Vamos a pensar en una situación creo que posible y al menos curiosa. La Constitución Española en su artículo 99 apartado 1 dice:
Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.
Y a uno le entra la duda de si el Rey no tiene libertad en aplicación de este artículo de proponer como Presidente de Gobierno ante el Congreso de los Diputados a quien él estime conveniente, con indiferencia de si es o no Diputado, si es o no miembro de un partido político.
En realidad quien lo elige es el Congreso de los Diputados a propuesta del Rey, pero este podría presentar, proponer a quien quisiera. La presidencia del Congreso de los Diputados hace de “través” de correa de transmisión nada más. O al menos eso me parece a mi.
¿Y con qué intención? Puestos a pensar, con dos intenciones bien diferentes para elegir entre ellas. Para que los plazos de los dos meses se iniciaran y no hubiera un periodo eterno sin gobierno y sin elecciones. Y uno más curioso, para buscar un candidato que fuera apoyado por fuerzas que son incapaces de apoyar el del partido político con más Diputados, pero insuficientes para lograr esa mayoría simple de la segunda vuelta.
Algo similar ha sucedido ya en la República de Italia hace unos años. El Jefe de Estado puede intentar buscar a un candidato de consenso si no existe un candidato claro que es admitido por la mayoría y así evitar unas nuevas elecciones.
El asunto no es banal, pues aunque lo lógico sería pensar que el partido político con más posibilidades de lograr el Gobierno siempre votaría NO a ese candidato impuesto por el Rey, sabe que si cae se iría a unas nuevas elecciones donde sería fuertemente castigado (o no) por su decisión de tampoco apoyar a un candidato externo a su propio partido, o al menos externo a su propio candidato de cartel electoral.
10.12.19
Las guerras del futuro ya son muy diferentes
El diario The Washington Post ha publicado unas investigaciones sobre la guerra de los EEUU en Afganistán que demuestra lo mentirosos que podemos ser todos para inventarnos las razones que nos tranquilicen. Creemos y queremos hacer todo bien, pero bien según nuestro único punto de vista.
“Carecíamos de un conocimiento fundamental de Afganistán, no sabíamos qué estábamos haciendo. ¿Qué tratamos de hacer aquí? No teníamos la más remota noción de lo que estábamos acometiendo”.
Tras más de 2.400 americanos muertos e incalculables afganos, tras un gasto de casi un millón de millones de dólares, nadie sabe para qué estaban allí los americanos y sobre todo sí que saben que las guerras convencionales ya no se ganan de forma convencional.
“Carecíamos de un conocimiento fundamental de Afganistán, no sabíamos qué estábamos haciendo. ¿Qué tratamos de hacer aquí? No teníamos la más remota noción de lo que estábamos acometiendo”.
Tras más de 2.400 americanos muertos e incalculables afganos, tras un gasto de casi un millón de millones de dólares, nadie sabe para qué estaban allí los americanos y sobre todo sí que saben que las guerras convencionales ya no se ganan de forma convencional.
Lo cual ya lo habíamos detectado hace unos años, a poco que se analicen las nuevas guerras. El futuro de la violencia institucional en forma de guerras continuas es ya otro muy diferente al de enviar a soldados a conquistar cimas o ciudades.
No tiene sentido invadir un país para doblegarlo, no lo tiene ir de frente en contra de una sociedad para apoderarse de ella. Hoy las guerras se pierden o se ganan en otros lindes. Y lo mismo sirve para las peleas pequeñas, para las manipulaciones políticas, para intervenir sin notarse que se interviene.
Hoy es mucho más fácil vencer a un grupo de 10.000 enemigos que a 1.000 grupos de 10 enemigos. Este concepto de nuevo tipo de enfrentamiento unido a las tecnologías de las intervenciones “diferentes” nos obliga a preguntarnos: ¿Qué tipo de ejército es necesario, si lo es alguno que no sea tecnológico y de despacho?
No tiene sentido invadir un país para doblegarlo, no lo tiene ir de frente en contra de una sociedad para apoderarse de ella. Hoy las guerras se pierden o se ganan en otros lindes. Y lo mismo sirve para las peleas pequeñas, para las manipulaciones políticas, para intervenir sin notarse que se interviene.
Hoy es mucho más fácil vencer a un grupo de 10.000 enemigos que a 1.000 grupos de 10 enemigos. Este concepto de nuevo tipo de enfrentamiento unido a las tecnologías de las intervenciones “diferentes” nos obliga a preguntarnos: ¿Qué tipo de ejército es necesario, si lo es alguno que no sea tecnológico y de despacho?
Mientras tengamos un ejército compuesto de muchas personas y grandes y duras herramientas de hierro, se seguirá usando aunque se sepa que es obsoleto. Ya no sirve, o ya hay otros métodos mejores para apoderarse de los países.
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