22.1.26

Paraísos Cercanos 3. África Occidental y sus combinados


De quién es África: de quien compre esclavos, de quien les haga autopistas que nadie mantiene, de quienes sequen para producir flores los lagos del Valle del Rift, de quien gane la Copa de fútbol africana aun habiéndose retirado unos minutos del campo de fútbol, de quien sea traficante de todo tipo y con una excusa de guerra religiosa, ensaye armas y manipule ideas en el Sahel

De quién no es África: de sus cantantes como Fatoumata Diawara, ni de sus músicos de guitarra eléctrica, de los pivots de baloncesto y los compositores de afrobeat nigerianos, de las asociaciones de opositores a Obiang repletas de emigrados, de las diseñadoras de las telas africanas impresas de colores vivos por los dos lados para que caigan de forma majestuosa, de las cooperativistas del argán de Essauira y fabricación de botargas de Mauritania, de los pastores del páramo keniata trashumantes, de los bebedores de sangre de aorta de sus animales, de los niños…

África tampoco es de Miquel Barceló con sus pinturas en el Mali dogón, de los arquitectos albañiles de las mezquitas de barro que se repasan cada año y están rematadas por los palos de baobad de sus encofrados, como las torres y catedrales de su imitador colegiado en un colegio de arquitectos europeo: Gaudí. No son ni siquiera arte africano, las quincallas que puedes comprar cualquier día, en cualquier calle de tu ciudad, cuando un senegalés te las ofrece.

África es completamente de Toyota, Kalashnikov, Syngenta Group, las productoras chinas de pescado procesado… como antes fue de Peugeot, del Crédit Agricole o de la industria esclavista cubano catalana, en ida y vuelta como la rumba.

África es fecunda y austera; verde sobre suelo rojo o color camel; romano-árabe aunque Ashanti y dominada por las lenguas congolesas; elegante y desesperada; sutil y gritona… Un crisol de combinados siempre a punto para la siguiente concesión…

África es amarga o bitter, ese ingrediente especial que hace salivar, que te recuerda que tu mundo del sabor, para que sea completo, incluye tu educación en disfrutar del apio y de la alcachofa. La molestia que te hace la mueca viene de las cortezas, las pelarzas, las semillas, la genciana, la quinina, las hierbas bordes. Es jodido acostumbrarse pero, si lo haces, tu veneno occidental alcohólico quedará redimido, será digestivo y equilibrado, exótico y nunca cotidiano. Olvidarás la angostura.

África es negra porque es chocolate, una semilla de cacao en permanente pudrición y maderación. Es la literatura sobre las matanzas de Angola de Lobo Antunes, nunca Nóbel por demasiado molesto, por demasiado real… A quién le interesa la mirada de un blanco sobre África que no sea si es guía de safaris o mercenario afrikáner.

No os mintáis, Paul Simon y Peter Gabriel fueron un altavoz aprovechado de Soweto cuando el mejor escritor africano, y uno de los mejores de todos los tiempos, Coetzee, escribe sobre la imposible superación del racismo desde Adelaida; a Mahfouz le apuñalaron por hereje; la Slimani tiene como protagonistas a las familias mestizas marroquíes creando en París; y Yasmina Khadra es el sobrenombre de un militar argelino.

África es siempre shake, agitada en toda su coctelera. Nunca se vive en la calle simplemente agitado ni stir, mezclado, eso no tiene relación con sobrevivir cada mañana, con soñar con emigrar jugando al fútbol. A toda África convendría oxigenarla, hacer roll y pasarla a otra coctelera: ¿sus regímenes corruptos nunca lo permitirán o lo son porque desde fuera interesa shaking?

África sí que es espumosa sin que se la pueda girar modo Rolling, suavemente. Se encuentra socialmente layer, separada por capas de clasismo que hoy no conocen razas como manifiesta las coimas para que te bendiga contratos Asamblea Nacional Africana; su población rural y pescadores son sistemáticamente machacados, mudled, hechos puré, sometidos a permanentes enfriamientos secuenciales.

África no quiere volver a los tiempos de la francofonía de Leopoldo Sedar Sengor, de Youssou Ndour, de Albert Camus: primero culturalmente franceses, después el lugar de nacimiento o raza qué importa con la cobertura de la Revolución-

Tintas de rojo oscuro tenemos los dos, muftí. Yo de sangre de cepa, tú de tus hermanos

(Omar Jayyam).

Luis Iribarren - 22/01/2026

Me gustan los números, pero con cuidado


Yo de niño conocí antes las letras que los números; e incluso creo recordar de muy niño, ser ya un adelantado en la lectura, tanto que en el colegio público Palafox de Zaragoza me sacaron para leer en voz alta delante de mi familia, para que vieran lo claro que lo hacía con muy pocos años.

Hoy vocalizo peor. Lógico, deben ser las prisas. Y que ya no nos enseñan a hablar en público, que esa es otra deficiencia educativa, que es muy interesante aprender.

Los números los empecé a comprender en el colegio de los Maristas cuando iba de gratis, de alumno becado por ser de familia sin recursos. Y me encantaron, sobre todo la geometría

Efectivamente, 60 años después y aunque me siguen encantando los números, he cambiado la geometría por la aritmética. La geometría da poco beneficio.

Estos tiempos actuales son de contar dineros. Todo se circunscribe a saber contar economías, ganancias, pérdidas, riesgos, inversiones y precio de las cosas. 

Son otros tiempos, más capitalistas incluso que aquellos de 1960, cuando todo era una dictadura brutal. La Falange en sus inicios no era capitalista aunque lo pareciera.

La Falange cuando nace era antiliberal, anticapitalista en lo económico clásico, y sobre todo antimarxista; y su ideología se parecía sobre todo al fascismo europeo, con rasgos propios españoles, y un fuerte componente nacional-sindicalista.

Continuo con los números.

La vida no son números, excepto por la edad que vamos contando, pero nos han convencido de lo contrario, pues cuanto más personal humano quiera mover sus propios números…, más beneficios obtienen los que viven de los números de los demás.

Es importante conocer los números, sobre todo si te quieren endeudar. Los usureros saben mucho de números y de días, y aplican los intereses —sobre todo si son de demora— con unos juegos de manos como el mejor de los magos.

Hay gente que se hace rica solo sabiendo jugar con los números. Yo aprendí de joven, que donde más dineros ganas no es con el trabajo, sino cerrando negocios y aplicando los números a esos precios finales. 

Una buena venta de caballos o de burros te puede dar más beneficios que levantándote a las 5 de la mañana para fregar las cuadras. 

Por cierto, es verdad, me dicen que las cuadras no se friegan. Es que… yo nunca me he dedicado a eso. 

Ahora han cambiado los caballos por vender viviendas, y dicen que el negocio es muy similar a vender burros.