Sabemos que la mayoría del ruido que leemos en internet es falso, pero disimulamos y nos lo queremos creer. Nos insultan, nos engañan, nos mienten gentes a las que no conocemos de nada, pero nos afecta, nos lo creemos.
Se calcula que el 58,5% de los comentarios que leemos en internet están firmados por un pseudónimo. Quien lo hace no quiere dar la cara, no quiere decir quien es, pero nos afecta lo que dice esa personas que puede ser falsa.
A mi no, ya lo advierto, pues tengo la enorme suerte de tener pocos comentarios.
Esa información de la imagen de arriba está sacada de una exposición de Telefónica en Madrid. No parece lógico que Telefónica consienta en sus propios edificios que se pongan datos falsos.
Otra curiosidad tremenda es que hacemos el mismo caso a lo que comenta una identidad falsa de lo que dice una identidad verdadera.
Simplemente por la comodidad, que nos decimos y nos creemos, aunque nos resulta imposible saber qué es falso y qué es verdadero.
Si fuera esto cierto, que lo hiciéramos por la comodidad y por estar seguros de que todo es mentira, lo primero sería huir de lo que no sabemos discernir si es real o nos están engañando con identidades falsas.
Yo soy real —al menos de momento pues la edad ya pesa—, y no, no pido que me leas. Tú decides. Pero al menos lee o intenta leer a quien da la cara y dice quién es. Y elige leer a quien te guste por diversos motivos, pero que al menos sea real, y sepa mantener su identidad.
Nos podemos equivocar todos los que escribimos, los que somos reales también, incluso parecerá que os intentamos engañar cuando simplemente es que opinamos diferente a vosotros. Pero al menos somos siempre iguales.
Si alguien que es real, que da su nombre e identidad, y es de los que dan varias opiniones diferentes, cambiamos de opinión como la luna, no tengas duda. Es que estamos locos o tontitos.

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