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20.5.18

España no aprende en economía productiva

Los problemas económicos de España son en gran medida estructurales, venidos de la herencia de un Franquismo que derivó en sus últimos años en un paternalismo productivo y económico que de alguna forma no hemos sabido quitarnos de encima, incluso por cierto egoísmo corporativista entre algunos sectores.

Desde finales de los años 70 los economistas de España con acceso a la política de las decisiones, se dieron cuenta que la situación era insostenible. No solo había que avanzar en asentar la democracia política y social, sino también intentar modificar todos los estamentos económicos obsoletos y que estaban fuera de una comparación lógica con la Europa vecina.

Una inflación del 30% es una barbaridad insoportable, sobre todo para las clases trabajadoras, al contrario de lo que muchas veces se supone. Una inflación alta atacó brutalmente al poder adquisitivo y a los remanentes de los pequeños ahorradores. Los grandes no tienen esos problemas, por diversos motivos.

En aquellos años había que dar protagonismo a sindicatos y agrupaciones empresariales, que no existían como tal. En estos actuales, el poder de los sindicatos y por diferentes motivos, es muy bajo. Un gran error social y económico, pues forman parte del entramado que hace funcionar la sociedad económica. ¿Volvemos a repetir errores?

Y sobre todo en aquellos años era tal la separación de la economía productiva con los vecinos europeos, que éramos los débiles maravillosos para la Europa mercader, pues en realidad podíamos ser los criados de todos ellos, pero solo en los periodos que a ellos les interesara. Dependían nuestros mercados y empresas, exclusivamente, de lo que decidieran en Europa o en EEUU. ¿Os suena a algo repetitivo esto?

En 1977 hubo que crear de la nada los famosos Pactos de la Moncloa, muy duros, inevitables, y que los sindicatos con un alarde de generosidad y responsabilidad social supieron explicar en las fábricas. Había que reestructurar toda la economía productiva, cambiando leyes paternalistas, modificando sectores obsoletos, crecer en formación profesional tanto hacia los trabajadores como hacia los empresarios, y dejar libre de ataduras normativas una economía excesivamente intervenida.

Los resultados actuales de nuestra economía siguen siendo bastante malos, incluso con el viento a favor de una incorporación a Europa (1986) entrada de la moneda única el Euro (2002) un petróleo muy barato (1985-2005). El viento en contra de la Crisis nos afectó tarde pero más potente que a nuestros vecinos. 


Basta recordar para comparación entre periodos de crisis, que la del petróleo de los años 90 no llegó a los 40 dólares el barril excepto en momento muy puntuales y ahora mismo ya estamos superando casi los 80 dólares. ¿Hasta donde llegaremos? ¿De qué forma nos afectará a España por no tener los deberes hechos?

Y es que en estos periodos "tranquilos" no hemos sabido crear en España las estructuras económicas válidas que nos conviertan los problemas estructurales en problemas puntuales.

Seguimos dependiendo de un empleo de muy baja calidad, poco productivo aunque hagamos más horas que nuestro vecinos, muy mal pagado y por ello con poca reversión al Estado en forma de impuestos y cotizaciones, con gran tendencia al desempleo constante, con una formación global de baja calidad y una clase empresarial mal formada, con un concepto del beneficio empresarial nada productivo y poco rentable en términos de empresa, con unas relaciones comerciales exteriores mejorables, sin capacidad para innovar e investigar nuevas economías y con una dependencia brutal de los mercados exteriores en energía y materias primas o tecnológicas.

Con estos condicionantes, complejos de resolver sobre todo por la acumulación y nuestra incapacidad para avanzar en las soluciones, es muy complicado colocar a España en un mercado competitivo.

Nuestras Universidades siguen siendo lugares antiguos, donde no se investiga lo suficiente ni dentro ni fuera de ellas, donde no se valora el trabajo puntero de los que deben buscar la excelencia y la implicación, y facilitando por selección natural que los mejores se vayan fuera a demostrar de lo que son capaces.

Se necesitan otros Pactos de la Moncloa, los del año 2020. O nos veremos abocados a seguir lamiendo los pasos de Europa y admitiendo nuestras incapacidades además de nuestros errores.