arte Social. Las ceremonias de Madrid y Barcelona han sido muy diferentes y a una gran distancia una de la otra.

No se supo hacer bien el espectáculo del Bernabéu. No se sacó todo el posible partido que tiene La Almudena de Madrid. No hubo una calidad artística que acompañara a los mensajes del Papa, excepto en las Cortes Generales.

En cambio en Barcelona supieron muy bien vender la ciudad, su espíritu artístico y moderno, su capacidad para generar sinergias y abrirse al mundo. La Sagrada Familia es tremendamente un icono modernista y contemporáneo, insuperable, pero lo que la envolvió en esa jornada estuvo muy por delante de lo que se hizo en Madrid.

Debemos estar orgullosos de España, de nuestras capacidades, de cómo se nos ve fuera de nuestro país, de lo que somos capaces de hacer y representar, aunque desde el país de Donald se nos intente minusvalorar. Somos importantes en el mundo or nuestra historia, por nuestro idioma, por nuestra forma de ser y de comportarnos ante los problemas. Somos una civilización muy importante.

He dejado Canarias para el final. El detalle de la Cruz hecha con resto de pateras es ya una constante. Pero es un emblema, un icono del sufrimiento, del dolor, de la injusticia. 

Es cierto que la solución no pasa por despoblar decenas de países pobres, sino por lograr que esos países dejen de ser injusticias organizadas. Pero las personas somos eso, personas en igualdad de derechos para estar dignamente en este mundo.

12.6.26

El perro andaluz es una ventana desde Andalucía a España


En La1 de nuestra televisión española comenzó ayer el programa El perro andaluz estrenando la RTVE un arranque impactante que dejó clara su intención de hacer humor político y de actualidad. Manu Sánchez recreó un modelo muy personal, lleno de guiños y de mensajes de variado tipo.

Hubo uno que me gustó y no me había percatado de su lógico uso. Fue el de Prioridad Nacional, convertido en Prioridad Nazi O Nal.

Son tiempos muy malos sobre todo por no tener un recambio válido a la actual situación. Y eso jode pues lo lógico sería ante las actuales situaciones es que se pudiera conformar una nueva mayoría que sirviera. Pero nadie se fía de nadie. O lo que es peor, lo que podría venir suena a peor de lo que ya hay. ¡¡Uff!!

Los datos de audiencia de ayer no sirve de nada, aunque los desconozco a esta hora. Hay que esperar a la tercera semana y observar con calma qué nos dicen. Es un modelo de programa de comedia que puede funcionar si se suelta en sus entrevistas, si el monólogo lo deja un poco más corto, y si acerca más la mesa y el sofá entre ellos y con los espectadores de la sala, que son la imagen de los que estamos en casa.


Ayer los dos invitados funcionaron, y el recuerdo a Antonio Gala y al Loco de la Colina nos obligó a no olvidar que hubo otros tiempos que podrían ser recordados, para ver qué se puede copiar de ellos.

19.4.26

Pensamiento chino clásico y la política española


Parece que por las reiteradas visitas a China, declaraciones en contra del sionismo y de la política beligerante y hasta racista americana, la posición internacional de Sánchez, obedece a la búsqueda de un nuevo estilo propio de España en el contexto de las relaciones internacionales. Como ha sucedido con el reforzamiento de la alianza chino-rusa para garantizarse la primera suministros básicos y como Italia tiene la suya con Rusia que le recrimina Trump a Meloni (el “suponía que tenías valor”).

Se reprocha a los gobernantes occidentales que se relacionan con el imperio central del Este, que lo hagan no exigiéndoles en declaraciones públicas un cambio en su política interior hacia un respeto a derechos fundamentales como la libertad de prensa y opinión y otros paridos por occidente.

Ésto explícaselo incluso a los comerciantes chinos de tu barrio o tu polígono industrial ensalzados en cuanto a su libertad horaria en aras de la disciplina por el propietario del gigante valenciano de la distribución (modelos a copiar).

La cultura china es acendradamente –como buena parte del pueblo italiano- supersticiosa y su eje matriz es evitar las guerras a toda costa (Sun Tzu lo afirma y su vida se desarrolló en tiempos de la de Pericles, en que interesaba una unificación política de los han en tiempos de turbulentas disputas internas) o practican el sistema de castas y el matrimonio concertado reforzado por el pensamiento de Confucio para que la sociedad siga siendo armónica. Es indiferente presidida por qué plataforma imperial y es superior a cualquier egocentrismo del tipo “pienso, luego existo” occidental, parido desde el ágora ateniense.

La cultura china central aborrece la guerra y el enfrentamiento, impone su máquina de hacer billetes. Por eso, me gustaría compartir una revisión de refranes y dichos populares del pensamiento confuciano y alguna de sus expresiones o aforismos cortos como los siguientes (pensad en todo momento en el citado y vigente sistema de castas oriental) que he extraído de algunas conversaciones o intercambio de frases con los chinos de la etnia han emprendedores que me rodean y prestan servicios, no hablo sino con un norteamericano muy querido en Zaragoza, y que voy apuntando en mi maltrecha memoria:

· No se puede llegar a una fachada sino desde el fondo de la casa. Todas las familias tienen lo suyo.

· Cuando todo cambia deprisa, lo hace de forma incomprensible –aplicable a la impasibilidad china ante la posición de Trump en Irán-. Dado que quizás una persona concreta pueda ser demasiado vieja para asimilar algunos cambios –lo que ha de preverse, el impacto social de imponer determinadas novedades puede ser socialmente dramático, dejar a una parte de la población fuera de un sistema-.

· Cuando una sociedad progresa económicamente, inmediatamente se pondrán de moda los antiguos símbolos burgueses entre las nuevas clases dominantes –como los vestidos largos, el jade, los trajes imperiales o determinada literatura-.

· En un régimen autoritario, son los funcionarios los que deciden los precios de la economía y adjudican los derechos y terrenos y en uno democrático puede que también haya que engrasar conseguir una licencia para el negocio. La revolución cultural se piensa desde la élite del Partido Comunista chino que fue un error, pero siempre se acompañará de la coletilla “aunque bien intencionado”.

· Escupir tres veces no es una falta de urbanidad ni un desprecio por lo público: es un ritual contra la mala suerte.

· Ningún nuevo cargo político o social debería permitirse no aprovechar el poder para ampliar su horizonte intelectual y no solo el económico, pues con ello ampliará sus redes de contactos y laminará el defecto de acceso no meritorio al puesto (se olvidará el conflicto de interés). El desempeño en cargos intermedios ha de hacerse de modo silente y con perfil bajo pues al pájaro que saca la cabeza se le dispara.

· Los alborotadores impiden el desarrollo de cualquier sociedad.

· No hay que sobreestimar la educación: el conocimiento de la poesía y el arte no tiene resultados prácticos en la escala social y los eruditos son inútiles en la vida cotidiana de un pueblo aunque su obra sí que perdure (esto me lo dijo un chino que me vio leyendo en su bar). De eso no les salva ni que se enriquezcan como artistas oficiales acomodaticios del régimen, añado yo.

· La transgresión de los ritos y castas sociales conlleva hacer dinero en cualquier oportunidad, sin importar la estética ni la ética. Lo contrario no deja más que tener la suerte de la flor de melocotón (bella solo una semana) o supone matar una mosca en la frente de un tigre.

· Un camino puede nombrarse, pero no de una forma corriente, porque los ríos se cruzan de piedra en piedra y los problemas se agolpan ante la puerta de una viuda.

· En el go una pieza marginal puede cambiar las tornas.

· El yang elevado no admite carne roja, sí tortuga y pescado para restablecer el equilibrio; el sexo y el trabajo duro disminuyen el yin. Boca seca es yin insuficiente, carencia de espíritu femenino, el de la tierra y la absorción (según piensan de los bebedores compulsivos de cervezas en sus bares). Tu barrio puede llegar a ser un lujo o una condena para tu salud. Si es lo segundo, busca las pequeñas tomas de tierra que hay en cada polígono en que los especuladores solo te han llevado al yang.

· Es comprensivo exhibir belleza en el desesperado intento de retener el resplandor del día. Pero la marea siempre cumple su palabra de que volverá y los hombres que surcan las mareas no pueden permitirse lujos ni contemplar la funesta belleza del agua.

· Cuanta más larga es la noche, mayor el número de pesadillas y se penetra en la influencia maligna del amor romántico y su ying de atracción y repulsión.

· La subjetividad existe solo sujeta a un discurso. Un líder o asesino tiene un simbolismo por el que se le reconocerá y le hará caer. Si damos la vuelta a un nido ningún huevo quedará intacto.

16.04 Luis Iribarren

31.3.26

Viajar como obligación impuesta. De viajados a viajeros


Hay un sector que representa el diez por ciento o más de la economía española y en ciertas áreas es un monocultivo: en vez de inventar, recibir.

Los bares y restaurantes como punta de lanza se quejan estos días de que los efectos en precios y psicológicos de la guerra de Irán se están notando, entre eso y la bajada de temperatura están vacíos. Y la primera opción de escapada de Semana Santa en Zaragoza es ir a los pueblos como en los años ochenta, porque la mayor parte de nuestros padres no tenían la necesidad de viajar sino de cargarse de más obligaciones manteniendo el patrimonio de los abuelos que cobraban la perra gorda, muchos ni cotizaron. Cuando la vida les tocó, por trabajo o por su destino, por el contrario fueron personas viajadas.

Qué lejos nos quedan los viajes iniciáticos de los románticos, como el deliciosamente escrito de Goethe por Italia y el de los románticos franceses a España y la actual Marruecos. Cuando cruzaban los Pirineos, como los germanos y anglos los Alpes, pasaban al mundo de opereta de Carmen, a las tartanas por caminos de baches y las fondas o posadas de limpieza cuestionable. A los caprichos de Goya como poco, si no lo de más allá. Hoy al contrario, el norte de África y Península Ibérica dan lecciones de gastronomía popular y estado suficiente por el precio de los alojamientos, ser hospitalario es “su primera industria limpia” (a costa de su territorio).

Nuestros padres y abuelos vivieron en la hermosísima Calabuch de Berlanga y viajaron a la guerra como a un marine le encargan estos días no coger vacaciones y controlar, sin mirar una sola mezquita selyúcida, el Estrecho de Ormuz. Con que no les caigan drones ya cumplen como galeotes.

Mi abuelo materno vivió un tiempo en Tetuán y nunca me transmitió ni que hubiese un zoco especial y perfumado, una comunidad sefardí como nuestro origen descollante ni mezquitas o monumentos, ni siquiera artesanía, relevantes. Fue a lo que fue y yo fui a visitarla, no llevaba una guía de trenes ni de hoteles para atravesar la Península hasta Algeciras, comió y durmió lo que pudo y donde fuese, y me transmitió descripciones de cuarteles, barranqueras y rifeños. Y poco más haría Franco aparte de alguna recepción con vino fino con las autoridades locales que lo dirigió en su destacamento, como tampoco nos imaginamos al asesino serbio Gabrilo Princip dando una vuelta por Sarajevo antes de disparar contra Francisco Fernando.

La sensibilidad artística de Franco la entiendo limitada a salvar el Pazo de Meirás y ordenar la reconstrucción racionalista mudéjar de Toledo, el arco del Deán y la calle San Vicente de Paúl de Zaragoza llevándose por delante veinte palacios, que era lo que se llevaba entonces aunque Dominguín y Ava Gardner vivieran en su paraíso libertario.

Así nuestros antepasados fueron al frente y antes y después se turnaron los pastos sin fronteras de los puertos del Pirineo, bajaban a Pamplona a pasar un día y ver el ambiente para que Hemingway les robara el alma en una novela o se embarcaron a California y Argentina para no volver. Y un vez establecidos no les preguntes por si han ido a Yosemite ni el Perito Moreno, sino que sus pocas vacaciones las pasaban viendo Hollywood o chapoteando, no sabía nadar ninguno, en Mar del Plata con miedo montañés. O sea, yendo a Salou o Peñíscola al 90%.

Los viajes culturales iniciáticos, para recorrer catedrales o parques nacionales, los hacían Byron y cuatro más porque en España los de la Generación del 27 solo subieron a Guadarrama. Los anglos en su año sabático a la salida de Eton y antes de Oxford, muchos con lacayos y preceptores que pasaban los Pirineos y Alpes por sendas de pastor en macho y con las calesas desmontadas. Una vez en Bielsa o Aosta las recomponían para visitar.

Otros no viajeros, militares aparte, se desplazaron porque tenían un concepto del viaje como rogativa, como peregrinos poseídos por una fe o promesa dada. Vestían capas con el emblema del destino (la concha jacobea no se pesca en Jacetania) o, si iban de Aragón a Roma y Jerusalén –del mismo modo que hasta en Bosnia se pone el apellido Hadji, el que ha ido y vuelto a La Meca- recibieron el apelativo de romeros. Entonces el que doblaba a Eastwood, el gran Constantino Romero, es que descendía de uno de su pueblo especialmente inquieto.

En Japón sucedía lo mismo: alcanzar el santuario de Ise desde Nara entre cerezos en flor y cataratas o hacer la ruta de los templos de Shikoku implicaba tomar hábitos blancos. Era para iluminati, no necesariamente para “pijos” de la aristocracia y alta burguesía.

Quien más quien menos de la tribu que fuera conocía los relatos orales pasados de generación en generación de sus respectivos Odiseo, se les transmitía la obligación de la hospitalidad ante el extraño “de buena voluntad”. Tantos noviazgos y relaciones interrumpidos por el golpe de timón de la inconformidad hubo que se hacían rogativas y encargaban misas antes de empezar los viajes para preservar a los aventureros, se ponían efigies pequeñas a San Cristóbal en cada curva.

Hoy los accidentes son especial caldo de cultivo para conocimientos accidentales que dan lugar a relaciones cruzadas como en los viajes se conoce a almas gemelas y se discute con el amigo con quien compartes habitación, que pasa a presunto.

Ni Napoleón cruzo y conquistó el mediterráneo gracias a compañías de cruceros, ni según la mentalidad de Pizarro éste visitó Cuzco como Cortés no lo hizo con Tenochtitlán, y solo inquietos gourmands como Erasmo de Rotterdam al que le iba el buen morapio, dicen, fueron precursores de la actual sociedad de culos de mal asiento por querer recorrer Europa de universidad en universidad como catedrático. Precursor de Montaigne, los pintores y literatos del Barroco aragonés y español no tuvieron esa mentalidad cuando daban el salto de Nápoles a Roma para educarse artísticamente, sino que residían en colegios para estudiar los restos romanos sin pasar por los filtros de Mantegna o se tiraban como Cervantes, varios años de imaginarias.

Hoy cada crío de familia no hace falta que de clase alta es Erasmo haciendo ídem, es difícil distinguir a los romeros y resto de visitantes de Jerusalén, todos haciendo idéntico ruido pero con tres misas diferenciales, y se cuentan por millones los conquistadores anuales de Cuzco.

Pionero en los viajes introspectivos desde Humboldt, el turismo alemán nos redescubre permanentemente Aragón: en los 90 fue el Matarraña, hoy como destino de floración único en Europa.

El resto, viajamos como los antiguos comerciales, sin guías y con el libro de contabilidad de pérdidas y ganancias, vendiendo nuestra mercancía: contarlo luego. Ni peregrinos ni gentleman travellers, con la vista en el libro de cuentas y no en el de oraciones y paradas obligatorias, estaciones, de cada Rocío.

Midiendo el tiempo, con el guía pautando, bajo el cálculo porque todos somos del signo de Mercurio, hemos perdido la relación no productiva con el tiempo, la que trajo el románico lombardo, que tuvieron los romeros. En eso nos hemos convertido, en aprovechateguis del tiempo de ocio.

Todo este texto lo resumió mucho mejor un aragonés, el siciliano Battiato. Por no salir de Franco.

Nomadi che cercano gli angoli della tranquillità
nelle nebbie del nord e nei tumulti delle civiltà. 
La troverai, fuori città alla fine della strada.

31.03 Luis Iribarren

20.3.26

Irán Aragón en la Baja Edad Media. La Esperanza en el Redentor


¿Quién es realmente Donald Trump, quién Netanyahu? No son cruzados que reconquisten ni la isla de los barriles de Irán, no se plantean la gestión ulterior de la venganza chií. Van a pedir que Putin nos abra el grifo del gasoil a los que no vemos claro lo del coche eléctrico a cuarenta y dos grados subiendo Monrepós pero, vaya, que también se quema gas licuado para atender a tanto enchufe (del machihembrado y del otro).

Después está el neo líder mundial que a tanta población representa, caballero de la cada vez más triste figura, que nos ha sorprendido con un giro más de su personaje. El demagogo Sánchez se nos ha vuelto trágico, pasando por sofista. Y desafiando desde el quietismo al personaje que lidera al gendarme americano y su única industria competitiva (si no consideramos el desfase de costes misil-dro iraní), se ha apuntado a una versión de sí mismo hija de Gracián.

Ahora Pedro se ha comido al Jefe del Estado Borbón y aparece en el contexto internacional como un famélico, austero y firme de espíritu alcalde aristócrata de los pintados por el Greco, y ha conseguido laminar con su quietismo la huida sibarita hacia delante de sus pícaros conseguidores de Ferraz, no de sus ministros. Ha reemplazado a Felipe the King, como jefe de Estados –éste que tenemos plurinacional pero ampliado a los hispanoamericanos- y descuella por su discurso seco que ha anulado el de la oscarizada Yolanda.

Pareciera que le ha salido un sarpullido de pundonor, apelando a los principios generales del Derecho violados en caso de conveniencia por el comercial yanqui que coincide con el Islam de la yihad en que el derecho solo es una ley del talión, espirales de revanchas entre pueblos y a poner más para su OTAN en que maneja la plataforma de pago. Manda la fatalidad y la pasión, manda tapar vida privada y su chorboagenda, la siguiente será Cuba que para eso es de allí su ministro. 

Están probando a comprar ayatolas y los del chándal de Venezuela, que son pocos y no como todo un pueblo, porque la algarada de no comprar al ejército cubano cuando entren los de Miami con sus vetustos títulos de propiedad de Miami y Marco Rubio se instale en el Hotel Nacional, obligará a que un pintor o un fotógrafo aún desconocido pero próximo a Goya la inmortalice. Será un ejército que, con carácter íntegro y aun con sus antecedentes de tribunal de orden público, engrosará idénticas filas de otro de una democracia tutelada, como ya probaron en nuestra transición.

Retrate o pinte el artista las caras descompuestas, maceradas por el ron, de la primera noche de persecución de castristas de la manta de abajo o anticastristas en La Habana... los de Cubanacán deben estar suplicando clemencia del pozo de donde saben que no mana ese tipo de agua, a la desesperada, después de envenenar la suya…

La retórica siempre gana. Perdieron Platón, los superhombres de Nietzsche, el Concilio Vaticano II, gobiernan siempre los inmorales y la República, ni la segunda, es ideal.

España, antes de serlo, congregó hasta expulsarlas a las tres religiones del libro. Más que mezcladas, y como bien reflejan los mercados medievales, vivían en barrios diferenciados: la aljama judía, la medina morisca y la ciudad cristiana, en convivencia separada y cada una con su concepción de la autoridad moral de sus dirigentes. Apartados de los cargos públicos los judíos por decreto, reservados los mudéjares a oficios manuales como hoy.

En ocasiones, como con las expulsiones judías en la Baja Edad Media en la Corona de Aragón o la de los moriscos del siglo XVII para evitar conexiones con el turco, aquello fue un cafarnaum (batiburrillo) por no tomarse la adecuada política de Rodrigo Díaz de Vivar: en cuanto les conquistemos, los moriscos trabajarán para los nuevos titulares de la tierra. 

No siendo hasta la expulsión de los de dos de los tres libros que en Castilla se urbanizaron las plazas mayores, mercados y cosos taurinos para que los estratos sociales se mezclaran. En la Corona de Aragón no tuvieron predicamento, los conventos franciscanos y las lonjas de mercaderes ya fomentaban cierta ligazón social por conveniencia.

Quinientos años después, el interior de Irán sufre en el altar sacrificial, está padeciendo una guerra civil con apariencia de exterior para que nazca cualquier otro gobierno fuerte estraperlista, incluso religioso, sin las capas ilustradas de la sociedad persa. Hecatombe, en griego sacrificar cien bueyes para calmar a los dioses, se está quedando pequeño como indicador del volumen del sacrificio.

Como en toda guerra, así nació la tragedia o se refleja en el cine de los licenciados tras la Segunda Guerra Mundial, guerras de Vietnam o Irak, los participantes de los ejércitos o clanes kurdos no sacrificados deberán encontrar nuevo trabajo como señores de la guerra en la siguiente que nos preparen para especular con el carburante.

Los aristócratas del valor seguirán siendo arbitrarios en cuanto que les den otra oportunidad, pues toda Europa recuerda –lo manifiesta la posición de Meloni- que la jubilación de los comandos especiales del ejército italiano fue la causa de su integración en los fascios, provocaron un caudillismo acrítico justiciero al que no le importa la gestión del día a día, cuyos componentes suspiran por el retorno de los hidalgos y vivir a la sopa boba.

Contra todo este proceso imparable, resurge el mesías quijote Sánchez como actor del heroísmo ascético, del no pasarán y la inacción, del no a la guerra. Hay una parte de la España central que ya se lo está valorando (o la gestión del buen alcalde de Soria, que es lo mismo… 

Que aprecia que no se descomponga como el rápido con el florete e inconsistente Macron (Francia y Rusia tienen una conexión de siglos), que le haya salido bien no presupuestar e improvisar por Decreto-Ley –no como sucede con los fríos y desconfiados sajones, que se ponen en todos los escenarios menos cuando todo falla, y les sale el vándalo-.

Sánchez no necesita ser trepa, aguanta todas las emboscadas, se rodea de ministros funcionarios de alto valor gestor, no lo veremos en un consejo de administración de una petrolera… Es el actor poliédrico y buen sofista con sus mil asesores, y muchos muy buenos o taimados, que le matizan como un coro griego. 

Podría ser peor, podríamos tener a un populista con bigote y fundación sediento de hincarse ante el combo USA-Marruecos cabreando a Argelia, a un líder nuclear que se comporta como el cuarto mosquetero, a un destroyer iluminati seguidor de lo último que te diga tu rabino poseído, el imam de Ruzafa o un legionario de Cristo.

La atea pero ortodoxia Rusia, la Tercera Roma con estilo propio y patrimonio ingente, se carcajea a mandíbula batiente porque las guerras se dan porque las quiere Dios. Del río hasta el mar.

18.03 Luis Iribarren

14.3.26

Cómo evolucionará la Cultura y el Arte en el siglo XXI?


Debemos hacernos una pregunta bastante básica, llegando al punto actual de evoluciones artificiales en la creación artística, y reflexionar o ver, como por una parte el mundo de la Cultura se va a ver influido por la llegada a todos los niveles de la IA; y por otra parte, asumir, que este mundo de hoy, en el 2026, es una sociedad global mucho más violenta que la de las ocho décadas anteriores. Se dice incluso abiertamente por dirigentes europeos y norteamericanos, que las Normas de Bienestar anteriores, ya no sirven para este presente.

¿La suma de todos estos cambios afectará a la creación cultural y artística?

¿Cómo creemos que va a evolucionar el mundo de la Cultura en lo que resta de este siglo XXI?

¿Se producirá una globalización cultural, o al contrario asistiremos a un mundo de múltiples micro culturas?


La pregunta que planteo es muy compleja porque la cultura nunca evoluciona de forma lineal, sino entre tensiones históricas, a saltos según va moviéndose la sociedad. Si uno observa procesos históricos largos, lo más probable no es que el siglo XXI termine en una cultura global única, ni tampoco en una fragmentación total, sino en una globalización cultural por arriba y una multiplicación de las micro culturas por su base social.

La cultura siempre ha oscilado entre unificación y diversidad. En varios momentos de la historia han coexistido procesos similares al actual, en cuanto se producen tensiones de cambio. En el mundo romano hubo una cultura común mediterránea (el latín, su derecho, el urbanismo de aquella sociedad), pero también sobrevivieron muchas culturas locales.

En la Europa medieval existía una cultura universal cristiana y latina, pero mientras tanto cada territorio mantenía sus propias tradiciones vivas para no perderlas, tanto que muchas de ellas, las que podemos llamar micro culturas, han llegado hasta nuestros días. Por ejemplo los festejos, la gastronomía, los trajes, etc.

En el siglo XIX la industrialización creó una cultura nacional de masas, pero a la vez surgieron movimientos regionales y folclóricos. El nacionalismo cultural logró conservar sin perderse, desde pequeñas costumbres a formas de expresión. Y no solo siguen vivos, sino que además se intentan cuidar en la actualidad para que nunca se pierdan. La cultura moderna ya vive de ese equilibrio inestable entre lo común y globalizado, y lo particular de cada zona que se cuida para no perderlo.

Hay algo nuevo en nuestro tiempo. La infraestructura cultural se ha globalizado. Las grandes plataformas tecnológicas —hoy pueden ser entre otras Netflix, YouTube, TikTok o Spotify— están creando por primera vez en la historia un ecosistema cultural mundial compartido. Vemos, leemos, escuchamos lo mismo y desde el mismo instante, si así lo decide, un ciudadano de la India u otro de Soria o de Londres.

Esto tiene varias consecuencias. Los mismos contenidos circulan en todo el planeta. Las referencias culturales se sincronizan (series, música, memes, libros, músicas). Los creadores pueden tener público global sin intermediarios nacionales. Este proceso ya está generando lo que algunos sociólogos llaman “cultura planetaria de consumo cultural”.

Pero es cierto que aunque todo está a disposición de todo el mundo a la vez, luego cada persona decide qué leer, ver o escuchar. La libertad de elegir sigue siendo de cada uno de nosotros. Por eso la globalización en la disposición, no significa uniformidad completa.

Al mismo tiempo ocurre lo contrario. Nunca en la historia de la humanidad ha sido tan fácil crear comunidades culturales pequeñas y específicas. Internet permite que existan subculturas estéticas, o comunidades artísticas minoritarias, o culturas regionales muy pequeñas, microgéneros musicales o literarios, talleres de escenas locales pero conectadas globalmente, o grupos de expresión y reflexión que ni se conocen ni se conocerán nunca, aunque compartan toda su Cultura de Creación.

Es decir, la tecnología que globaliza la cultura y el arte también deja que se fragmente, creando espacios muy diversos, y muy alejados los unos de los otros, tanto que nunca se conocen personalmente los creadores, los modos incluso.

Se sabe por estudios recientes, que hoy, una comunidad de unas 20.000 personas que tengan un interés cultural muy específico, puede sobrevivir perfectamente en el tiempo y tener una implantación con cierto peso en sus sociedades.

Durante el siglo XX existía algo que hoy está desapareciendo: la cultura dominante nacional. En España, por ejemplo, durante décadas todos compartían las mismas cadenas de televisión que eran una o dos, a lo sumo en las últimas décadas cuatro, y los mismos periódicos, los mismos referentes culturales que habitualmente los organizaba el poder municipal o de comunidad. Se consumían lo que te entregaban, que era poco, controlado y estructurado para unos fines muy concretos, aunque hubiera democracia.

Hoy eso está desapareciendo.La televisión nacional ya no organiza el imaginario colectivo. Lo hacen redes dispersas, decenas y decenas de cadenas o de modos de acceder a los vídeos que deseas, y aunque se asume que también aquí existe la censura escondida, el consumidor puede elegir mejor entre muchas más opciones de cultura, de entretenimiento, de arte.

Otra característica clara del futuro cultural es la mezcla permanente de tradiciones que han logrado sobrevivir. Un ejemplo muy visible es la música actual. Coexisten ritmos africanos con electrónica europea, a veces se mezcla con pop coreano o rap estadounidense, triunfa el folklore latino y todo se mezcla, lo que nos muestra cómo una cultura local puede convertirse en producto global sin dejar de ser local.

Parece cierto que la inteligencia artificial cambiará el sistema cultural, aunque sea todavía pronto para definir en qué volumen, y sobre todo en qué importancia negativa. El impacto cultural de la inteligencia artificial puede ser comparable al de la imprenta. Y todos sabemos que no depende tanto de la herramienta en sí, como de la utilización que se haga con ella.

Pero sí sabemos que veremos tres cambios importantes. Una explosión de la cantidad de la producción cultural, muy variada además, pues habrá millones de creadores produciendo imágenes, música, textos o vídeos, al ser tan sencillo y barato crear.

No sabemos todavía el valor de su calidad, de momento sabemos ya, que la cantidad será brutal, tanta que es imposible consumirla toda, por falta de tiempo y deseos. Tendremos tanto donde elegir, que posiblemente colapsaremos no sabemos de qué forma.

El volumen cultural crecerá de forma gigantesca. Y eso nos lleva a ver la desaparición parcial del autor tradicional. Y también a que muchos contenidos serán colaboraciones entre humanos y máquinas. Es verdad que desde hace muchas décadas un libro impreso es la colaboración entre humanos y máquinas, sobre todo si lleva imágenes y está bien encuadernado.

¿Qué herramienta hace esas imágenes, de qué manera se convierten en algo visible “pegadas” en un papel? Pues efectivamente, es el ser humano pero ayudado de máquinas.

Es posible que en el futuro la cultura sea más personalizada. Los algoritmos tenderán a crear contenidos adaptados a cada persona, algo que nunca ha ocurrido antes. Ya hace mucho años que es posible la impresión bajo demanda de libros personalizados, en donde el protagonista es quien quiera el escritor en colaboración con el impresor digital. Pero podemos imaginar creaciones en las que estén adaptadas a los gustos del cosumidor, sean vídeo, literatura, música, etc.

Aunque haya micro culturas que sobreviven en ese mundo inmenso en lo creativo, existe un riesgo. La cultura global puede volverse muy uniforme en lo superficial, imponiendo las mismas estéticas, los mismos formatos, las mismas narrativas, y sea mucho más costoso acceder a otro tipo de productos distintos, minoritarios, diferentes, lo que los puede hacer todavía más minoritarios.

Muchas obras empiezan a parecerse entre ellas porque los sistemas recomiendan lo que ya funciona o interesa. Y eso supondrá que se abaraten en su coste, y se vendan mucho más, y además ocupen un espacio en el mundo cultural muy superior al que le correspondería por calidad. La rentabilidad de un producto cultural puede imponerse sin querer (queriendo), y homogeneizar el consumo casi programado para incluso manipular formas de pensar.

Curiosamente, frente a la globalización digital, las ciudades incluso pequeñas volverán a ser centros culturales muy importantes. La cultura que se haga y muestre en los barrios de las grandes ciudades, tendrá un peso diferente.

Las escenas culturales más interesantes seguirán surgiendo en lugares concretos como Berlín, Barcelona, New York, Lisboa o Ciudad de México por poner algunos ejemplos recogidos a voleo. Pero en espacios urbanos pequeños se seguirá creando un caldo de cultivo distinto.

Las ciudades y los barrios generan contacto humano, mezcla social y experimentación, algo que internet no puede sustituir del todo. Logran el “contacto” con la Cultura, algo que todavía es imposible de reemplazar. Lo que sean capaces de hacer las propias ciudades, tendrá una importancia crucial en el mantenimiento y la calidad de la Cultura de la zona.

Si tuviera que resumir cómo podría ser la cultura hacia el año 2100, tendría que pensar en infraestructuras culturales globales y compartidas (plataformas, redes, lenguajes digitales), pero a la vez la supervivencia de miles de microculturas activas, posiblemente conectadas globalmente.

Y asistiremos a un crecimiento hacia las culturas híbridas (personas perteneciendo a varias culturas a la vez) que logran resultados nuevos de mezcla, interesantes y que por la novedad, supondrán una nueva incorporación al mundo de la Cultura.

Eso nos puede llevar a crecer todavía más en una producción cultural masiva asistida y ayudada por la IA, y la vez a una revalorización de lo local y artesanal como reacción a lo digital. En realidad la cultura siempre se mueve entre dos necesidades humanas muy profundas; la necesidad de pertenecer a algo común y la necesidad de ser diferente, de crear desde lo que creemos que nunca se ha realizado. El siglo XXI no eliminará esa necesidad.

Algunos historiadores de la cultura, tecnólogos y teóricos del arte ya están utilizando —con cautela y dudas— la expresión “nuevo Renacimiento” para la mezcla de este siglo XXI aupado por esa IA que todavía no sabemos bien hasta dónde puede llegar. Sabemos de lo que ya es capaz de hacer, pero tenemos que reconocer que estamos en la prehistoria de esa IA del futuro.

No es todavía la IA un concepto consolidado entre todos ni admitido por muchos, pero aparece cada vez más en debates académicos y tecnológicos. La cuestión se hace al comparar la IA con el gran cambio cultural europeo del siglo XV, el Renacimiento, que estuvo ligado a varias innovaciones técnicas e intelectuales, especialmente la imprenta de Johannes Gutenberg. La idea es que la IA podría ser una herramienta transformadora de alcance parecido, aunque en un contexto histórico completamente distinto.

El Renacimiento europeo no surgió solo por un cambio estético. Hubo varias transformaciones simultáneas. Nació la imprenta y con ella el redescubrimiento de la cultura clásica. Pero a su vez hubo una clara expansión de las ciudades con la llegada de flujos migrantes de las zona rurales, por primera vez en la historia. Se crearon nuevas redes comerciales y a la vez con la suma de todo lo anterior, nacen y se asientan nuevas élites culturales.

La imprenta permitió multiplicar el conocimiento y difundirlo rápidamente, algo que antes estaba restringido a monasterios y universidades, a unas clases dominantes muy determinadas.

Hoy, algunos investigadores, creen que la IA puede provocar algo similar, una multiplicación gigantesca de la capacidad creativa humana. La democratización radical de la creación, como desde 1975 supuso la democratización (y abaratamiento) del color en la imprenta, de que todo dejara de ser en blanco y negro o a lo sumo impreso en dos colores, en dos tintas. Un cambio que nadie notó, pero que supuso una innovación tremenda para que los libros y revistas resultaran más atractiva y por ello más consumidas.

Hasta ahora muchas disciplinas culturales exigían habilidades técnicas difíciles de adquirir. Desde pintar con dominio técnico a componer música, desde diseñar para publicidad a crear o hacer cine, intentar ilustrar libros o componer música.

La IA ayuda a que individuo sin excesiva formación pero con una idea clara de lo que quiera puede generar imágenes, vídeos, música, animación, publicidad, literatura, y sin dominar completamente la técnica. A eso me refiero cuando hablo de que la llegada de la IA puede provocar una explosión de creación cultural comparable a la llegada de la imprenta.

En cada gran revolución tecnológica aparecen nuevos lenguajes artísticos. La fotografía cambió el concepto o sentido de la pintura, la llegada del cine creó un arte nuevo, pero la televisión transformó la narrativa y enseguida internet cambió la literatura y el periodismo. Hoy la IA abre las formas artísticas nuevas, híbridas, con Arte Diferente, al que le pondremos en breve el apellido que nos parezca mejor.

Es decir, no solo con las nuevas herramientas crearemos más, sino que seguramente surgirán nuevas formas de arte, que ya se están viendo en algunas narrativas. Posiblemente hoy entendemos que eso no es Arte, pero es cuestión de años.

Muchos teóricos creen que el papel del artista creador cambiará. El artista podría convertirse en algo parecido a un director de sistemas creativos y de inteligencias artificiales. Un creador de posibilidades.

Lo importante ya no será producir cada elemento manualmente, el artista planteará ideas tras explorar variaciones sin coste, seleccionará resultados para construir narrativas tras analizar varias opciones sin coste. Algo parecido a lo que hace un director de cine con su equipo, mezclando escenas para buscar una narrativa que le guste.

Si millones de personas pueden crear con facilidad, podría producirse algo parecido a lo ocurrido tras la imprenta, una multiplicación de libros y una tremenda circulación de ideas y debates intelectuales, pero… existirán tantas personas capaces de consumir todo eso?

La cantidad de obras culturales podría crecer de forma exponencial. Pero también hay una crítica importante pues enseguida se advierte de un riesgo. Es decir, una saturación cultural con obras repetitivas y una pérdida clara de la originalidad y que todo nos parezca incluso estéticamente idéntico.

Si los sistemas de IA se entrenan y crecer analizando el pasado ya creado, pueden tender a reproducir estilos existentes en lugar de crear algo realmente nuevo. Si la difusión cultural depende de plataformas y marcas o empresas, el riesgo es que los algoritmos decidan qué se ve y qué no es real. Eso podría limitar la diversidad cultural. El reto del siglo XXI es diferente al del Renacimiento europeo, ya no se trata solo de crear más arte, sino de entender la relación entre inteligencia humana e inteligencia artificial.

Si miramos a largo plazo (hacia el año 2050 al 2100), hay tres escenarios posibles desde el punto de vista de este 2026. Podríamos estar viendo nacer un nuevo Renacimiento creativo con una explosión de cantidad de creaciones.

Pero también podría ser que todas esas creaciones fueran simples churros casi industriales. Muy bellos, pero sin alma, perfectos pero aburridos.

Y también podría ser que la IA se pudiera convertir en una simple herramienta muy poderosa, pero manejada por personas creativas para que esa creatividad humana siguiera siendo el centro de la Creación de la Nueva Cultura.

Julio Puente

4.3.26

Irán 2026. Ya te lo dijo Moshé Zonder


A mí esta guerra ya me la han contado. Durante la hospitalización de mi madre cayó en mis manos un libro de aventuras extraordinario, que narra la salida en los primeros años 70 de Gran Bretaña del control al alimón con el sha Pahlevi del Estrecho de Ormuz y la adjudicación con mordida a los clanes de las dunas –Borbón vive allí- de cada concesión petrolífera de los eriales de su propiedad. La novela “Dubai” de Robin Moore.

En los mares territoriales en que se hallaban las principales bolsas de crudo, la cosa se puso más caliente antes de la primera crisis del petróleo, que el mercado del oro como ésta ya vaticinó con subidas siderales. Que alguien me explique en términos no económicos la partición de la desembocadura del Tigris y el Éufrates, el río-estuario Shatt-al Arab, entre Kuwait, Irán e Irak a base de rayas rectas. Río que significa el de la costa de los árabes cuando se halla compartido por los persas.

La novela de que os hablo anticipa la eclosión de Abu Dhabi, Dubai y el Sultanato de Omán –el del Simbad el Marino y cuyos capitales o navegantes extendieron una bella arquitectura árabe de puertas de madera labradas y torres de ventilación para crear corrientes en costas de calor inhóspito que llegó a Mombasa, Zanzíbar y Tanzania- como centros cosmopolitas en que se asentaron con arbitrario permiso de los emires aventureros americanos, navegantes traficantes con crudo, oro y perlas y demás intrigantes, que se reunían en los hoteles y bares que tuvieron las primeras licencias para expedir gin-tonics. 

Un negocio perfecto cuyo modelo siempre fue el crecimiento de Singapur y los combinados de su hotel Raffles.

El efecto en España y en el mundo de su actual, enésima escaramuza anglosajona y europea (los israelíes van de que lo son) con el gigante cultural del norte, pues Irán gobierne quien gobierne siempre es Persia, será el de la vuelta del mundo a una inflación más que desatada, no evitada, por todos deseada y que le viene a Sánchez de perlas para no convocar.

Para cualquier vecino del quinto como yo, el pregón es el que sigue: hoy han vuelto las colas en las gasolineras, las promociones de viviendas ejecutadas desde los años noventa hasta la fecha cuya casi exclusiva fuente de calefacción es el gas argelino –aliado siempre presente modulador de la política internacional española- son una superestructura que no permite la frivolidad de que las pasemos a hilo radiante en cuatro días ni tenemos soberanía energética. 

Se avecina —para los que se comen una pero quieren contar veinte—  viajar a precios astronómicos, el relativo final de que la clase media europea con o sin el paraguas nuclear de Francia tenga acceso a esos lujos, como ya lo veníamos teniendo a no poder dormir en Madrid menos si cambias tu casa por otro. 

Tendrá efectos positivos, los padres pasarán a que no se les caiga la baba la despedida de soltero del amigo de su hijo a 3.000 por cabeza en una ciudad con encanto.

Qué decir de cómo nuestras embajadas del Golfo y la sociedad en su conjunto nos tengamos que desvivir por salvar la vida a jóvenes que se hacen selfies en Doha, por repatriar a mazados de gimnasio que gritan como críos consentidos (exigen la salvación portando móviles con garras de rapaz que graban drones), por recolocar a los controladores aéreos con diez veces más su sueldo en la tolerante sociedad para lo que quieren emiratí, nuestros emigrados vip.

Presuntos aventureros que son ciudadanos de su mundo a los que, nos lo exigen por interés particular, se repatriará con el dinero de todos como a los montañeros sin federar se les venía fletando un helicóptero gratis para sacarles de un glaciar al que habían subido sin ningún respeto. Al grito de soy un disfrutón.

Esta guerra y el control del uranio enriquecido, la capacidad de soborno de unos y otros, los efectos del fuego amigo y de los comandos para ejecutar el terrorismo de estado, ya me los habían contado con parcialidad, reflejando la lucha de Israel por la libertad como artificio superador del derecho internacional, en “Teherán” de Moshé Zonder, como la reacción contra la intifada en “Fauda” de Lior Raz, su actor principal.

Esas series son muy creíbles pero desprenden el desigual valor de la vida de los mártires de uno y otro bando (o incluso de los tres en que están subdivididos).

Basadas en experiencias personales de los guionistas, sin el filtro que les daría la literatura de David Grossman, sus capítulos pasan en las conversaciones de los protagonistas con una naturalidad sideral del inglés al hebreo, del farsi al árabe. Debe recordarse que el Mossad utiliza agentes descendientes de los judíos mizrahí, los de las comunidades orientales que constituyeron gran parte de la base económica de Bagdad, Isfahán y Bujara. Comunidades con dos mil años de Pesaj a cuestas en territorios que ni eran musulmanes.

No hay alusiones en sus guiones al Yemen tribal, a los misiles rusos en Siria. Hay pocas a la dinastía saudí post Faisal que parte el bacalao moral al custodiar los lugares santos de La Meca y Medina

Sí revela en concreto “Tehran” la condición noble del pueblo persa que invoca Trump como no árabe –claro que no, el pueblo noble es el de Aragón-, el eterno retorno del eje civilizado ario del que el Tercer Reich era fan.

Resulta más completa para comprender el sancocho del Golfo Pérsico o Arábigo –la distinción no es moco de pavo, son el mismo- la relectura de la citada novela. Robin Moore, ese pedazo de adelantado a nuestro tiempo en estos tiempos de protección de los datos que les dé la gana, y transparencia opaca.

No os quedéis solo en el evangelio televisivo y los salmos según San Netanyahu, que tanto añoran los tiempos en que Teherán fue el principal centro de espionaje y control anticomunista, meted a China y Rusia en la ecuación, con la embajada americana y el reconocimiento a Israel del sha como ejes. 

Qué bien se comía entonces según Moore en sus restaurantes a la francesa a base de vodka helado -pues los iraníes se subraya que eran de relajadas costumbres coránicas- con caviar azerí o del beluga Tanit del Caspio iranio. 

Hoy en las series israelís, sale que los jóvenes de la resistencia iraní a los que están masacrando son hedonistas y se endrogan, visten muy bien porque además son guapísimos –los actores hebreos que les dan vida-.

Qué esplendor el del arte persa safávida de Ispahan y sus puentes cubiertos sobre el río Zayandeh nacido en los montes Zagros. Debemos a Irán los ladrillos vidriados, la suntuosa poesía farsi, el arroz pilaf con pollo y granadas, el concepto de jardín con árboles frutales como remedo del paraíso con el que nos solazamos en la Aljafería y el Generalife.

Puestos a comparar, quizá nuestro intercambio con Estados Unidos no haya sido mayor y, tiene arte el equilibrista Sánchez (y el gas argelino y los que mandan en las refinerías españolas detrás) en sostenella y no enmendalla, no solo en clave de que se lo exija la política interior española. 

Soy de los que piensan que Sánchez no está tan solo en las reuniones de la Unión Europea ni desafiando a la actual élite política americana y será una cuestión de tiempo su reconquista a partir de nuestra lengua. Tiene detrás a muchos Soros que cada día pueden engrasarle.

Peor es reconocer que Israel y los marines ejecutan decisiones en que participan los neutrales saudíes, emiratíes y pakistaníes. Como entren en suelo persa, volveremos a las andadas talibanas y quizá haya un efecto en Europa y España de descontrol de la población islamizada radicalizada. 

Esa con la que sí sabe qué hacer, pero dilapidaría el derecho de fraternidad, el presidente Macron que no podrá meter submarinos nucleares pore el Sena arriba para controlar sus propios banlieux. Europa tiene otro concepto de la legitimidad de las razones de Estado, en términos éticos y estéticos, tontadas de sus presidentes aparte.

Al Séptimo de Caballería decimos: ojito droniceis el puente de Shahrestan, ya lo hicisteis en nombre de la cruz con el de Mostar dejando hacer a los croatas, los buenos sucesores ustachi.

Poeta sublime que porta como apellido el varietal que da un vino balsámico y terroso de mi gusto, en el siglo XIV, Shams ud-Din Mohamad Hafez Shirazí regaló a la humanidad el siguiente oasis:

La fortuna es aquella que sin exceso de dolor se alcanza. Con esfuerzo y trabajo, el jardín del Edén es poca cosa.

A la orilla del mar de la aniquilación estamos, oh copera, apura ya, que del labio a la boca es poca cosa. Sé cauto, asceta, no te fíes del juego del orgullo:

Vive y no dejes morir.

04.03 Luis Iribarren

2.3.26

Robert Duvall, resultón confederado


Mi madre resurge cual ave fénix, después de un invierno muy amargo, sobrevolando una nueva primavera. Su generación artística muere por goteo: Hackman, Redford, ahora Duvall. Los hombres que le gustaban a mí madre podían abarcar insolentes como Walter Matthau, ambiguos en la masculinidad por la vía de Gary Cooper pero ninguno fuera de la categoría “hombre apuesto”.

Mi padre era el navarro medio como su primo lejano Alfredo Landa. Como yo, era un casi guapo sin demasiado porte y su mirada de estrella del cine, puesto que tenía caída de ojos, fue arrasada por las virutas de acero de su mandrinadora. Mira que le dije que se pusiera las gafas que le quedarían como a Gregory Peck en “McArthur” o a Mastroianni en “La Dolce Vita”, pero prefirió arriesgar y quemarse el cristalino. Qué tiempos sin bajas.

Duvall nació en California. Su parecido con el faraón de la nouvelle gauche Mitterrand no engaña: fue parte genética de esa serie de aventureros franceses, cazadores de castores, descendientes de los quebecois o de Luisiana.

Sus tatarabuelos que salieron de Brest apoyaron a la Unión y los WASP estos del vicepresidente Vance en su revolución puritana contra Inglaterra, pues siguieron al marqués Lafayette, y dieron logística con glam a Washington. Su posición e ideales inspiraron esa monumental obra que es “La Revolución en América” del muy conservador Alexis de Tocqueville, lectura imprescindible como las obras de Thoreau para todo joven amante de las intrigas políticas.

Sagas de apellidos y artistas de hugonotes o aventureros franceses en América, que no solo ha vivido de la grandeza artística de las de los judíos austríacos o sicilianos en los Soprano, son las de los banqueros Rotchschild, los Dupont de Nemours químicos, los sucesores del piloto de carreras Louis Chevrolet que fabricaron el “corvette” y todas las de los créole o criollos de origen francés de la salsa tabasco de Louisiana que quedan en los nombres de las ciudades del estado, como la dedicada al general confederado Pierre Beauregard, los fundamentales gobernadores Dupré-Bouvais o la dinastía de los Cartier de Québec con embajada en el bajo Mississippi.

La bella aunque fría Jackie Kennedy, Jacqueline Bouvier, era una atildada aristócrata neoyorquina de familia venida de Montreal.

A todos ellos y a su relamida prole los imaginamos tomando té helado o un blanco frío de Borgoña en los porches de sus haciendas de madera de listones blancos y balcones corridos, que tomarían como modelo al Vieux Carré, barrio Borbón, de Nueva Orleans diseñado por el fundador Le Moyne. En este estilo de ciudad colonial española al que se le incorporaron galerías de herrería que hemos visto tanto junto con bandas sonoras a partir de recrear el estilo musical zydeco –piano o acordeón haciendo frenéticas y barrocas escalas como en la música de Doctor John-.

“Un tranvía llamado deseo” la del personaje de Blanche DuBois que dependía de la amabilidad de los extraños; Kevin Costner en un bar del Barrio francés en JFK o “El Curioso caso de Benjamin Button de Fincher, con Pitt y la australiana Kate Blanchett (blanshéee) fueron rodadas en el corazón cultural francés de Estados Unidos.

En el reparto de ninguna de ellas aparece como actor, y es curioso, este portador del nombre de la saga aristocrática confederada sureña de los Duvall por vía doble, pues su madre descendiente del general Lee: el oscarizado Robert. Cuyo papel descollante para mí es ese en el que borda a otro europeo: al mafioso irlandés y secundario del Padrino, Tom Hagen.

Luego está su soberbia interpretación corta en “Apocalipsis Now” de Coppola. Su personaje es un majara que atraviesa peligros para practicar su pasión por el surf, el teniente coronel Kilgore por el que obtuvo en cuatro ráfagas interpretativas un merecidísimo “Globo de Oro”. No era fácil proferir, pero tiró de sadismo criollo, la frase.. “Nada en el mundo huele así. I love the smell of napalm in the morning"



Duvall con su vis de aristócrata austero (la contraria justo a Malkovich que tanto ha interpretado-jugado a franceses), el certero actor contenido de la fría escuela del Cardenal Richelieu, oficiaba sus papeles lento pero eficaz, con un freno de mano y mirada que rebelaba lo que la humanidad no quiere saber y, de pasar pantalla, quiere negar sobre ella misma. La vida fuera de los programas y los mandos, en el alambre pero con educación irónica, el destino sin control humano. Derrotar sin compasión pero con soberbia, bordar el papel de un racista con cimientos.

Me duele su pérdida como la de Hackman, pues me recordaban que cada uno de nosotros contribuimos a nuestras tragedias porque caemos en las manos de los dispensadores en la tierra de la arbitrariedad divina. Nada de ausentarse de ello como practica la escuela británica de actores menos el genial Gary Oldman, de la escuela de estos dos.

Arde Irán, Duvall ya se lo imaginaría. El cine tendrá que prescindir de él como actor del personaje de quienes hayan urdido la pasión según San Pahlevi. Nos deja con su cara y pose de embaucador honesto, de soldado de segunda línea, nunca moralizador, de su bajo Mississippi. El blues le gustaba tirando a poco a este dominador de todos los politeísmos, al profeta de que la ley y la justicia no han pasado mucho de la ley del Talión ni del baño de sangre de los sans culottes a sus primos de Francia.

Es un genio que todo esto lo expresó con un rictus, siendo calvo y relativamente agraciado aunque siempre apuesto. El mejor para tomarte una botella de bourbon sin aspaventar.

Savoir être et savoir faire.

02.03 Luis Iribarren

22.2.26

Podremos vivir mil años de aquí a un siglo?




Vi en una de esas notas rápidas de ascensor, un texto que me llamó la atención. Decía que el científico Raymond Kurzweil, experto en biotecnología había dicho que: “La primera personas que vaya a vivir 1.000 años, seguramente ya haya nacido”. Y me llamó la atención la tontería de fondo que pregonaba. 

No conocía al presunto autor y me lo guardé para ver desde dónde bebía para opinar así. Dicen que la profecía era del doctor Raymond Kurzweil, doctor honoris causa por 15 universidades menores de los EEUU y autor de numerosos libro.

Esta frase, atribuida en principio a diversos expertos en longevidad y transhumanismo como Aubrey de Grey y José Luis Cordeiro, sostiene que los avances exponenciales en biotecnología, inteligencia artificial y medicina regenerativa permitirán frenar o revertir el envejecimiento

Argumentan que quienes hoy son jóvenes vivirán lo suficiente para beneficiarse de terapias que extenderán la vida radicalmente. NO son tan osados de hablar de 1.000 años, y en eso ya uno puede estar de acuerdo, admitiendo que lentamente iremos aumentando la esperanza de vida.

Como es lógico, la frase primera no tiene sustento, es imposible, crea tonterías absurdas en la menta colectiva, en caso de que se la creyeran. Pero es imposible, aunque la IA vaya creciendo como setas de cueva, por pura lógica de supervivencia.

Se basa en la idea de que el envejecimiento es una “enfermedad más" tratable y reversible según avance la medicina. Los avances en rejuvenecimiento celular, ingeniería genética y nanotecnología permitirán "reparar" el cuerpo humano de forma continua. Lo cual ya deja más dudas, pues tampoco queda claro ni que sea posible ni que sea universal.

Se predice ya en este siglo XXI que llegará un punto no tardando mucho en que la ciencia aumente la esperanza de vida más rápido de lo que pasa el tiempo (más de un año de aumento de vida por cada año transcurrido), permitiendo extensiones indefinidas. 

Aunque parece ciencia ficción, esta teoría se fundamenta en la capacidad de curar enfermedades actuales y rejuvenecer órganos, lo que llevaría a una longevidad extrema, con las nuevas tecnologías de transplantes y recambios. ¿Será suficiente eso?

Nunca llegaremos a vivir 1.000 años, pues eso es imposible. Pero de alcanzar esa edad, sería de una forma tremendamente lenta, de muchos siglos en evolución. Decir que posiblemente alguien que ya haya nacido, vivirá 1.000 años es una idiotez. Aunque la Sanidad y la IA logre milagros.

Podríamos no morirnos, como podríamos tener un coche con un millón de kilómetros. Pero sería un coche muy viejito, al que ya le habríamos cambiado todo. Y sobre todo, sería un coche que nos resultaría mucho más caso de mantener que los coches nuevos.

Pero además, no morirnos supone un serio problema. A partir de los 60 años empezamos a necesitar remedios para las cronicidades de la salud. Con un 95% de la sociedad tomado de forma crónica medicaciones y necesitando atenciones médicas cada mes, sería insoportable mantener la Sanidad incluso en España. No digo nada en los EEUU.

A partir de los 70 años de media, una persona ya no puede trabajar. No es rentable. Por lógica de fuerza, de aguante, de salud. Estar el 93% de la vida soportando unas pensiones públicas o muriéndose de hambre, parece imposible. Es tanto como trabajar desde los 25 años de edad hasta los 70 años, y vivir el 96% de los años de tu vida sin trabajar y viviendo del trabajo del 4% restante.

Podríamos decir que esto, lo de vivir hasta los 1.000 años, sería solo para los ricos. Pero esa desigualdad vital acrecentaría las luchas y guerras, por alcanzar no ya la subsistencia, sino la vida casi eterna. Moriríamos en guerras, para intentar vivir más años.

Y pensar que eso lo podríamos ver y cambiar en el tiempo que representa una vida humana, en 70 ú 80 años de futuro, es de torpes en sociología o antropología, aunque el señor doctor Raymond Kurzweil parezca una persona muy formada en nuevas tecnologías y en análisis del futuro.

Posiblemente ni ellos mismos sean capaces de creerse esas presuntas palabras suyas, esos estudios que dicen publicar. Pero vayamos a poner sobre la mesa algunos datos más o menos conocidos, para ver si realmente estamos evolucionando en las edades máximas de vida.

Tenemos el ejemplo de Ramsés II (en Egipto, murió alrededor del año 1213 a. C.) pues es uno de los casos más conocidos. Murió aproximadamente a los 90 o 91 años de edad tras un reinado de 66 años. Su momia confirma que era un hombre de edad muy avanzada, con signos de artritis severa y problemas dentales. Una edad superior a la media actual en Europa. 

Dicen que Isócrates (en Grecia, un orador griego murió según las crónicas, a los 98 años de edad. No hablo de figuras teóricas o de la Biblia, como Matusalén (dicen que vivió 969 años) que representan una longevidad simbólica, pero no biológica.

La Esperanza Media de vida era en aquellos años de unos 30-35 años porque se promediaba con la enorme mortalidad infantil. Pero con una Sanidad casi inexistente, si se enfermaba a los 50 años con un problema crónico o una infección, no se podía vivir muchos más años desde el inicio de la enfermedad, que hoy nos parece habitual como podría ser la diabetes o los problemas respiratorios o cardíacos por poner ejemplos habituales.

El límite biológico del cuerpo humano no ha cambiado drásticamente en los últimos 30 siglos; el límite biológico de esos teóricos 120 años ya existía por entonces. 

Si una persona evitaba guerras, epidemias y accidentes, su genética podía llevarla a los 80 o 90 años de forma natural. No tiene sentido que ahora, en este sigo XXI seamos capaces de vencer a la muerte multiplicando por 10 su límite biológico.

El cambio de paradigma de estos científicos es dejar de ver el envejecimiento como un destino inevitable para verlo como una enfermedad tratable. A diferencia de la medicina tradicional, que trata las enfermedades cuando ya han aparecido (como el cáncer o el Alzheimer), estos científicos proponen reparar el daño acumulado a nivel celular antes de que cause problemas. 

Se centran en siete tipos de daños biológicos muy conocidos. Casi todos ellos en investigación de nuevas estrategias SENS (Reparación de Daños).

La base del optimismo para el siglo XXI es que la capacidad de secuenciar el ADN y editar genes (tecnología CRISPR) está creciendo de forma exponencial, no lineal. Lo que hace 20 años costaba miles de millones de dólares y décadas de trabajo, hoy se puede hacer en días por unos pocos cientos de euros.

Por acabar con este tema que puede ser tan apasionante como utópico, te dejo unas líneas del llamado Límite de Hayflick que es básicamente, el "contador de minutos" biológico de nuestras células. Fue descubierto por el Dr. Leonard Hayflick en el año 1961, y cambió por completo nuestra comprensión del envejecimiento.

Hasta antes de la llegada del Límite de Hayflick, se pensaba que las células eran inmortales si se mantenían en un entorno adecuado. Él demostró que una población de células humanas normales (como los fibroblastos) solo puede dividirse un número limitado de veces —entre 40 y 60 veces— antes de detenerse. Cuando la célula alcanza ese número, entra en un estado llamado senescencia: no muere inmediatamente, pero deja de dividirse y empieza a funcionar mal.

Imaginemos los cromosomas de nuestro ADN como si fueran cordones de zapatos. Los telómeros son las puntas de plástico (herretes) al final de esos cordones. Su función es proteger la información genética para que no se "deshilache" cada vez que la célula se copia. 

El problema es que cada vez que una célula se divide, los telómeros se acortan un poco. Cuando los telómeros se vuelven demasiado cortos después de muchas divisiones, la célula detecta que su ADN está en peligro y activa un "interruptor de seguridad" que detiene la división. Ese es el Límite de Hayflick.

Pero es cierto que no todas las células están sujetas a este contador. De momento sabemos que las Células Madre tienen una enzima llamada telomerasa que repara los telómeros, permitiéndoles dividirse casi indefinidamente. 

Y en el lado contrario tenemos a las Células Cancerosas que "secuestran" la telomerasa para volverse ellas mismas inmortales, dividiéndose sin parar y sin respetar el Límite de Hayflick.

Si activamos la telomerasa en todas nuestras células para saltarnos el límite de Hayflick y no envejecer, corremos un riesgo altísimo de provocar cáncer generalizado. O lo uno o lo otro. Envejecimiento o descontrol en la multiplicación de nuestras células.

La solución en la que se trabaja a nivel de investigación, es encontrar el equilibrio perfecto donde podamos "resetear" el contador de las células sanas mediante reprogramación celular, pero sin convertirlas en células tumorales. 

 Se cree que ese llamado Límite de Hayflick es la razón por la que la esperanza de vida máxima humana está "bloqueada" naturalmente en torno a los 120-125 años desde hace miles de años.