¿Teme usted al futuro? ¿Teme no tener pensión en la vejez? ¿Teme ser pobre a final de su vida? Estas son las preguntas que la gente de mediana edad en algún momento se hace. Las respuestas son tan variadas como imaginativas, porque la pandemia ha marcado un antes y un después. Al igual que un descubrimiento arqueológico se cataloga como antes o después de Cristo; así ocurre en estos tiempos, habrá que hablar de antes o después del Covid.
2019 a. del C. (covid)
Decían que estábamos saliendo de la crisis del 2008. Una generación de gente joven que navegaba entre empleos precarios, salidas al extranjero como modernos emigrantes que rememoraban a sus abuelos y rabia contenida porque su país no le había dado lo prometido. Tampoco este país se lo ha dado a la generación de mis padres que se vieron inmersos en una posguerra silenciosa, oscura y unos triajes en residencias y hospitales que determinaban si te salvabas o no cuando tenías este maldito virus.
Los países, en demasiadas ocasiones, son insensibles con la población. Había, por tanto, mucho hartazgo, mucho callar, mucho aguantar empleos precarios con sueldos míseros, demasiadas imposibilidades de pagar hipóteca, alquiler, facturas, sacar adelante a los hijos. En definitiva, mucha rabia contenida que siempre explota por un lado u otro.
2020 d. de C.
El covid nos iba a hacer mejor personas, ¿recuerdan? La geopolítica internacional de repente se iba a hacer humanista por la gracia de Baltasar Gracián. La desigualdad entre ricos y pobres disminuiría. Los terraplanistas adquirirían “volumen” cerebral. Los negacionistas se pondrían la vacuna por la gracia de la ciencia.
Esto es lo que piensan muchos trabajadores, los más débiles, que en diferentes países se han negado a volver a sus trabajos con sueldos míseros. El famoso, Pay them more, de Biden. Por primera vez, estos trabajadores han hecho la peineta al capitalismo más salvaje. Un día estás aquí, al siguiente vete tú a saber. Por tanto, vivo y punto. Ellos sí que han cambiado con el Covid. Son los elegidos del 2020 d. del C.
La pregunta que surge es, ¿y si tuviéramos cientos de millones de personas que le hacen la peineta al capitalismo?
Siento terminar este artículo con más preguntas que con las que lo inicié. Estoy en plan socrático. Mayéutica manda y ya se sabe que este es el camino para el aprendizaje o eso me decían en el instituto cuando estudiaba filosofía.
OLGA NERI