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21.1.15

¿Es válida hoy la Alianza de Civilizaciones?


Cuando en el año 2004 y ante la ONU José Luis Rodríguez Zapatero en nombre de España presentó el proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, muchos en nuestro país y en el mundo se rieron de tamaña propuesta.

La idea era muy sencilla. Había que buscar caminos de entendimiento, de acuerdo, de solución al creciente terrorismo, al aumento de la violencia, entre los occidentales y los musulmanes, entre el mundo árabe y el mundo cristiano. 

Había que impulsar un dialogo cultural y social, desterrando soluciones militares a los conflictos entre civilizaciones. Había que lograr un aumento de la calidad de vida en aquellos países que podrían ser caldo de cultivo para los integrismos religiosos o sociales. Para ambos.

Los partidos conservadores de Europa y EEUU ningunearon la propuesta del Programa de Alianza de Civilizaciones que se aprobó en Naciones Unidas y aunque ha seguido con vida, su latido es muy débil. 

Ahora, en 2015, se reconoce que la idea era buena, que han pasado 11 años sin trabajar sobre la base de acercamientos sociales y culturales, y que aquellos lodos están trayendo estos barros al mundo occidental, con un crecimiento importante del terrorismo en todas sus vertientes y de las guerras nuevas por su tipología, en toda la zona del sur del Mediterráneo.

Quien piense que el actual repunte del terrorismo es una situación provocada exclusivamente por el islamismo radical se equivoca. Y lo malo es que una equivocación aleja la posibilidad de encontrar soluciones. Claro que hay violentos que incitan a la violencia desde los púlpitos, manipulados por muchos elementos superiores, que no se nos olvide. Efectivamente, los errores de los países occidentales con algunos dirigentes árabes han sido tremendos, y ciertas situaciones de estas dos últimas décadas se estudiarán durante muchos años en las universidades, para saber que es lo que nunca hay que hacer en política internacional y social.

Pero sin entrar a valorar los inmensos errores y las manipulaciones por parte de muchos, de sociedades pobres y muy vulnerables a todo tipo de violencias, debemos empezar a pensar que el único camino para resolver la actual situación pasa por algo parecido a ponernos a trabajar sobre bases similares a las que acordó la ONU en el año 2004 a iniciativa de España.

La violencia casi nunca es capaz de acabar con la violencia. Y cuando lo hace es a costa de un tamaño de la violencia que produce dolor y sonrojo solo de pensarlo.