La Europa gris del siglo XXI, caminando hacia la "poca cosa"

Los actuales políticos mediocres de una Europa mediocre de 2009 han optado por elegir a políticos grises y novedosos para gestionar una Europa apagada que no aspira a una unión real entre territorios y sociedades, sino más bien a una separación clara entre países líderes y mercados potentes en relación a países intermedios o pequeños.

La Europa actual también necesita esclavos vecinos.
Hace unos años todos sabíamos que la Europa Unida era un simple mercado común económico que aspiraba en el largo plazo a plantearse otra cosa. Y nos creímos que ahora tocaba eso, saber qué quería ser Europa de mayor.

El mercado es el de los territorios políticos, el de las naciones, el de incluso un reparto por parcelas de todo tipo, del poder simplemente representativo, en un juego absurdo e inútil para desencontrar la excelencia, perder la calidad, no saber encontrar el líder europeo capaz de poner a Europa en el lugar que se merece.

¿Qué hemos hecho con Europa en el siglo XX? ¿qué deseamos hacer con ella en el siglo XXI

La historia europea está llena de miedos y sinsabores, de experimentos fallidos y de guerras, de mediocres líderes que —precisamente en periodos de más mediocridad— se afanan en quedar para la historia.

Los recientes nombramientos europeos son dignos del mejor escribiente tonto de la historia y a la vez del mejor mago que enseña humo para esconder el truco. 

Han logrado entre todos que ellos queden contentos al precio de marear a los ciudadanos europeos y demostrarles que no les interesan nada unas instituciones fuertes y con poder, capaces y con labores organizadas, dirigidas por políticos de peso y respetables que se partan el pecho por lograr una Europa más única y eficaz.

EEUU y China, ellas solas, nunca hubieran conseguido hacerlo mejor para una Europa peor. Les hemos ayudado a dominarnos, a costa de no saber defendernos.