5.8.16

Elegir un nuevo camino es abandonar otros

Cada vez que avanzas vas dejando de lado algunos paisajes que ya son viejos, incluso a algunas personas que no pueden seguir tu ritmo. Pero la vida es avanzar, es alcanzar objetivos, es trabajar por mejorar el entorno y tu entorno sobre todo. 

Si tú te mueves, también se mueven todos los demás. Puede que en la misma dirección. O puede que en otra. Puede que se acerquen o que se alejen. Es ley de vida. 

Cuando encuentras algo nuevo, es posible que los que te rodean no lo vean del mismo color, que les agrade de forma diferente a ti las nuevas decisiones. Es lo habitual y de lo que debemos trabajar para que nos afecte lo menos posible, sobre todo si no hemos elegido la afección.

Un nuevo camino siempre es una elección que deja de lado otros caminos. Tú decides. Tú te equivocas. Pero sobre todo…: Tú aciertas.

Mafalda contra el egoísmo. Anda que no tiene trabajo

Ser egoísta está bien, pero el problema es la medida. Hay que tener autoestima, asertividad, pero no pasarse. Y a eso se refiera Mafalda con el egoísmo, con ese egoísmo social  global, sin mesura, casi instaurado entre todos. Yo y yo, contra todos los demás. Sí…, pero en su justa medida. El mundo avanza con cierta dosis de egoísmo personal, pero en la dosis está que no se convierta en un veneno.

4.8.16

Clases Activas contra Clases Pasivas. Somos el presente

Las Clases Pasivas es un nombre sacado de la manga para referirse a los mayores —cuando no considerados ancianos o viejos—, que han acabado su vida laboral. Peyorativa y mentirosa, a la vez que desafortunada formas de hablar de nosotros y que deberíamos revertir entre todos. Los primeros interesados, los que ya no trabajamos y superamos los 60, pero tenemos ganas de dar mal. O bien. Hay que pelear porque las clases pasivas se vuelvan las Clases Activas.
 

Pero no son clases activas aquellas que se dedican a cuidar de los nietos, lo siento por vosotros, que sois mayoría. Cuando me refiero a revertir este concepto entre pasivo y activo; mi deseo se traslada a que los mayores de 60 empecemos a trabajar duro por explicar nuestra experiencia acumulada, como se hace en muchas otras sociedades. Por cierto, que llevan miles de años haciendo lo mismo y no les va mal, pues ir bien es simplemente ser más felices.

Tenemos que ser más activos, pero no como aprendices de cuidadores de niños, sino como maestros industriales o de vida, lectores y pensadores, creadores y entrenadores, gentes que además de no estar muertos —todavía— estamos con ganas enormes de incidir en la sociedad que vamos a dejaros a vosotros. Personas que compartimos, que regalamos, pero ojo, que no regalamos como impertinentes pesados, sino como personas que ya han superado la vida y ahora nos encontramos intentando entenderla mientras vamos en búsqueda de la muerte, con naturalidad y sin dramas. Tú también te vas a morir, tranquilo, pero no hay que pensar en eso, pues no sirve de nada.

Decía alguien que la persona y la muerte son incompatibles, que nunca nos juntaremos el YO con la muerte. Cuando ella venga me iré yo, y mientras esté yo, ella ya sabe que no puede venir.

Volvamos al meollo. Ser cuidadores de nietos es muy bonito. Pero es malo no saber utilizar el valor acumulado de esas partes de la sociedad que ya estamos bajando las escaleras. No somos inútiles, no somos meros garajes contenedores ni limpiadores de mocos. O somos mucho más que eso…, o no debemos querer ser esa nada en la que nos convierte la sociedad por su funcionamiento equivocado. Ser abuelo contenedor o garaje es un error para la sociedad. Y luego lo es para el abuelo y su libertad personal y su descanso merecido. Y a la larga para los hijos de los abuelos, que verán empobrecida la sociedad, aunque ahora se rían de estas palabras.

¿Quien inventó el teléfono? Mardito buitre!!

El que inventó el teléfono no pensó en esto. Ibañez sí. Yo las molestias las llevó más allá. Con los teléfonos móviles te pueden pillar en lugares todavía peores y si tienes la obligación de responder por motivos laborales, el diálogo es realmente surrealista, aunque uno de los interlocutores no se esté dando cuenta. La tecnología tiene esos milagros escatológicos. Y sobre todo resulta maravillosamente molesto si quien te llama es para venderte un cambio de línea u otra idiotez mayor.

Dos frases para empezar el día con más energía

Son dos frases de una cafetería de Zaragoza, que te dan la bienvenida al entrar. Un detalle como poco bonito, para animar el día.Una forma original de dar la bienvenida al cliente.

Te espera el diario, una revista, dos ceniceros por si tomas la consumición en la terraza de la calle, y dos frases alentadoras, para sonreír ante la mañana. ¿Se puede pedir más por un café o una caña?

“El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta”
“Nunca digas de este agua no beberé, porque el camino es largo, y te puede dar sed”
 
 
 

España unida, siempre acierta y sabe a donde debe ir

Precioso montón de personas caminando en la misma dirección. Da gusto ver cómo la sociedad se dirige toda ella, junta y con decisión, hacia una meta, sabiendo que al final les espera el futuro. Perich supo retratar a la España intemporal, da igual de qué año estamos hablando, somos así, forma parte de nuestra personalidad es ir todos juntos siempre y al mismo sitio. Vamos aprendidos, enseñados más bien. Somos únicos.

3.8.16

Hay varios tipos de escuelas. ¿Cúal es la mejor?

Admitimos que hay varias escuelas, varios tipos de escuela. Bien. Y admitimos que ésta, la de ahora, en España, no está funcionando como debería. Mal pero bien. ¿Y por qué no cambiamos el tipo de escuela? Incluso cabría preguntarse…: ¿Y por qué no derribamos las escuelas? Es posible vivir sin escuelas, que no es vivir sin formación, sin educación suficiente. Es otra cosa, es vivir sin que una “escuela” planifique que controle con una acertada dirección única, lo que tenemos y lo que NO tenemos que aprender. Parece anarquismo, pero no lo es. Parecería contracultura y no lo es. O sí. Tampoco lo sé bien, o si lo sé me callo.

En mitad de los años 60 de aquella España con dictador yo tuve un maestro que se salía de las normas de la escuela pública ordenada. Un osado milagro. Lo tuve sólo un año y fué totalmente insuficiente pero lo perdí por cambio de domicilio. Se llamaba don Julio y hoy tendría más de 90 años (o los tendrá) y siendo yo un crío de 10 y 11 años me mostró que otra forma de aprender era posible en la antigua Universidad de Zaragoza convertido el edificio en colegio público para niños, hoy colegio Pedro de Luna, en el barrio de la Magdalena. Nunca le pude dar las gracias. Eran tiempos de nuevas escuelas, de ideas como las de Ivan Illich y Paulo Freire y sus posteriores secuaces como los españoles César Bona y Daniel Cassany, que todo se replantearon (y se replantean) para intentar la locura de cambiarlo. 


Ahora hay varias escuelas en Zaragoza, en España, que son “diferentes”, y movimientos como “Las madres de día” que siguen analizando proyectos educativos diferentes. No se diferencian mucho entre ella, pero hay varias con suficiente entidad como para pensar que todo es posible. Y por ello cabe preguntarse si no es lógico analizar que unas estarán funcionando mejor que otras en la formación de grupos de jóvenes y niños, de cara a enfrentarse a su vida de adultos.

Porque hay que tener clara una cosa simple, nos educan para ser adultos, para tener una educación básica con la que enfrentarnos a una educación superior y luego a la vida. Así que es fácil medir los resultados. Comparar con otros procesos finales de otras sociedades y otros sistemas educativos. ¿Saben los niños españoles ser felices cuando son adultos? ¿saben defenderse ante la vida, ante el trabajo, ante su propia familia, ante los retos de convivencia? Lo de menos es saber raíces cuadradas o los Reyes Godos, lo que es más es saber enfrentarse a una entrevista laboral, a un director de banco, a tomar la decisión de emprender, a seguir formándose, a ser activo, a ser crítico, a amar el arte.

Enseñamos para que no aprendan, o lo que resulta parecido: Enseñamos para que los niños y jóvenes no tengan que ir en busca de lo que deben aprender. Decimos que enseñamos para que todos aprendan los mismo, y eso es cierto, pero aprender lo mismo no es la excelencia. ¿Aprender qué mismo? ¿cuanto mismo? Al ser humano al que enseñarle sobre todo a aprender. 
A poner en valor los aprendizajes bien realizados, a equivocarse, a tropezar, a seguir explorando, a crecer desde su propia experiencia. Se aprende practicando, tocando, rompiendo, comparándose, peleando, perdiendo, volviendo a tocar, levantándose y volviendo a caer. Se aprende por uno mismo. Y si se nos enseña mal Dvorak, siempre odiaremos a Dvorak y a todo lo que se parezca. Si odiamos el Siglo de Oro o al Quijote, nunca desearemos leer, nunca pensaremos que escribir es interesante, que es posible ser como sociedad, un grupo de ciudadanos capaces de comerse lo que se platee.