23.6.13

Cómo se comporta la sociedad ante los cambios?

Hoy publica el político, periodista y escritor venezolano Moisés Naím en El País, un artículo que recomiendo leer titulado “Protestas: seis sorpresas” en donde analiza las dudas sociales que surgen al ver como las protestas sociales están afectando a países con un cierto éxito económico en los últimos años.

De las seis grandes dudas que plantea como análisis social yo me quedo con la última que refleja algo perfectamente comprobable en todo tipo de equipos humanos incluso sin depender de su tamaño: desde empresas, equipos deportivos, ciudades, sociedades o civilizaciones enteras.

El politólogo estadounidense Samuel Huntington publicó en 1968: “El orden político en las sociedades en cambio” dando respuesta a una cuestión compleja, basándose en que las sociedades piden más de lo que se les ofrece, siempre y además a un ritmo mayor del que se les entrega.

Es decir, el ser humano se acostumbra muy pronto al cambio positivo, y a una velocidad mucho mayor que la que tiene para reclamar lo que se les resta cuando el cambio es negativo. Aceptan enseguida el cambio positivo y sin agradecer siguen pidiendo más. 

En cambio cuando los cambios son negativos intentan comprenderlos e incluso asumir parte de la culpabilidad.

Sin querer o queriendo, cuando se les entrega mejoras sociales creen tener derecho a más de lo que se les otorga y sin valorar de forma correcta lo que se va consiguiendo reclaman unas velocidades distintas a las que se les entrega. 

Y en cambio, cuando se les resta derechos, se intentan adaptar a la nueva situación con menos trauma aparente del que por lógica se entendería al observar que lo que se les quita, es calidad de vida que ya tenían.

Como es lógico esta apreciación está basada en la suma del “todo” y de “todos” y buscando una media social de respuesta y no en los casos concretos o las defensas potentísimas que ejercen algunos colectivos, muchas veces basándose en asuntos menores pero que han supuesto romper la delgada línea de la razón.

Podríamos decir que lo que provoca la violencia como muy bien explica en su artículo Moisés Naím es a veces un asunto de menor importancia —su sorpresa número 1— que en otra situación no pasaría a la violencia, pero que algo incontrolable en un momento crítico y sin motivo aparente enciende sin límites. 

Y ese es el gran asunto a analizar por los dirigentes políticos de todo el mundo. ¿Qué provoca el estallido social? ¿hasta donde se puede estirar la cuerda de las reformas y los cambios? ¿hasta donde aguanta una sociedad su situación negativa y por qué estalla?

Las sociedades se mueven por leyes complejas, por movimientos de muy complicado análisis. Es cierto que la sociología es a veces miedosa o al contrario, según pueda interesar o no a quien la maneja, basándose en que el ser humano tiene unas agallas de distinto tamaño según las situaciones y los estresores que le embuten en su cabeza. 

La capacidad de aguantar no radique tanto en la acción y su posterior reacción, como en una serie de factores de complicado análisis anterior y muy fácil en su análisis posterior.

Siempre ante cada acción hay unos factores de reacción. Y contra la reacción hay posteriores acciones. Pero a veces van creciendo y otras se comportan en clara disminución. Por eso todos los sistemas políticos tienen potentes equipos de sociólogos de crisis y de cabecera para intentar adivinar hacia dónde nos movemos, algo sumamente complejo. 

Por ellos siempre se están preguntando: ¿Cómo reaccionará la sociedad ante esto que les voy a gestionar y cambiar? ¿qué debo hacer como gestor para que no sufran rupturas y se entienda como yo quiero que se entienda?

Ya no se trata de explicar a la sociedad lo que se va a realizar, sino al contrario lograr que se entienda como interesa a los que lo proponen, para obtener la reacción que en cada caso conviene. 

La comunicación es pues fundamental, aunque en estos casos sea comunicación manipulada y cocinada para obtener unos resultados programados.