31.1.18

Los mediocres triunfan. Los buenos se han ido

En política se está para trabajar para la sociedad, o al menos para las ideas que cada uno de nosotros tenemos sobre la sociedad que creemos gestionar. Cuando esta sociedad no se siente bien representada, bien gestionada, nuestro papel político es una actuación ridícula. Y debemos dar un paso atrás y dejar de estar de actor no aplaudido.

Puigdemont sabe que la sociedad catalana no le apoya. Le vota, le aupa como icono, pero no le apoya en los lugares donde se debe apoyar a unos políticos presos, a unos líderes en el exilio voluntario. Es decir, como dice bien Telecinco, “los nuestros nos han abandonado” y eso supone tener que ceder e irse a buscar una solución personal.

La política es brutalmente injusta. Puigdemont es un mal político, incluso un equivocado cuando no un tonto posible y manipulable. Pero eso no resta nada a la frase anterior de que la política es brutalmente injusta con los que la ejercen. En la misma medida en que te puede aupar te asesina. Y si no merece el respeto, al final es lógico que se abandone y que surgen los mediocres para tomar ese trabajo, esa responsabilidad.

Y eso es lo que sucede. Que son los mediocres los que efectivamente se aúpan como los nuevos políticos.