19.8.16

Plaza de Los Sitios. Zaragoza. España

La Plaza de Los Sitios de Zaragoza es el ejemplo de hasta dónde debemos considerar una zona verde urbana como parque o simplemente como una plaza. Cuando hablábamos del Parque del Royo del Rabal dijimos que tenía unos 8.500 metros, y la Plaza de Los Sitios tiene 11.000 metros sin contar los viales que la rodean, que entonces se nos va hasta los 17.000 metros. Es pues un pequeño parque al que llamamos plaza, aunque las “plazas” son más que los parques, pues tienen unos usos diferentes y en esta caso s uso es más como parque.

Su posición en el centro de la ciudad de Zaragoza, pero un poco alejada de las vías más utilizadas lo han convertido en un lugar muy tranquilo, donde los vecinos de la zona son los principales usuarios, con diferencia. Es también un gran centro que se utiliza en ciertas fechas como lugar para realizar marcados, ferias, representaciones, etc. lo que lo dota de alguna forma en una excelente alternativa para disponer de espacio verde y abierto en el centro de la ciudad.


Una lástima que su excelente quiosco de música se trasladara al Parque José Antonio Labordeta, y en su lugar se montaran los juegos para niños, pues con ello se perdió una actividad dominical donde las bandas locales ofrecían sus conciertos. Pero volvamos al presente.


Creada la plaza o el parque con la Exposición Hispano Francesa del año 1908, ha gozado de más o menos actividad, con algunas reformas que la han mantenido con una calidad alta de cuidados y limpieza. Hubo intentos hace más de 35 años para cerrarla, para convertirla en un parque cerrado por la noche, pero al final y aunque existen en su perímetro el inicio de la obra, no se realizó y se cambió por unos setos que envuelven la plaza.


Su gran fuente y monumento en el centro de la plaza creado por el artista Agustín Querol, le confiere una personalidad clara como recuerdo de Los Sitios de Zaragoza, a todos los zaragozanos que defendieron la ciudad, siendo un lugar que recoge el arte de Aragón, en sus diferentes edificios que están en la plaza. Museo de Zaragoza, Escuela de Artes e Ibercaja Zentrum, y una zona tranquila y con poco tráfico para estar en pleno centro de la ciudad.


Su frondoso arbolado con más de 20 especies diferentes de árboles (pinos, álamos, sauces, perales, árbol del amor, aligustres, cedros, magnolios, acacias, palmeras, plátano de sombra, tejos, tilo, etc.) en tan poco espacio, le confieren la imagen de un auténtico oasis ciudadano, muy empleado además en su zona infantil, cuidada y muy actualizada. Suficientes bancos para descansar, fuentes de agua potable, quiosco de prensa y de venta de flores, es un lugar menos empleado de lo que debería por su calidad y situación, pues se encuentra en una zona comercial y de gastronomía, lo que propiciaría un uso más intenso por los turistas, si no estuviera a simplemente una calle de las zonas más transitadas.

18.8.16

Diferentes conceptos sobre parques urbanos

En un lugar como este blog, también nos deberíamos preguntar qué es un parque urbano. Un concepto amplio, nada claro pero que es importante delimitar someramente al menos, para enmarcar hasta donde podemos y deseamos llegar con este concepto. 

Un parque urbano es sobre todo un oasis en una ciudad. Puede que esté en medio de la ciudad, puede que sea parte de los alrededores optimizados para parque o pueden ser las riberas de los ríos de su localidad y cuidadas hasta convertirse en un parque.

Necesitamos pues la mano del hombre para convertir una zona vacía en medio de una ciudad en un espacio verde y natural, en un parque urbano. 

Forma parte pues del trabajo al que se dedican los urbanistas, los responsables públicos y políticos, pues si hay que crearlos o rediseñarlos, hay que planificarlos y aportar conocimientos y dinero. Y hay que seguir aportando fondos de los impuestos para su mantenimiento.

Normalmente un parque es un espacio natural que se logra sisar a la construcción de viviendas o de fábricas, dentro del territorio urbano. 

Un parque es un espacio muy necesario para la convivencia, pues aporta diversos factores insustituibles. 

Por una parte es un pulmón natural de la ciudad, un oasis de tranquilidad necesaria, un contrapunto a la vida urbana muchas veces desenfrenada. Un parque debe ser público pues si no, es una quinta privada de recreo o a lo sumo un museo, aunque siga siendo un lugar para esparcimiento de los ciudadanos. 

Sus criterios de sostenibilidad económica y planificación o diseño serán otros.

Hay que recordar que todo parque es caro. Es sobre todo caro de mantener si se quiere conservar en calidad. Los ayuntamientos lo saben mucho mejor que los ciudadanos, y aquí es donde hay que realizar una labor de información para compartir esta realidad. 

No es posible pedir por parte de los vecinos más parques que aquellos que se pueden mantener. No tenerlo en cuenta lleva a un deterioro en todos los parques de esa ciudad, pues todos recibirán algo menos atención de la necesaria. 

Es mejor tener un parque menos, que todos mal cuidados.


Hay parques grandes, parques muy pequeños, plazas que deberían ser consideradas parques, parques lineales, parques de circunvalación, parques de orilla de ríos, parques de barrio, parques de ciudad, parques temáticos, parques infantiles, parques zoológicos, parques de atracciones, parques sin asfalto o parques con excesivo asfalto, parques botánicos, parques que imitan a otros parques, parques deportivos, parques acuáticos. Pero todos tienen unos componentes fijos. Necesitan sombra, necesitan verde. 


Necesitan tranquilidad y mobiliario urbano. Necesitan seguridad pues son recintos para relajarse. Necesitan ocio para todas las edades. 

Todos se transforman varias veces cada año según la climatología de la zona donde se asientan y eso también hay que tenerlo en cuenta sobre todo para adaptar las diversas familias vegetales al clima y la tierra de la ciudad sobre la que se asientan.

Un parque debe ser bello y estar bien cuidado. 

Es un elemento que revitaliza una ciudad y aumenta su valor como comunidad de muchos vecinos. Un parque es también un nudo de comunicaciones entre distintas zonas de los barrios sobre los que se construye. 

Un parque es también un lugar de reuniones, de compartir, de hablar, un sitio para descansar, para leer, para fotografiar, para crear ciudad, para explorar e inventar un nuevo urbanismo, para mostrar Arte, para tener huertos, para inventar nuevas calles verdes, para ser útil y educativo, para hacer deporte, para soñar.

Decíamos antes que un parque es caro. Y un buen parque es más caro. 

Pero lo que se logra con él hace que sea una gran inversión muy rentable. Hay ciudades como Vitoria que el gran impulso a sus zonas verdes la han convertido en eso, “Ciudad Verde” reconocida en Europa. 

Otras como Zaragoza supieron aprovechar el evento de la Expo 2008 para ampliar con gran criterio sus zonas verdes distribuidas por toda la ciudad, aunque ahora cueste lo no fácil de pagar, el mantenimiento de todas ellas.

Porque a veces confundimos la palabra “mantenimiento” con un criterio simplista de limpieza y arreglo. 

Un parque no sólo necesita limpieza sino sobre todo, análisis constante de su masa arbórea y un trabajo de jardineria grande y con gran calidad formativa. Una adaptación constante a los cambios de la propia ciudad, sin duda una limpieza que se note, y un componente de sorpresa para el visitante, que muchas veces se nos olvida incluir.

Un parque debe estar vivo. Pero no sólo vivo por sus numerosas especies de flora que cambian durante el año, sino por actividades que los gestionen para darle presencia de ciudad y utilidad más allá que la de ser un lugar de paseo. Los parques deben ser un lugar “para ir”.

Un parque sin personas no es un parque. 

El uso de los parques es lo que da sentido válido0 a los parques, sean pequeños y de barrio, sean grandes y de ciudad. Y para ello los ciudadanos deben tomar al parque como un componente importante de su ciudad, como un lugar al que ir, pues seguro que algo habrá. 

Por eso también los ciudadanos deben cuidar “su” parque como algo suyo, de su entorno, parte de su propia vivienda, de su comunidad de vecinos.

Los ejemplos de uso con eficacia son muchos. Desde pequeñas ferias o mercados a los clásicos de actividades espontáneas de pequeños artistas, deportistas que entrenan o exposiciones de arte, cine al aire libre o puntos “calientes” donde se dan algunas actividades específicas con una cierta normalidad. 

Pueden ser actividades espontáneas o provocadas, programadas o distribuidas entre los diversos parques de las ciudades. Un parque no debe ser sólo un lienzo verde donde acudir a mirar el cielo. Debe ser también un lienzo verde donde cada semana se pinten cuadros diferentes. 

Ya he advertido en dos ocasiones que los parques son caros, pero también que lo que logran para la ciudad es de un gran valor.

Por ello uno de los grandes retos de todo responsable de urbanismo de una gran ciudad, que debe y sabe hacerlo, es cuidar con mimo los parques de su ciudad, pues son los elementos que diferencian a las ciudades, sobre todo en estos tiempos en los que las calles y los comercios son en todos los casos uniformes, iguales, aburridos. 

Y de todo esto seguiremos hablando en este blog, poco a poco, despacio, mirando, observando y mostrando, a través del encargo y la idea que Medranica nos ha dejado diseñado y en el que colabora desde su punto de vista crítico.


17.8.16

Parque Yoyogi. Tokio. Japón

El Yoyogi Park de Tokio es el cuarto mayor parque urbano entre los 23 barrios que tiene la capital de Japón, con un tamaño de 54 hectáreas, la mitad del tamaño del Parque del Retiro de Madrid. Ubicado en el barrio de Harajuku, es utilizado por todos los tokiotas y un atractivo turístico de primer orden de Tokio. La importancia de los diferentes parques del mundo lo ofrece su utilización, el número de personas que al final dan sentido a estos espacios importantísimos en toda ciudad. Y el Yoyogi Park supera con creces su reto al ser un parque muy utilizado.


Se divide en una zona de bosque y sombra y otra zona abierta con césped y campos de atletismo, lagos y un escenario al aire libre. Este parque fue en un principio una zona de grandes desfiles militares antes y durante la II Guerra Mundial. Más tarde se convirtió en el Washington Heights, el lugar para las vivienda de los militares de la fuerza de EEUU tras la Gran Guerra. En el año 1964 se cambió toda la zona para convertirla en la Villa Olímpica de Tokio, creando edificios para los atletas olímpicos. Tras los Juegos Olímpicos, se abrió al público como Yoyogi Park.Los árboles del parque que eran relativamente pequeños en la etapa de apertura, han crecido y se han adaptado muy bien al clima de Tokio y están constituyendo en estos momentos un bosque verde en el corazón de la capital del Japón.


Los domingos es un lugar muy frecuentado para tocar música callejera, para practicar deportes, utilizar su gran carril bici, juntarse familias a merendar o jugar al baloncesto; así que si buscas calma y no estar en un lugar saturado, visítalo entre semana, aunque te perderás a las tribus urbanas que los sábados y domingo pueblan todas estas zonas verdes. Dispone también de un gran espacio vallado para tener libres y sueltos a los perros, divididos en tres espacios diferentes para tres tamaños distintos de perros y evitar así las agresiones entre ellos. El suelo de esta zona para los canes es de virutas de madera que está bastante limpio y el recinto solo se puede entrar si vas acompañando a un perro.


Si quieres ver “Lolitas” o “Rockabilis” este es el lugar idóneo para descubrir esta peculiar forma de ser joven (o no tanto) en Japón. Si están en el Parque Yoyogi, una visita obligada es el templo Meiji Jingu y las puertas Torii de madera, enormes construcciones que dicen se creen en el Japón para que se posen los pájaros a descansar y que sin querer te llevan al antiguo Japón. 
 
 
Al parque le sobra asfalto, y si quieres quedar impresionado, visítalo en la época de la floración de los cerezos para creer que estás en algo irreal o en esos otoños llenos de marrones y rojos que te harán soñar con otros mundos posibles. 
 
 

Humor negro, del muy antiguo, hoy impertinente

Summers tenía su propio aquel para el humor negro, parea reflejar lo imposible, riéndose del dolor y los dramas. Era una forma de aceptarlas…, o de rebelarse contra ellas desde el humor.

16.8.16

¿Por qué se utilizan poco estas mesas en los parques?

El mobiliario urbano para parques es amplísimo, cada país además suele utilizar empresas de su propio país, que tienden a conocer y por ello copiar sin querer, trabajos que realizan otras empresas, adaptando sus particularidades a las necesidades de cada ciudad o zona. Incluso atendiendo las consideraciones de los propios gestores municipales, que de alguna forma intervienen y opinan sobre el tipo de mobiliario que mejor encaja, para dar un tipo de servicio u otro a los ciudadanos.


Estas mesas cuadradas con asientos a los cuatro lados son muy útiles pero curiosamente no siempre muy utilizadas, pues da la sensación de que a los parques se acude en solitario o a lo sumo en pareja. Sirven para mirarse de frente mientras se habla, para jugar al ajedrez o a otros juegos de mesa, para escribir y leer más cómodo que en un banco o para tomar unos refrigerios. Pero curiosamente no han encajado tan bien como se esperaba por el tipo de diseño y servicio que prestan. Y al final, siempre, son los ciudadanos los que ponen en valor el mobiliario urbano…, con su uso.

A los técnicos les puede parecer maravilloso el diseño, la idea, la necesidad, pero si no se utilizan, será por algo que se nos escapa en el primer análisis.

Parque Royo del Rabal. Zaragoza. España

El pequeño Parque del Royo del Rabal de Zaragoza, dedicado al cantador de jotas del siglo XIX Pedro Nadal y Auré conocido como El Royo del Rabal, es uno de los más pequeños de Zaragoza, y tal vez por ello de los más olvidados y peor cuidados de la ciudad. 


Sería el ejemplo contrario a estos grandes parques urbanos, bien tratados, actualizados y que son tenidos en cuenta por sus ayuntamientos. Sin duda la pregunta básico flota en el ambiente ante las desidias ¿Para qué creamos zonas verdes públicas, si después no somos capaces de mantenerlas con dignidad? Y aunque sea poco más que una gran plaza urbana, su atención debería estar asegurada.


Con sus 8.500 metros cuadrados, es un clásico parque urbano de barrio, que en este caso da servicio a parte de los vecinos del Barrio de La Jota de Zaragoza, y que casi no puede ampliarse pues está encerrado entre viviendas y un colegio público de Primaria, aunque que tiene un sentido urbano perfecto como zona de tranquilidad en un barrio ya de por sí muy tranquilo, pero que añade algunos aspectos a la zona que remarcan esa reposo vecinal.


Dispone de tres pistas de petanca, de juegos infantiles algo obsoletos, de un kiosco de bebidas u otros usos pero cerrado y ahora vandalizado, de dos zonas de sombra con grandes chopos y pinos, y andadores de tierra sin bancos, de fuente de agua y con un pequeño paseo asfaltado donde se han colocado los bastantes bancos de que dispone el parque, incluidos unas mesas cuadradas para hablar en tertulia o tomar un refrigerio. 


A su entrada del parque del Royo del Rabal hay una escultura de fibra de vidrio, muy mal cuidada y vandalizada casi constantemente, con poca visibilidad e instalada en las Fiestas del Pilar del año 1986; creada por el escultor zaragozano Carlos Ochoa, nos recuerda al titular del parque, al muy reconocido cantador de jotas “El Royo del Rabal”.

15.8.16

¿Para qué y por qué nacen los parques urbanos?

La necesidad de dotar a las grandes ciudades de parques urbanos surge a partir de la mitad del siglo XIX, cuando las sociedades que se asentaban en las industriales ciudades que habían crecido dejando cada vez más alejada la naturaleza y el silencio, acudían a todo espacio verde y amplio en búsqueda de tranquilidad y paz de ruidos y bullicio urbano. 

Generalmente se acudía a los cementerios, que eran espacios abiertos, con naturaleza vegetal y con tranquilidad para olvidarse del ruido e incluso los olores urbanos.

Pero estos nuevos espacios verdes no suelen surgir —al menos en Europa— desde espacios recuperados al urbanismo restando edificación, sino que suelen ser adaptaciones de grandes jardines o espacios naturales adscritos a palacios reales o de grandes familias, que en algún momento venden al Estado o a los Ayuntamientos de sus ciudades, o los donan a cambio de impuestos o situaciones similares. 

Es cierto que en algunas de estas actuaciones del urbanismo se recuperan zonas aledañas para dotarlos de forma geométrica uniforme, y así diseñarlos de mejores servicios. Pero en la mayoría de los casos, empiezan siendo espacios de recreo privado y grandes familias, que pasan a ser propiedad pública.


Dejo una imagen donde podemos ver en igual proporción comparativa el tamaño de tres de los parques urbanos mas conocidos del mundo. El Central Park de New York (arriba), el Hyde Park de Londres (abajo) y el Parque del Retiro de Madrid (en medio).

En Zaragoza tenemos los ejemplos del Parque Bruil, Parque Torre Ramona o Parque Castillo Palomar, que nacen aprovechados unos espacios de los que ya eran zonas verdes privadas que por diversos motivos pasaron a ser públicos. Incluso parte del Parque Tío Jorge también se construyó sobre espacios privados recuperados para la ciudad a cambio de negociaciones junto a espacios públicos.

Nuevos parques como el Parque del Agua construido junto a la Expo 2008, o el clásico Parque José Antonio Labordeta, el conocido como Parque Grande y que representa un pulmón claro, aunque algo alejado del centro urbano.

El urbanismo de las ciudades toma la decisión de humanizar las grandes urbes metiendo los espacios verdes dentro de las zonas urbanas o dando un sentido público a las grandes islas verdes que ya existían dentro de estas asentamientos de población que iban creciendo y se sometían a su propia competencia entre ciudades, espacios que si hasta entonces existían eran de carácter siempre privado.

Se intenta que las ciudades sean lugares para que durante cinco o seis días sirvan de asentamientos para el trabajo y el consumo, y durante uno o dos días a la semana tengan la posibilidad de ser espacios para la cultura y el disfrute, acercando la naturaleza a las personas y dotando de grandes espacios libres y públicos a las mismas, para fiestas y acontecimientos de disfrute personal. También como forma de crecer en calidad urbana, de intentar ser unas ciudades más humanas.