25.12.25

Sobre el oficio de escribir, y la libertad de opinión

Las personas que escribimos sobre algo, nos planteamos antes de empezar donde está el límite de nuestras opiniones, algo que como muy bien explica Iñaki Gabilondo en su último libro, “El fin de una época”, es ilógico, pues por ejemplo los médicos no se plantean antes de operar a un paciente, ni en cambiar los métodos ni en ponerse límites en su trabajo. 

Un médico siempre empieza lavándose las manos y tiene como meta prioritaria salvar vidas. 

Las personas que escribimos nos autocensuramos sobre temas o sobre límites o sobre formas. Pero nos autocensuramos, o en cambio amplificamos nuestros datos y opiniones para llevarlos hacia un lugar determinado. 

Cocinamos la opinión para enfatizarla o para frenarla, para llevarla hacia nuestro punto de vista y eso es malo además de una manipulación, por pequeña que sea.

Somos también humanos y por ello con ganas de modificar nuestro entorno con arreglo a nuestros planteamientos identitarios. Puede ser lógico y una gran manera de avanzar y de construir sociedades e ideas. Tal vez el error provenga de ponernos los límites antes de empezar y no, según como vayan avanzando los proyectos.

Elegimos temáticas, las conformamos según nuestra propia idea, buscamos un punto de vista que nos sirva para nuestro proyecto informativo, modulamos todo su contenido para que forme algo que nos resulte agradable y válido. Y la soltamos al aire en espera de que vuele. 

Es inevitable en una actividad que no se puede normalizar en exceso, pero la responsabilidad de cada persona que la ejerce es también alta para intentan no auto engañarse él mismo.

De cualquier manera, la libertad de opinión es un bien maravilloso, y que debemos cuidar. Y si algo no nos gusta, el mejor sistema para frenarlo es no leerlo, no hacerle caso, y mucho menos responderle. 

Mi consejo es que solo respondas a los que realmente te importen bien como personas bien por sus opiniones, aunque no sean iguales a las tuyas. Y hazlo siempre desde el respeto. 

Si somos seres humanos, no debemos intentar dejar claro que además somos animales.

Cada día es más sencillo ser monárquico


Cada día es más sencillo ser monárquico. El Rey Felipe VI, cuando nos ha hablado a todos en esta Navidad 2025, parecía un socialdemócrata humanista o un cristiano demócrata de libro. Y si uno se pone a pensar quien podría ser ahora mismo en España el Presidente de la República elegido por todos nosotros, me entran escalofríos.

No voy a dar nombres, pero es muy sencillo imaginárselos.

Del discurso del Rey yo destaco dos cosas. El aviso de que España va mal, de que tanto hastío democrático es peligroso y de que los presuntos extremismo ya han ido calando hasta en los partidos que eran más amantes del Sistema, y otro detalle que me ha parecido importante.

Al Rey en esta ocasión le han parecido más importantes los problemas de España que los del mundo, y no se ha referido a casi nada fuera de nuestras fronteras. Jopetas.

La sensación desde fuera es que estaba muy cabreado y contenido. De pie, corto en el tiempo, imperativo, asumiendo sin decirlo que hasta las gentes de derechas duras lo odian por templar.

En estos momentos en España, lo peor que te pueden llamar, o incluso peor que eso, pueden sospechar de uno, es que juega a TEMPLAR. Los que templamos no somos nada de nada. Ni chicha ni limoná. Hay que posicionarse, y no nos dejan sitio para ser ambiguos. Nos llaman ambiguos simplemente por no ser como "los otros".

Yo no soy ambiguo, soy socialista pero no me gusta lo que está sucediendo en España. La política es otra cosa, era otra cosa entre 1980 y 2015, con sus apaños, robos y podredumbres, pero existía en las bases un respeto entre personas, unas ganas de "HACER" y una capacidad de hablar con casi todos.

Lo vengo repitiendo desde hace años. Cada vez son más los que desde la política huyen, y lo curioso es que los recambios ya no son los más preparados o los mejores de cada organización, sino los que quieren dar la cara. Que es otro modo de entender las cosas. 

Los que tienen experiencia antigua se van quemados, y los que entran de nuevas lo hacen desde esta fase de insultos e incapacidades, de no querer hablar con nadie que no les alabe el gusto propio, y así no se hace política democrática, sino otra cosa.

Hacer política es resolver problemas de la sociedad, y la entiendo yo más en lo micro que en lo macro, asumiendo que esto último es muy importante y lo que sustenta lo micro. Pero si nos basamos solo en lo macro, obviando a la sociedad, al final y ya cabreados todos, mandaremos a cascala el Sistema y eso sí, eso sí es muy peligroso.