El problema de la vivienda, estallado sobre la última gota del vaso lleno de la vergüenza de todos, no es suficiente para tras esperar una década oliendo a drama, tenga que estallar todo en exceso, pues lo van a utilizar los demonios de la democracia.
Bien adelantar las Elecciones Generales. Bien las acampadas. pero mucho cuido con el uso que algunos desearán hacer de esa Huelga General, que las cargan los diablos. ¿Alguien sabe cómo terminan las Huelgas Generales como norma?
No hay nada escrito sobre la manera de finalizar una Huelga General de 24 horas, mucho cuidado, pues hay ejemplos nada gratificantes. Los momentos, los tempos, las gónadas, influyen. Las hormonas de todo tipo pueden crear escozor.
Hay varios casos en los últimos cincuenta años en los que una huelga general terminó asociada a violencia grave, represión, crisis institucional o pérdida del control de la situación en diversos países.
Pero casi nunca la huelga general crea por sí sola la crisis. Normalmente aparece cuando el país ya está muy tensionado y actúa como detonante, acelerador o punto de concentración del conflicto.
Tenemos los ejemplos de Túnez en 1978, en Sri Lanka en 1980, en Corea del Sur en 1996, en Argentina en el 2001, en Venezuela en 2002 y 2003, en Nepal en 2006, en Grecia en 2010 o en Zimbabue en 2019. Efectivamente, España no es comparable.
Pero en casi todas ellas hay una constante. Una huelga general se vuelve especialmente peligrosa cuando deja de ser únicamente laboral y confluyen al mismo tiempo crisis económica, pérdida de legitimidad gubernamental, enfrentamiento político extremo, movilización callejera y fuerzas de seguridad incapaces para mantener una respuesta proporcionada.
Y es cierto que en España, Francia, Italia o Bélgica como otros ejemplos, en sus Huelgas Generales, no ha sucedido nada fuera de lo que supone paralizar un país de forma peligrosa.
¿Y los puntos críticos cuándo se producen? Pues cuando hay un fallecido por el uso de la fuerza desde las Fuerzas del Orden, cuando provocan desde dentro Grupos de ideología diferente buscando la violencia, cuando hay una clara división de los poderes del Estado, cuando una Huelga es indefinida, cuando se paralizan los sectores más estratégicos como las comunicaciones o la energía, cuando hay un Gobierno muy debilitado, cuando la violencia callejera crece sin control.
No es importante cuantas personas hacen una Huelga General, ese dato no es crítico para nadie. Son otros factores los que se deben tener en cuenta. Y sobre los que hay que tener mucho cuidado, para evitar males mayores.
Tenemos los ejemplos de Túnez en 1978, en Sri Lanka en 1980, en Corea del Sur en 1996, en Argentina en el 2001, en Venezuela en 2002 y 2003, en Nepal en 2006, en Grecia en 2010 o en Zimbabue en 2019. Efectivamente, España no es comparable.
Pero en casi todas ellas hay una constante. Una huelga general se vuelve especialmente peligrosa cuando deja de ser únicamente laboral y confluyen al mismo tiempo crisis económica, pérdida de legitimidad gubernamental, enfrentamiento político extremo, movilización callejera y fuerzas de seguridad incapaces para mantener una respuesta proporcionada.
Y es cierto que en España, Francia, Italia o Bélgica como otros ejemplos, en sus Huelgas Generales, no ha sucedido nada fuera de lo que supone paralizar un país de forma peligrosa.
¿Y los puntos críticos cuándo se producen? Pues cuando hay un fallecido por el uso de la fuerza desde las Fuerzas del Orden, cuando provocan desde dentro Grupos de ideología diferente buscando la violencia, cuando hay una clara división de los poderes del Estado, cuando una Huelga es indefinida, cuando se paralizan los sectores más estratégicos como las comunicaciones o la energía, cuando hay un Gobierno muy debilitado, cuando la violencia callejera crece sin control.
No es importante cuantas personas hacen una Huelga General, ese dato no es crítico para nadie. Son otros factores los que se deben tener en cuenta. Y sobre los que hay que tener mucho cuidado, para evitar males mayores.
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