Ayer en Zaragoza se tuvo que realizar una reunión de trabajo entre un técnico político de Chile, un asesor político español que estaba en San Petersburgo y un economista que estaba en Zaragoza. Y esto es real. Como es lógico suponer se hizo a través de internet, de forma perfecta y mirándose las tres personas a los ojos, mientras una persona estaba esperando cambiar de aviones entre ciudades argentinas, otra persona había salido de sus clases en la Universidad y la otra acababa de haber tenido una reunión con técnicos rusos.
Es un ejemplo de hasta donde las nuevas tecnologías pueden ayudar a simplificar los contactos y sobre todo a poderlos lograr con muchos menos costes, más plurales y mucho más eficaces. Los problemas o asuntos que se plantearon en esa reunión se resolvieron a medias, lo que sin duda supondrá otra reunión de igual calado. E igual precio y facilidad.
En algunos organismos de muy variada gestión, seguimos llenando las agendas de reuniones presenciales, lo que supone un coste excesivo y sobre todo un ajuste de los tiempos que a veces lleva a una presencia menor a la deseada. Las técnicas hoy permiten muchas más opciones, sin suprimir cuando sea necesario los contactos presenciales y personales, para mantener las relaciones humanas.
La productividad tiene cada vez más en sus manos, herramientas que todavía empleamos poco. O al menos, no siempre empleamos en según qué tipo de gestión o de organización. Hacer reuniones por Skype no supone no hacerlas de forma presencial aunque sea para tomarse unos cafés y recordar la rápido que se resolvió aquella duda, al poder hablar con Amsterdam mientras nos mirábamos a los ojos los cuatro integrantes de la reunión.
18.10.18
La mediocridad está invadiendo la vida política
El genial Quino nos dejo esta viñeta que sirve para muchas más situaciones que las de cama. ¿No les da vergüenza a los que prometen una cosa y se ufanan en intentar explicar otra bien distinta? Disimular se ha convertido en un arte, tremendo ejercicio de cinismo pues nadie los coloca para mentir. Si han prometido una cosa y es imposible, hay que explicarlo e irse a su casa por equivocarse. Pero optan por intentar seguir como si nada hubiera sido, o como si nadie se dieran cuenta de sus abusos o errores. La mediocridad está invadiendo la vida política.
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