20.3.21

Pandemia (02) Somos la Generación número 80 desde el Año 1. La gripe de 1918


Si cada 25 años van naciendo de media nuestras generaciones de relevo, estaríamos ahora inmersos en la Generación 81 desde el inicio de nuestra Era mientras que en el Planeta estaríamos conviviendo a la vez las generaciones 78, 79, 80 y 81. Las dos generaciones de en medio serían las que con más fuerza estarían ahora gestionando el mundo para bien y para mal. 

Ninguna de ellas en el mundo occidental ha sufrido una Gran Guerra, una enorme debacle mundial, y se ha ido configurando en toda su vida en una línea ascendente sin freno en cuanto a libertades, tecnologías, avances en la educación, mejoras económicas, más tiempo libre y mejores condiciones de vida. 

Incluso con todos los reparos del mundo, estas mejoras han sigo mucho más leves en el resto del planeta, pero incluso con sus guerras menores y sus altibajos económicos, en casi todos los casos hoy se vive mucho mejor que en el año 1950 en todo tipo de sociedades. 

Los cambios (de todo tipo) producidos en estos 70 años últimos han sido mucho más profundos que los de cualquier otra generación anterior. En cualquier zona del mundo excepto en las indignidades que todavía mantenemos en el Planeta por motivos estratégicos, es casi imposible comparar las condiciones de vida de 1950 con las actuales. 

Pero es verdad que aunque no nos haya movido las tripas ninguna Guerra Mundial reconocida en el mundo occidental (las hemos tenido pero ya con otro talante y de forma distinta a sacar los tanques al campo) hemos sufrido suficientes “golpes” en estas décadas, como para saber que cualquiera de ellos nos deja huella, nos marca, nos transforma aunque su duración sea corta, siempre que sea intensa en nuestra forma de conformarnos, en nuestra seguridad asentada aunque a veces lo esté sobre unas bases de pobreza o de control sobre nuestra libertad.

Los ejemplos cercanos más claros serían los ataques del 11N del 2001 en New York, en París el 15N de 2015 o en Atocha el 11M del 2004

El terrorismo nos enfrenta contra la muerte aleatoria, y esa debilidad no la entendemos. Sabemos que nos tenemos que morir pero creemos que siempre será con aviso, con tiempo, con incluso organización suficiente como para prever u organizar el futuro que ya no veremos. 

Así que cuando nos llega una pandemia como la del COVID sentimos nuestra debilidad social como algo que posiblemente nos puede afectar y seguro que nos influirá en muchos conceptos laterales de la vida social. 

Golpes controlables y que además llegamos a pensar que no iban con nosotros hemos tenido muchos en estas décadas vitales para todos los que todavía estamos viviendo ahora. 

Desde la Guerra Fría a los peligros frenados a tiempo de algunos momentos muy complicados como Bahía Cochinos y su posterior Crisis de los Misiles de 1962, o las Guerras de Corea, Vietnam o con posterioridad los conflictos y Guerras en toda la zona de Israel y países cercanos, Irán, Irak o conflictos menores en gran parte de África. Sin olvidarnos de la Caída del Muro de Berlín y los efectos que produjo en el mundo europeo del Este de esa terrible barbaridad de un Muro que dividía en el centro de Europa a familias, solo para mantener la incapacidad de encontrar una solución.

El mundo occidental siempre ha confiado en sus “gestores” para controlar los riesgos que precisamente ellos mismos creaban. 

Hemos pensado que en todos los inicios y desarrollos de estos graves problemas existía el diseño de las soluciones para que sus efectos fueran delimitados por fronteras lejanas a nosotros. Esa confianza en la Paz Duradera nos llevaba a pensar que los “gestores” aunque nos parecieran malos, en realidad nos garantizaban la paz casi eterna. 

Y priorizábamos esa Paz diseñada incluso a costa de ver informaciones pulidas y abrillantadas de otras zonas donde la paz no existía. No solo hay que saber gestionar sino además hay que saber mostrar lo que sucede si no se quiere nuestro tipo de gestión. Toda la suma de las decisiones sociales es lo que logra la tranquilidad impuesta por obligación. 

Somos pues unos habitantes del Planeta Tierra que nos estábamos librando de problemas graves y globalizados, hasta que llegó esta pandemia del COVID que de momento no sabemos hasta qué punto nos va a afectar, pues aunque llevemos casi un año en su compañía no deseada, entendemos que no va a ser nada sencillo doblegarla. Y en los análisis posible que hagamos muchos de nosotros sobre esta situación siempre sobrevolará sobre nuestros pensamientos la duda de si al final este proceso de enfermedad global influirá para bien o para mal en nuestros cambios, en nuestros comportamientos futuros. 

¿De esta crisis saldremos más unidos, sabios, responsables, igualitarios? ¿O será una manera de volvernos mas individualistas, de cerrar fronteras, de convertirnos en más egoístas de nuestras propias soluciones? 

No se trata de lo que pensemos cada uno de nosotros, sino de la suma de todos. Como individuos podemos creer una cosa muy diferente a lo que realmente necesite el Planeta para salir de esta situación y que no se repita, y podemos tener gestores que sepan trabajar por el futuro o se aferren el presunto presente enfermo, para ver solo en el corto plazo. 

Probablemente este virus esté entre nosotros hasta que incluso todos los que estamos ahora viviendo aquí hayamos desaparecido. Lo que no indica que no seamos capaces de controlarlo, de conocerlo mejor, de que lo hayamos convertido en una enfermedad posible y crónica, que afectará más o menos según en la zona en donde vivamos y el acceso a la Sanidad barata que podamos tener. 

Y es casi seguro que durante todo el año 2021 hayamos encontrado soluciones para contemplar este problema de una forma totalmente diferente al sufrido durante todo el 2020, pero con enormes desigualdades entre zonas y países para poder controlar las secuelas. 

El SARS-CoV-2 no desaparecerá y habrá que seguir vigilando a personas y sobre todo a animales para que no se vuelva a propagar tras mutar en otras clases de virus que se salten las defensas que nos irán proporcionando las distintas vacunas que habrán venido para quedarse durante un buen tiempo hasta encontrar una definitiva. Se calcula en más de 300.000 los virus que afectan o pueden afectar a mamíferos pero de momento nunca lo han hecho a humanos. La vigilancia tiene que ser constante y mucho más eficaz que hasta el momento.

Cuando el 75% de la población mundial sea ya inmune por diversos motivos entre los que no hay que descartar el contagio y la autodefensa por ello, ya podremos decir que el virus está medianamente controlado. 

Seguiremos teniendo casos pero nuestra vida habrá vuelto a una casi normalidad si la comparamos con las formas de vida social del año 2019. No será igual, pues eso está descartado por diversos motivos que iremos hablando. Pero podremos volver a situaciones económicas y laborales muy similares, a viajar y no estar confinados, a relacionarnos casi de forma similar con nuestros amigos y familiares, aunque en el proceso hayamos realizado cambios que casi no notaremos pero que sin duda serán suficientes para reconocerlos. 

Y sobre todo en el camino de este año de miedos y enfermedad global, se habrán producido cambios en las formas de actuar, de pensar, de comportarnos, que afectarán a grandes grupos de actividad económica, social y laboral. Los cambio no nos vendrán impuestos, los impondremos nosotros mismos por la modificación de nuestras costumbres. Y los cambios no los veremos en la resaca de la pandemia, sino varios meses o años después, cuando la reflexión haga mella en nuestros comportamientos.

¿Cómo compraremos? 

¿Qué tipo de ocio realizaremos? 

¿De qué forma y hacia dónde viajaremos? 

¿Qué tipo de trabajo será el del futuro? 

¿Se verá modificada nuestra actitud hacia la educación? 

¿De qué manera podremos enganchar a los damnificados en esta pandemia, a la generación perdida, a los jóvenes actuales que van a dirigir el mundo en breves años? 

¿Quién gobernara el mundo? 

¿Para quién se gobernará el mundo tras la pandemia? 

¿A costa de qué perdidas seremos capaces de contemplar un Nuevo Mundo que parece ser, todos queremos más seguro? 

¿Será un Nuevo Mundo con un gobierno mas global y de muchos países gestionando unidos o un Nuevo Mundo más individualizado, con una única potencia mundial marcando el camino? 

Lo importante no son las preguntas, que pueden ser muchas más, sino las respuestas, que son muy escasas y en casi todos los casos unas coartan a las demás. 

Pero las respuestas sí que las damos los humanos, mientras que las preguntas muchas veces nos viene impuestas por las realidad que no sabemos controlar antes de que ya sea demasiado tarde. 

Tal vez entre las preguntas deba figurar en primer lugar la siguiente: ¿Hemos dedicado suficiente esfuerzo inversor en detectar los problemas naturales que pueden hundirnos como civilización, como animales mamíferos débiles? ¿Hasta qué punto hemos facilitado al mundo científico su trabajo para lograr que estos problemas que afectan brutalmente a todos los demás órdenes de la vida pudieran tener una respuesta más acorde con lo que esperaba la sociedad? 

Hay que ser sinceros ante todo. No se esperaba la llegada del COVID pero sí se esperaba que de llegar un problema similar, nuestra respuesta sería muy otra y nunca similar a las que dimos en el año 1918 a la mal llamada Gripe Española. 

O que al menos tardaríamos menos de un año en poder encontrar un tratamiento, un método de defensa pasiva o activa que no fuera lavarse las menos, ponerse mascarilla o mantener unas distancias con el resto de personas que nos ha llevado a confinamientos a veces muy duros y al cierre de innumerables actividades económicas de forma directa o indirecta.

Aquella “Gripe” de 1918 que todavía no se sabe bien cuando comenzó aunque se de como fecha más probable la de marzo (curioso) de 1918 en un cuartel de los EEUU aunque siempre se sospechó que también vino desde China, se cree que mató a unos 40 millones de personas en todo el mundo, unos 300.000 en España entre los aproximadamente 8 millones de afectados en nuestro país. 

Pero son datos falsos pues en aquellos años no era posible conocer los números con la exactitud actual, que también son equivocados pero en el caso actual porque queremos minimizarlos. 

El caso es que la mortalidad de aquella mala llamada Gripe Española fallecieron en España un 3,75% de los contagiados diagnosticados. Aquel Virus A Influenza del subtipo H1N1 afectaba sobre todo a jóvenes y adultos jóvenes (y no a niños) y se cebó con los grupos de personas que vivían juntos, fueran cuarteles, colegios internados, hospitales o conventos. 

Posiblemente aquel mismo virus había estado entre nosotros unas cuantas décadas antes y a la gente de más de 40 años le afectó mucho menos por estar ya inmunizada de un virus muy similar o el mismo que hubiera circulado por España unas décadas antes.

Los síntomas también eran similares a los actuales del COVID19, fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales como primeros síntomas propios de esta enfermedad que te llevaban (previsiblemente) a una neumonía bacteriana secundaria, ya que no había antibióticos disponibles. 

Las personas a veces se morían rápidamente después de la aparición de los primeros síntomas, con hemorragia pulmonar aguda masiva o con edema pulmonar, y con frecuencia en menos de cinco días. 

Aquel subtipo de Virus Influenza H1N1 se calcula que circuló entre la población hasta el año 1957 y que posiblemente pasó de los cerdos (gripe porcina) o de algunas aves a los humanos. pero su forma más virulenta circuló hasta el año 1920 y se cree que infectó a un tercio de la población mundial. 

¿Y cómo se curó o se logró vencer? Pues curiosamente no se sabe bien. Se cree que desapareció como vino, ella sola o por efectos de una inmunidad de grupo. Es verdad que en aquellos años el mundo estaba inmerso en su I Guerra Mundial y no estaba para muchos análisis, no había antibióticos ni un sistema de Salud, no había vacunas y los muertos se sumaban a los de la guerra. Pero dejó secuelas muy importantes.

La más fácil de entender es que diezmó a poblaciones enteras de las que hoy no tenemos constancia, en zonas pobres del Planeta. En algunos países los fallecidos supusieron un número tan elevado que se podían ver en todo tipo de pirámides poblacionales, sumadas los muertos por la guerra y por la pandemia. 

Una generación de personas jóvenes se vió muy mermada y por ello el mundo perdió unos valores enormes. Pero además se sabe que los niños nacidos sn aquellos dos años entre 1918 y 1920, fueron más débiles en relación a los anteriores y posteriores, no se sabe si directamente por la pandemia o por las situaciones de estrés y temor de las propias madres y familias. 

Pero también trajo cambios sociales muy importantes en el mundo. Acabada la I Guerra Mundial se dieron cuenta de la importancia de tener una Sanidad Pública eficaz, se creó un sistema de Sanidad Pública en muchos países con Ministerios propios dedicados a su gestión, y se creó a nivel mundial la Organización de la Salud, germen de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tardó todavía 25 años en crearse hasta 1948. 

Y se optó por entender que todos los sistemas de beneficencia o de ayuda a los damnificados eran imprescindibles, pues existían un gran número de familias rotas, de niños huérfanos, de personas sin recursos. Está claro que las decisiones se toman tras las grandes guerras, sean del tipo que sean.

Una de las decisiones que más claramente quedaron reflejadas tras aquella Gripe de 1918 es que había que tomar medidas de distanciamiento social. Medidas nada fáciles pues no se trataba de hacerlas a medio gas, sino de forma contundente. 

En este 2020 hemos hecho lo mismo pero al igual que entonces, con diferente rigurosidad. En los países o ciudades más estrictas han tenido menos contagios y menos muertos. Tanto en 1918 como en 2020. En los países o ciudades más laxos han tenido mas contagios, mas fallecidos, peores soluciones económicas. 

En la imagen que dejo podemos leer algunas de las medidas que desde la provincia de Burgos tomaron los Gobernadores provinciales y observaremos que son muy similares a las que hoy un siglo después, estamos tomando en todo el mundo. ¿No hay otras? 

Sin duda esas funcionaron y funcionan, pero es curioso constatar que 102 años después no hayamos logrado construir nuevas formas de defensa pasiva o activa contra una pandemia mundial.  

Nos movemos por las mismas formas de actuación sin añadir nada nuevo aunque nos pensemos una sociedad actual muy moderna y avanzada. ¿Con relación a qué? 

¿Hemos dedicado los mismos esfuerzos a defendernos de una posible pandemia, de los que hemos dedicado en las últimas décadas a crecer en velocidad de transmisión de datos por las Redes Sociales?

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