Cómo conseguir que los hijos se vayan de casa antes de los 40

Si te molestan los hijos en casa, no intentes echarlos, es imposible y te quedarás en evidencia, busca otras alternativas. Piensa, pues cada caso tiene sus puntos de palanca.

De momento la que todavía no hemos realizado nuestra generación (la de los años 60 y 70), es obligar al sistema a que cambie una serie de vicios inmensos, que obligan a tener que soportar a los hijos y sus apegados durante más años que ninguna otra generación habida hasta la fecha.

Y ellos además, por el bien de la sociedad del futuro, necesitan emanciparse con urgencia. Todo lo que sea pasar de los 25 ya es tarde. Sí, lo sé, los 25 es imposible.

Nunca los jóvenes han durado de jóvenes tantas décadas como la actual generación. Y los culpables somos nosotros que no les dejamos salida lógica. 

Responsables los padres, pero no de forma directa, sino indirecta, al crear una sociedad que no apoya en España la emancipación. ¿Somos capaces de mirar qué se hace en otros países, cómo lo consiguen en Europa Central o en el Norte de Europa?

Están nuestros hijos actuales y sin emancipar mejor preparados que ninguna otra generación, pero en cambio cobran —si trabajan— el mismo sueldo que cobrábamos nosotros hace tres décadas. 

Su trabajo no es fijo ni digno a su formación pero las deudas de la hipoteca sí que son fijas durante 30 años para los jóvenes y para los avalistas. Así que prefieren no entrar en esos temas sin la seguridad laboral necesaria.

Saben que ahorrar es una tontería pues mil euros es el equivalente a quitarse muchos pequeños gozos diarios y en cambio no sirve para pagar más de una cuota mensual de la hipoteca.

Como saben que una hipoteca dura mucho más que un matrimonio según las estadísticas, optan por creerse estos riesgos y pasar de las trampas. No se quieren emancipar, pues eso supone el riesgo. Y como se puede observar, de tener hijos ni me lo planteo, es otra imposibilidad más que castigará a España en las próximas décadas.

Se nos han vuelto listos y viven adosados en un cuarto familiar que más parece una cueva personal que una habitación, y que decoramos hace décadas con gusto infantil, cuando nuestros hijos iban a ser los que nos iban a sacar de pobres. 

¡¡¡Cooooñooooo con el futuro de entonces que hoy es presente!!!

Como ellos no están por la labor de hacer la revolución pendiente —esa que nosotros tampoco hicimos del todo aunque la intentamos— creo que es la hora de que nos la replanteemos otra vez, ahora que los padres ya tenemos pagado el piso y vamos camino de la jubilación, más que nada para que nos dejan en paz los hijos y no tengamos que estar pendientes de si los vamos a pillar en pelotas en casa, con sus turgentes y envidiosos atributos amenazando el recuerdo. O nos van a pillar a nosotros, que todo es posible.

Tienen dos dificultades, solo dos, y sobre ellas debemos trabajar.

Un acceso al trabajo en condiciones correctas de seguridad y sueldo según su preparación y un acceso a la vivienda sin cláusulas tramposas.

Analizaremos estas dos posibles soluciones que tenemos que resolver entre todos, para conseguir que el cuarto que iba a ser despacho y biblioteca lo dejen libre de músicas ambiente y de carteles jilipollas, de olor a feromonas mezcladas con bebidas energéticas y patatas fritas y vuelva nuestro hogar el silencio, que aprovecharemos otra vez la pareja casi ya anciana, para pasearnos en pelota picada desafiando la edad.