3.7.07

2.500 euros

Este es un país pobre, y lo malo es que nos creemos pobres y capaces de tomar solo medidas de pobres. No somos sociales ni capaces de resolver problemas sociales ni incluso cuando manda un partido socialista.
Dar 2.500 euros a cada familia que tenga un hijo a partir de hoy es una medida de país tercermundista y perdone porque parece una buena idea.
Miren, señores que mandan, si ustedes quieren que la sociedad española tenga más hijos o tengan simplemente alguno, hay decenas de otras medidas mejores, eso si, más caras, pero es cuestión de prioridades y de saber repartir.
Un sueldo de por ejemplo 500 euros a cada familia que decida dejar de trabajar con excedencia uno de sus miembros durante un máximo de 3 años para cuidar de un hijo nuevo con reserva del mismo puesto de trabajo es una medida más eficaz. Son 18.000 euros en 3 años, pero se crea un nuevo puesto de trabajo rotatorio y realmente es eficaz para que se lo piensen los futuros padres.
Dar prioridad en las plazas escolares a quien tenga 2 hijos o precios más económicos en transportes públicos o guarderías públicas y concertadas o a la hora de comprar libros escolares o descuentos en el IRPF para ciertos gastos normales en el nacimiento de un hijo son otras medidas. Yo por ejemplo nunca he creído en la medida de los libros gratis a todos los niños de una clase en un colegio público.
Pero hay muchas más.
Dar 2.500 euros sirve para satisfacer a las familias pobres, pero absolutamente para nada en las familias que tienen una hipoteca de millones o un alquiles de 700 euros al mes y sueldos menores a los mileuristas. Más parece una limosna.

La III Guerra Mundial

Nos tenemos que acostumbrar a llamar por su nombre a las situaciones que se dan en la vida, aunque sean duras y no interese reconocerlas políticamente.
Estamos en guerra, aunque nadie lo dice.
El terrorismo es una forma de guerra abierta, y si no que se lo pregunten a los que defendieron España contra la invasión de los franceses o en tiempos más lejanos contra otro tipo de imposiciones.
Mientras no aceptemos esto, no sabremos defendernos bien. No podremos salir bien de esta situación mundial.
Hoy ser terrorista (para ellos sí que hay una guerra y se autodenominan soldados de liberación) es muy sencillo porque se parte de unas premisas fáciles.
Fabricar o comprar armamento o explosivos es de lo más sencillo.
Convertirse en soldado dentro de unas franquicias de terror y guerra es agradecido por su religión y su cielo.
No existe un mando supremo que dirija operaciones u ordene actos de guerra, todos son en teoría generales y soldados.
La estrategia es simple, crear terror a costa de cualquier enemigo que son todos los demás, incluidos los de su propia religión o civilización si no piensan exactamente como ellos.
Todos son enemigos, mientras no se demuestre lo contrario. No hay que conquistar ciudades, colinas o cuarteles, hay que golpear con orden y crear terror porque los propios medios de comunicación del enemigo ya hará el resto amplificando el sonido.
Lo malo de todo este sistema de guerra nueva, es que no hay un enemigo con quien negociar nada, a quien vencer, a quien ganar una batalla simple, porque son cientos las facciones y los grupos distintos y sin conexión que nos han declarado la guerra.
Y además es imposible diferenciar al amigo que piensa diferente del enemigo que se disfraza de occidental. Están entre nosotros, ellos lo saben, pero nosotros no.
¿Para qué sirve llamar a esta situación Guerra?, pues para saber que tenemos una excepcionalidad, para que todas las ideologías del primero mundo sepan que somos enemigos y que no se salva nadie, para que estemos atentos a defendernos pero también a defender nuestro modo de vida que es el mejor, y que en esta defensa va incluida la de los derechos ciudadanos y de libertad conquistados año tras año, porque a río revuelto ganancia de pescadores.
Aceptemos guerra como mal menor y cuanto antes mejor, para no ir perdiendo valores democráticos en aras de una defensa que no se está haciendo bien, y que nos condenará si no somos listos a la pérdida de las libertades y a no saber tomar decisiones con calma y con humanismo.
Para el enemigo, el todo vale, para nosotros no, para nosotros tiene que valer la defensa de nuestros valores porque son los que se tienen que imponer en todo el mundo. No solo no tenemos que perder la guerra sino que tampoco tenemos que perder la guerra interior.
Estoy profundamente a favor de la paz, se han cometido errores tremendos contra otras civilizaciones, el mayor permitir una vida en pobreza y sin libertades, y ahora nos toca a todos tener que sufrir esa mala política mundial que viene de una injusta y mala gestión de independencia de los países ocupados en los siglos pasados. Pero si queremos ahora dar la libertad y la paz a los ciudadanos de estos países, inevitablemente tenemos que preguntarlo cómo la quieren, y ponernos a trabajar por ellos. Tenemos que contar con sus líderes, animar a que sean ellos los que sepan que hay que levantarse y acabar con sus propias tiranías, pero el resto tenemos que ayudar a hacer posible su propia liberad curando el hambre y las necesidades primarias.