9.11.12

Juan José Millás es como Francisco Umbral pero en moderno

Juan José Millás es como Francisco Umbral pero en moderno, incluso como en simpático, en cercano, en cuentista del siglo XXI. 

Parece que hace reír, pero si rascas solo un poco ves que deberíamos llorar con sus letras, sufrir un poco (más) y tras ello quejarnos amargamente por que haya escritores así, crueles con los lectores, que les enseñan sus basuras sociales sin darse cuenta que los lectores también sufrimos.

Los articulistas cuentan noticias sin sacar imágenes que se mueven, simplemente retratando retazos de sociedad para que cada uno les pongamos el color que más nos guste a la condesa, a la chica del metro o al perro del hortelano.

Trasmiten vida para que la coloreemos nosotros como aquellos dibujos de niños que nos regalaban con lápices. Todo es en blanco y negro hasta que le ponemos nuestro color. Últimamente estamos tan vagos, que ya no queremos ni pintar la vida de color.

Leyendo a Millás te das cuenta de que te está entregando trozos de sociedad pero sin terminar, para que cada uno la adaptemos a nuestro gusto. Y todos estamos encantadísimos de conocernos, pero no de conocerlos a ellos.

Los que nos rodean no viven, solo molestan, solo circulan a nuestro alrededor. Sin ellos simplemente nos aburriríamos muchos, pensamos mientras nos hacen gracia si los retrata un buen escritor de doble sentido.ASí que os recomiendo que leáis a Millás, que tiene doble lectura, se puede disfrutar con sus fotografías o se puede sufrir, depende de cómo te vaya ese día la moral.

Bronca a todos los españoles bobos. También yo

Se repite como un mantra que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades en España. Y lo primero que nos sucede es que nos negamos a reconocerlo. Ayudados eso si, por millones de españoles que NO vivieron por encima de sus posibilidades y que son los primeros que niegan esta posibilidad.

Hablan de sus experiencias personales, y efectivamente ellos NO vivieron por encima de las posibilidades reales de España, pero contra ellos hay otro buen montón de millones de españoles que SI vivieron por encima de las lógicas posibilidades reales y económicas, llevados por un auto engaño que ahora nadie quiere reconocer.
Dando la razón a los millones que NO vivieron por encima de lo que se debía, no debemos dejar en reconocer que estadísticamente SI vivimos entre todos por encima de la lógica, a costa de endeudarnos hasta lo ilógico.
Éramos también cientos de miles —cuando no millones— los que en los años 90 y 00 hablábamos entre nosotros que estas hipotecas a 35 años, en donde se necesitaba el sueldo de al menos uno de los dos cónyuges eran una trampa mortal. Nos engañaban con unos intereses muy bajos, cercanos al IPC, y convencían a las personas que no tenían ahorro, que lo lógico era comprar ahora para empezar a disfrutar lo que ya iríamos pagando durante toda nuestra vida.
Y sin mesura, sin análisis serio de los riesgos, comprábamos, nos endeudábamos y lo curioso es que incluso engañábamos a los familiares para que nos acompañaran en la firma ante el notario, colocando también sus viviendas como avales. Nadie parecía notar nada extraño.
Si un padre se negaba a avalar la compra de un piso a uno de sus hijos, era tratado por estos como un traidor, un viejo anclado en el siglo XIX, un peligro a batir.
Daba igual si el piso de los hijos duplicara la superficie del de los padres, si tenía más lujos aun disponiendo de menos ahorros para soportarlo. Las nuevas generaciones parecían disponer de todo el éxito a través del trabajo del yuppy nuevo que a los sumo aspiraba a tener un apartamento en la playa y a dos abuelos que ejercieran de guardería. Efectivamente la generación de los padres y abuelos también tuvimos gran parte de culpa por no saber avisar de los peligros e imponer nuestra experiencia.
Hoy estamos en el año 10 de esos 35 años que nos dieron para pagar las deudas. Y curiosamente nos quejamos. ¿De qué?, ¿alguien nos garantizó que la vida no iba a cambiar en esos 35 años? ¿alguien dejó de pensar, para que solo pensaran los usureros y los manipuladores de nuestras vidas?. De ser así habría que ser responsables y asumir nuestros errores, por no querer pensar. Algo que por cierto volvemos a hacer ahora, que tampoco queremos pensar sobre qué debemos hacer con España y obrar en responsabilidad.
Que piensen otros.
Que decidan otros.
Yo no quiero implicarme.
Todos son iguales.
Efectivamente, hay cientos de miles de jetas, dispuestos a pensar por nosotros, a decidir por nosotros, a implicarse en la búsqueda de SUS beneficios. Y efectivamente, también es verdad que (casi) todos somos iguales, es decir, (casi) todos somos tontos de baba y dejamos que los “listos” saquen beneficios de nuestra inútil forma de actuar. No hay problema, todavía nos quedan 25 años de deuda, para llorar y quejarnos con cara de amargados. Pero hay millones que están disfrutando de nuestra idiotez con nuestro beneficios que ahora son suyos.