15.2.26

¿La unión de las izquierdas es la solución?


Yo sé que en algún momento alguien me va a llamar la atención or hacer esto, que no sé si es ilegal o no, pero que debería hacerlo de forma más ética, pidiendo permiso a los que escriben en internet estas reflexiones que voy dejando. 

En algunos casos lo hago y siempre me dicen que SI, pero en otros casos esto es mucho más complejo. Lo siento. SI CREÉIS QUE NO DEBE ESTAR AQUÍ, avisarme y lo retiro. Pero observo textos que se escapan enseguida, que vuelan rápido, y que me gustaría retener y republicar.

Este que os dejo a continuación es de Eloy Cuadra, un escritor canario que es muy activo en Redes. Es una reflexión suya que os dejo a continuación. La podéis encontrar en Facebook

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Voy con una reflexión que va a escocer mucho a una parte importante de las izquierdas políticamente correctas, pero había que decirlo -y llevo años avisándolo-, porque nos jugamos demasiado.

NO, LA UNIÓN DE LAS IZQUIERDAS NO ES LA SOLUCIÓN, ES EL PROBLEMA

Vuelve el mantra mil veces abanderado tras cada derrota electoral: que el gran problema de la izquierda española es su fragmentación. Que si se uniera, que si dejara a un lado egos, siglas y diferencias, podría frenar a la derecha y a la ultraderecha. Puedo imaginarme a Abascal, Alvise, Feijoó, Ayuso, Sánchez y compañía partidos de la risa, encantados de la vida con este diagnóstico facilón, impulsado desde Izquierda Unida, Podemos, Sumar, Compromís, Rufián y otros tantos intelectuales y tertulianos mediáticos. 

Años llevo diciendo que ese no es el camino, que Podemos hace mucho que ya no puede, que Sumar nunca sumó, Izquierda Unida nunca estuvo unida y en Compromís compromiso real hay muy poco. No me hicieron caso, y esta martingala de la unión de las izquierdas ya no se la creen ni ellos mismos, con los tozudos resultados electorales dándome la razón una y otra vez. Y créanme, mucho me habría gustado no tenerla.

La llamada “unidad de la izquierda” estatal ha tenido tiempo, poder institucional y oportunidad histórica. Han gobernado, han gestionado ministerios, consejerías y concejalías, han tenido capacidad legislativa y presencia mediática constante. Y, sin embargo, el balance es claro: desmovilización social, pérdida de base electoral, retrocesos territoriales evidentes e incapacidad manifiesta para resolver los problemas básicos de los españoles (vivienda, sanidad, trabajo precario, carestía de la vida, cuidados). 

Un ejemplo más de estrategia fallida lo tienen en Extremadura y Aragón: no son anomalías, son síntomas. Allí donde se ha insistido en fórmulas de coalición forzadas, construidas desde arriba, el resultado ha sido el fracaso. Tan fracaso que hasta Alvise ha sacado más votos que Podemos en Aragón, y a Sumar e Izquierda Unida casi ni les llega para un diputado, con todo su aparato ministerial y toda su historia.

La pregunta, por muy incómoda que sea se hace inevitable: ¿por qué siguen insistiendo en una receta que ya no funciona?, ¿no entienden que ya se les acabó su tiempo, que solo restan, que harían mejor si se disolvieran y se dedicaran a otra cosa? Porque el problema no es solo electoral, es político, es cultural y es territorial. La izquierda estatal que propone estas uniones se ha convertido en una izquierda elitista, excesivamente intelectualizada, desconectada de la vida material de la gente común, y también del territorio, de lo local, de lo que ocurre en cada comunidad ¿O son acaso parecidas las realidades locales de Canarias y las del País Vasco?

Ya no sirven estas estructuras verticales con sede en Madrid, sin bases, sin suelo de pueblo, construidas sobre figuras que han salido en la tele un tiempo, con discursos universales, de consignas bien formuladas y debates identitarios casi siempre importados, cada vez menos arraigadas en los conflictos reales de los barrios, los pueblos y las comunidades. 

Son partidos que hablan en nombre de “la gente” mientras deciden lejos de ella, que reclaman pluralidad pero funcionan como aparatos cerrados, que se presentan como nuevos aunque repiten los vicios clásicos de la política estatal. Todo esto que les cuento, yo lo estoy analizando y argumentando con razones, y la mayoría del electorado español lo siente y lo percibe aún sin verbalizarlo, y sale huyendo cuando oye hablar de la unidad de las izquierdas, porque les suena a estafa.

Por suerte, frente a este modelo agotado, hay otra vía posible, que además está demostrando ser eficaz. Me refiero a la construcción de movimientos progresistas de ámbito autonómico, soberanistas, independentistas o regionalistas de izquierdas. Espacios políticos con raíces en su territorio, sin obediencia estatal, con agenda propia y con una relación directa con su comunidad. Los ejemplos están ahí y son incontestables. 

En el País Vasco, EH Bildu no solo resiste: crece y disputa hegemonía. En Cataluña, ERC y la CUP, con todas sus diferencias, han construido una izquierda vinculada a la soberanía y al conflicto real con el Estado. En Galicia, el BNG se ha consolidado como fuerza central del espacio progresista. En Aragón, la Chunta Aragonesista demuestra que el arraigo territorial puede ser también allí fortaleza. 

¿Qué tienen en común estos proyectos? No nacen de despachos madrileños. No se construyen como sumas de siglas fracasadas o figurines mediáticos ya gastados. No dependen de cuanto salga uno en la tele ni de modas ideológicas. Se apoyan en una identidad política ligada al territorio, en conflictos concretos y en una militancia que no vive la política como una carrera profesional en la que hay que perpetuarse como una casta, la sienten como herramienta de defensa colectiva.

Lo puedo decir más alto pero no más claro: la lucha contra la ultraderecha y el neofascismo no se gana con grandes alianzas abstractas ni con frentes amplios diseñados desde arriba. Se gana desde lo local, desde la cercanía, desde proyectos que la gente sienta como propios, la trinchera del barrio, el desahucio que se para, el abuelo al que se acompaña, la cultura que se defiende o el macropelotazo urbanístico que se frena. Solo donde haya comunidad política real, se podrá frenar a la ultraderecha. 

¿Cuántos de Vox hay en el Parlamento Vasco o en el Navarro? ¿Qué les pasó a Vito Quiles o a Dani Desokupa cuando quisieron aparecer por allÍ? Y puestos a ver quién piensa más en España, se da la paradoja de que partidos como Bildu o Esquerra Republicana, con toda la matraquilla de terroristas o independentistas han sido los que más propuestas han sacado adelante en Madrid en favor de la justicia social de todos los españoles.

Conformar poder local, es casi el único camino. Lo cual no significa renunciar a alianzas estatales y luchas más globales. Significa replantearlas. Primero hay que construir fuerza real en cada territorio. Después, desde esa pluralidad soberana, ya se articularán acuerdos para gobernar en Madrid si hace falta. Pero no al revés: empezando por la unidad estatal esperando que luego baje al territorio. Ese es justo el camino que nos ha traído hasta aquí. 

Por cierto, ¿se han fijado que ni Bildu ni ERC están por la labor de sumarse a esta historia? Porque saben que perderán apoyos electorales, y muchos. ¿Quiénes son los que plantean esta solución simplista?: los que llevan años perdiendo y menguando. ¿Por qué insisten?: porque saben que si les compran el tinglado podrán seguir con su puestito cobrando de aquí o de allá otros cuatro años. Es así. Solo tratan de salvar su culo.

Conviene aclarar en todo caso, que no es tan sencillo como armar batiburrillos locales con los mismos cabecillas de siempre, aceptando a los mismos líderes que llevan toda la vida intentándolo y fracasando, sin un trabajo real de base, de calle, de compromiso. Si no hay base ni trabajo previo, como puede ocurrir en lugares como Canarias, Andalucía y otros territorios de poca lucha auténtica, pues habrá que trabajar duro para construir esa base sólida. Créanme, no hay más fórmula. La gente no es tonta, ya no engañan a nadie.

En conclusión, más allá de lo que estamos pagando todos por la locura mesiánica de Sánchez, la solución para movilizar a esa otra España que existe a la izquierda del PSOE, no es la unión de las izquierdas tal y como se plantea, es romper con el centralismo, abandonar las élites ilustradas y volver a pisar tierra, desde abajo, sin tutelas, comunidad a comunidad, conflicto a conflicto, una batalla tras otra.

Eloy Cuadra , escritor y activista social.

¿Hacia dónde nos lleva la IA en este 2026?


Hace 70.000 años el ser humano
, un animal que iba evolucionando lentamente, decidió ponerse a pensar y a construir con sus pensamientos acciones que le facilitaran el aprendizaje. Crearon la cultura y la historia, sin darse cuenta.

En el año 2026 hemos detectado lo que desde hace dos años antes ya íbamos previendo con calma suave. La IA además de peligrosa, hemos logrado que ya piense y tome decisiones por nosotros. Empieza a mandarnos, a crear sus propias historias, a interferir en la nuestra con sus propios controles y no con los nuestros.

Esto es un nuevo paradigma, pues hemos abierto según dicen algunos expertos —de los que precisamente hemos puesto a trabajar para desarrollar esa nueva IA— la opción de que la propia Inteligencia Artificial tome decisiones sin consultarnos.

Hemos pasado de tener una herramienta que piensa por nosotros, que recoge múltiple información y nos la muestre en segundos para evitarnos horas o días de trabajo, a convertirla en un agente nuestro al que le podemos decir que termine el trabajo, que tome decisiones por nosotros. Ya no solo es capaz de informarnos, también lo es para decidir. 

Puede darle al interruptor, al botón, o puede evitar que se lo demos nosotros para apagarla.

El paso es tremendo, pues aunque estemos convencidos de que podemos seguir dominándola —pues ella depende de que le quitemos el enchufe— en realidad y en algunos casos, esto es falso. Si puede tomar decisiones, ya puede ser autónoma, aprender a defenderse, saber buscar las salidas ante posibles peligros que le puedan afectar a ella.

¿Crees que saben hablarse entre ellas, comunicarse entre ellas además de hacerlo con nosotros? ¿Crees que siguen siendo —en todos los casos— objetos pasivos artificiales, o que van evolucionando por nuestras órdenes, a ser sujetos activos de la información que manejan?

No es una distopía. Todo esto ya se puede hacer, ordenar que lo hagan en determinados casos y grupos de máquinas. Tu tablet nunca la hará, el ordenador de tu oficina estará siempre atado al cable de la energía para funcionar. Pero ya hay máquinas que saben defenderse y comunicarse con otras máquinas.

Y a esos modelos tenemos que añadirles un detalle que parece absurdo. Los humanos pueden ser buenas personas y no dejar que este peligro aumente, o al contrario, pueden utilizar esas nuevas capacidades para jorobar el mundo. 

¿De verdad podemos pensar que los que lanzan miles de máquinas voladoras para matar niños, no serán capaces de pensar modelos que decidan según el momento de cada tensión?

¿Acaso estamos convencidos de que todo el mundo mundial, todos los animales llamados humanos son buenas personas, capaces de controlar el bien o el mal, creyendo que siempre son capaces de dominar lo que crean?

Pensemos en algo sencillo. Hoy le puede preguntar a la IA por los modelos de explosivos caseros que se pueden fabricar en mi domicilio. O por los tipos de virus o bacterias que se pueden propagar de forma incontrolada. Con sus datos, capados y controlados por modelos de una defensa de momento eficaz, es cierto, puedo ir construyendo un dietario en sucesivas preguntas y recurriendo a diversos modelos de IA para complementar las respuestas.

Ese sería el camino de las personas Buenas. Y varios países —sus sistemas de control policial— ya sabrían, que desde un salón, alguien en la dirección X ya estaba mirando estos temas. Lo curioso es que las personas Malas hacen lo mismo pero desde otros apartados para no dejar pistas.

A mi no me leen los Malos, les aburro. Ellos buscan la información con otros modelos de consulta, pero utilizando la IA. Y pueden no parar. Y si están dentro de organizaciones dedicadas a la investigación legal, pueden ir tirando del hilo de forma más sencilla. Yo no, tú tampoco. Ni podemos, y si lo intentamos nos detectan. ¿Y las organizaciones creadas para la defensa y el ataque?

El investigador contra enfermedades letales tiene unas herramientas que puede dedicar a investigar para Guerras Bacteriológicas o Víricas. 

En estos momentos se calcula que por bacterias fallecen en el mundo más de seis millones de personas al año. Por virus unos tres millones. Pero seamos sinceros, son los Virus los que resultan más sencillos de manipular y de propagar. Las Bacterias —más peligrosas— no son tan fáciles de que produzcan contagios tremendos.

¿Suena a distopía? Hasta aquí nada ha cambiado. Estaríamos igual a como estábamos hace unos pocos años. Con máquinas capaces de investigar desde la globalización y de repartir los conocimientos incluso peligrosos, según en qué manos puedan caer.

La diferencia en este 2026 es que ahora ya le podemos decir a los modelos de IA que creen otros modelos más personales, mínimos pero “míos”, para mi y solo con la capacidad de trabajo que yo quiera, solo para mi trabajo y mis necesidades, a los que podemos llamar Agentes por disimular, y dedicarlos a que trabajen en la dirección que yo les indico. Y a que tomen decisiones según vayan avanzando. Y a que se comuniquen o no, con quien yo les haya ordenado.

Estos nuevos Agentes no van a parar, no están programados para frenarse, pues no tienen un animal humano dándoles órdenes. Ya se las dimos en su inicio. Buscan, analizan, toman decisiones según vayan avanzando, y finalmente dan el resultado final, sea este el que sea, lo vaya a utilizar yo para lo que me de la real gana o un grupo de presión para amenazar.

No hay animales humanos dándoles órdenes de buscar y reflexionar, pero tampoco obedecerán órdenes de otras máquinas que los intentarán engañar o frenar. Ya cuentan con mecanismos para saltarse complejos modelos de puertas cerradas.

Como es lógico, todos estos modelos ya están capados por las autoridades correspondientes en todos los países que se dedican a controlar estos desenfrenos tan peligrosos. Pero a su vez, estos mismos modelos, una vez que los hemos puesto en circulación, tienden a seguir aprendiendo sin freno. Ellos pueden tener una sola orden. Y pueden estar ordenados para no pararse ante nada y para sortear las indicaciones de freno. Y reprogramados para obedecer de nuevo.

Os pongo otro ejemplo muy sencillo y cercano. El de una empresa de nuestra competencia a la que queramos vencer. Ya es posible saber su facturación y contabilidad anual y con detalle de una manera sencilla. 

La competencia se basaba en otros criterios, hoy tenemos muchas más información de la que podíamos tener hace pocos años. Datos sensibles de su facturación, pago de impuestos o incluso pago de impuestos de sus trabajadores, son posibles de obtener. Posiblemente sin detalles personales, pero a poco que sigas tirando del hilo puedes configurar una fotografía muy real. Podemos saber sus puntos frágiles, sus fortalezas y la dependencia de proveedores o de ciertos clientes.

Esto que comento anteriormente no es grave para la seguridad de la humanidad. Es un ejemplo de la capacidad de la IA para hacer análisis de cualquier tema, o de ofrecer conclusiones y alternativas para defendernos ante un contrario. Y de plantear modelos de ataque para ganar.

Hoy las guerras de matar son muy diferentes. Y se mantienen vivas ciertas guerras para poder seguir probando nuevos modelos de ataque y defensa. Dentro de unos procesos controlados, es cierto, aunque nos suene esto a barbaridad. Se mata de forma estudiada. Tremendo. Y para aprender. Más tremendo todavía.

Pero lo más grave en la sociedad mundial occidental, es que se van destruyendo profesiones enteras y no existen recambios para esos profesionales. 

Un escriba dejó de producir libros a mano y aprendió el arte de la impresión como recambio a su trabajo. Hoy un asesor fiscal, financiero o de inversión (por poner otro ejemplo fácil) no puede encontrar un trabajo nuevo y diferente si la IA le usurpa el suyo, pues se lo vamos destrozando.

¿Sucederá algo similar con decenas de profesiones de gestión personal, entre personas, en donde no interviene el trabajo manual de una manera imprescindible?

Es posible que los fontaneros no noten en absoluto la entrada de la IA, pero los psicólogos ya la están observando de forma muy temerosa. No se cerrarán oficios específicos, sino una forma de entender el trabajo y por ello la formación. Los trabajos de bata y corbata desaparecerán, los de mono se transformarán brutalmente también. 

El ser humano necesita trabajar para sentirse válido y para lograr que las economías funcionen. Esos modelos económicos y de valoración vital del ser humano, están en profundo cambio.

La seguridad de una nación ya no depende de sus ejércitos de tanques o infantería, sino de los millones de ordenadores sin pantalla que le dediquen otros países a destrozar sus sistemas. Y por ello sus modelos de defensa también son ya construidos desde esa realidad.

Posiblemente una Guerra Atómica sea hoy menos preocupante —por sus posibilidades reales de que se produzca— que otros modelos de ataques, que llevados desde otras perspectivas, logran dejar los territorios indefensos pero válidos para ser ocupados y aprovechados. Un país, medio continente destrozado por una concatenación de ataques atómicos o nucleares, no sirve durante muchas décadas para nada.

Empecé el texto hablando de la nueva IA y lo termino con guerras brutales, admitiendo que los ataques bélicos ya no tendrán el modelos del siglo XX, excepto que así se quieran tener, por muy diversos motivos. En las próximas décadas la IA que estamos diseñando ahora mismo será la gran materia bélica que hará cambiar la humanidad.

Nunca antes, ni con la imprenta, ni con la llegada de la informática o internet, ni con el descubrimiento del fuego, asistimos a un invento que podría apoderarse de nosotros. Siempre los hemos dominado y su evolución ha sido relativamente lenta y por ello hemos dispuesto como humanidad de procesos de adaptación. 

Con la IA, posiblemente seamos más lentos que ella misma en ir evolucionando, aunque siempre lo hace…, a costa de nuestras propias ordenes… de momento.