12.2.24

El silencio es muchas veces la mejor manera de hablar


Llevamos unas semanas a nivel España, Europa o Internacional, que existen tantas noticias y casi todas ellas malas, que uno ya no sabe si dejar de escribir definitivamente, o ir seleccionando algunos temas para plasmar mi opinión. ¿Sirve de algo opinar, cuanto opinan cientos de personas, la inmensa mayoría de ellas con los conceptos muy claros y fijos?

La sociedad en su conjunto, ante la saturación, va poco a poco desenganchándose de casi todo. No sirve de nada seguir opinando, pues nadie quiere leer, y tal vez tengan razón. No opinamos, sino vendemos nuestras "motos" para ver si somos capaces de convencer mientras hacemos ruido.

No existe el suficiente humanismo, tampoco calma y reflexión, poco positivismo, y las ideas es jugar a joder. Y sin sexo.

Así que sí, el silencio es muchas veces la mejor manera de hablar. Creo que algo parecido decía el aragonés Baltasar Gracián.



6.2.24

Nos faltan políticos. Nos sobran gestores


Cada vez hay menos políticos, y más trabajadores de la política. Y eso es un activo conseguido por los que van logrando que se odie la política en general, y todos sabemos bien para qué lo quieren así. 

Cuanto menos política haya, más mandarán los que están en ella para trabajar y no para cambiar la sociedad. El número de políticos pequeñitos que son voluntarios son tremendamente más numerosos que los que cobran por ello. 

Y si faltan los voluntarios, los gestores no pueden gestionar si no es mal y a precios carísimos. Sobre todo en localidades pequeñas.

Lo curioso es que la sociedad en general, incluso en gran número de partes y sectores variados, abrazan ese mantra y logran por agotamiento que no haya políticos. 

No es lo mismo ser un buen Gestor de una Comunidad de Vecinos de 47 millones de personas (o de 200 millones) que ser un político. Los objetivos para la sociedad son muy diferentes.

En la izquierda esto es complicado de gestionar por nuestra propia personalidad, a la hora de entender para qué nos queremos dedicar a la política de cualquiera de sus numerosos niveles. En la derecha no, pues entienden la política más como una gestión de empresa. 

Y por el camino se van quedando referentes de la izquierda o intelectuales amplios y plurales, que cansados, quemados, aburridos incluso de lo que ya han vivido, se dedican a su vida, ajena a las labores políticas. 

Y mientras tanto no surgen voces nuevas que sean capaces de marcar caminos nuevos y con ganas. Referentes que sepan y quieran explicar. Simplemente eso. Parece poco, pero es imposible ahora.