11.5.26

Tiempos líquidos pero violentos


Ya hace unos pocos años que se creo el término "Tiempos Líquidos" para esos nuevos espacios temporales en la historia de la sociedad, en donde nada es fijo, nada se queda quieto y todo se adapta a los contenedores de cada momento. Tiempos líquidos en donde quien cree ser el dueño del contenedor, lo modifica, saltándose como le viene en gana todas las formas.

En pocos meses hemos destrozado Gaza, hemos destrozado Líbano, hemos secuestrado a los Presidentes de gobierno que nos ha dado la gana dentro de esa manera líquida de adaptar el mundo a nuestro antojo, y cuando en vez de un líder dictatorial y único, son muchos, los matamos a todos.

En teoría tenemos unos tiempos tan líquidos, que lo que hoy es de una forma puede cambiar varias veces cada día de sentido, simplemente a golpe de redes sociales desde los tontos que mandan y se creen emperadores. 

Nada es fijo, inamovible, y curiosamente, puede cambiar varias veces a la semana de forma y de meta.

Puede ser Groenlandia, México, Cuba, Brasil o Venezuela. No hay problema en intentar cambiar la forma de la botella que contiene las normas internacionales. Puede ser Ucrania, Hungría o Ceuta y Melilla. Todo sirve, para impresionar, asustar y demostrar que se es el más chulo de la clase.

Curiosamente lo de menos son los objetivos finales. Lo de más asustar. Podemos cargarnos la OTAN, la ONU, la Organización Mundial de la Salud, y el gobierno democrático de España, con la ayuda además desde el interior, de los tontos impávidos. 

Los peores son los tontos internos, las quintas columnas que ayudan a los Evangelistas a comer espacios sociales. Siempre hay marcos mentales para disimular, para convertir lo extraño en inevitable y deseado.

Siempre nos pueden y saben manipular, para obligarnos a aplaudir como pollos entrando en el matadero. Eso se llama torpeza mental. Aplaudimos para obedecer, sin darnos cuenta además.

Ya no somos humanistas, casi tampoco somos humanos, y curiosamente tampoco somos egoístas pues no miramos por nuestro interés, sino por el de quien nos convence de que algo hay que hacerlo como él dice, pero sin decirnos ni el qué, ni cuanto, ni a favor de quien. 

Eso sí, quedamos convencidos de que es a favor de nosotros mismos, sin reflexionar. Es la comodidad de no querer pensar.

Si hay que joder a Venezuela, México o Colombia, hablamos de las drogas. Si queremos joder a Cuba hablamos de China o de Rusia. Si deseamos destrozar el Golfo Pérsico volvemos a comentar no se sabe qué, sobre lo mala que es China. 

No damos pistas, fijamos enemigos sin dar información real, pues con esa podemos seguir manipulando.

Ya no tenemos Derecho Internacional, pues en un mundo líquido no es necesario. Se adapta el Derecho a la botella, y punto pelota. Se ha logrado ningunear Europa, y esta además se ha dejado hacer en silencio, dividida y torpe como hacía muchas décadas. La factura vendrá pronto.

Y mientras tanto mezclamos religiones sabedores todos, de que con la Religión se va al cielo. Nadie nos dice qué hay en ese Cielo.

En la misma sopa metemos a cristianos católicos, a evangelistas que nadie sabe bien qué son, a islamistas chiítas o sunitas sin poder diferenciarlos, a los ateos y a los agnósticos, sabedores que estos últimos son precisamente los más peligrosos pues por no creer, no creen ni en los que los engaña, y eso los convierte en peligrosos. 

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