Hablar hoy desde el 2026, de cómo creemos que será el 2050, es jugar a la futurología. Pero este es un ejercicio simpático, entretenido, y que nos sirve para reflexionar sobre el actual presente. Ya, lo sé, no hay más que un posible presente.
El trabajo en el mundo occidental va a hacerse más flexible, más híbrido entre las labores de los humanos y las máquinas, y más inestable en lo contractual. Pero también ofrecerá nuevas oportunidades a quienes se adapten en cada momento de os cambios, con aprendizaje continuo y habilidades sociales fuertes.
No creo que vaya a desaparecer el trabajo como incluso necesidad personal para ir sobreviviendo. El ser humano necesita el trabajo como actividad vital. Y si disminuye la necesidad del trabajo por los avances mecanizados desde las máquinas, nos tendremos que inventar nuevo trabajos, nuevas ocupaciones.
El trabajo que en los años 50 ó 60 del siglo XX, un trabajo o un oficio para toda la vida, en la misma empresa, ya ha desaparecido en este inicio del siglo XXI. Y a su vez ha aumentado la necesidad de una formación laboral constante.
No hay duda de que vamos a asistir a una fuerte de la automatización de los trabajos en los que esto sea posible mientras que la IA (del futuro) nos hará las tareas rutinarias, con disminución de empleos poco cualificados y crecimiento de trabajos intensivos en conocimiento, creatividad y trato humano.
Tendremos más cambios frecuentes de ocupación, y viviremos previsiblemente cambios en nuestras etapas como asalariado, autónomo o emprendedores, dentro de proyectos globales en equipos virtuales o de trabajos sencillos, cercanos y pequeños.
Las organizaciones laborales estarán más descentralizadas y con horarios flexibles como norma en el empleo cualificado. Podremos trabajar con suma normalidad en una empresa de los EEUU desde nuestro salón de casa para múltiples tareas.
Y tendremos más personas mayores trabajando más años, a menudo a tiempo parcial o en roles de asesoría, enseñanza, y cuidado a otras personas. La biotecnología aplicada al trabajo (salud personalizada, mejora cognitiva) y realidad extendida para formar, coordinar equipos y simular entornos complejos.
Para adaptarnos será clave el aprendizaje permanente. Una proporción enorme de la población tendrá que reciclarse varias veces; se estima que más de un tercio de las tareas de muchos puestos cambiarán en la próxima década (hasta el 2035) por la digitalización.
Tendremos sistemas educativos más personalizados y modulables (con micro credenciales, y una formación online mucho más presencial e híbrida en prácticas diversas de calidad) que permitirán reorientar la carrera profesional de forma ágil a lo largo de la vida.
Es inevitable pensar mucho más en el crecimiento de la negociación colectiva no ya de oficios o entre empresas y sectores como a nivel de toda la sociedad, y de normas para el trabajo remoto que cuiden la salud mental, la conciliación y el sentido de comunidad, evitando una precarización digital muy acentuada.
Para prepararnos ante esos entornos laborales que ya vienen, debemos desarrollar una base sólida de competencias digitales (manejo de datos, uso crítico de IA, seguridad digital, inglés como base aunque existan múltiples modelos de traducción) y combinarlas con especialización en algo que te apasione.
Invertir en tu red social y profesional, en tu propia Marca, porque las transiciones entre trabajos serán más frecuentes y la red que acompañe a tu Marca Personal será un seguro tan importante como el currículum.
Debemos practicar siempre una actitud de curiosidad y ensayo‑error. Los trabajos concretos cambiarán, pero la capacidad de aprender rápido y colaborar con tecnología será tu señal de identidad y defensa ante la segunda mitad del siglo.

