A mi el 23-F de 1981, el Golpe de Estado de Tejero me pilló trabajando a oscuras y con la radio (la SER) funcionando. Estaba casi a oscuras en el laboratorio fotográfico cuando escuchando la votación saltó el ruido. Los primeros instantes personales fueron de convencimiento de que era un ataque terrorista de ETA, con unos tipos disfrazados de guardias civiles. Pero en cuanto salió el nombre de Tejero, todo me encajó de otra manera, pues ya era conocido.
En los primeros instantes y tras los disparos sí pensé en muertos. Y que aquello iba muy en serio, no era una chapuzo de un idiota.
Salí de mi laboratorio, avisé a varios oficiales del taller de lo sucedido, yo tenía 24 años y eran las 18,23 de la tarde, y tenía que haber salido a las 18,15, pero estaba acabando unos trabajos urgentes.
Enseguida dejé todo más o menos acabado y salí corriendo hacia mi casa, a buscar el autobús 33 que me llevara a recapacitar.
Desde la Plaza de los Sitios al Paseo de Independencia fue un recorrido rápido y de reflexión. ¿Qué debía hacer con urgencia? Tenía que avisar a mi hermano, con suma preferencia.
Encontré una cabina de teléfono casi en la plaza de España y le llamé a la librería. Se acababa de enterar por un cliente. Dejó su puesto de trabajo y se fue a su sindicato del que era dirigente sectorial a nivel estatal.
Mis padres estaban en su pueblo de Soria y sin teléfono en su casa, llamé a mi mujer y le dije que se preparara para salir a comprar los básico en alimentación, y tras llegar a casa en silencio y comprar lo elemental para una semana, nos fuimos a casa de unos amigos, en donde él era militar democrático, para ver qué sabía él.
Aquella tarde fue de disimulo. El marido de nuestra amiga era de familia militar y no se debía hablar de muchos temas aunque supiera que era democrático, solo escuchar.
Habló con su padre por teléfono y este le tranquilizó. No tardamos mucho en irnos a nuestra casa, para intentar nosotros, hablar con mi hermano.
No había móviles, y había que esperar a que sonara el teléfono. No estaba en casa, no sabíamos nada de él.
Él cuando me llamó me dijo que no iba a dormir en su casa, que estaban todos preparados para quemar archivos si fuera necesario, y que esa noche dormiría en un piso ajeno a nuestros padres, pues él todavía estaba soltero. Le ofrecimos nuestro piso, pero no quiso.
Me dijo que algunos militares de Zaragoza habían sido movilizados, que los fueron recogiendo en puntos estratégicos aquella noche para llevarlos a los cuarteles. Y que desde Madrid no le sabían decir nada concreto.
Hasta que salió el Rey por la tele, y con la radio pegada e las orejas, mi esposa y yo sabíamos que aquello era la continuación del Colectivo Almendros, de la Operación Galaxia, y que estaba muy bien organizado. Con el tiempo nos enteramos que era una chapuza, muy posiblemente organizado o alentado o consentido, para evitar males mayores.
Hoy mismo, en 2026, me entero que se van a desclasificar por fin, los Papeles del 23-F, tras 45 años de espera. ¿También las grabaciones telefónicas?
Nunca es tarde, y sabemos casi todos que no van a contener nada nuevo. No sabemos qué trama civil hubo, pero sí sabemos que la hubo aunque muy tapada. Se necesitó financiación que Tejero y sus amigos no tenían.
No sabemos de lo sucedido entre la hora del Golpe de Estado y la salida del Rey en televisión. Tampoco de lo que realmente hicieron los Subsecretarios convertidos en Gobierno por unas horas, ni del papel de ciudades militares tan importantes como Madrid, Sevilla o Zaragoza.
Ni el papel de los EEUU antes y después, con serias dudas de su embajada y las indicaciones de la mañana anterior a sus ciudadanos en España.
Intuimos quien era el Elefante Blanco, pero incluso pudo haber dos Elefantes Blancos, para engañarse entre ellos.
Tampoco sabemos bien el papel del CESID a través de José Luis Cortina. Ni hasta que punto aquel 23-F estalló, para tapar un posible Golpe de Estado Civil y Militar mucho más potente.

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