¿Y si el Rey no propusiera a Pedro Sánchez?

Vamos a pensar en una situación creo que posible y al menos curiosa. La Constitución Española en su artículo 99 apartado 1 dice:

Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Y a uno le entra la duda de si el Rey no tiene libertad en aplicación de este artículo de proponer como Presidente de Gobierno ante el Congreso de los Diputados a quien él estime conveniente, con indiferencia de si es o no Diputado, si es o no miembro de un partido político.

En realidad quien lo elige es el Congreso de los Diputados a propuesta del Rey, pero este podría presentar, proponer a quien quisiera. La presidencia del Congreso de los Diputados hace de “través” de correa de transmisión nada más. O al menos eso me parece a mi.

¿Y con qué intención? Puestos a pensar, con dos intenciones bien diferentes para elegir entre ellas. Para que los plazos de los dos meses se iniciaran y no hubiera un periodo eterno sin gobierno y sin elecciones. Y uno más curioso, para buscar un candidato que fuera apoyado por fuerzas que son incapaces de apoyar el del partido político con más Diputados, pero insuficientes para lograr esa mayoría simple de la segunda vuelta.

Algo similar ha sucedido ya en la República de Italia hace unos años. El Jefe de Estado puede intentar buscar a un candidato de consenso si no existe un candidato claro que es admitido por la mayoría y así evitar unas nuevas elecciones.

El asunto no es banal, pues aunque lo lógico sería pensar que el partido político con más posibilidades de lograr el Gobierno siempre votaría NO a ese candidato impuesto por el Rey, sabe que si cae se iría a unas nuevas elecciones donde sería fuertemente castigado (o no) por su decisión de tampoco apoyar a un candidato externo a su propio partido, o al menos externo a su propio candidato de cartel electoral.