Nos lo imaginábamos desde la última década con los cambios ideológicos del mundo actual de este siglo XXI, es decir, lo veíamos venir. Pero tras el estallido de la guerra en Irán, antes en Ucrania y luego en Gaza, sabemos ya sin duda que existe en este siglo XXI una clara reconfiguración del Poder Global.
Han saltado por los aires todos los organismos internacionales que nos habíamos dado a partir de 1945 en el mundo, para intentar evitar una nueva Guerra Mundial. En estos momentos de principios de 2026, ya sabemos que nada está funcionando, que las normas internacionales, las Leyes de Guerra internacional, no sirven de nada pues no se cumplen por parte de ninguno de los que incitan los conflictos y los que lo sufren se ven obligados a utilizar el “Ojo por ojo, diente por diente”.
Sin organizaciones mundiales capaces de hacer cumplir las Leyes, todo es un mundo selvático, en donde el más fuerte militarmente o por sus condiciones estratégicas, es el que impone sus condiciones aunque sean inhumanas, fuera de todo tipo de control humano, aunque sean humanos los que deciden utilizar las máquinas de guerra.
En estas tres semanas de guerra en Irán han sucedido tantos conflictos gravísimos por su importancia y por la zona en donde se producen, que resulta complejo imaginar meses de guerra y las formas en que esto afectará a todo el mundo durante meses y años. Hablamos de energía, de infraestructuras, de invasión de Líbano, destrucción de Gaza, de Irán o de cambio de paradigma de todos los países del Golfo Pérsico o de Oriente Medio.
No es una guerra de religiones, tampoco es solo una guerra energética, ni tan siquiera una guerra de autodefensa o de genocidio para lograr más territorio. Es todo eso, más una clara reordenación del poder mundial, de que de esta guerra salgan grandes países ganadores y grandes países perdedores.
Hay un solo gran país involucrado directamente. Los EEUU, impulsados por un Israel que juega por otros motivos. Y aunque los EEUU están desde el principio intentando que entran tanto Europa como China, Arabia Saudí o Turquía en el conflicto, saben ya todos estos actores, que de momento lo más lógico para ellos y para el mundo, es mantenerse al margen.
Y llegando a este punto tan conflictivo por lo que ya afecta y afectará a todo el mundo la guerra en Irán y Líbano de momento, y ante la imposibilidad real de poder negociar con nadie tras matar a todos los líderes de Irán, solo cabe preguntarse quien podría ganar esta guerra. Y el único que aparece es EEUU como ganador o como perdedor. O lo que puede parecer un contrasentido, ganar esta guerra puede ser perderla.
Ganar y que esa victoria tenga sentido positivo en el medio plazo supone derrocar todo el sistema de gobierno de Irán, entrar en una democracia tipo occidental pero a su vez reconstruir el país para que no caiga esa democracia en pocos meses al tener que vivir sobre las miserias, y eso supone un tremendo esfuerzo económico que si lo soporta solo los EEUU les afectará muy negativamente, mientras otros actores mundiales observan desde la ventanilla y se frotan las manos.
En el caso de una rendición de Irán, de su sistema político, el trabajo de los EEUU y de sus vecinos tendría que ser tremendo, aunque no tuvieran que pagar con la ayuda de Europa y ciertos países de la zona. Volveríamos a asistir a un crecimiento lógico de China que simplemente observaría como invitado estratégico.
Hoy los conflictos bélicos no son solo militares. Son sobre todo económicos y tecnológicos, y es aquí en donde los posicionamientos y los silencios logran hacer ganar a quien simplemente no interviene. Y en este siglo XXI es posible que vayamos a un escenario de posicionamientos con una inestabilidad casi crónica de grandes grupos, pero con un cambio claro de los liderazgos económicos, estratégicos y tecnológicos.
Asia saldrá reforzada, no solo China sino también India e incluso Turquía y algunos países menores de la zona del sur. Los EEUU pagarán muy caro el declive reforzado por un Donald Trump rodeado de incapaces de entender la historia, y que puede ver peligrar el valor del Dólar como moneda de referencia. Y Europa está en esa incertidumbre ya acostumbrada, sin definir si quiere estar o simplemente prefiera no estar, con todas las consecuencias que tienen cualquiera de las dos posturas.
Nos queda Rusia, y sus decisiones hoy estancadas en el frente de Ucrania, otro gran error de este inicio del siglo XXI, del que son responsables Europa y Rusia. Nunca debería haber estallado esta guerra que no es regional, aunque lo parezca.
Todos estos hechos ya reales nos llevan inevitablemente a pensar que en la mitad del siglo XXI el llamado Poder Global será muy diferente al del inicio de este mismo siglo. Y a la vez podemos afirmar que en la mitad de este periodo de 50 años, ahora mismo, no estamos en condiciones de poder adivinar quien saldrá ganando de estos conflictos bélicos y de reconfiguración mundial.
Podemos intuir un sistema global de poder más fragmentado, más regionalizado y más policéntrico, con varios centros de poder que competirán y cooperarán a la vez. Y se temerán entre ellos. Los conflictos bélicos actuales no están creando un solo frente global, sino varios teatros simultáneos. Ucrania y la seguridad europea; Oriente Medio y la guerra regional ampliada en torno a Israel, Palestina, Líbano, Irán y países del Golfo aliados o no; además de guerras persistentes en Sudán, Myanmar, el Sahel o Haití.
Los conflictos de 2026 están acelerando los movimientos estratégicos y económicos sobre los ejes tecnológicos, de materias primas, de cambio energético. Las guerras actuales no solo destruyen; también están redistribuyendo inversión, alianzas, industria militar y cadenas de suministro. Los actores serán los EEUU, China, India, Rusia, Oriente Medio, Europa y “los Sur” de América, África y Asia. No he nombrado a Turquía no por no ser importante sino por no sabe a fecha de hoy si colocarla hacia Europa o hacia Oriente.
Ese Nuevo Mundo de mitad del siglo XXI será más duro y complejo, porque la competencia incluirá menos universalismo y globalización y más coerción entre los diversos bloques. Más sanciones, tecnología, chips, energía, rutas marítimas, minerales, ciberataques, inteligencia artificial y nuevo armamento de precisión. No veo un “Gobierno del Mundo”, sino una mezcla de bloques flexibles, rivalidades persistentes y pactos tácticos. Y una reconfiguración de los modelos de Control Mundial, tipo ONU, Tribunales, OTAN, Comercios internacionales, etc.
Países como India, Turquía, Brasil o Sudáfrica y sus posicionamientos en uno u otro Grupo de Poder, pueden inclinar la balanza de quien gobernará el mundo con más capacidad, a partir del año 2050.
Julio Puente

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