7.6.08

Crisis de talentos o cómo no valoramos la formación y la experiencia

Hablamos mucho de crisis económica, todos entendemos de Euribor, de TAE o de subprime, pero poco se dice de una crisis mucho más duradera, mucho más importante. La crisis de talentos.
Este mes de junio, la revista CAPITAL lo ha puesto en portada, porque es un grave problemas que no valoramos en su justa medida.
Acostumbrados a que se deben congelar los salarios, a que la mano de obra es algo que lastra la producción, nos encontramos con que gran número de licenciados españoles se van a trabajar a otros países, en donde se les valora más, en donde cobran más sueldo, en donde es más normal poder seguir investigando y formándose en sus carreras.
Se calcula que para el 2020, en España, falten entre 1,3 y 3,3 millones de personas de alto nivel laboral, si nos atenemos a la evolución actual entre licenciados universitarios españoles que efectivamente se quedan a trabajar en nuestro país y las necesidades reales.
¿Qué nivel de fracaso universitario tenemos en España?
Nos faltan médicos y los importamos, pero no podemos utilizar a los que hemos formado con nuestros impuestos, no nos pueden atender los que se han formado en nuestras Universidades, con nuestro sistema educativo.
En las empresas faltan profesionales de nivel alto, bien porque no potenciamos la formación continua, bien porque la Universidad no trabaja teniendo en cuenta el mercado laboral en constante evolución, bien porque deseamos pagar unos sueldos muy justos y no dedicar inversión en I+D+I
Lo cierto es que se deben buscar inmigrantes cualificados, para poder cubrir las demandas de alto nivel, lo que posiblemente hará que cambiemos el concepto triste de que la inmigración, es mano de obra que rompe mercados laborales.

6.6.08

La relación con el trabajo o cómo ser dueños de nuestro puesto de trabajo para que pueda sobrevivir la empresa pequeña

Durante siglos, hemos entendido el trabajo porque nos han obligado a ello, como una dedicación obligatoria para sobrevivir y no como una actividad gozosa que nos hacía crecer en lo personal. Efectivamente han existido muchas personas que han tenido la suerte de poder ejercer un trabajo que les llenaba, pero casi todas ellas trabajaban para ellos mismos.
La mayoría de los errores en la producción, en la productividad, en la calidad, vienen por un ejercicio erróneo en la dirección de los RRHH, algo que ahora se está valorando y enseñando, pues durante siglos quien mandaba no sabía, solo le importaba que quien trabajara lo hiciera mucho y muy duramente.
Hoy hemos aceptado (no todos) que el sudor no es sinónimo de eficacia, que los errores son inevitables, que la critica al operario le produce una bajada de la producción y la calidad, que hay que cuidar la relación con las personas, que la motivación es algo más que un sueldo justo.
En los próximos siglos, si queremos ser competitivos en un mundo totalmente globalizado, debemos prestar mucha atención a la relación persona/trabajo y al papel que cada uno de los trabajadores debe tener en su empresa. Es creo, el momento de plantear abiertamente la participación societaria de todos los trabajadores en empresas pequeñas y medianas como elemento de motivación y de fidelidad a la empresa, como elemento de participación en las decisiones y en el riesgo de la supervivencia, y también de los resultados finales de su trabajo.
El paso siguiente en la defensa del trabajo occidental, debe ser el reparto de la propiedad del puesto de trabajo entre los que lo hacen posible. Sólo así se podrá garantizar la supervivencia de las empresas pequeñas que no sean unipersonales.
Entre todos, debemos cuidar las tuberías de las empresas, cuidarlas y engrasarlas. Y para eso ya no servirá únicamente con sueldos justos y buenas palabras. Tendremos que asumir riesgos y entender el trabajo como un activo personal que debemos cuidar y mantener, porque NOS PERTENECE.