Los jóvenes de 19 a 22 años, hoy a la Universidad llegan peor preparados, pero sobre todo mucho peor motivados y además sabedores de que las nuevas herramientas les permiten pasar de refilón por las clases presenciales de la Universidad, creyendo que aquello es un espacio antiguo e incluso obsoleto.
Puede parecer tremendo, y debo advertir que al menos, sigue habiendo un porcentaje discutible y aleatorio, de alumnos que se mueven en otros conceptos y espacios mentales con respecto a SU Universidad, de la que por cierto, no pagan mas que en una pequeña porción; que disfrutan y que la sociedad les ponemos delante para que aprendan, pensando que así devolverán a su sociedad en su futuro, los conocimientos aprendidos.
La pandemia de COVID hizo un daño enorme a la educación en general. Llegó en un momento de crecimiento de las nuevas tecnologías y como sociedad no la supimos gestionar bien. Recurrimos en exceso a la no presencialidad, al trabajo en casa, y eso supuso —sin querer— que se perdiera el respeto a la clase como algo magistral y muy válido.
Hoy en las universidades hay muy diversos modos de comunicación profesor alumno.
Por medio de sistema de redes, se les entrega a los alumnos decenas de documentos del propio profesor, de investigadores ajenos al espacio del centro, artículos de opinión, etc.
Y hay un porcentaje tremendo de alumnos que nunca los leen, nunca los bajan, nunca entran a ver qué ha dejado el profesor universitario. Como es lógico, de todo eso toma nota mental el profesor…, para quemarse.
Siempre la presencialidad en la clase ha sido parcial. Pero los que acudían —excepto algunos pequeños casos que el resto de alumnos repudiaban y resolvían entre ellos— no intentaban quemar la clase presencial con sus actitudes, conversaciones altas, como s fueran niños básicos. Quien acudía y hacía ese esfuerzo, atendía, escuchaba y cuando había que estar callado, se comportaba como un adulto de entre 19 y 22 años.
Hoy, en algunas clases de ciertas carreras universitarias, las teóricas, las no elegidas desde antes de hacer la solicitud universitaria, aumenta tremendamente la aptitud y actitud de una parte considerable de alumnos, que se convierten en preescolares en una Universidad que nos cuesta mucho dinero a todos.
Sus familiares no conocen esas formas de aprovechar su vida. Y si la conocieran dirían en muchos casos que es culpa del profesor, que es un aburrido.
Siempre la presencialidad en la clase ha sido parcial. Pero los que acudían —excepto algunos pequeños casos que el resto de alumnos repudiaban y resolvían entre ellos— no intentaban quemar la clase presencial con sus actitudes, conversaciones altas, como s fueran niños básicos. Quien acudía y hacía ese esfuerzo, atendía, escuchaba y cuando había que estar callado, se comportaba como un adulto de entre 19 y 22 años.
Hoy, en algunas clases de ciertas carreras universitarias, las teóricas, las no elegidas desde antes de hacer la solicitud universitaria, aumenta tremendamente la aptitud y actitud de una parte considerable de alumnos, que se convierten en preescolares en una Universidad que nos cuesta mucho dinero a todos.
Sus familiares no conocen esas formas de aprovechar su vida. Y si la conocieran dirían en muchos casos que es culpa del profesor, que es un aburrido.
Y efectivamente, la mayoría de las veces aprender es aburrido…, si no te gusta lo que aprendes. Pero hay que recordar que ir a la Universidad no es obligatorio. O al menos desde la familia no debía convertirse en obligatorio para nadie.
Se entra peor formado a la universidad que antes, se sale mucho peor formado de la universidad, y los que sufrimos esas deficiencias y pagando, no son los alumnos responsables de sus conocimientos, sino toda la sociedad.
Se entra peor formado a la universidad que antes, se sale mucho peor formado de la universidad, y los que sufrimos esas deficiencias y pagando, no son los alumnos responsables de sus conocimientos, sino toda la sociedad.
Si creamos niños asustados y banalmente responsables consigo mismos, recogemos un futuro incierto.
Y sí, se sabe qué tipo de alumnos son los que más se dedican a querer aprender mucho, y qué tipo de alumnos se la sopla la universidad. Así que sí, también sabemos qué tipo de sociedad y gestionada por qué tipo de personas, tendremos dentro de 20 años. Pero no os lo quiero decir, eso os lo imagináis vosotros mismos.
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