Europa no está a la altura de lo que se esperaba hace apenas unas décadas, cuando se veía como un modelo occidental de calidad social, progreso y unión. La idea de una Unión Europea fuerte se ha ido desdibujando: primero con el Brexit, después con la tibieza frente a las guerras de Ucrania y Gaza, y ahora con una preocupante dependencia de los Estados Unidos ante un liderazgo como el de Donald Trump.
Todo ante la Historia tiene su factura y en este caso también sucederá. No se trata solo del aumento del gasto militar en la UE, que en lugar de consolidar una defensa europea propia fortalece la industria armamentística estadounidense, sino también de una sumisión geopolítica que nos relega a la cola de Washington.
Ya no es el aumento de presupuesto para Defensa, que rompe lo establecido en la Unión Europea y además sin ir dedicado a una Defensa Propia, sino a alimentar la industria americana de armamento. Es que nos estamos alineando a la cola de los EEUU, alejándonos de otras opciones incluso pacíficas o neutrales.
Gaza y Ucrania: dos crisis distintas, un mismo fracaso europeo
El caso de Gaza es un drama de humanidad: tras el ataque terrorista de Hamás a Israel en octubre de 2023, la respuesta israelí ha sido denunciada por amplios sectores internacionales como una masacre desproporcionada.
El caso de Ucrania es más complejo y no lo queremos entender por sus laterales complejidades: no hay buenos ni malos absolutos, sino intereses geopolíticos cruzados que Europa no ha querido afrontar con realismo. Una vez que la URSS desaparece o se construye un conglomerado nada estable, hay que intentar entenderlo ante la historia para no cometer errores graves.
Ucrania y la URSS: un vínculo histórico
En cuanto se le ha tocado a Rusia un punto más de la seguridad que ellos consideraban mínima o aceptable, ha explotado todo. Ucrania proclamó una efímera independencia en 1917, pero se integró en la Unión Soviética en 1922 como una de sus repúblicas fundadoras. Durante la URSS fue el granero del imperio soviético, un polo industrial y un bastión estratégico en la frontera occidental. Pero también sufrió de manera brutal: el Holodomor (1932-1933) y las represiones estalinistas marcaron a fuego su historia.
A la vez, Ucrania dio figuras clave al poder soviético: Nikita Jrushchov, Leonid Brézhnev o Nikolái Podgorni, todos ellos nacidos en territorio ucraniano, lo que demuestra su peso político dentro de la estructura de la URSS.
Ucrania: ¿Rusia o Europa?
Históricamente, Ucrania ha estado dividida entre un oeste más europeísta y un este más cercano a Rusia. Esa fractura explica en parte el conflicto actual. Para Rusia, Ucrania representa una línea roja en materia de seguridad: Moscú no acepta su ingreso en la OTAN ni una plena integración en la Unión Europea. Europa, al impulsar esa aproximación, sabía que arriesgaba una respuesta dura de Putin y su entorno.
En palabras históricas, Ucrania es Rusia para los rusos; pero para muchos ucranianos, especialmente en el oeste del país, representa una nación con vocación plenamente europea. Esa tensión identitaria es la clave del conflicto actual.
En cuanto se le ha tocado a Rusia un punto más de la seguridad que ellos consideraban mínima o aceptable, ha explotado todo. Ucrania proclamó una efímera independencia en 1917, pero se integró en la Unión Soviética en 1922 como una de sus repúblicas fundadoras. Durante la URSS fue el granero del imperio soviético, un polo industrial y un bastión estratégico en la frontera occidental. Pero también sufrió de manera brutal: el Holodomor (1932-1933) y las represiones estalinistas marcaron a fuego su historia.
A la vez, Ucrania dio figuras clave al poder soviético: Nikita Jrushchov, Leonid Brézhnev o Nikolái Podgorni, todos ellos nacidos en territorio ucraniano, lo que demuestra su peso político dentro de la estructura de la URSS.
Ucrania: ¿Rusia o Europa?
Históricamente, Ucrania ha estado dividida entre un oeste más europeísta y un este más cercano a Rusia. Esa fractura explica en parte el conflicto actual. Para Rusia, Ucrania representa una línea roja en materia de seguridad: Moscú no acepta su ingreso en la OTAN ni una plena integración en la Unión Europea. Europa, al impulsar esa aproximación, sabía que arriesgaba una respuesta dura de Putin y su entorno.
En palabras históricas, Ucrania es Rusia para los rusos; pero para muchos ucranianos, especialmente en el oeste del país, representa una nación con vocación plenamente europea. Esa tensión identitaria es la clave del conflicto actual.