11.8.25

La IA en sus inicios históricos como idea


Entre las décadas que van de 1960 a 1970, ya surgió poco a poco el ambicioso objetivo de crear un archivo universal del conocimiento humano, un único espacio accesible y digital para aprender, investigar y compartir información a nivel mundial.

Imagínate la idea casi de locos, nacida hace más de medio siglo, como si fuera el sueño de reunir todo el saber en un solo lugar, al que cualquier persona pudiera conectarse desde su propio lugar de trabajo, o desde su hogar de estudio.

En los inicios, este concepto visionario estaba pensado solo para círculos restringidos; pensar en un acceso universal y libro parecía pura utopía.

Pero la necesidad de democratizar el conocimiento global—un anhelo profundamente actual—ya latía como proyecto embrionario en el corazón del progreso tecnológico y social.

El principal reto era inmenso. La magnitud colosal del contenido a almacenar de forma digital cuando comienza la informática parece imposible de lograr.

No se hablaba de una biblioteca convencional, sino de la preservación digital de millones de documentos y datos, con necesidades técnicas extremas de refrigeración, seguridad y espacio físico, para sistemas de archivo digital que parecían por su volumen ciencia ficción en aquellos años. 

Si analizamos los sistemas informáticos con los que presuntamente el ser humano llegó a la Luna en 1969, entenderemos que estos retos sonaran imposibles en aquel entonces.

Aun así, se iniciaron grandes proyectos de digitalización, recopilando libros antiguos y memorias históricas antes de la era de Internet.

El segundo gran desafío era el acceso multilingüe de aquel reto y la búsqueda de todo tipo de información que fuera necesario preservar.

La informática de los años 60 y 70 apenas permitía operaciones básicas y los sistemas de archivo de datos eran lentos y primitivos. 

Encontrar un dato concreto en un archivo global y gigantesco que tuviera todo el conocimiento del mundo en un solo espacio físico, podría llevar días, limitando el potencial de uso aquellos archivos digitales iniciales.

Al principio de los años 90, los primeros trabajos de retoque con imágenes digitales de un tamaño A4 requerían horas de procesamiento y posterior grabación en discos duros que nada tienen que ver con los actuales, una muestra de los obstáculos tecnológicos de entonces.

Todo cambió con la llegada de Internet, que revolucionó el acceso al conocimiento. El desarrollo de buscadores potentes y plataformas colaborativas (como Wikipedia) permitió superar muchas barreras técnicas: la indexación eficiente, el acceso distribuido y la participación colectiva impulsaron la evolución desde los archivos restringidos hacia una verdadera memoria colectiva digital mundial.

Sin embargo, surgió una nueva problemática: la explosión de información generada todos los días por blogs, foros y redes sociales en Internet. 

Existía el inicio de algo que se llamaba BBS que podríamos comparar con las actuales Redes Sociales, pero casi de cartón piedra.

El archivo universal se inundó de datos nuevos de forma constante, a menudo más relevantes que los almacenados en soportes analógicos tradicionales.

¿Debíamos abandonar la información antigua para no saturar los sistemas?

¿Desde qué momento histórico se decide —en aquellos inicios— qué merece ser digitalizado y conservado?

Hoy, esa etapa está plenamente superada. Con la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA), hemos cruzado hacia una nueva era: la construcción de una memoria global y personalizada. Ahora los sistemas de IA y algoritmos de búsqueda detectan nuestros intereses y preferencias, ofreciendo información relevante y descartando lo que no nos interesa.

En un futuro cercano, cada persona disfrutará de una IA totalmente personalizada, tan íntima como su propio móvil, capaz de adoptar nuestra propia memoria a través de rastros que iremos dejando, recordando lo que nos importe y “olvidando selectivamente” lo irrelevante. 

Actuará para nosotros, pensando en nosotros, a base de lo que ella creerá con poco margen de error que es lo que en cada momento necesitamos.

Estas tecnologías permiten ya gestionar la información global de manera selectiva y evolutiva, profundizando en nuestros gustos y necesidades, y abriendo el camino hacia asistentes digitales únicos y personalizados para cada usuario. Nos ofrecen las respuestas que esa IA cree que necesitamos, a través de las pistas personales que les vamos dejando.

La IA no solo será nuestra compañera digital; podrá actuar como asesora, profesora, acompañante en el entretenimiento y hasta como “persona amiga”, con memoria adaptativa y voz personalizada que evolucionará con nosotros, envejecerá como lo hagamos nosotros.

Este avance plantea desafíos éticos sobre la privacidad, el control de los recuerdos y los límites del “placer digital”, pero marca la transformación radical en la manera en que gestionamos y vivimos el conocimiento. 

¿Podremos tener amistad o más que amistad con elementos virtuales que nos acompañan todos los días, en los buenos o malos momento de nuestra vida?

¿Hasta dónde estamos dispuestos a integrar la inteligencia artificial y la memoria personalizada, en nuestras vidas cotidianas? 

La respuesta parecería lógica, y sería que efectivamente, no queremos esa compañía. Pero cuidado, tiene también sus partes positivas en un mundo cada vez más solitario, en donde las relaciones personales son pocas y pequeñas, en donde posiblemente sin darnos cuenta, vamos perdiendo el acceso al tacto, y ampliamos el acceso a la relación virtual.

El viaje desde el archivo universal del conocimiento hasta la IA personalizada… está redefiniendo nuestra relación con el saber y con nosotros mismos como personas, inaugurando una nueva era para la humanidad.

10.8.25

La prensa en España durante los años 50 y 60 del siglo XX


La Prensa, el llamado Cuarto Poder, siempre ha tenido un papel muy importante en el Poder de los países gobernados por personas inteligentes para controlarlo, aunque fueran dictadores. Y en España en los años 50 y 60 del siglo XX también se utilizaba la prensa para un trabajo de formación nacional.

En la España de los años 50, en plena dictadura franquista, la prensa estaba sometida a una fuerte censura previa (hasta que algo cambió a partir del año 1966, con la Ley de Prensa de Fraga Iribarne), lo que hacía que los diarios más influyentes fueran los que mejor se adaptaban a la línea oficial del régimen o estaban controlados directamente por él. Siempre había en las grandes ciudades un diario del Régimen, otro de la Iglesia, y otro de la Falange.

A partir de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 promulgada por el ministro Fraga Iribarne, se suaviza la censura previa y algunos diarios comienzan tímidamente a ampliar su enfoque. Crece la tirada gracias al aumento económico de la década en España y aumenta la calidad, los contenidos y una mejora en la distribución.

En los años 50 del siglo XX en España, los principales diarios eran el ABC con ediciones en Madrid y Sevilla, la Vanguardia con ediciones desde Barcelona, el YA, Pueblo, Arriba también desde Madrid. El Levante desde Valencia, SUR desde Málaga, Heraldo de Aragón desde Zaragoza, y El Diario Vasco o El Correo Español desde el País Vasco.

Las tiradas en aquellos años eran grandes y se podría hablar de casi 200.000 en el primer caso, el ABC, a más de 100.000 en los tres casos que he nombrado a continuación. Sobre los 50.000 ejemplares los siguientes tres diario, para bajar a los 25.000 el resto de los señalados, con cifras que tampoco eran del todo reales, pues no es lo mismo tiradas que ejemplares vendidos.

La Oficina de Justificación de la Difusión (OJD), el organismo que centralizaría esos datos, se creó en 1964 y publicó sus primeras cifras en 1965, por lo que no existen registros sistemáticos de antes de esa fecha.

En los años 60 aumentaron las tiradas nacionales por la mejora económica y por el aumento de la población urbana en España, Entraron también nuevo tipo de informaciones como el Deporte, Cultura, ocio y eso logró un aumento de las ventas de los diarios en toda España.

Y van surgiendo muy lentamente y de forma leve informaciones más abiertas, diarios como Informaciones que parecen abrirse a un nuevo mundo más democrático en España, que ya se preveía que tenía que llegar más pronto que tarde.

El diario Informaciones había nacido en el año 1922 pero fue a partir de 1966 con la nueva ley de Prensa e Imprenta y la dirección de Jesús de la Serna, con una visión más moderna del periodismo de aquella época cuando intentó meter algo de aire fresco con un periódico más intelectual, más abierto, dentro de que hablamos de unos años claramente dictatoriales todavía.