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24.7.19

La izquierda debe preguntarse en qué punto histórico estamos

Mientras dudamos sobre la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez, mientras nos preparamos mentalmente para la tercera o la cuarta, debemos reflexionar e intentar saber si habrá o no acuerdo, aunque lo importante es que no hay acuerdo de fondo, y si al final existen números suficientes será por conveniencia personal. 

Así mal para España e incluso muy mal para la izquierda. Otra zancadilla entre nosotros mismos. La izquierda debe preguntarse en qué punto histórico estamos… e intentar responderse.

El primer debate de investidura fue de un contraste abrumador y triste. Mientras alguno estuvo por encima de la media y de incluso lo que se esperaba de él, otros en cambio como Rivera pusieron un tono tabernario que indigna a la política del diálogo y de querer gestionar un país que nos llegamos a creer que era importante.

TODA LA IZQUIERDA debe replantearse en qué punto está el juego de nuestra historia, ¿hacia dónde queremos ir? ¿qué es lo necesario para la sociedad? ¿con quién queremos seguir andando?

Hay que cerrar el grifo de las descalificaciones, de esos comentarios de redes sociales donde ponemos a caldo a todos los que no son como nosotros, sobre todo porque ya no queda nada que salvar. Ni las ideas.

Nunca debemos preguntarnos por qué la ultraderecha sube en España o en Europa. Lo sabemos bien. Nunca tampoco nos responderemos a esa pregunta. 

No es cuestión de averiguarlo sino de trabajar por algo que lo evite. Europa y España puede volver a los años 30, y nunca será porque no lo avisamos. A los que lo decimos nos miran como a bichos raros. 

Tranquilos, no será con máscaras de gas de tela y es posible que tampoco en trincheras. En eso estamos (o no) de acuerdo. Pero se dan todas las claves y los humanos del “hoy” somos una mierda en la historia de siglos donde todo tiende a repetirse. Nos estamos rompiendo por dentro, ya solo queda rompernos por fuera.

En realidad cuando escucho que somos los protagonistas de este momento me río. Somos los actores secundarios de un tiempo de descanso, de bar, de irse a mear en la obra de teatro de la historia reciente. Eso somos. De protagonistas nada de nada. Pues vaya mierda de obra estaríamos realizando… de serlo.