7.8.25

Bosnia 4. Juderías aragonesas y de Bosnia


Me han dado una noticia desde mi editorial por mí esperada por justa: una guía que he estado componiendo como mi memoria afectiva del Ebro, completamente autobiográfica, no va a ver la luz y tengo unas quinientas fotos del valle, en forma tangible.

Dado que es un viaje por mi río padre al que visito todas las tardes (denominado oficialmente herri ibaia, el río del pueblo) que quise concebir como obra pariente e inspirada en el “Danubio” de Magris. Un friso compuesto por varias metopas separadas por columnas, en que las primeras fueran los territorios históricos ribereños y asomados al cuarto río más fundamental de la cuenca mediterránea y las paredes maestras de separación, incisos breves sobre los diferentes estilos artísticos, producciones culturales y agrícolas del valle en su conjunto.

Así que no será tangible el trabajo pero sí virtual, y la guía compondrá el siguiente año y medio o dos de mis entradas.

Del mismo modo si el director me deja e influido por el magnífico patrimonio documental sobre Zaragoza, sus puentes y pasado industrial, que nos está regalando sin facturar a todos los aragoneses micer José Garrido Palacios, al que le apremio a que las recopile en forma de libro con ilustraciones y poderle devolver una parte afectiva de su esfuerzo, tenerlo en mi librería y que se destaque en todas las públicas aragonesas.

Inmerso en este nuevo proyecto, una de las columnas de mi guía del Ebro la compuse para enaltecer la gloriosa capa ilustrada que supuso la corte de la Aljafería de médicos, filósofos y poetas –y seguramente también médicas, filósofas y poetisas-, la importancia en su hojaldre de las cremas pasteleras sustanciosas producto de las poesías del médico tudelano HaLeví, las crónicas de viajes de Benjamín de Tudela y la importancia de Moshé Portella como uno de los principales ministros y gestores de la Corona de Aragón.

El legado de la herencia sefardí en Aragón fue profundamente impulsado y cuidado por Javier Lambán como amante de la materia y cincovillés, en su gestión en la presidencia de la Diputación Zaragozana. A su equipo debimos la estelar exposición y catálogo denominada “Hebraica Aragonalia” de 2002.

De la que manó la iniciativa de desarrollar en Cinco Villas el que se denominó “Aragón, Espacio Sefarad”, espacio conjunto que se desmembraría en otros espacios en red allá donde la población sefardí llego a alcanzar la mitad de la total: en Ejea dedicado a la medicina judía aragonesa, el de vida cotidiana reservado a Biel y su bellísima juderia, el de la mujer de Tauste y el de Uncastillo en que pervive una increíble sinagoga y un puente de los judíos por el que desfilaban los finados a su cementerio, a los rituales sobre la muerte.

Brillantísima exposición coronó en el Palacio de Sástago esta labor. En aquellos tiempos de los inicios de milenio en los que el estadista asquenazí aunque del HaLikud conservador Ariel Sharón –su padre un Schneiermann de Brest- presidía Israel y el enorme intelectual laborista Shlomo ben Ami, amante y embajador en España, amigo de Felipe y dominador del ladino y del español moderno, dejó de ser su brillante ministro de exteriores porque era hijo político de Shimón Peres.

La corriente ideológica de Sharón que viene de Rabin y ha exaltado hasta las últimas consecuencias Netanyahu (alias de Mileikowski) bebe del pensamiento pan sionista del pensador de Odesa Vladímir Jabotinsky, del que surge la corriente política sionista “Beitar”. Que se resume en que, ya que nunca nos darán nuestro espacio ni en Rusia ni en la tierra prometida y siempre pretenderán echarnos, no hay nada que dialogar sino exhibiendo fuera. Porque no nos quieren reconocer y sabemos que nos mentirán negociando. Ello aproxima a los seguidores del “Beitar” al Sindicato de Camioneros de Chicago y los pistoleros judíos de Meyer Lanski, que seguramente irían a echar una mano a Israel y que paralizaron el Puerto de NY para que no se pusiera al servicio de Hitler.

Dicha posición, con tanto calado hoy y acogida nada menos que por los políticos alemanes, la aborrecieron los padres fundacionales de Israel también de origen ucraniano-polaco, especialmente David Ben Gurion, del que fue continuador Peres, y motor del movimiento Mapai, que ha sido arrasado de la faz de la actual política israelí. Derivado del sindicalismo de izquierdas judío europeo equivalente a la UGT, el Histadrut, que se plasmó en el florecimiento de la economía colectiva kibutzim, tan romántica pero hoy devenida en justificativa de muros de separación y sostiene que hay que convivir con los palestinos de la forma negociada que sea –y que no incluya financiar a Hamás según el principio cuanto peor, mejor (estoy oyendo a M. Rajoy desarrollarlo-.

Todos los protagonistas del espacio aragonés sefardí homenajeados en 2002, así como los de la extensa aljama de Zaragoza y los confeccionadores e impresores de textos sagrados de Huesca e Híjar (el legado de Alantasi), fueron compelidos a su conversión por el dominico Vicente Ferrer y el Papa Luna antes de su expulsión en 1492 por los Reyes Católicos.

Cuando vieron las barbas de sus vecinos cortar, los judíos del norte aragonés pusieron las suyas a remojar emigrando inicialmente al más independiente Reino de Navarra en que no se les expulsó sino hasta en 1498 de no convertirse. Esta última oportunidad de gracia tampoco obtuvo el resultado deseado, llegando hasta nuestro Reyno vecino la corriente derivada de la propagación de la peste impulsora de la expulsión que fue iniciada en Francia e Inglaterra y que provocó la concentración desde inicios del siglo XIV de la población judía en juderías aisladas y cerradas, en calles de interior que pudieran cerrarse con edificaciones respaldadas en las murallas.

Nada menos que hiri barrenean, en euskera roncalés.

Los sefardíes que no siguieron la vía de Fernando de Rojas o Bartolomé de las Casas, que se vengaron literariamente de la vergüenza de someterse a juicios sobre su limpieza de sangre y españoles heterodoxos de mucho bien, partieron hacia el norte de África, especialmente Melilla y Fez en el caso de los del centro y sur peninsulares.

Los judíos navarros eligieron Bayona a que le dieron su brillo mercantil y naval.

Los aragoneses siguieron dicho camino si pasaron antes por Navarra, o bien conocedores del hostigamiento español y portugués a las colonias del Magreb, dieron el largo paso de asentarse en las juderías del Imperio Otomano, fundamentalmente en la propia capital Estambul, donde todavía se puede hablar ladino, Salónica y, a partir de ella, en Ragusa o Duvrobnik y las ciudades de Mostar y Sarajevo.

En la segunda y su museo se alberga por todos estos motivos históricos un manuscrito bellamente iluminado y policromado que recibe la denominación de “Hagadá de Sarajevo” compuesta al parecer en la Corona de Aragón, en Barcelona sobre 1350, que tuve ocasión de disfrutar como uno de los principales testimonios del arte sefardí de todos los tiempos. Conservada milagrosamente por la familia Cohen después de la escarda por la que apenas quedan judíos sefardíes en Bosnia de la Segunda Guerra mundial, en que fue borrada del mapa la sinagoga de Mostar y diezmada aunque conservada su bella sinagoga central, pues hubo más de veinte, de Sarajevo.

Hoy museo casi etnográfico, contiene valiosísimos testimonios documentales, históricos, objetos rituales y vestuario que engalanaron la vida de la ciudad, liderada por las familias Papo, Levin, Eleazar o la de rabinos aragoneses Alkalah (aunque no queda rastro de los Caro, Zaragozano o Marco).

Todos ellos se reunían en numerosos actos sociales, tenían una agrupación coral para cantar romanzas en ladino llamada “La Lira”, eran enterrados en un bello cementerio, organizaron grupos juveniles y se opusieron como partisanos junto a Tito en Herzegovina a las SS desplazadas a Yugoslavia. De lo contrario, ya les pasó en demasía, iban a terminar y lo sabían gaseados en Birkenau como los 40.000 primos de Salónica.

Quedan pocos, algunos instalados como minoría tolerante en Nueva York y en Jerusalén.

Os he contado una parte de mi familia desconocida, la de la judería de Sangüesa de la que provengo según el apellido converso Marco de mi abuela paterna, cuya casa se llamaba Simeón, que tenía un candelabro y vivió en la calle Mediavilla. Estudiada por el historiador navarro Juan Carrasco, nuestro apellido sería otro y probablemente un adjetivo o municipio aragonés o francés, pues buena parte de la comunidad se instaló para comerciar en el camino de Santiago perteneciendo al tipo de los “judíos de ultrapuertos” y portando apellidos como Bergerac o Orthez . Asentándose en calles verdes que se podían cerrar con la particular calle de San Miguel, que da acceso al Palacio del Príncipe de Viana, o en la Población calle Amadores, que arranca de la casa de mi familia.

Me hubiera encantado hablar en ladino en Sarajevo, como me aconteció en Estambul sin pretenderlo a los treinta años, pero no pudo ser. No se encuentra lo que vas a buscar, sino que el alma sale repleta de lo que no.

Sarajevo y Bosnia, históricamente especializadas en atentados contra cada corazón de princesas y príncipes. Apelativo que todos portamos.

Si queréis una banda sonora para acompañar este artículo, podéis poneros “Klaro del Dija” interpretada por la música bosnia Marija Raspudic.

07.08 Luis Iribarren

2.8.25

Bosnia 3: Plaza España de Mostar, Herzegovina


Qué impresión le causa a un aragonés visitar Herzegovina y su conjunto de ciudades-castillo o puente. La familiaridad es absoluta: quizá con agua más abundante.

Hay en ella un nacimiento de río extraordinario con monasterio chií adherido, un manantial que surge de un barranco calizo con una fuerza que solo he visto en la Fontaine de Vaucluse de Provenza. En su orilla dejando pasar el tiempo me tele-transporté a Vozmediano cuando de una corriente que atraviesa el magma del Moncayo brota el curso Queiles, ese regato que fecundiza las huertas desde Torrellas a Tudela productoras de una verdura incomparable. El muy caudaloso manantial, accesible la cueva en que brota hasta en bote, se convierte en río que engorda al Neretva, pasado Mostar, con más de la mitad de su caudal.

No muy lejos, en Kravice, el karst común a todas las sierras dálmatas ofrece un incomparable salto de agua semicircular. Cómo no disfrutarlo con una tableta de chocolate “Samo ti” y así hermanar el lugar con los saltos del Monasterio de Piedra, en que se introdujo el chocolate a la taza a las cortes europeas. Provocando todo un debate teológico acerca de si su estimulando consumo rompía o no el ayuno monacal.

El valle del Neretva es un prodigio de producción frutal y vinícola, dispuestas las parcelas en un muy bello minifundio –imagino las fotos de dron-. Compuesto por una retícula de parcelas extraordinariamente alargadas y poco anchas que tiene muchísimo sentido para no perder superficie en caminos y darles a todas acceso desde los principales. Vías que se aprovechan en servidumbre única para hacer pasar por sus taludes las acequias de aguas heladas que vines de los azudes del helado río citado. El Neretva nace en la cara sur de pinares de los Balcanes y desemboca en Croacia entre la única localidad costera de Bosnia, Neum, y la radiante y famosa Split.

El vino herzegovino es espeso e hijo de un clima nada semejante al de montaña de Sarajevo, próximo a los de Jaca o Ribagorza, y enteramente parecido al del Somontano de Barbastro o el Matarraña, con corrientes de bochorno que suben de las costas de Dalmacia. Ello supone tintos de cuerpo y mucho tanino, aunque por mayor lluvia registrada, más especiados y mentolados que los aragoneses en el caso de los de Blativa. Aunque yo disfruté en mayor medida de los blancos del varietal zilavka, tan cítricos y florales, aunque un punto minerales, que me recordaron enteramente a los macabeos de Calatayud. Y allí me dio otra llorera.

Directamente impresionado me quedé y allí vino la llorera mayor y el mejor rato leyendo bajo un granado en un corral, cuando el imam de la mezquita del extraordinario enclave histórico de Pocitelj me condujo hasta una placa recordatorio en su postigo de entrada del bastión (Pilavdzic Tablija) que conmemora que el primer documento histórico en que apareció la villa glosada fue una crónica y mapa descriptivo de Dalmacia encargado por Alfonso IV Aragón el Benigno en Nápoles.

La misma contuvo referencia al origen de la denominación Herzegovina: las tierras del duque –y apellido judío asquenazí de lo más común que portó el singular político transicionado Múgica Herzog-. Así pues, el nombre proviene de que este condado de dos valles se independizó de Croacia debido a la acción del duque Esteban Kotromanic que unió el valle del Neretva a Bosnia, quedando las tierras muy fértiles de Trebinje, muy próximas a Dubrovnic, siendo administradas por la familia serbia que poseía también Montenegro de los Nemanjic. No siendo de extrañar que desde sus montañas los chetnik destrozaran la joya veneciana de Ragusa o que hoy, muy orgullosamente, el valle del Trebišnjica sea un bastión serbio bosnio. Sin contar de que el este de Herzegovina fue el principal escenario para la resistencia partisana de Tito, abastecida por los ingleses desde Corfú y Malta.

El Neretva es el único río bosnio nacido en los Alpes Dináricos que desagua en el Mediterráneo, pues vira hacia el sur entre foces o congostos impresionantes que atraviesa entre túneles y puentes el tren de Sarajevo a la costa –un magnífico Talgo, qué recuerdos-. Los otros tres principales nacen en la cara norte de esta bella cordillera y desaguan en el Sava que muere en el Danubio en Belgrado, el río y el lugar que se planteó no conservar para Roma mi leído Marco Aurelio.

Se trata de los cursos Verbas, que embellece la capital de facto serbiobosnia: Banja Luka; el Bosna, que da nombre a la confederación entera y pasa cerca de Sarajevo, a la que atraviesa un arroyo llamado Miljacka; y mi queridísimo Drina, que baja hacia el norte del monte Maglic y cuya margen izquierda es bosnia y la derecha serbia en buena parte de su recorrido. Así como el Sava separa Bosnia de Croacia y genera dos ciudades que se llaman igual, no como Tui y Valença do Minho; sí como Pont de Montañana, a ambas orillas del Noguera Ribagorzana.

Que un valle sea frontera es tan artificial como que se la pueden saltar un pájaro y una trucha, los imaginamos con doble nacionalidad, constantemente. Qué no pensar de las pocas dificultades que le plantea su superación a la peor condición humana.

El puente principal de Mostar (el puente viejo que salva un arroyo podría estar en Santa Cruz de la Serós de lo hermoso y delicado), las pequeñas y fascinantes mezquitas al estilo Sinan, la arquitectura de corte internacional que superó a la bellísima turca en los ensanches de las ciudades herzegovinas son obras arquitectónicas de ningún modo inferiores a las ejecutadas por maestros croatas al servicio de Venecia en los palacios y catedrales de Istria, Sibenik, Split, Corluka o Dubrovik.

Estos afamados canteros, contratados o compelidos, llamados en el interior de los Balcanes y aun hablando la misma lengua eslava “los romanos”, dejaron un legado a la altura de los de caliza de Biscarrués, famosos en todo Aragón, o los escultores tolosanos en el Camino de Santiago aragonés.

No en vano son citados como maestros de obra y cinceladores junto con la generación veinte de los canteros de la Grecia clásica, también administrativamente turcos en la época, del asombroso puente del Drina de Visegrad por el imprescindible escritor, si queréis conocer el alma yugoslava, Ivo Andric. Amigo con el que he tenido el gusto de viajar.

Así como tuve el placer de bañarme bajo el puente de Mostar reviviendo tantas escenas de “Tiempo de Gitanos” de Kusturica en mi retina mental, tras trasegar una indescriptible sopa del bey con un tinto del país.

En Mostar, esa ciudad solo en parte reconstruida, que sufrió lo indecible y perdió su puente principal y precioso barrio turco por asedio croata. En la que todavía quedan edificios de excelente cantería horadados, enronados o mellados como testimonio.

Como también lo es su emotiva Plaza de España, cercana a su extraordinario parque y su gimnasio que recuerda al edificio de Correos del Paseo de la Independencia por neomudéjar y orientalizante. En ella se sigue honrando la decisiva acción del ejército español en Herzegovina, acantonado en Medjugorie, por ejemplar pero con el plus de implicada para bien.

Si el ejército democrático español que denostamos tanto en los años 80 y depuró Felipe González con mano izquierda, hubiera sido el responsable de la acción de la ONU en Srebrenica no hubiera acontecido la masacre.

Mostar lo sabe, agradece el humanitarismo y capacidad de mediación de los mandos españoles saltándose instrucciones para salvar vidas, como también la de la Legión francesa.

Allí teníais a este republicano de corazón emocionado ante esa gran acción por la que hace la passegiata todo Mostar, propia de un ejército extraordinario en labores humanitarias y estratégicas, consciente de su labor e importancia, que lamina tanta leyenda negra.

Si vais a Herzegovina y veis a tres mallos jugando un tremendo baloncesto de calle en las pistas del Gimnasio de Bosnia, aunque metáis menos canastas que el base royo del Unicaja, decís que sois españoles y os dejarán entrar poniendo la mejor de las sonrisas.

Qué decir de lo que se siente cuando le brillan los ojos a tu casera, un abuelo te para y te da un abrazo y en un velador, porque ven que lees a Andric en latino pero no italiano, buscan al fondo de la nevera y te ponen una Sarajevskó helada y te dejan leer en paz…

Cuando levantas la vista te preguntas, ¿esto no es Calatayud? Pero a poco que sigas mirando, los impactos de metralla o más allá en la calle el Museo del Genocidio de las Víctimas de Mostar y las tumbas de la Armija –la mayor parte combatientes de mi generación- en el jardín de la mezquita de la calle Mariscal Tito, te responden por sí solas.

Como el teatro de la ciudad ocupando el solar de la sinagoga demolida por la Wehrmatch en la Segunda Guerra Mundial, oficiando para la comunidad sefardí de judíos aragoneses expulsados.

De qué patrimonio llegó a disfrutar Mostar si todavía conserva el que tiene… Con qué patrimonio inmaterial de resistencia en la convivencia no estará horadada su alma…

Por último, quiero homenajear al arquitecto Josip Vancas de Sarajevo, un genio de concebir edificios utilitarios destinados al uso público al servicio de la administración austro-húngara de Bosnia que tanto me recordaron a la preclara obra en Aragón de los arquitectos Magdalena y Navarro Pérez.

01.08 Luis Iribarren