30.8.26

Emigrar por obligación nos puede suceder a todos

Francisco Candel

Este libro de Francisco Candel titulado "Algo más sobre los otros catalanes" no pasó la censura franquista ni la primera ni la segunda vez. Y eso que la segunda tras conversaciones con ministros, algo más se podría haber salvado, pero tuvo que publicarse con muchas mutilaciones y textos suprimidos.

Nació (el libro) en 1970, y tuvo que esperar hasta 1977 para ver la luz completa, sin textos suprimidos por hablar de Cataluña y de los otros catalanes. Cosas de imbéciles dictadores, que se peleaban por demostrar su idiotez.

Si llegas por nacimiento eres bien recibido. Si llegas por expulsión… eres una lacra.

Hay una frase en sus primeras páginas que me ha llegado al corazón y es muy simple y conocida. De Antoni Calaf.

Junto al derecho de poder marcharse, antes debe estar el de no tener que marcharse.

El autor de la frase plantea que el derecho a emigrar pierde su valor si las personas se ven obligadas a hacerlo por culpa de la pobreza, la violencia política o la falta de oportunidades. 

La auténtica dignidad humana comienza cuando un país garantiza a sus ciudadanos las condiciones necesarias para poder crecer en su propia tierra, haciendo que el viaje vital sea una opción voluntaria y no una necesidad de supervivencia. 

Y eso lo tenemos que entender tanto desde los países que obligan a emigrar a sus ciudadanos, como en los países que somos receptores y no siempre entendemos bien los motivos de esas llegadas. 

Los que llegan se tienen que asentar en malas condiciones pero están contentos en su nuevo destino. Eso nos da un modelo para entender la manera en la que tenían que vivir en su origen.

Esa frase anterior que he dejado sintetiza uno de los debates más profundos de la sociología y la política contemporánea sobre migración, despoblación y derechos humanos.

Establece una jerarquía moral: la verdadera libertad de movimiento (para irse o para quedarse) solo existe cuando quedarse en el lugar de origen es una opción viable y digna. 

Si alguien se ve obligado a marchar por guerra, pobreza o falta de dignidad humana, no está ejerciendo un derecho, sino sufriendo un desplazamiento forzado. Y en ese desplazamiento hay muchos responsables, incluidos los que luego no quieren recibir a los que se tienen que ir.

Y aquí me da igual si hablo de un senegalés, un marroquí, un bolivariano, un soriano o un ciudadano de un pueblo muy pequeño. Todos tenemos que entender que algo de responsabilidad tenemos por no ser capaces de dar calidad de vida en los lugares de nacimiento. Tenemos que asumir que muchas cosas no estamos haciendo bien.

Pero fíjate que incluso en las grandes ciudades, la subida descontrolada de los alquileres y la turistificación de las grandes ciudades obligan a los vecinos a abandonar sus barrios de toda la vida. Eso también es migrar. 

El derecho a la vivienda se convierte en la única garantía para que los ciudadanos no sean expulsados de su entorno social.

Así que sí. Emigrar por obligación nos puede suceder a todos.

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