14.3.26

Cómo evolucionará la Cultura y el Arte en el siglo XXI?


Debemos hacernos una pregunta bastante básica, llegando al punto actual de evoluciones artificiales en la creación artística, y reflexionar o ver, como por una parte el mundo de la Cultura se va a ver influido por la llegada a todos los niveles de la IA; y por otra parte, asumir, que este mundo de hoy, en el 2026, es una sociedad global mucho más violenta que la de las ocho décadas anteriores. Se dice incluso abiertamente por dirigentes europeos y norteamericanos, que las Normas de Bienestar anteriores, ya no sirven para este presente.

¿La suma de todos estos cambios afectará a la creación cultural y artística?

¿Cómo creemos que va a evolucionar el mundo de la Cultura en lo que resta de este siglo XXI?

¿Se producirá una globalización cultural, o al contrario asistiremos a un mundo de múltiples micro culturas?


La pregunta que planteo es muy compleja porque la cultura nunca evoluciona de forma lineal, sino entre tensiones históricas, a saltos según va moviéndose la sociedad. Si uno observa procesos históricos largos, lo más probable no es que el siglo XXI termine en una cultura global única, ni tampoco en una fragmentación total, sino en una globalización cultural por arriba y una multiplicación de las micro culturas por su base social.

La cultura siempre ha oscilado entre unificación y diversidad. En varios momentos de la historia han coexistido procesos similares al actual, en cuanto se producen tensiones de cambio. En el mundo romano hubo una cultura común mediterránea (el latín, su derecho, el urbanismo de aquella sociedad), pero también sobrevivieron muchas culturas locales.

En la Europa medieval existía una cultura universal cristiana y latina, pero mientras tanto cada territorio mantenía sus propias tradiciones vivas para no perderlas, tanto que muchas de ellas, las que podemos llamar micro culturas, han llegado hasta nuestros días. Por ejemplo los festejos, la gastronomía, los trajes, etc.

En el siglo XIX la industrialización creó una cultura nacional de masas, pero a la vez surgieron movimientos regionales y folclóricos. El nacionalismo cultural logró conservar sin perderse, desde pequeñas costumbres a formas de expresión. Y no solo siguen vivos, sino que además se intentan cuidar en la actualidad para que nunca se pierdan. La cultura moderna ya vive de ese equilibrio inestable entre lo común y globalizado, y lo particular de cada zona que se cuida para no perderlo.

Hay algo nuevo en nuestro tiempo. La infraestructura cultural se ha globalizado. Las grandes plataformas tecnológicas —hoy pueden ser entre otras Netflix, YouTube, TikTok o Spotify— están creando por primera vez en la historia un ecosistema cultural mundial compartido. Vemos, leemos, escuchamos lo mismo y desde el mismo instante, si así lo decide, un ciudadano de la India u otro de Soria o de Londres.

Esto tiene varias consecuencias. Los mismos contenidos circulan en todo el planeta. Las referencias culturales se sincronizan (series, música, memes, libros, músicas). Los creadores pueden tener público global sin intermediarios nacionales. Este proceso ya está generando lo que algunos sociólogos llaman “cultura planetaria de consumo cultural”.

Pero es cierto que aunque todo está a disposición de todo el mundo a la vez, luego cada persona decide qué leer, ver o escuchar. La libertad de elegir sigue siendo de cada uno de nosotros. Por eso la globalización en la disposición, no significa uniformidad completa.

Al mismo tiempo ocurre lo contrario. Nunca en la historia de la humanidad ha sido tan fácil crear comunidades culturales pequeñas y específicas. Internet permite que existan subculturas estéticas, o comunidades artísticas minoritarias, o culturas regionales muy pequeñas, microgéneros musicales o literarios, talleres de escenas locales pero conectadas globalmente, o grupos de expresión y reflexión que ni se conocen ni se conocerán nunca, aunque compartan toda su Cultura de Creación.

Es decir, la tecnología que globaliza la cultura y el arte también deja que se fragmente, creando espacios muy diversos, y muy alejados los unos de los otros, tanto que nunca se conocen personalmente los creadores, los modos incluso.

Se sabe por estudios recientes, que hoy, una comunidad de unas 20.000 personas que tengan un interés cultural muy específico, puede sobrevivir perfectamente en el tiempo y tener una implantación con cierto peso en sus sociedades.

Durante el siglo XX existía algo que hoy está desapareciendo: la cultura dominante nacional. En España, por ejemplo, durante décadas todos compartían las mismas cadenas de televisión que eran una o dos, a lo sumo en las últimas décadas cuatro, y los mismos periódicos, los mismos referentes culturales que habitualmente los organizaba el poder municipal o de comunidad. Se consumían lo que te entregaban, que era poco, controlado y estructurado para unos fines muy concretos, aunque hubiera democracia.

Hoy eso está desapareciendo.La televisión nacional ya no organiza el imaginario colectivo. Lo hacen redes dispersas, decenas y decenas de cadenas o de modos de acceder a los vídeos que deseas, y aunque se asume que también aquí existe la censura escondida, el consumidor puede elegir mejor entre muchas más opciones de cultura, de entretenimiento, de arte.

Otra característica clara del futuro cultural es la mezcla permanente de tradiciones que han logrado sobrevivir. Un ejemplo muy visible es la música actual. Coexisten ritmos africanos con electrónica europea, a veces se mezcla con pop coreano o rap estadounidense, triunfa el folklore latino y todo se mezcla, lo que nos muestra cómo una cultura local puede convertirse en producto global sin dejar de ser local.

Parece cierto que la inteligencia artificial cambiará el sistema cultural, aunque sea todavía pronto para definir en qué volumen, y sobre todo en qué importancia negativa. El impacto cultural de la inteligencia artificial puede ser comparable al de la imprenta. Y todos sabemos que no depende tanto de la herramienta en sí, como de la utilización que se haga con ella.

Pero sí sabemos que veremos tres cambios importantes. Una explosión de la cantidad de la producción cultural, muy variada además, pues habrá millones de creadores produciendo imágenes, música, textos o vídeos, al ser tan sencillo y barato crear.

No sabemos todavía el valor de su calidad, de momento sabemos ya, que la cantidad será brutal, tanta que es imposible consumirla toda, por falta de tiempo y deseos. Tendremos tanto donde elegir, que posiblemente colapsaremos no sabemos de qué forma.

El volumen cultural crecerá de forma gigantesca. Y eso nos lleva a ver la desaparición parcial del autor tradicional. Y también a que muchos contenidos serán colaboraciones entre humanos y máquinas. Es verdad que desde hace muchas décadas un libro impreso es la colaboración entre humanos y máquinas, sobre todo si lleva imágenes y está bien encuadernado.

¿Qué herramienta hace esas imágenes, de qué manera se convierten en algo visible “pegadas” en un papel? Pues efectivamente, es el ser humano pero ayudado de máquinas.

Es posible que en el futuro la cultura sea más personalizada. Los algoritmos tenderán a crear contenidos adaptados a cada persona, algo que nunca ha ocurrido antes. Ya hace mucho años que es posible la impresión bajo demanda de libros personalizados, en donde el protagonista es quien quiera el escritor en colaboración con el impresor digital. Pero podemos imaginar creaciones en las que estén adaptadas a los gustos del cosumidor, sean vídeo, literatura, música, etc.

Aunque haya micro culturas que sobreviven en ese mundo inmenso en lo creativo, existe un riesgo. La cultura global puede volverse muy uniforme en lo superficial, imponiendo las mismas estéticas, los mismos formatos, las mismas narrativas, y sea mucho más costoso acceder a otro tipo de productos distintos, minoritarios, diferentes, lo que los puede hacer todavía más minoritarios.

Muchas obras empiezan a parecerse entre ellas porque los sistemas recomiendan lo que ya funciona o interesa. Y eso supondrá que se abaraten en su coste, y se vendan mucho más, y además ocupen un espacio en el mundo cultural muy superior al que le correspondería por calidad. La rentabilidad de un producto cultural puede imponerse sin querer (queriendo), y homogeneizar el consumo casi programado para incluso manipular formas de pensar.

Curiosamente, frente a la globalización digital, las ciudades incluso pequeñas volverán a ser centros culturales muy importantes. La cultura que se haga y muestre en los barrios de las grandes ciudades, tendrá un peso diferente.

Las escenas culturales más interesantes seguirán surgiendo en lugares concretos como Berlín, Barcelona, New York, Lisboa o Ciudad de México por poner algunos ejemplos recogidos a voleo. Pero en espacios urbanos pequeños se seguirá creando un caldo de cultivo distinto.

Las ciudades y los barrios generan contacto humano, mezcla social y experimentación, algo que internet no puede sustituir del todo. Logran el “contacto” con la Cultura, algo que todavía es imposible de reemplazar. Lo que sean capaces de hacer las propias ciudades, tendrá una importancia crucial en el mantenimiento y la calidad de la Cultura de la zona.

Si tuviera que resumir cómo podría ser la cultura hacia el año 2100, tendría que pensar en infraestructuras culturales globales y compartidas (plataformas, redes, lenguajes digitales), pero a la vez la supervivencia de miles de microculturas activas, posiblemente conectadas globalmente.

Y asistiremos a un crecimiento hacia las culturas híbridas (personas perteneciendo a varias culturas a la vez) que logran resultados nuevos de mezcla, interesantes y que por la novedad, supondrán una nueva incorporación al mundo de la Cultura.

Eso nos puede llevar a crecer todavía más en una producción cultural masiva asistida y ayudada por la IA, y la vez a una revalorización de lo local y artesanal como reacción a lo digital. En realidad la cultura siempre se mueve entre dos necesidades humanas muy profundas; la necesidad de pertenecer a algo común y la necesidad de ser diferente, de crear desde lo que creemos que nunca se ha realizado. El siglo XXI no eliminará esa necesidad.

Algunos historiadores de la cultura, tecnólogos y teóricos del arte ya están utilizando —con cautela y dudas— la expresión “nuevo Renacimiento” para la mezcla de este siglo XXI aupado por esa IA que todavía no sabemos bien hasta dónde puede llegar. Sabemos de lo que ya es capaz de hacer, pero tenemos que reconocer que estamos en la prehistoria de esa IA del futuro.

No es todavía la IA un concepto consolidado entre todos ni admitido por muchos, pero aparece cada vez más en debates académicos y tecnológicos. La cuestión se hace al comparar la IA con el gran cambio cultural europeo del siglo XV, el Renacimiento, que estuvo ligado a varias innovaciones técnicas e intelectuales, especialmente la imprenta de Johannes Gutenberg. La idea es que la IA podría ser una herramienta transformadora de alcance parecido, aunque en un contexto histórico completamente distinto.

El Renacimiento europeo no surgió solo por un cambio estético. Hubo varias transformaciones simultáneas. Nació la imprenta y con ella el redescubrimiento de la cultura clásica. Pero a su vez hubo una clara expansión de las ciudades con la llegada de flujos migrantes de las zona rurales, por primera vez en la historia. Se crearon nuevas redes comerciales y a la vez con la suma de todo lo anterior, nacen y se asientan nuevas élites culturales.

La imprenta permitió multiplicar el conocimiento y difundirlo rápidamente, algo que antes estaba restringido a monasterios y universidades, a unas clases dominantes muy determinadas.

Hoy, algunos investigadores, creen que la IA puede provocar algo similar, una multiplicación gigantesca de la capacidad creativa humana. La democratización radical de la creación, como desde 1975 supuso la democratización (y abaratamiento) del color en la imprenta, de que todo dejara de ser en blanco y negro o a lo sumo impreso en dos colores, en dos tintas. Un cambio que nadie notó, pero que supuso una innovación tremenda para que los libros y revistas resultaran más atractiva y por ello más consumidas.

Hasta ahora muchas disciplinas culturales exigían habilidades técnicas difíciles de adquirir. Desde pintar con dominio técnico a componer música, desde diseñar para publicidad a crear o hacer cine, intentar ilustrar libros o componer música.

La IA ayuda a que individuo sin excesiva formación pero con una idea clara de lo que quiera puede generar imágenes, vídeos, música, animación, publicidad, literatura, y sin dominar completamente la técnica. A eso me refiero cuando hablo de que la llegada de la IA puede provocar una explosión de creación cultural comparable a la llegada de la imprenta.

En cada gran revolución tecnológica aparecen nuevos lenguajes artísticos. La fotografía cambió el concepto o sentido de la pintura, la llegada del cine creó un arte nuevo, pero la televisión transformó la narrativa y enseguida internet cambió la literatura y el periodismo. Hoy la IA abre las formas artísticas nuevas, híbridas, con Arte Diferente, al que le pondremos en breve el apellido que nos parezca mejor.

Es decir, no solo con las nuevas herramientas crearemos más, sino que seguramente surgirán nuevas formas de arte, que ya se están viendo en algunas narrativas. Posiblemente hoy entendemos que eso no es Arte, pero es cuestión de años.

Muchos teóricos creen que el papel del artista creador cambiará. El artista podría convertirse en algo parecido a un director de sistemas creativos y de inteligencias artificiales. Un creador de posibilidades.

Lo importante ya no será producir cada elemento manualmente, el artista planteará ideas tras explorar variaciones sin coste, seleccionará resultados para construir narrativas tras analizar varias opciones sin coste. Algo parecido a lo que hace un director de cine con su equipo, mezclando escenas para buscar una narrativa que le guste.

Si millones de personas pueden crear con facilidad, podría producirse algo parecido a lo ocurrido tras la imprenta, una multiplicación de libros y una tremenda circulación de ideas y debates intelectuales, pero… existirán tantas personas capaces de consumir todo eso?

La cantidad de obras culturales podría crecer de forma exponencial. Pero también hay una crítica importante pues enseguida se advierte de un riesgo. Es decir, una saturación cultural con obras repetitivas y una pérdida clara de la originalidad y que todo nos parezca incluso estéticamente idéntico.

Si los sistemas de IA se entrenan y crecer analizando el pasado ya creado, pueden tender a reproducir estilos existentes en lugar de crear algo realmente nuevo. Si la difusión cultural depende de plataformas y marcas o empresas, el riesgo es que los algoritmos decidan qué se ve y qué no es real. Eso podría limitar la diversidad cultural. El reto del siglo XXI es diferente al del Renacimiento europeo, ya no se trata solo de crear más arte, sino de entender la relación entre inteligencia humana e inteligencia artificial.

Si miramos a largo plazo (hacia el año 2050 al 2100), hay tres escenarios posibles desde el punto de vista de este 2026. Podríamos estar viendo nacer un nuevo Renacimiento creativo con una explosión de cantidad de creaciones.

Pero también podría ser que todas esas creaciones fueran simples churros casi industriales. Muy bellos, pero sin alma, perfectos pero aburridos.

Y también podría ser que la IA se pudiera convertir en una simple herramienta muy poderosa, pero manejada por personas creativas para que esa creatividad humana siguiera siendo el centro de la Creación de la Nueva Cultura.

Julio Puente

12.3.26

No sabemos quien manda en Irán


Mojtaba Jameneí, el nuevo líder supremo de Irán, no aparece ni en vídeo por la televisión, lo que hace aumentar las dudas sobre quien manda realmente en Irán. Nos importa poco, es cierto, pues es un país en guerra y lo de menos es saber quien la está reordenando, decidiendo. 

En el otro lado tenemos a Donald Trump que es un señor muy mayor que demuestra ciertas dudas, y en Israel a un peligroso soldado, que de guerras sabe ya mucho por su experiencia.

Es decir, el mundo podría estar explotando… y no sabríamos bien en manos de quien estamos. O lo que suena a muy parecido. No sabemos en base a qué modelos históricos o razones, nos están llevando al caos. Aunque tampoco sirve de mucho saber qué libros han leído todos estos.

Si se centran las peleas en Ormuz salen ganando los civiles que mueren por las bombas sin saber bien de qué va todo esto. Me da igual que sean fallecidos civiles de Líbano, Israel o Irán. El caso es matar civiles para dividir y meter miedo.

En realidad daría igual si la gasolina se nos pone a 3 euros el litro, y el barril de petróleo suba hasta los 150 dólares el barril. Lo peor es que no haya suficiente en el mercado, que no seamos capaces de jugar a jodernos sin utilizar la energía como arma de guerra. 

Si escasea lo que llega no es el aumento del precio, sino el miedo y el descontrol en todos los precios globales.

Y los que mandan en Irán lo saben, aunque no sea  Mojtaba Jameneí. Alguien en los EEUU pensó que destronado el Líder, todo estaría sobre ruedas. 

Pero a veces quien sustituye al Líder quiere demostrar que él… es más chulo que nadie, y los deseos se hunden por no haber tenido en cuenta el sentido común.

En las dictaduras, en todas, lo que sobran son líderes en la recámara. Hay tantos, que incluso se permiten el lujo, en todas ellas, de matarse entre ellos mismos. 


11.3.26

Se nos acaba la Verdad. Y disfrazamos la Mentira


Ya es incluso asumido, que la Verdad que vemos y leemos, la que nos quieren enseñar, la que compartimos entre todos, se acabó hace menos de un año. En realidad creemos que es la IA la que acabó con la Verdad, pero no es cierto. Siempre somos los seres humanos y el uso que hacemos de las herramientas, lo que modifica la historia de la civilización. 

Hoy tenemos la IA como nueva herramienta, también para las guerras militares, mucho más para las guerras económicas.

En realidad no desaparecerá la verdad, simplemente la esconderemos entre todos nosotros, la llenaremos de mentiras para que nadie sepa distinguirla entre la basura, jugaremos a ells y con ella para nuestros propios intereses. Deberíamos cambiar los 10 Mandamientos de la Religión occidental, y quitar la Mentira como el octavo mandamiento de Pecado Mortal.

Los deepfakes (los contenidos que como videos, imágenes o audios son mostrados mediante IA para mentir, imitando de forma realista la voz y los movimientos de una persona) se usan para la desinformación, los fraudes, la suplantación de identidad no consentida, con un uso de la IA generativa, que logra que la propaganda nos haga cada vez más complicado saber qué es verdad y qué es manipulación.

Ya no creemos por lo que vemos y nos muestran —y esto irá en aumento— sino por saber y creer quien nos lo cuenta. Será la única manera de defendernos de esas mentiras de IA. 

No veremos y creeremos lo que nos enseñan, sino quien nos lo muestra, para saber si ha pasado los controles que nosotros queremos admitir.

Eso no garantiza la verdad absoluta, pero sí al menos que si nos engañan, lo hará quien es similar a nosotros. Ojo, pues esto también tiene su peligro de división social.

Admitiremos comunidades de respeto propio, comunidades de creencia y asumiremos que estos nos engañaran menos veces, pues habrán filtrado lo que les llega. ¿Y lo harán siempre de verdad o también se dejarán corromper por el poder?

Solo nos queda aprender por nosotros mismos a defendernos, a distinguir, a ser capaces de ser críticos con lo que vemos, leemos o escuchamos, a base de aumentar nuestra alfabetización digital, visual, crítica con lo que nos dan masticado y empaquetado, aunque eso supongo un esfuerzo añadido si queremos conocer la verdad, estando menos manipulados.

El uso más rápido y eficaz de la IA para engañarnos es una de las realidades del momento. Si nos fijamos ahora en la Guerra en Irán, vemos que incluso los EEUU nos informa en tiempo real qué quieren hacer o decidir. 

No ya lo que han hecho, sino lo que quieren hacer. Y no solo para que lo conozca el enemigo, sino para que nosotros, tú y los millones y millones que lo escuchamos, tomemos partido.

Irán durante los primeros 10 días prohibió emitir imágenes de su país con los daños sufridos. Pero ahora ha descubierto que eso es negativo. Y ha cambiado, poniendo a periodistas propias, a ser posible mujeres, mostrando el sufrimiento, es decir, mostrando lo malos que son "los otros". No es todo IA, de momento, es uso de la publicidad a través de la imagen.

Tan importante es lo que dice un político con mando en plaza sobre una decisión muy grave, como que sus palabras lleguen a todo el mundo a través de las Redes. Comparado con otros tiempos históricos, esto parece tremendo, no solo por la no existencia de esos modelos de comunicación en el acto de guerra de otros tiempos, como por el uso que se hace ahora, para observar reacciones.

Donald Trump y/o sus asesores puede publicar en un momento una nota en sus Redes y a las dos horas publicar otra cosa totalmente distinta. ¿Cuál de las dos es mentira, manipulación? ¿Las dos? Y se lo dicen a toda la sociedad que lo quiera leer. 

Ahora es sencillo ver pequeños vídeos de ataques de unos contra otros, y escuchar gritos o voces en el ambiente. ¿Son ciertos? Y de serlo… ¿quien los envía y para qué finalidad? ¿Son todos y solo, con la buena intención de informar como los antiguos radioaficionados?

La guerra militar actual y no solo la de Irán, va acompañada de una guerra informativa digital extremadamente intensa. 

En el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos, investigadores y periodistas han detectado una cantidad muy alta de imágenes y vídeos falsos o manipulados circulando en redes. Existen vídeos de videojuegos militares compartidos como si fueran combates reales e imágenes generadas con IA de ataques o explosiones además de imágenes desde satélites que han sido manipuladas digitalmente para mostrar daños inexistentes, u otros vídeos reales de anteriores conflictos antiguos, reutilizados como si fueran actuales.

Los análisis de verificación han detectado varios patrones diferentes, según vengan de un país o de otro. Hay redes afines a Irán que difunden imágenes exagerando daños a Israel o a bases estadounidenses, y vídeos de supuestas victorias militares que no se pueden verificar. 

Las redes proisraelíes o prooccidentales reutilizan vídeos antiguos de protestas en Irán para afirmar que el régimen está colapsando. Y existen también redes oportunistas o propagandísticas que es más complicado saber desde dónde vienen, con cuentas falsas o hackeadas, que publican vídeos generados con IA.

Y finalmente también hay redes coordinadas que imitan “periodismo ciudadano”, de personas civiles anónimas con nombres falsos. Incluso se han descubierto redes de cuentas coordinadas creadas específicamente al empezar los ataques para amplificar este tipo de contenidos. Y en estos casos, da igual de qué país del conflicto vienen, pues son múltiples.

El ciudadano tiene que adivinar si son falsas o reales, y a quien beneficia en apariencia lo que vemos. Pero admitiendo que quien lo hace, muchas veces, lo sabe hacer muy bien para que no se note la trampa con facilidad.

Los periodistas tardan horas o días en verificar lo que internet difunde en minutos. Algunos analistas hablan ya de una segunda guerra paralela, la guerra de percepción. Se quiere comunicar para que los receptores perciban de una determinada manera lo que se les envía. Ya no se trata solo de informar, sino también de que se perciba cocinado, lo que se les envía.

La consecuencia más importante es que ya no solo cuesta saber quién gana o pierde, también cuesta saber qué ha ocurrido realmente. Y sobre todo pensando en el Marcado de Futuros (una guerra económica) para saber en tiempo casi real qué está sucediendo, para apostar por un producto o el contrario en esas inversiones a futuro.

10.3.26

Cambia el orden mundial con la guerra en Irán?


La llegada del presidente de los EEUU a su segundo mandato en enero de 2025, ha arcado claramente el cambio de paradigma mundial. Se acaban las reglas de respeto entre países de forma clara, se vuelve a un clima bélico e incluso de chulería para demostrar quien quiere ser el “Chico” malo del colegio del mundo, mientras otros chicos observan, y… o se callan o utilizan la táctica de esperar el momento adecuado.

Estadísticamente se sabe que parece inevitable que cada 250 años cambien los ciclos en las civilizaciones del mundo. 

La última comenzó sobre 1800 con la llamada Revolución Industrial, que según países comenzó entre 1750 y 1820. Estamos pues en los que podríamos llamar estertores de ese periodo cíclico, de camino al 2050 que podría ser el punto de partida entre 2030 y 2070 según países, para adentrarnos en otro periodo cíclico, en las civilizaciones de los seres humanos. 

Como es lógico, todavía no tiene nombre, no sabemos bien de qué se va a componer.

El periodo que se está acabando nace a finales del siglo XVIII para terminar un mundo claramente artesanal y agrícola basado en la fuerza humana o animal, hacia un modelo industrial basado en las máquinas, el vapor, las fábricas, la huída de la población desde el campo hacia las ciudades hasta hacerlas crecer a tamaño que a veces se han ido de las manos en su planificación. 

Aparece el capitalismo industrial y a su vez el sindicalismo de los obreros, la lucha de clases, el inicio del estado del bienestar, los servicios públicos, los mercados comerciales, la producción en masa, las ideologías diferentes y un crecimiento de la población muy importante. 

Si en el año 1800 había en el mundo sobre mil millones de habitantes, en este posible final de ciclo de civilización estamos ya en los 8.000 millones de personas habitando el planeta.

Esa Sociedad Industrializada no nace a la vez y por igual en todas las zonas del planeta. 

Su implantación fue muy lenta desde el punto de vista actual, y podemos ver que duró sobre unos 150 años desde su inicio hasta que la revolución industrial se asentó en todo el planeta. Desde 1760 a 1910. 

Comenzó en Europa pero los EEUU tardaron unas dos a cuatro décadas en sumarse a ella, dependiendo de zonas de su territorio. Y aunque esta revolución como empezada e impulsada desde Inglaterra, un siglo después, ya cerca de 1900, eran Alemania y los EEUU los que lideraban ese cambio de civilización.

Si hablamos de los tiempos actuales, tenemos que entender tres cosas: la primera es que este cambio tampoco será globalizado a todo el mundo a la vez y al mismo tiempo, y que posiblemente quien la inicie en su liderazgo se vea superado en pocas décadas por otro actor principal. 

Para añadir un tercer punto importante. Las velocidades de globalización en este siglo XXI son tremendamente diferente a las del siglo XVIII; ahora todo es mucho más rápido y su contagio como cambio de civilización, no se parecerá en nada a la anterior. Os dejo un pequeño esquema aproximado de los diferentes cambios cada 250 años de esos saltos teóricos en nuestra civilización. Nunca son exactos, es lógico eso, pero sí aproximados.

En este inicio del siglo XXI estamos observando algunos síntomas claros de esa necesidad casi, de cambios en la civilización. 

La guerra de Ucrania afecta totalmente a Europa, lo que ya desde ese momento de su inicio muestras las debilidades de la Unión Europea. Al poco tiempo surgen los conflictos en aumento y vuelven las fricciones entre Israel y sus vecinos en el mundo árabe y de Oriente. 

La Crisis Económica de 2008 hace tambalear el Sistema del dólar en el mundo, y la confianza del capitalismo como modelo de funcionamiento. La Globalización ha llegado posiblemente muy lejos, robando la industrialización al mundo conocido como motor de esta época. 

Se llevaron de forma descontrolada empresas incluso estratégicas, a países pobres con la golosina del beneficio más rápido a base de la mano de obra más barata. 

Eso logra que estos países receptores aumenten de forma urgente su calidad en sus propios productos que hacen la competencia brutal a los países exportadores de fábricas y de modelos de industria y producción. 

Nuevas energías compiten hoy contra el petroleo, y el petrodolar empieza a sufrir en su asentamiento único, al empezar transacciones mundiales en otro tipo de moneda. 

Comienza la invasión de Gaza y empieza a resquebrajarse la ya débil Unión Europea, y finalmente en el 2026 se ataca Irán desde Israel y los EEUU, contagiando la violencia hacia todos los países de la zona, muchos de ellos artificialmente países ricos por el petroleo y por ser refugios de millonarios disimulados.

El momento elegido para la guerra en Irán es concretamente muy peligroso por la debilidad del sistema actual. Una torpeza que nos señala en manos de qué calidad de líderes se mueve el mundo actual.

Hay una crisis soterrada en la economía occidental, que ha ido sorteando los procesos de años anteriores a base de una burbuja en la creación del dinero que puede pinchar si algunos quieren. 

Hay un crecimiento brutal en los procesos migratorios por los efectos lógicos de medio mundo desatendido y que reclaman las personas ya informadas tener los mismos servicios por igual que el resto de seres humanos, y estamos asistiendo además al nacimiento y crecimiento rápido de la llamada Inteligencia Artificial que moverá los cimientos de decenas de profesiones y servicios. Eso sí: si es energéticamente sostenible la IA actual.

Con todos estos cambios y la evolución que vayan tomando a lo largo de este año 2026, podremos asegurar mejor si realmente es un cambio de ciclo Evolutivo o no. 

Si la guerra en Oriente Medio y Próximo se alarga en los meses, si afecta por contagio a más países, si los países tranquilos de la zona se convierten en polvorines, si los EEUU no es capaz de resolver satisfactoriamente el problema por él creado, si China y Rusia deciden pinchar los procesos o si la pequeña Corea del Norte hace de liebre en esta carrera hacia los cambios, será inevitable que el mundo que surja tras estos procesos sea diferente, con una Europa muy debilitada y unos BRIC que desearán tener otros espacios en el mundo económico.

Hay tres modelos distintos y admitidos como válidos que intentan medir los ciclos de la historia mundial (un modelo ruso, uno británico y otro estadounidense) y, sorprendentemente, los tres sitúan el cambio de civilización actual, aproximadamente entre 1990 y 2030. 

Es bastante llamativo esa coincidencia cuando en otros cambios de ciclo no siempre han estado de acuerdo al venir de civilizaciones diferente o con otros puntos de vista históricos.

Una energía mucho más cara y solo sujeta en precios y producción por el dólar, es casi imposible de soportar. Y eso llevaría a que si entran otros mercados de energía y sobre todo otras monedas de intercambio, la crisis de país líder podría cambiar de forma más rápida. 

Algunos analistas ya interpretan la suma de todos estos conflictos, como señal de crisis del orden internacional actual, tras el sistema global que surgió después del año 1945 o de la finalización de la II Guerra Mundial

No hablamos claramente de cambio de Ciclo de Civilización, pero sí cambio de normas en el Ciclo Actual. 

En la historia, cuando el orden internacional empieza a resquebrajarse, suelen aparecer conflictos en regiones estratégicas. En ese sentido, la guerra en Irán podría ser uno de los síntomas del reajuste geopolítico global.

La zona del Oriente Medio es uno de los pocos lugares donde coinciden directamente y de forma estratégica las grandes potencias actuales: Estados Unidos, Rusia, China (aunque de forma indirecta), Europa y las potencias regionales como Turquía, Israel, Irán o Arabia Saudí. Sin olvidarnos de India o Pakistán.

El conflicto actual en Irán incluye dimensiones que no existían en guerras del pasado: cambia la aviación clásica por drones masivos organizados por IA, se utilizan ciberataques a veces incontrolados y complicados de prever como el propio ataque exacto al líder de Iran para matar a casi toda su familia. 

Un aumento de la guerra de información con incluso la utilización de la opinión pública de países no implicados, para mover sensaciones globales, un control de internet dentro de cualquiera de los países implicados aunque en unos casos sea a base de no poder tener acceso y en otro a base de crear bulos e informaciones inventadas. 

Durante la crisis, por ejemplo, Irán ha llegado a imponer apagones casi totales de internet para controlar la información interna. Esto muestra que los conflictos actuales se desarrollan en un entorno digital global, algo que forma parte de la transición hacia una nueva civilización tecnológica. 

La guerra en Irán probablemente no será la única causa del cambio de civilización, pero podría ser uno de los eventos que aceleran o revelen que el cambio ya está ocurriendo.

Para finalizar solo un detalle último. Muchos historiadores consideran que los grandes cambios de civilización casi siempre empiezan en tres zonas del planeta: el Mediterráneo, Europa occidental o Asia oriental. 

Y el conflicto actual en Oriente Medio vuelve a situar el Mediterráneo ampliado como escenario central de la historia mundial, algo que no ocurría con tanta intensidad desde hace casi un siglo.

Julio Puente

8.3.26

La Guerra en Irán y sus dudas



La situación bélica de Oriente Medio u Oriente Próximo se ha atascado. No ha logrado Trump sus objetivos inmediatos de colapsar el sistema en Irán y eso nos lleva a un escenario complejo. Más si en la próxima semana no se logra un cambio de paradigma en la situación bélica. 

Israel sabía perfectamente qué era Irán. Cómo era y sus fortalezas y debilidades. Tenía más que suficiente información de todo tipo para realizar unos análisis muy bien estructurados desde el plano militar y social. 

No es entendible un error, y hay que pensar en una decisión tomada o provocada, para buscar el colapso de Irán.

Aspirar a que un sistema colapse simplemente por que desaparezca el Líder Religioso era de poco adultos, por mucho que supiera que se podía acabar con sus líderes laterales. El Efecto Venezuela no ha servido en Irán, por varios motivos obvios. 

Militarmente se sabe bien, que contra un país de 90 millones de habitantes y del tamaño tan grande como Italia, Francia, España y Portugal juntos, es imposible doblegarlo solo con bombardeos, por muy cruentos que sean, es casi imposible que se rinda, si se sustenta además con una religión extremista. 

A partir de este punto quedan reflejadas varias salidas al conflicto y todas ellas son malas. Es imposible entrar con infantería y lo deberían saber todos los implicados. Irán no es Líbano, ni se le parece. Tampoco es Irak. 

El ejemplo de lo que sucedió en Afganistán puede servir, con tres veces menos tamaño que Irán, y la mitad de habitantes. Y allí tuvieron que salir los EEUU sin resolver el problema. ¿Por qué ahora se cae en un error similar en Irán?

La crisis económica que se produce a nivel mundial puede ser grave. Y afectará más a ciertos países que dependen de sus propias debilidades, hasta ahora cubiertas, como puede ser el caso de los países pequeños de la zona. Mezclar guerra del petroleo con falta de agua, agricultura con industria, inflación con pérdida de la economía que puede pinchar, es un riesgo importante.

Ni los EEUU ni Israel pueden frenar, y a su vez Irán tiene una capacidad de aguante muy alta, por sus constantes conflictos anteriores y su posición geográfica. Y a su vez hay países muy importantes que todavía no han querido hablar o no han querido tomar postura pública. 

No encaja bien la explicación de que no se quería que Irán tuviera la bomba atómica. Saben que no la tienen, que el enriquecimiento de uranio está a medio camino de ser convertido para usos militares. Había mucho espacio para la negociación. 

Pero en realidad el uso militar del armamento atómico tampoco garantiza un éxito. ¿Cuantas bombas atómicas podrían fabricar? Muy pocas. Y sin garantías. Otras países las tienen y no se actúa contra ellos.

Desgraciadamente, podemos ir a un conflicto que se puede contagiar y durar meses al menos.


Todavía no sabemos cómo. Pero el mundo cambiará

Se entró en un país americano y se secuestró a su presidente…, y no sucedió nada. Se destrozó Gaza y alguien planeó hacer una nueva Costa del Sol llena de hoteles de lujo para millonarios…, y nadie hizo nada. Se quiso humillar a Canadá, Dinamarca México o Colombia…, y casi nadie dijo nada. Se advierte ahora que a Cuba le quedan semanas, días, y nadie dice nada.

Se eterniza la guerra en Ucrania y nadie sabe resolver el problema mientras mueren los más jovenes y se destroza un país. 

Se explota (del verbo explotar o destrozar) todo Oriente con los ataques a Irán, y casi nadie es capaz de entender que estamos cambiando el mundo en cuestión de pocos años, de días incluso.

Cuando digo nadie, quiero decir casi nadie, y sin duda, nadie que haga de contrapoder contra la Guerra. 

No sabemos ni cuando ni cómo se saldrá del actual conflicto en Irán. Tampoco la solución final que se aplicará en Ucrania o en Gaza. 

No sabemos qué futuro tendrá Líbano o los países ricos del Golfo tras un proceso que los ha convertido en diana de las violencias, y por ello en dejar de ser un espacio de tranquilidad millonaria.

No sabemos de qué forma quedará el mundo cuando todo esto se haya normalizado, haya explotado o se haya quemado del todo. No sabemos qué final tendrá la suma de todos estos conflictos.

Sí sabemos quien está callado, en silencio, observando, sin intervenir, aunque no sabemos bien el motivo. 

La solución a los actuales momentos de 2026 no es la continuación de lo que vemos, no es el desgasta imposible, pues eso lleva al empobrecimiento de varias sociedades. 

Incluso en el caso de calmar la guerra, no sería posible la Paz duradera. A lo sumo otro frenazo en el tiempo, hasta la próxima vez.

No sabemos qué papel se quiere atribuir China, que estando callada no significa que no está jugando con sus piezas estratégicas, una vez que Rusia haya perdido a todos sus peones repartidos por el mundo.

Es pronto para saber, pero de lo que no hay duda, es de que en algún momento, sabremos de qué manera se transformará el mundo del Siglo XXI en este inicio del 2026.


7.3.26

La IA entra en la guerra


Militarmente hasta no hace mucho, cuando se querían lanzar 1.000 misiles contra unos objetivos diversos, un equipo de técnicos humanos decidían el ataque, la frecuencia, los objetivos y el orden de los lanzamientos, la cadencia entre estos, y el tipo de armamento o explosivo que se utilizaba en cada uno de esos misiles.

Hoy todo eso se ha simplificado con la Inteligencia Artificial. No tenemos duda de que ahora es la propia IA la que decide la secuencia de los lanzamientos, para optimizar los resultados. Llamo optimizar, a lograr más muertos inocentes. El lenguaje te permite estas florituras.

Todas las guerras sirven para explorar nuevas armas, nuevos modelos de muerte, diferentes servicios de ataque y defensa. Y luego con el tiempo, algunos de esos inventos se intentan trasladar a la sociedad, para sacar rédito de su comercialización como productos de consumo. Dos veces negocio.

No es necesario que esto lo admitamos como positivo, es un horror, pero es un horror y un error humano, hecho por humanos. Por animales humanos.

5.3.26

El silencio de Friedrich Merz, canciller alemán


No es sencillo olvidarse de la imagen de Friedrich Merz, canciller o Primer Ministro de Alemania, en la reunión don Donald Trump, mientras este anunciaba a los medios de comunicación que España, otro país de la UE como Alemania, era poco menos que una mierda. 

Mientras el presidente de los EEUU amenazaba a España con cortar todo trato comercial, el mismo que se ha usado durante décadas contra Cuba, el canciller de Alemania permanecía en silencio, sin gestos, callado, quieto, sin dar una simple respuesta lógica, al menos de que ese anuncio es imposible sin que afecte a toda la Unión Europea.

Alemania no es cualquier país, merece un respeto y un trato con mesura por parte del que se auto proclama el dueño del mundo. El silencio es cómplice en este caso, y no representa a Alemania. 

Mucho cuidado con los gestos a favor del matón de la clase, pues no solo lo hace crecer, sino que aumenta su sensación de que todo lo está haciendo bien.

¿Qué quiere ser Europa de cara al futuro? El mundo no es solo los EEUU, y los errores de todos, siempre se pagan.

4.3.26

Irán 2026. Ya te lo dijo Moshé Zonder


A mí esta guerra ya me la han contado. Durante la hospitalización de mi madre cayó en mis manos un libro de aventuras extraordinario, que narra la salida en los primeros años 70 de Gran Bretaña del control al alimón con el sha Pahlevi del Estrecho de Ormuz y la adjudicación con mordida a los clanes de las dunas –Borbón vive allí- de cada concesión petrolífera de los eriales de su propiedad. La novela “Dubai” de Robin Moore.

En los mares territoriales en que se hallaban las principales bolsas de crudo, la cosa se puso más caliente antes de la primera crisis del petróleo, que el mercado del oro como ésta ya vaticinó con subidas siderales. Que alguien me explique en términos no económicos la partición de la desembocadura del Tigris y el Éufrates, el río-estuario Shatt-al Arab, entre Kuwait, Irán e Irak a base de rayas rectas. Río que significa el de la costa de los árabes cuando se halla compartido por los persas.

La novela de que os hablo anticipa la eclosión de Abu Dhabi, Dubai y el Sultanato de Omán –el del Simbad el Marino y cuyos capitales o navegantes extendieron una bella arquitectura árabe de puertas de madera labradas y torres de ventilación para crear corrientes en costas de calor inhóspito que llegó a Mombasa, Zanzíbar y Tanzania- como centros cosmopolitas en que se asentaron con arbitrario permiso de los emires aventureros americanos, navegantes traficantes con crudo, oro y perlas y demás intrigantes, que se reunían en los hoteles y bares que tuvieron las primeras licencias para expedir gin-tonics. 

Un negocio perfecto cuyo modelo siempre fue el crecimiento de Singapur y los combinados de su hotel Raffles.

El efecto en España y en el mundo de su actual, enésima escaramuza anglosajona y europea (los israelíes van de que lo son) con el gigante cultural del norte, pues Irán gobierne quien gobierne siempre es Persia, será el de la vuelta del mundo a una inflación más que desatada, no evitada, por todos deseada y que le viene a Sánchez de perlas para no convocar.

Para cualquier vecino del quinto como yo, el pregón es el que sigue: hoy han vuelto las colas en las gasolineras, las promociones de viviendas ejecutadas desde los años noventa hasta la fecha cuya casi exclusiva fuente de calefacción es el gas argelino –aliado siempre presente modulador de la política internacional española- son una superestructura que no permite la frivolidad de que las pasemos a hilo radiante en cuatro días ni tenemos soberanía energética. 

Se avecina —para los que se comen una pero quieren contar veinte—  viajar a precios astronómicos, el relativo final de que la clase media europea con o sin el paraguas nuclear de Francia tenga acceso a esos lujos, como ya lo veníamos teniendo a no poder dormir en Madrid menos si cambias tu casa por otro. 

Tendrá efectos positivos, los padres pasarán a que no se les caiga la baba la despedida de soltero del amigo de su hijo a 3.000 por cabeza en una ciudad con encanto.

Qué decir de cómo nuestras embajadas del Golfo y la sociedad en su conjunto nos tengamos que desvivir por salvar la vida a jóvenes que se hacen selfies en Doha, por repatriar a mazados de gimnasio que gritan como críos consentidos (exigen la salvación portando móviles con garras de rapaz que graban drones), por recolocar a los controladores aéreos con diez veces más su sueldo en la tolerante sociedad para lo que quieren emiratí, nuestros emigrados vip.

Presuntos aventureros que son ciudadanos de su mundo a los que, nos lo exigen por interés particular, se repatriará con el dinero de todos como a los montañeros sin federar se les venía fletando un helicóptero gratis para sacarles de un glaciar al que habían subido sin ningún respeto. Al grito de soy un disfrutón.

Esta guerra y el control del uranio enriquecido, la capacidad de soborno de unos y otros, los efectos del fuego amigo y de los comandos para ejecutar el terrorismo de estado, ya me los habían contado con parcialidad, reflejando la lucha de Israel por la libertad como artificio superador del derecho internacional, en “Teherán” de Moshé Zonder, como la reacción contra la intifada en “Fauda” de Lior Raz, su actor principal.

Esas series son muy creíbles pero desprenden el desigual valor de la vida de los mártires de uno y otro bando (o incluso de los tres en que están subdivididos).

Basadas en experiencias personales de los guionistas, sin el filtro que les daría la literatura de David Grossman, sus capítulos pasan en las conversaciones de los protagonistas con una naturalidad sideral del inglés al hebreo, del farsi al árabe. Debe recordarse que el Mossad utiliza agentes descendientes de los judíos mizrahí, los de las comunidades orientales que constituyeron gran parte de la base económica de Bagdad, Isfahán y Bujara. Comunidades con dos mil años de Pesaj a cuestas en territorios que ni eran musulmanes.

No hay alusiones en sus guiones al Yemen tribal, a los misiles rusos en Siria. Hay pocas a la dinastía saudí post Faisal que parte el bacalao moral al custodiar los lugares santos de La Meca y Medina

Sí revela en concreto “Tehran” la condición noble del pueblo persa que invoca Trump como no árabe –claro que no, el pueblo noble es el de Aragón-, el eterno retorno del eje civilizado ario del que el Tercer Reich era fan.

Resulta más completa para comprender el sancocho del Golfo Pérsico o Arábigo –la distinción no es moco de pavo, son el mismo- la relectura de la citada novela. Robin Moore, ese pedazo de adelantado a nuestro tiempo en estos tiempos de protección de los datos que les dé la gana, y transparencia opaca.

No os quedéis solo en el evangelio televisivo y los salmos según San Netanyahu, que tanto añoran los tiempos en que Teherán fue el principal centro de espionaje y control anticomunista, meted a China y Rusia en la ecuación, con la embajada americana y el reconocimiento a Israel del sha como ejes. 

Qué bien se comía entonces según Moore en sus restaurantes a la francesa a base de vodka helado -pues los iraníes se subraya que eran de relajadas costumbres coránicas- con caviar azerí o del beluga Tanit del Caspio iranio. 

Hoy en las series israelís, sale que los jóvenes de la resistencia iraní a los que están masacrando son hedonistas y se endrogan, visten muy bien porque además son guapísimos –los actores hebreos que les dan vida-.

Qué esplendor el del arte persa safávida de Ispahan y sus puentes cubiertos sobre el río Zayandeh nacido en los montes Zagros. Debemos a Irán los ladrillos vidriados, la suntuosa poesía farsi, el arroz pilaf con pollo y granadas, el concepto de jardín con árboles frutales como remedo del paraíso con el que nos solazamos en la Aljafería y el Generalife.

Puestos a comparar, quizá nuestro intercambio con Estados Unidos no haya sido mayor y, tiene arte el equilibrista Sánchez (y el gas argelino y los que mandan en las refinerías españolas detrás) en sostenella y no enmendalla, no solo en clave de que se lo exija la política interior española. 

Soy de los que piensan que Sánchez no está tan solo en las reuniones de la Unión Europea ni desafiando a la actual élite política americana y será una cuestión de tiempo su reconquista a partir de nuestra lengua. Tiene detrás a muchos Soros que cada día pueden engrasarle.

Peor es reconocer que Israel y los marines ejecutan decisiones en que participan los neutrales saudíes, emiratíes y pakistaníes. Como entren en suelo persa, volveremos a las andadas talibanas y quizá haya un efecto en Europa y España de descontrol de la población islamizada radicalizada. 

Esa con la que sí sabe qué hacer, pero dilapidaría el derecho de fraternidad, el presidente Macron que no podrá meter submarinos nucleares pore el Sena arriba para controlar sus propios banlieux. Europa tiene otro concepto de la legitimidad de las razones de Estado, en términos éticos y estéticos, tontadas de sus presidentes aparte.

Al Séptimo de Caballería decimos: ojito droniceis el puente de Shahrestan, ya lo hicisteis en nombre de la cruz con el de Mostar dejando hacer a los croatas, los buenos sucesores ustachi.

Poeta sublime que porta como apellido el varietal que da un vino balsámico y terroso de mi gusto, en el siglo XIV, Shams ud-Din Mohamad Hafez Shirazí regaló a la humanidad el siguiente oasis:

La fortuna es aquella que sin exceso de dolor se alcanza. Con esfuerzo y trabajo, el jardín del Edén es poca cosa.

A la orilla del mar de la aniquilación estamos, oh copera, apura ya, que del labio a la boca es poca cosa. Sé cauto, asceta, no te fíes del juego del orgullo:

Vive y no dejes morir.

04.03 Luis Iribarren

No a las guerras

La intervención del presidente de España, de Pedro Sánchez en Moncloa, ha sido muy clara. Las guerras no sirven para nada, y tras relatar un buen número de opciones en las que interviene una guerra contra las sociedades, ninguna sirve para explicar una guerra. 

Ninguna guerra sirve para mejorar las sociedades.

La guerra en Irán ha comenzado sin valorar todos los elementos claves de cualquier conflicto, es decir, es una decisión unilateral de dos personas, ajenas al sentido común y a la inteligencia política que enmarcan los valores básicos del mundo en este siglo.


En las guerras siempre mueren primero los inocentes civiles,
comienzan cuando lo decide alguien desde un despacho, son carísimas, no mejoran ninguna sociedad, tampoco mejorar a quien en teorías las gana. y el riesgo es tremendo de que todo explote sin medida.

Hasta los más tontos de la clase, saben que cuando se meten con otros alumnos lo hacen con los débiles. Ha sido así desde tiempos no escritos. 

¿De verdad alguien se piensa que Irán es un estado débil? 

¿No sirve de nada la OTAN ni la ONU, para no ser ni siquiera consultados?

¿En qué papel queda la Europa Unida con estas decisiones que dividen, crean conflictos personales entre países?

¿Alguien se da cuenta del problema que supone para Oriente Medio este conflicto en toda su dimensión?

¿De verdad se puede decir que este conflicto no se puede contagiar todavía más?

¿Alguien ha diseñado la forma de salir de la guerra y sus objetivos mínimos, o solo la manera de entrar para machacar estratégicamente, sin valorar sus consecuencias contagiosas?

Cuidado con los análisis tácticos que mal realizados nos van a engañar. No es posible vencer a Irán, aunque sea una dictadura tremenda. Solo puede explotar desde dentro. 

La ambigüedad de China o India es clara. La no intervención de Rusia o Corea del Norte no es algo decidido con rotundidad. Se ha puesto en un grave peligro a Europa, a Turquía incluso, al Norte de África, a Japón o Corea del Sur al que se le obligará a tomar una postura. 

No a las Guerras, pues simplemente no sirven de nada en estos tiempos. 

Pero si son inevitables, hay que analizar muy bien todo el proceso que sirva para acercarse a la Paz. Hacer guerras por chulería es sumamente peligroso.

Julio Puente


3.3.26

Reflexiones sobre Irán

El mundo tiembla ante una guerra que no parece corta, en donde la multiplicación o contagio hacia países vecinos, hace temer que tengan que finalmente intervenir otros países más lejanos. 

Hoy existe silencio en grande países militares, silencio obligado por las circunstancias del momento bélico. pero en una guerra a medio plazo, tendrán que intervenir. Hablo de China, Rusia, Turquía, India y Europa.

Tendríamos que poner en contexto qué es Irán, para repensar todo el problema en su tamaño. Es un país con algo más de 100 millones de iraníes —entre los 93 del interior y cerca de 10 en el exterior— y un tamaño como país de unas tres veces España. En tamaño para tener una ideas es mayor a la suma de Portugal, España, Francia e Italia.

Solo la capital tienen más de 9 millones de habitantes. Más que toda Andalucía. Estos números lo pongo encima de la mesa para entender que es un territorio grande, un país complejo, en donde los posibles soldados de invasión, la tropa militar de cualquier otro país, no tiene posibilidades de éxito sin grandes masacres.

Un país con siete fronteras terrestres con diversos países y muy dividido por cadenas montañosas que lo trocean en bloques casi imposibles de invadir. 

La guerra de bloqueo, de bombardeos constantes, de intentos de sublevación interior, es la única posible a medio plazo. Y eso lo saben bien desde Israel o los EEUU, que tienen suficientes asesores dentro y fuera de Irán.

Y la pregunta es fácil. Irán no va a ganar, pero… ¿y si no pierde? 

Su economía sí es capaz de aguantar tiempos malos, pues su sociedad ya está acostumbrada a los sacrificios. La explosión interior parece complicada y además sin un horizonte sencillo para construir una alternativa fácil.

Incluso cayendo destruido su enorme poder religioso, quedaría un poder militar que sería complejo de mantenerlo callado y doblegado, ante su enemigo vecino Israel. 

Las dos próximas semanas serán decisivas en entender hacia dónde camina este conflicto. Pasados esos días, será inevitable pensar en un conflicto de como poco bastantes meses y de compleja solución, por mucho que se machaquen sistemas de defensa aérea

Es un país que no se puede invadir, y que por ello su cambio importante solo puede venir desde la implosión de lo que ya existe.


2.3.26

Robert Duvall, resultón confederado


Mi madre resurge cual ave fénix, después de un invierno muy amargo, sobrevolando una nueva primavera. Su generación artística muere por goteo: Hackman, Redford, ahora Duvall. Los hombres que le gustaban a mí madre podían abarcar insolentes como Walter Matthau, ambiguos en la masculinidad por la vía de Gary Cooper pero ninguno fuera de la categoría “hombre apuesto”.

Mi padre era el navarro medio como su primo lejano Alfredo Landa. Como yo, era un casi guapo sin demasiado porte y su mirada de estrella del cine, puesto que tenía caída de ojos, fue arrasada por las virutas de acero de su mandrinadora. Mira que le dije que se pusiera las gafas que le quedarían como a Gregory Peck en “McArthur” o a Mastroianni en “La Dolce Vita”, pero prefirió arriesgar y quemarse el cristalino. Qué tiempos sin bajas.

Duvall nació en California. Su parecido con el faraón de la nouvelle gauche Mitterrand no engaña: fue parte genética de esa serie de aventureros franceses, cazadores de castores, descendientes de los quebecois o de Luisiana.

Sus tatarabuelos que salieron de Brest apoyaron a la Unión y los WASP estos del vicepresidente Vance en su revolución puritana contra Inglaterra, pues siguieron al marqués Lafayette, y dieron logística con glam a Washington. Su posición e ideales inspiraron esa monumental obra que es “La Revolución en América” del muy conservador Alexis de Tocqueville, lectura imprescindible como las obras de Thoreau para todo joven amante de las intrigas políticas.

Sagas de apellidos y artistas de hugonotes o aventureros franceses en América, que no solo ha vivido de la grandeza artística de las de los judíos austríacos o sicilianos en los Soprano, son las de los banqueros Rotchschild, los Dupont de Nemours químicos, los sucesores del piloto de carreras Louis Chevrolet que fabricaron el “corvette” y todas las de los créole o criollos de origen francés de la salsa tabasco de Louisiana que quedan en los nombres de las ciudades del estado, como la dedicada al general confederado Pierre Beauregard, los fundamentales gobernadores Dupré-Bouvais o la dinastía de los Cartier de Québec con embajada en el bajo Mississippi.

La bella aunque fría Jackie Kennedy, Jacqueline Bouvier, era una atildada aristócrata neoyorquina de familia venida de Montreal.

A todos ellos y a su relamida prole los imaginamos tomando té helado o un blanco frío de Borgoña en los porches de sus haciendas de madera de listones blancos y balcones corridos, que tomarían como modelo al Vieux Carré, barrio Borbón, de Nueva Orleans diseñado por el fundador Le Moyne. En este estilo de ciudad colonial española al que se le incorporaron galerías de herrería que hemos visto tanto junto con bandas sonoras a partir de recrear el estilo musical zydeco –piano o acordeón haciendo frenéticas y barrocas escalas como en la música de Doctor John-.

“Un tranvía llamado deseo” la del personaje de Blanche DuBois que dependía de la amabilidad de los extraños; Kevin Costner en un bar del Barrio francés en JFK o “El Curioso caso de Benjamin Button de Fincher, con Pitt y la australiana Kate Blanchett (blanshéee) fueron rodadas en el corazón cultural francés de Estados Unidos.

En el reparto de ninguna de ellas aparece como actor, y es curioso, este portador del nombre de la saga aristocrática confederada sureña de los Duvall por vía doble, pues su madre descendiente del general Lee: el oscarizado Robert. Cuyo papel descollante para mí es ese en el que borda a otro europeo: al mafioso irlandés y secundario del Padrino, Tom Hagen.

Luego está su soberbia interpretación corta en “Apocalipsis Now” de Coppola. Su personaje es un majara que atraviesa peligros para practicar su pasión por el surf, el teniente coronel Kilgore por el que obtuvo en cuatro ráfagas interpretativas un merecidísimo “Globo de Oro”. No era fácil proferir, pero tiró de sadismo criollo, la frase.. “Nada en el mundo huele así. I love the smell of napalm in the morning"



Duvall con su vis de aristócrata austero (la contraria justo a Malkovich que tanto ha interpretado-jugado a franceses), el certero actor contenido de la fría escuela del Cardenal Richelieu, oficiaba sus papeles lento pero eficaz, con un freno de mano y mirada que rebelaba lo que la humanidad no quiere saber y, de pasar pantalla, quiere negar sobre ella misma. La vida fuera de los programas y los mandos, en el alambre pero con educación irónica, el destino sin control humano. Derrotar sin compasión pero con soberbia, bordar el papel de un racista con cimientos.

Me duele su pérdida como la de Hackman, pues me recordaban que cada uno de nosotros contribuimos a nuestras tragedias porque caemos en las manos de los dispensadores en la tierra de la arbitrariedad divina. Nada de ausentarse de ello como practica la escuela británica de actores menos el genial Gary Oldman, de la escuela de estos dos.

Arde Irán, Duvall ya se lo imaginaría. El cine tendrá que prescindir de él como actor del personaje de quienes hayan urdido la pasión según San Pahlevi. Nos deja con su cara y pose de embaucador honesto, de soldado de segunda línea, nunca moralizador, de su bajo Mississippi. El blues le gustaba tirando a poco a este dominador de todos los politeísmos, al profeta de que la ley y la justicia no han pasado mucho de la ley del Talión ni del baño de sangre de los sans culottes a sus primos de Francia.

Es un genio que todo esto lo expresó con un rictus, siendo calvo y relativamente agraciado aunque siempre apuesto. El mejor para tomarte una botella de bourbon sin aspaventar.

Savoir être et savoir faire.

02.03 Luis Iribarren