Pero a todo eso hay que sumar que no sabemos el comportamiento en las próximas semanas de la acampada en Sol y otras ciudades. Ni tampoco si la Huelga General se hará o no, ni qué éxito tendrá. Incluso tampoco sabemos si no existirán —en caso de Huelga General— piquetes provocadores a la contra, para armar buen follón del que le interesa a ciertos grupos.
Tampoco sabemos todavía si la izquierda de la izquierda irá junta, revuelta, medio pensionista o mezclada. De cómo vaya dependen sus votos. Pueden ir unidos y no convencer a sus electorados.
No solo hay que parecer unidos, sino deben (debemos) ser consecuentes de lo que somos y a quien nos dirigimos. Contentar solo a los militantes no sirve de nada, hay que convencer a los votantes progresistas.
No sabemos de qué manera se moverán las políticas internacionales desde ahora a noviembre. Ni si en España se recibirán presiones encubiertas desde terceros países escondidos entre trampas hechas para joder.
Hay muy diversos modos de incicir en unas elecciones desde los demonios escondidos. El aparente fuego amigo es uno de ellos y de los más eficaces.
Julio Puente
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