19.8.13

Somos capaces de vivir mejor si queremos. Aunque algunos no lo deseen


El descrecimiento es inevitable para encarar la salida de la actual crisis global y compleja además de completa. Hemos vivido durante años falsamente en un crecimiento que parecía la panacea de todos los problemas. Nos habíamos engañado creyendo que solo el crecimiento constante nos podía proporcionar la felicidad, el trabajo, la economía mejorada. Ahora estamos en el pozo del descreimiento simplemente por que todo lo que sustentaba nuestros pensamientos sociales se ha hundido.

Ya no creemos en los bancos, en los gobiernos, en la iglesia, en la familia, en el trabajo, en el consumo, en los medios de comunicación, en el esfuerzo. Todo está en duda y es lógico que para salir tangamos que reconfigurar muchas cosas.

No es posible trabajar como hace una década. No hay trabajo para todos. Y eso supone que el trabajo valga menos, tenga mucho menos valor.

No es posible consumir como antes y esto es una ventaja para salir de la actual situación. El mundo no puede soportar un consumo sin control en donde muchos más consumimos cada uno mucho más. Hay un punto de no retorno.

Ya no nos fiamos de los que gestionan la sociedad. Tenemos que soportarlos hasta que se invente “algo” nuevo. Pero la sociedad occidental está muy atenta a que pueda surgir un sistema social y económico nuevo. No sabemos de qué tipo.

Sabemos que nos siguen engañando y de momento nos dejamos, pero es cuestión de tiempo el que se reaccione.

La violencia no es la solución, pero sí lo es que tomemos responsabilidad de lo que hacemos, las decisiones personales que busquen la calidad de vida, la organización celular, la información y sobre todo la formación.

Somos capaces de vivir mejor si queremos. Por mucho que todos esté montado para que no seamos capaces de querer.

Mariano Rajoy se desmayo del susto

No hay que confundirse con las reacciones de los enemigos. Todas son lógicas. Pero las hay que nos pertenecen a muchos y las hay que solo pertenecen a uno. Mal de muchos, consuelo de tontos.

18.8.13

Son sus primeros 91 años. Eran, más bien.


Contemplaba hoy los primeros 91 años de mi tía y pensaba en los silencios que le acompañan, en su incipiente demencia, en todo lo que se le ha ido borrado de la vida. Se acabaron las pilas, me decía yo mientras la miraba tomarse una repostería de chocolate. Pero dentro habitaba ella, todavía repleta de sus vivencias aunque ahora solo sean un recuerdo y que solo conocemos y en parte los que estamos fuera.

Todos nos aferramos a vivir, a vivir mucho incluso, a no compartir y menos a repartir. Todos creemos que esto es para siempre, pero un día viene el “clic” y se apagan las luces de la libertad. Nos demos cuenta o no.

En cruzaba su visión en mi recuerdo, apagada y distante ya, con su vida real: una de las primeras mujeres que vendía en una gran tienda de Zaragoza todo tipo de tejidos de punto, de ropa o de moda, desde los primeros años de la postguerra. Vendía mucho y le pagaban mucho en comparación a sus compañeros hombres y mujeres (cosa rarísima, todo hay que decirlo). Hoy sus ahorros se los están quedando en la residencia de ancianos. Los dineros que no quiso gastar y disfrutar los entrega mes a mes para sopas y callistas. Jope.

Y como la conversación era complicada pensé en un momento en el hombre que con los brazos en alto caía disparado en el estómago frente a un tanque en El Cairo. Nadie sabe tampoco qué era horas antes de morir a manos de un imbécil asesino. Podría ser un profesor lleno de cultura, un vendedor de pastelería, un limpiador de coches, un mecánico electricista. Era alguien importante para los suyos y sobre todo para él. Pero no era nadie para su asesino, militar, por supuesto.

Valemos lo que somos capaces nosotros mismos de reconocer que valemos. Mientras nosotros mismos seamos capaces de reconocernos, valemos para algo. Cuando ya no sabemos distinguir al sobrino de la nada, es que simplemente ha bajado el telón aunque sigamos alimentándonos de sopas.

Reunión de amigos en un clásico bar español

Somos muy dados a entender de todo, a ser los clásicos entrenadores de los lunes, a confundir las apreciaciones. De todo esto y de un poco más nos relata Fermín en esta viñeta qué somos y qué seguiremos siendo. Y sobre todo somos muy dejados y fáciles de engañar. ¡Snif! Sí, yo también.

Ocho consejos para desengancharte de una antigua pareja


A veces el amor se rompe y es necesario salir de la relación sin más heridas que las ya sufridas. El contacto “cero” se impone como una defensa para buscar una nueva vida. ¿Qué es el llamado “contacto cero”?, pues simplemente no llamadas, no correos electrónicos, no encontronzados casuales, etc.)

La psicóloga especializada en el tratamiento de la dependencia emocional, y autora del libro “Cuando amar demasiado es depender” Silvia Congost,  nos lo dice con rotundidad. El contacto “cero” es “esencial para superar el enganche de la dependencia emocional”

Estos consejos tienen una serie de particularidades: van dirigidos a aquellos que han conseguido salir de una relación «tóxica» (en la que no hay hijos) y hay que ponerlos en práctica de una forma férrea.

Lo ideal, recomienda esta experta, es colgarlos en algún sitio bien visible, como puede ser el espejo del cuarto de baño, la nevera, la puerta de salida de casa... “Hay que ser estricto y tener mucha fuerza de voluntad. Sólo así es posible conseguir apartar a esa persona que te hace daño de tu vida”. Veamos los 8 consejos que nos deja como imprescindibles.

1. No comunicarte con la otra persona por ningún canal: no hablar por teléfono, ni cara a cara, ni por escrito (mensajes de móvil, de correo electrónico, etc.).


2. No ir a verle de forma premeditada.

3. Eliminarle de las redes sociales: bloquearle en Facebook y en el WhatsApp y dejar de seguirle en Twitter.

4. Si es necesario, cambiar el número de nuestro móvil. A veces es preciso hacerlo, principalmente, cuando no deja de llamarnos o empieza a mandarnos SMS.

5. No hablar de él o de ella con nadie (A partir de ahora, es un tema prohibido).

6. Pedir explícitamente que no nos hablen ni nos cuenten nada sobre él/ella.

7. No quedar con sus amigos, familiares, etc.

8. No frecuentar sitios en los que podemos encontrarle.

17.8.13

Campaña contra el hambre. Con humor


Vamos camino de la solución que nos planteaba Summers hace 40 años. Nos vamos a tener que autoalimentar nosotros mismos, aprender a consumir mejor y menos, a intentar ayudar a nuestros familiares con todo lo necesario y a los vecinos con lo imprescindible. De la crisis saldremos, pero todavía no tenemos claro lo mal que vamos a salir. Esperaremos.

Ocho 8 ejercicios antiestrés en dos minutos


Todos padecemos de situaciones de estrés en nuestro trabajo, todos debemos saber controlarlas para que no se apoderen de nosotros. Y para ello nada mejor que unos pequeños ejercicios físicos que no duran más de un par de minutos, que nos destensarán y lograrán hacernos pensar en otro asunto, suficiente como para dejar de pensar en la situación estresante, antes de que se asiente excesivamente dentro de nosotros. Sumado a unas respiraciones profundas pero lentas nos dejarán casi como nuevos, casi como si nos hubiéramos hecho reset para empezar limpios de cargas negativas.