5.2.26
Paraísos Cercanos 04: La Ruta de la Seda como puerta gastronómica
En fechas recientes hice un resumen de las extrañezas y confirmaciones vividas en mi anhelado viaje al epicentro de la Ruta de la Seda. En la Uzbekistán vertebrada por los feraces valles verdes del oeste de las montañas Tian Shan, que deslumbraban tras todas las privaciones cercanas a la muerte a los caravaneros a su vuelta de China.
Los ramales norte y sur de la ruta, que partían de Xian, se crearon para bordear uno de los más duros desiertos de la muerte del mundo: el de Gobi. Para poder alcanzar los valles musulmanes uigures, regados por torrenteras que se traga el desierto y bajan del deshielo de las vertientes sur de los siete miles del Altai. Mientras hay agua, permiten las huertas y ciudades oasis de Urumchi y Kashgar, regada por el infeliz río sin esperanza de delta que es el Yarkant.
En ambas ciudades los caravaneros, si llegaban entre octubre y mayo, debían esperar al deshielo de los neveros de las montañas que extienden en curva hasta Siberia el Himalaya y cruzarlas con el día muy largo. Dejando en el centro el desierto referido con los altiplanos de Tíbet y Mongolia en los flancos norte y sur de esta fundamental elipse para la historia de la Humanidad desde donde se exportaron al oeste las innovaciones chinas a cambio de importar miedo y dinastías nómadas a caballo, que justificaron el levantamiento de los han de la Gran Muralla.
Circunstancia glosada por Konstantino Kavafis, aún es de aplicación al temor a ser conquistados de todos los pueblos sedentarios (la frase justifica toda la política de Trump en el presente y de sus interesados perseguidores hasta en Europa):
¿Qué esperamos congregados en el foro? Es a los bárbaros que hoy llegan. -¿Por qué esta inacción en el Senado? ¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores? Porque hoy llegarán los bárbaros. ¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán los bárbaros, cuando lleguen.
Ascendidos en verano los puertos más que alpinos del Altai desde Urumchi, por el valle del río Ili llegaban los caravaneros hasta la ciudad de Almaty, antigua Alma-Ata, en lenguas túrquicas “el padre de las manzanas”. En su umbroso y selvático entorno, las colinas que la rodean y no fueron taladas en la época soviética u otras que necesitaron madera para quemar conservan un tesoro incluso mayor al que representan los bosques justamente denominados de Ordesa: las primeras selvas en su ecosistema fresco propio de manzanos, perales, albaricoqueros y membrillos, de arbustos de frutas comestibles, de la humanidad. Sus semillas fueron extendidas por los afamados caballos kirgueses de los dioses, que engullían mil y una manzanas dulces o ácidas, y las expandieron los arbustos en todo el recorrido de la actual Ruta de la Seda. Dado que se trataba de los fórmulas 1 de su tiempo y eran la principal mercadería de exportación kirguisa, proporcionando las caballerías que ganaban o no hacían perder guerras.
Si las caravanas elegían cruzar por la ruta del sur desde la base de Kashgar, penetraban en el paraíso terrenal que los propios persas consideraban que era la Transoxiana, los valles de Fergana y los que riegan en Kazajstán y Uzbekistán los históricos ríos Sri y Amu Daria.
Discurriendo más allá del límite de la civilización para los griegos, que no fundaron asentamientos más allá de ellos –entregando a los arios de Irán, los turcos y mongoles la no gestión nómada de la estepa y la receta del tartar y el cuajado del yogur-, llamaron a los amazónicos ríos Yaxartes y Oxus, respectivamente. El primero recibe su nombre de su color nácar del persa. El segundo gran río, es lo que significa “darya” baja de la unión de dos largos ríos que se aprovechan del deshielo de los glaciares de Pamir.
Las extensísimas huertas de estos dos monstruos hídricos se están recuperando de su empobrecimiento por el monocultivo soviético del algodón uzbeko, aún hoy el mejor del mundo y cuya flor preside la plaza del teatro de Tashkent. Destacaría entre su producción de frutas y verduras aún no nitrogenadas la excelencia de los huesos de albaricoque secos, los impresionantes en tamaño y sabor algo acre sandías y melones de invierno, y las zanahorias blancas, poco dulces, tirando a nabos o rábanos daikon que intervienen en el plato nacional uzbeko: el arroz pilaf o plov, que aprovecha los cortes menos nobles de los tajos de los corderos como aporte graso.
¡Bebe vino! Lograrás la vida eterna. El vino es el único capaz de restituirte la juventud.
¡Divina estación de las rosas, del vino y de los buenos amigos! ¡Goza del instante fugitivo de tu vida! (Omar Jayyam)
Tras unas paradas de lo más reconfortante en las medinas de Bujará con sus especiales almendras; Khivá, la rica en dátiles y el histórico oasis iraní oriental de Mashdad, tierra de provisión de granadas y otras frutas, los mercaderes retornados portaban semillas y alimentos de la gastronomía china y central de la Ruta de la Seda que tuvieron una inequívoca influencia en la marca de calidad y refinadas combinaciones que conservan la de las de la Gran Siria, incluyendo a Líbano e Israel, y turca, especialmente en cuanto al uso del arroz como cereal de acompañamiento, el fantástico té turco y la repostería.
Ahora bien, Anatolia, las laderas del Cáucaso de Georgia orientadas al sur y el norte kurdo de Siria y Mesopotamia son las cunas del trigo de altura, la domesticación de la cebada o especias como el azafrán.
En cuanto a la extensión del sagrado cultivo del vino, la sangre de Cristo, se supone que una gran parte de los varietales del mundo vienen de los bosques de viñedos dulces o bordes georgianos, lugar en que todavía es posible beber un vino blanco único turbio, salvaje por picante y amargo, sobre lías y criado en cántaros bajo tierra.
Es congruente que armenios y georgianos, por tanto, se mantuvieran como enclaves cristianos, centren su vida ceremonial en torno a celebrar con vino y produzcan, como Uzbekistán, magníficos caldos y destilados de raspas al estilo del brandy.
Toda la vida la oveja temió al lobo, pero fue el pastor quien se la comió (dicho popular georgiano de este pueblo de pastores legendario).
Pueblos de yogur, manzana y vino; de trasegadores de vino y vodka aun siendo confesionalmente musulmanes; fabricantes de las primeras tortas ácimas para conservar el cereal molido de la humanidad, los pueblos del Oriente Próximo de la ruta de la seda viven su vida familiar y la social por derivación como si no hubiera un mañana.
Porque anhelan quitarse todos los velos, poder volver a reír, sacudirse de los intereses estratégicos del cinturón de seguridad de Rusia, que eligió armenios para exterminar al resto… Mañana huirán como pueblos que representan culturas no menos centrales de la voracidad china por elegir el siguiente cultivo industrial que ya no podrá contaminar por falta de agua más el mar de Aral… Cada comida de tribu georgiana en que se pregunta si se quiere probar o beber vino así nos lo recuerda, generación tras otra.
04.02 Luis Iribarren
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