Sillas en una calle de Zaragoza

Esto que vemos en la imagen de arriba sigue siendo Zaragoza, un ciudad de unos 700.000 habitantes en donde por la noche de verano o el mediodía de los inviernos con sol, los vecinos puedes salir a comentar sus cosas, a pelar al que toque o a buscar ayuda en el diálogo. Hablar entre vecinos es una terapia maravillosa.

Es cierto que esto se da en pocas calles de la ciudad, pero buscándolas se encuentran. Y es también una muestra de lo que todavía necesitamos hoy o al menos lo que se utilizaba antes para sentirnos mejor, el contacto humano, el diálogo con los otros, el intercambio.

Hoy la televisión nos lo da todo chupado. Ya no hay que pelar a la vecina del segundo, porque los programas nos lo dan hecho y nos muestran vecinos que no conocemos de nada pero que se dejan criticar con facilidad. Cobrando eso si, pero a nosotros nos da igual. La mentira queda disimulada por los focos.

Eran las 11 de la mañana de un día cualquiera y lo que vemos es que no se quitaban de la calle las sillas, muestra de que se pensaba seguir hablando del Madrid o de la Pantoja a la tarde siguiente.

No pregunté, pero quise imaginarme que ninguno de los dueños tomaba Prozac. Se curaban con más diálogo.