6.12.17

Primavera árabe o Primavera catalana. Cuidado con no saber sujetar

Cuando hablamos de transición con minúscula o con mayúscula, hablamos de transformación, y en lo que llevamos de siglo hemos podido ver transformaciones tremendas en el marco social de todo el mundo, algunas positivas pero otras muy negativas o que se fueron cambiando hacia el negativismo. Todas ellas aupadas con sociedades enteras.

La esperanza y la ilusión, la fuerza de la calle incluso, no son garantía de nada. O al menos no de todo lo necesario para que los cambios sean estables. Tan importante es lograr una República, como que te la crean, la respeten, la apoyen y la dejen desarrollar. Si no es así, no sirve de nada ni las Primaveras Árabes, aunque lleven dentro toda la energía de la sociedad.

En el Norte de África hemos visto caer a dictadores soportados por el resto del mundo como Gadaffi o Hussein. Pero pasarán muchos años y sobre todo muchas calamidades llenas de sangre, antes de lograr que aquello vuelva a ser mejor que lo anterior. Hace 10 días un atentado mataba a más de 300 personas en Egipto. ¿Quien alienta estos ataques?

Es muy complicado asentar los cambios porque las fuerzas que apoyan todavía las dictaduras o a los sistemas democráticos desde fuera, siguen asentadas en el poder, aunque no se note. Aunque estén muy alejadas de las tierras que sufren. Está sucediendo en Siria, y volviendo a España, podría suceder en Cataluña con todas las distancias necesarias sobre los tipos de violencia posible, hasta que se asienten las economías y las relaciones sociales, y se respeten los unos y los otros.

La Transición es también sujetar lo que se logra. No sirve de nada pedir el cielo, e incluso conseguirlo, si no se garantiza que va a ser para mucho tiempo. Lograr aprobar una Ley es muy sencillo. Cualquiera. Lo complicado es conseguir que se respete durante muchos años.

La imagen es de El País Dominical del 28 de agosto del 2011. La sociedad estaba eufórica por haber derrocado al dictador. ¿Cuánto duro esa alegría? ¿Son ciertas las noticias de esta semana sobre Libia donde se dice que se venden esclavos por 400 euros? 

Lo importante y a la vez complicado no es lograr los éxitos, sino saber sujetarlos.

Resultado (casi) negativo a la Constitución en 7 provincias

El 6 de diciembre de 1978 los españoles votamos el Referéndum sobre el Proyecto de Constitución, donde salió aprobada por un amplio margen. Pero los números no son tan nítidos y por eso vamos a mirarlos un poco más de cerca, ahora que han pasado 39 años.

En realidad sobre los electores, tan solo el 58,97% de todos los electores españoles dieron el SI a la Constitución. El resto se repartieron entre la abstención, los NO, los nulos y los blancos.

Y si bien en todas las provincias españolas se impuso el SI de forma mayoritaria sobre cualquier otra opción, en algunas las abstención propugnada por algunos partidos políticos hizo que al final no se superara el 50% de voto afirmativo.

Son el caso de Álava con el 42,3% de SI sobre el total de electores. También La Coruña con un 48,9%, Guipúzcoa con un 27,7%, Lugo con un 37%, Orense con un 35,3%, Pontevedra con un 48,6% y Vizcaya con un 30,4%. La provincia donde menos gente fué a votar fue Orense con un 39,4% de participación. Los gallegos veían en la Constitución una Ley excesivamente democrática mientras que los vascos la veían como muy cicatera.

En aquel momento se posicionaron a favor partidos o sindicatos como PSOE, UCD, AP, PCE, PSUC, PCarlista, ORT, PT, PSA andaluz, UGT, CCOO, USO o CSUT.
Y en contra ERC,EE,HB,LCR, BNG, FE-Jons, EC o FN
Y pedían la abstención partidos o sindicatos como el PNV, la CNT o el PSA aragonés.

Es cierto que en aquella votación el censo oficial era un caos, y se incorporaron a última hora los votantes de entre 18 y 21 años como se reconoció un año después de las votaciones. Muchas personas se quedaron sin poder votar mientras se calcula que sobre un millón de ellas estaban duplicadas y podían hacerlo dos veces si se enteraban de ello y querían votar por duplicado. Los datos entre el Ministerio del Interior y la Junta Electoral Censal solo coincidían en 11 provincias, como muestra de que aquello era de todo menos bien organizado.