8.12.13

Remedios para aliviar la garganta irritada de invierno

La garganta puede irritarse debido a diversos factores como la tos provocada por la contaminación, el tabaco, las alergias, la acidez del estómago, la sequedad del ambiente, o los cambios de temperatura

Durante estos meses invernales la causa más común de problemas en la garganta son las bajas temperaturas, que secan a su vez las mucosas.

A continuación proporcionamos algunos consejos para alivias nuestras gargantas si empiezan a darnos problemas.

La infusión de borraja, es un suavizante natural, pues es rica en mucílagos (una fibra que desinflama las mucosas y a su vez combate la cogestión pulmonar.)

Acompañar nuestros platos con ajo y cebolla también ayuda a combatir el picor de garganta pues estas hortalizas son muy eficaces en este aspecto, en crudo tienen sustancias azufradas que los convierten en antisépticos, expectorantes y mucolíticos.

El própolis o propóleo, producido por las abejas, calma el picor, desinflama, y acelera la recuperación de la afonía. Se vende en farmacias. Juanola entre ellos.

El regaliz tiene acción bactericida, antiinflamatoria y suavizante. Si es regaliz de palo, calma, aclara e hidrata la garganta, aliviando a la par la sequedad bucal.

Realizar gárgaras con limón y miel, o con agua tibia y sal, favorece la limpieza de la garganta y desinflama la zona de la faringe, de manera que alivia el dolor de la irritación.

Para hacer frente a la tos seca es recomendable hacer vahos con eucalipto dos veces al día, o tomar una cucharadita de vinagre de manzana con miel.

El jengibre calma las molestias en la faringe, alivia la tos, ayuda a expulsar la mucosidad, y descongestiona la nariz si se tiene sinusitis. Puede tomarse en infusión con unas gotitas de limón, en pastillas o en jarabe.

Qué futuro nos espera a las izquierdas?

Pocos dudan de que estamos dentro de una tormenta política necesaria que debe terminar con cambios profundos en España. O no. Depende de la sociedad que está en estos momentos entre preocupada y desafectada, entre dolida y cabreada, entre miedosa y olvidada.

Los políticos de carrera saben que al final tendrán que ser los ciudadanos que no hablan los que decidan, es decir, les importa tres pitos las mareas, los grupos de presión o las nuevas formas de señalar con el dedo en el ojo, que estemos quemando las últimas banderas de la democracia vieja. Creen controlar el tinglado a costa de los silenciosos.

Los viejos políticos que llevan casi 40 años dentro del sistema saben que estamos ante un cambio y por eso intentan sin que se note mucho desconectarlo, dominarlo si acaso, entenderlo si son capaces y controlarlo si se dejan. Son buenas gentes que creyeron (creímos) ferozmente en la democracia hace años, pero pensando que una vez conseguida ella sola se bastaría para seguir viva siempre. Pero hoy estamos entre dormidos y dominados. O creemos en la utopía, que no sé qué es peor.