12.1.17

La vieja televisión de hace 40 años

En 40 años la España que pisamos la hemos transformado entre todos hasta no conocerla. Y eso es importante decirlo al aire, para que no se nos olvide de donde veníamos. Es verdad que las tecnologías han cambiado el mundo y nos han venido hechas, pero también es muy cierto que nuestra posición era tan baja, que hasta el lugar al que hemos llegado, hemos visto en estos 40 años unos cambios tremendos y que sin duda nos merecíamos, aunque ahora nos hagan sonreír.

Os dejo la programación de la televisión en España, de un día laboral de agosto del año 1975. No había más que cadena y media. Sí, poca cosa para elegir. Pero vamos a meternos un poco en los entresijos de esta programación.

Empezaba con una Carta de Ajuste, que era una cosa sin mucho motivo, un hilo musical con una pantalla fija, y que todavía no sé bien qué sentido tenía. Pero existía y era escuchada. A continuación media hora de Programa Regional, pues ya habían llegado las corresponsalías fuera de Madrid, todo un éxito. Pero hasta las 15 horas con el Telediario no empezaba la chicha interesante. Se mantiene pues el horario con el actual.

Unos dibujos animados y un programa cultural. Y descansamos de emitir hasta las 19 horas.

Algo de deporte, un episodio de una serie del momento y otra vez el Telediario, esta vez a las 21,30 pues en aquellos años se trabaja hasta más tarde que ahora y había que pillar a toda la familia junta. El show de Carol Burnett y algo sobre Napoleón. Y antes de irnos a dormir a las 24 horas, cinco minutos de reflexión religiosa, para rezar todos los españoles juntos. Guay.

En el UHF que ya había perdido su nombre guapo —U - H - F— se ponía una programación de noche. Una película o una revista sobre el cine, el Telediario a las 22 horas, por si el del Primer Programa no te lo habías podido meter entre pecho y espalda, y una película de verdad. Viejita, eso sí. Y para tranquilizarte, pues el Segundo Programa era para más intelectuales y estos ya sabían rezar solos, una Última Imagen, con un paisaje o una frase superpuesta de ánimo.

11.1.17

Sócrates y la prueba de los Tres Tamices

Dicen las viejas lenguas que en la antigua Grecia, al gran filósofo y sabio Sócrates hace como 2.400 años —y que ya tenía una gran reputación de sabiduría— un día vino alguien a entrevistarse con él, a contarle cosas sin haber escuchado antes mucho, sino intentando persuadirle y medrar, y tuvo la osadía de preguntarle a Sócrates:

—¿Sabes lo que acabo de oír sobre un amigo tuyo?
—Un momento —respondió Sócrates—, antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los Tres Tamices.

—¿Los tres tamices?
—¡Sí! —continuó Sócrates— antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo La prueba de los Tres Tamices. El Primer Tamiz es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir sobre mi amigo es verdad?

—No, yo sólo lo escuché a otros.
—Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el Segundo Tamiz, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno, es positivo?

—¡Ah, no! Por el contrario, lo que me dijeron era que había hablado mal de tí.
—Entonces —cuestionó rápidamente el filósofo Sócrates—, quieres contarme cosas malas acerca de mi amigo y su relación conmigo y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas. ¡Buff! Tal vez aún puedes pasar la prueba del Tercer Tamiz, el de la utilidad. ¿Es útil y positivo que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?

—No, creo que no te va a gustar, en serio.
—Entonces, —concluyó Sócrates— lo que ibas a contarme no estás seguro de que sea cierto, no es bueno ni para él ni para mi, ni resulta útil para ninguno de los dos. ¿Por qué o para qué deseabas decírmelo?